
La Diócesis de Holguín celebró este 26 de marzo la tradicional Misa Crismal en la Catedral de San Isidoro, en providencial coincidencia con la Solemnidad de la Anunciación. Monseñor Emilio Aranguren, obispo de Holguín, presidió la Eucaristía y aprovechó la ocasión para invitar a los presentes –de manera particular a su presbiterio, conformado por once sacerdotes diocesanos y nueve religiosos– a vivir el “sí” de María como inspiración para la Iglesia del presente.


En el centro de su homilía, Monseñor Aranguren subrayó el sentido de esa entrega generosa, que, explicó, “serviría para dejar atrás el NO de Eva”, tanto como el “SÍ” de Jesús en la Cruz dejaría atrás el “NO” de Adán. “Ese es el Sí de la Iglesia a nuestro pueblo, hoy. Estar junto a él ofreciendo ‘la palabra y el gesto oportuno’, ya sea en un centro penitenciario bautizando o perdonando a un recluso, o cuando se celebra la Misa en un templo o una casa de misión, o cuando se bendice el consentimiento del matrimonio que lo ha solicitado porque desea participar de la Santa Comunión… Una presencia que acompaña, consuela, libera de ataduras, prejuicios o fragilidades, anima, fortalece e ilumina a quienes buscan un horizonte que les sirva de motivación para darle sentido a la vida”, dijo el obispo.

“¿Qué somos dos obispos, veinte sacerdotes, cinco diáconos, un religioso, 28 religiosas y varias decenas de pequeñas comunidades esparcidas por todo el territorio diocesano, en ciudades, pueblos y barrios…?”. Tras esta reflexión, insistió en que la misión de la Iglesia no se mide en números, sino en la fidelidad al Evangelio, “desde la espiritualidad en la que se fundamenta nuestra acción pastoral: el valor de lo poco, lo pequeño, lo anónimo y lo gradual. Solo sabemos que nuestra entrega es necesaria porque en ella se actualiza lo profetizado por Isaías: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido y me ha enviado”, remarcó.
Y añadió: “La misión no es un negocio ni un proyecto empresarial, no es tampoco una organización humanitaria, no es un espectáculo para contar cuánta gente asistió gracias a nuestra propaganda. Es algo mucho más profundo, que escapa a toda medida”.

En la celebración de la Misa Crismal, los sacerdotes renovaron ante el obispo la promesa de “configurarse más estrechamente al Señor, renunciando a ellos mismos y cumpliendo los sagrados deberes movidos por el amor de Cristo, para servicio de su Iglesia”. En ese momento, por invitación del obispo, besaron sus estolas, que los identifican como sacerdotes de Jesucristo desde el día de su ordenación.


Monseñor Emilio también exhortó al pueblo congregado a rezar por sus presbíteros, “para que sean fieles ministros de Cristo, Sumo Sacerdote”, y pidió oraciones por él y su obispo auxiliar, Monseñor Marcos Pirán, para que siguiendo la misión apostólica a ellos encomendada, “puedan reflejar una imagen más viva y perfecta de Cristo sacerdote, Buen Pastor, maestro y servidor de todos”.
La Misa tuvo como centro la bendición de los óleos de los enfermos y de los catecúmenos y la consagración del Santo Crisma, llevados por una laica miembro de la Pastoral de Salud, el hermano marista Pepe Acal en representación de la Comisión Diocesana de Catequesis y el diácono David Cabral, próximo a ser ordenado sacerdote. Al concluir la Eucaristía, la entrega de los óleos fue, más que un rito, un signo de la gracia que se extiende a todo el pueblo de Dios que vive su fe en las 28 parroquias y varias decenas de comunidades de la diócesis.

Lo mismo sucedió con la recepción de los Cirios Pascuales, como una invitación –cercana ya la Semana Santa y la Pascua– a avivar la Luz de Cristo en medio de las realidades más oscuras de este mundo, a sembrar esperanza donde hay desánimo y vida donde parece reinar la muerte. “No olvidemos, queridos hermanos, el lema escogido en la Asamblea Diocesana de 2019: ‘Caminemos a la luz del Señor’ (Is. 2,5)”, recordó el obispo, “y de esa forma, prepararnos al aniversario 50 de nuestra diócesis en el 2029”.
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Obispado de Holguín, Cuba
