Santo del Día

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Santa Edeltrudis, 23 de junio.

Se celebra la festividad de Santa Ediltrudis de Eli Abadesa, Gobernanta (siglo VII) el día 23 de Junio. Murió en 679. Eli, Reino Unido. Santa Ediltrudis de Eli fué conocido en el mundo como Etheldreda of Ely. En el monasterio de Eli, en Inglaterra oriental, santa Ediltrudis o Eteldreda, abadesa, quien, hija de reyes y ella misma reina de Northumbria, después de dos matrimonios recibió el velo monástico de manos de san Wilfrido en el monasterio que ella misma había fundado, dirigiendo maternalmente con sus ejemplos y consejos a sus monjas. En estos santos del confinamiento encontramos de todo, muchos mártires, vírgenes como ésta, y muchos muertos en cualquiera de las innumerables pandemias que ha habido en la historia, algo que siempre nos ha acompañado más que la Fuerza. En el fondo la comunidad Jedi tiene muchas semejanzas con la comunidad cristiana, oyen voces en off, resucitan, hacen milagros, levitan y siempre vencen al Imperio del Mal. De la misma manera que hay Santos que podrían dar para varios capítulos hay otros como esta santa varona, con ese nombre, que da para poco más que un tráiler. Ella no tiene la culpa, que es cosa de los guionistas que se han tomado pocas molestias. Puedo aseguraros que no encontraréis una semblanza tan larga excepto quizás en «The Life of Saint Audrey», atribuido a María de Francia, la de los Lais , pero no he podido encontrarlo. Ediltrudis, también llamada Etheldreda o Aethethryth o Audrey (de ahí lo de la bio de María de Francia), nació en el año más o menos y por allí en el este de Inglaterra y murió el 23 de junio de 679 en la isla de Elys. Su padre fue el rey Anas de los ingleses orientales, los que viven más al este, pero no en Hong Kong. Su madre asistió a su parto y los ‘me cagüen to’ proferidos en el parto le impidió ser santa como sus hijas. Quizás por ello Ediltruditas ya desde pequeña quería mantenerse virgen a toda costa. Se casó varias veces pero se cerró en banda a consumar. Con 14 años, cómo maduraba de precoz la chiquillería de la época, sus padres la casaron con Tombrecto, príncipe de FEN, que no es Formación del Espíritu Nacional sino príncipe de los girvios australes. Un rey de los ingleses orientales, un príncipe de los girvios australes…, no sé vosotros pero mi imaginación vuela. Tombrecto, paciente o conforme, pasó varios años a su lado sin tocarla hasta que murió de unas calenturas a las que no dio salida. Y casaron de nuevo a Ediltrudis con el rey de los nordamimbros, Ecfredo. Total la chica era joven, menos de 20 años y a estrenar que no le habían quitado el precinto de garantía. Así se la colocaron al paciente Rey que aguantó unos años supongo que utilizando servicios externos pero acabó repudiándola y permitió que tomara el velo que le impuso San Wilfredo y entrar en un monasterio donde era abadesa Evacía, una mujer llena de virtudes. Después de un año, el tiempo que le pidió el contratista para construir dos monasterios crucifijo en mano, se convirtió en abadesa.No hubo ni elecciones, la que quiera ser abadesa que afloje la pasta. Pero hizo ejemplo de austeridad cambiando el lino por la lana, que es más calentita y conveniente para países septentrionales, sobre todo si están al norte. Entraba poco en los baños, que era lo normal en aquellos tiempos que no había baños en suite en las celdas, sólo un par de veces al año.Santa, limpia de corazón, lo demás regular.«Madre abadesa, ¿quemamos incienso?, que parece que se haya muerto un conejo…». «Sí hija, sí, quema, quema…» respondía mientras se olía los dedos pasados por las partes más sensibles. Hacía de todo en el monasterio desde los oficios más bajos, hasta los más altos, y los de la entreplanta. De todo. No comía más que una vez al día, salvo los días de fiesta. Y comía de todo lo que tocara en el menú del día. Rezaba desde maitines, medianoche, hasta el alba, aunque después echaba una siesta mañanera, pero diligentemente ya tenía el trabajo del día adelantado. Profeta, no sólo mofeta, vaticinó una gran peste que debía venir y que iba a morir en ella y el nombre de otros que también iban a morir, pero se dejó unos cuantos miles sin nombrar. Pero se disculpa porque está feo señalar. Le salieron unas llagas purulantes en el cuello y decía que era como castigo divino por los collares que había lucido vanidosamente en su juventud. Finalmente, o sea al final, se murió el 23 de junio de 679. Se la enterró en un sencillo ataúd de madera, tal como fue su voluntad. A las 10 años de su muerte su hermana Sexgurga, otro nombrecito, que la sucedió como abadesa hizo trasladar su cuerpo a un sepulcro de piedra y hallaron el cuerpo incorrupto y la llaga del cuello perfectamente curada. Milagros: dos matrimonios sin consumar, lo de no corromperse, curación de las llagas del cuello, conseguir que le construyeran dos monasterios en plazo y ¡sin sobrecoste! Prodigioso de verdad. Patrona: de los matrimonios sin consumar, de los compradores sobre plano, de los males de cuello y cervicales.

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Corpus Christi, 22 de junio.

La fiesta del Corpus Christi, también conocida como la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, es una celebración católica de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía y, por lo tanto, un recordatorio sagrado de que, en cada Masa, Jesús’ one El sacrificio del Calvario se hace sacramentalmente presente y se ofrece de nuevo para “el perdón de los pecados que cometemos diariamente” (CEC 1366). Mientras que el Jueves Santo recuerda la institución de la Eucaristía por parte de Cristo en la Última Cena, el Corpus Christi brinda a los católicos una alegre oportunidad de honrar a nuestro Señor Jesús Eucarístico en el Santísimo Sacramento. Esto incluye la devoción pública fuera de la misa. En 2025, el Corpus Christi se celebra el jueves 19 de junio. Este es el jueves siguiente a la Solemnidad de la Santísima Trinidad (domingo 15 de junio). Sin embargo, en la mayoría de las diócesis de Estados Unidos y en muchos otros países, la celebración se traslada al domingo siguiente, 22 de junio de 2025. Esto se debe a que un mayor número de fieles pueda participar. La festividad se mantiene anclada en su tradicional observancia del jueves en el calendario litúrgico de la Iglesia. Sin embargo, en 2025, Papa León XIV en Roma se celebrará la solemnidad el domingo 22 de junio. Además, la tradicional observancia del jueves refleja el Jueves Santo, cuando Jesús instituyó la Eucaristía en la Última Cena, ordenando a sus apóstoles que ofrecieran su cuerpo y su sangre “en memoria de mí” (Lucas 22:19). Jesús se ofrece bajo las formas sacramentales del pan y del vino, es decir, según el orden sacerdotal/sacrificial de Melquisedec (1 Cor. 11:23-26; ver Gén. 14:18-20; Heb. 5:1, 7-10). La Iglesia celebra el Corpus Christi para profesar y adorar a nuestro Señor Eucarístico. Jesús está verdaderamente presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad en la Eucaristía. Además, enfatiza que en cada misa participamos de… los Cordero de Dios, nueva Alianza Sacrificio de PascuaAdemás, esta fiesta resalta la realidad sacramental y sacrificial de la presencia de Cristo. Además, reafirma la enseñanza de la Iglesia sobre la transubstanciación e invita a los fieles a una devoción eucarística más profunda. las visiones de Santa Juliana de Lieja (la actual Santa Juliana) inspiró la fiesta del Corpus Christi. Santa Juliana, religiosa norbertina del siglo XIII, vio una luna con una mancha oscura en una visión. Esto simbolizó la ausencia de una fiesta litúrgica para honrar específicamente la Presencia Real. Con el apoyo de teólogos y otros líderes de la Iglesia, en particular del archidiácono Jacques Pantaléon —el futuro papa Urbano IV—, el Corpus Christi se celebró por primera vez en la diócesis de Lieja en 1246. Por lo tanto, en 1264, justo un año después del Milagro de Bolsena, en el centro de Italia, en 1263, el Papa Urbano IV instituyó el Corpus Christi como fiesta universal en la Iglesia. Lo hizo mediante su bula papal. Tránsito de hoc mundo. ¿Qué fue el milagro de Bolsena? El Milagro de Bolsena ocurrió en 1263, cuando un sacerdote alemán conocido como Pedro de Praga luchaba con dudas sobre la Presencia realOró fervientemente contra estas dudas y, justo después de pronunciar las palabras de la consagración durante la misa, notó que la hostia empezaba a sangrar. La sangre manchó el corporal (un pequeño lienzo que se usaba sobre el altar durante la misa), que Pedro posteriormente llevó al papa Urbano IV, quien residía en la cercana Orvieto por aquel entonces. Más aún, este milagro eucarístico afirmó aún más la enseñanza católica sobre la Presencia Real, al tiempo que condujo directamente a la celebración mundial de la fiesta del Corpus Christi. Debido a este milagro, muchos peregrinos y turistas siguen visitando la Basílica de Santa Cristina de Bolsena, donde tuvo lugar este milagro eucarístico. También visitan la Catedral de Orvieto, donde… El corporal milagroso y manchado de sangre está reservado..

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San Luis Gonzaga, 21 de junio.

Cada 21 de junio la Iglesia Católica celebra a San Luis (Aloysius) Gonzaga (1568-1591), patrono de la juventud cristiana y protector de los estudiantes; hombre de corazón enorme, quién aunque sufrió incomprensiones y pesares, no perdió jamás su talante alegre ni su espíritu de lucha. Murió muy joven, pero tuvo una vida intensa y feliz. San Luis Gonzaga nació en 1568 en Castiglione delle Stiviere, Mantua (Italia), hijo primogénito de la pareja heredera del principado de Castiglione. Su madre, preocupada por introducirlo en la fe, lo consagró a la Virgen y lo hizo bautizar. Mientras que a su padre, duque y exitoso militar de carrera, sólo le interesaba el éxito y la gloria futura para el hijo primogénito, su heredero. Luis frecuentó cuarteles desde niño, y si bien aprendió la importancia del valor y el honor, también adquirió ademanes considerados vulgares y rudos, impropios de la estirpe militar. Con ánimo de rectificar aquellos defectos, sus padres lo rodearon de magníficos preceptores y personalidades ejemplares. Es así como a los trece años conoce al obispo San Carlos Borromeo, quien queda impresionado con su inteligencia y buen corazón; Borromeo será después quien le daría la Primera Comunión y se convertiría en inspiración para la vida espiritual. Mucho del entorno que rodeaba a Luis -la alta sociedad lombarda- también se caracterizaba por cosas reprobables: fraude, vicio, crimen y lujuria. Luis, que quería vivir como un buen cristiano en medio de la corte, se sometió a penitencias y prácticas de piedad constantes. El jovencito estaba convencido de que Cristo no tenía por qué ser un obstáculo para descuidar sus compromisos sociales. Si había algo que deseaba profundamente era honrar a sus progenitores, tal y como señala el cuarto mandamiento de la Ley de Dios. En ese momento, sus sueños estaban centrados en la carrera militar. Llegado el momento, por asuntos concernientes a su padre, Luis tuvo que viajar a España. Estando de visita en la iglesia de los jesuitas en Madrid oyó una voz que le hablaba al corazón: “Luis, ingresa en la Compañía de Jesús”. Lo que le pedía Dios no podía ser casualidad, ni un arrebatamiento juvenil. Luis, entonces, quiso que sus padres fueran los primeros en enterarse de que deseaba ser religioso. Las subsecuentes reacciones fueron distintas. Su madre tomó con alegría la noticia, pero su padre montó en cólera y se negó a aceptar semejante proyecto. Luis tomó la decisión de obedecer y honrar la voluntad paterna, así que se mantuvo en la corte. A Luis no lo persuadieron ni los viajes ni los cargos importantes. Él quería dedicar el resto de su vida al servicio de Cristo. Así que, al final, su padre tuvo que ceder. En una misiva enviada al general de los jesuitas el Márques de Castiglione, don Ferrante Gonzaga, escribió: “Os envío lo que más amo en el mundo, un hijo en el cual toda la familia tenía puestas sus esperanzas”. Tras estos acontecimientos, Luis ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús. Se convirtió en un novicio fiel y cuidadoso, observante de las reglas y desprendido de toda vanidad. Habiendo renunciado a ser él mismo marqués algún día -era el mayor de los hermanos y le correspondía- se puso a prueba ejercitándose en los oficios más humildes. Duro sería el golpe que recibió al enterarse de que su padre había muerto. Sin embargo, Luis no miró atrás, y se concentró en dar consuelo a su madre y aconsejar a su hermano, a quien había cedido todos sus derechos. Por ese entonces, la población de Roma se vio afectada por una epidemia -la peste una vez más- y los jesuitas abrieron un hospital en el que ellos mismos se encargaban de cuidar a los enfermos. Luis fue destacado allí como enfermero. Empezó, a la par, a pedir limosna, víveres y abrigo para los pacientes del nosocomio. Lamentablemente, sirviendo a los más débiles, a quien amó con esmero, contrajo la enfermedad que los asolaba. El joven santo pudo recuperarse de aquel mal, aunque quedó afectado por una fiebre intermitente que en los meses siguientes lo redujo a un estado de total fragilidad. Acompañado de su confesor, San Roberto Belarmino, Luis fue preparándose para su inminente destino: la muerte. Con la mirada puesta en el crucifijo y repitiendo el nombre de Jesús, San Luis Gonzaga partió a la Casa del Padre la medianoche del Corpus Christi, el 21 de junio de 1591, a los 23 años de edad. Amó por sobre todo a Dios, y por haberlo hecho en altísima medida, alcanzó la santidad. Y es que a Dios se le ama amando a quienes Él nos regaló como padres, como a quienes Él nos puso como prójimos. No hay forma más elevada de honrar a quienes nos dieron la vida que amando a Dios primero y, al mismo tiempo, sirviendo a quienes necesitan de nosotros. Ninguna corona, tesoro, victoria militar, título o cosa de este mundo es capaz de igualar la gloria de encontrar abiertas las puertas del cielo. San Luis Gonzaga fue canonizado por el Papa Benedicto XIII en el año 1726, siendo declarado ‘patrono de la juventud’. El Papa Pío XI ratificó dicho patronazgo el 13 de junio de 1926.

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San Silverio, 20 de junio.

San Silverio, Papa y Mártir, es una figura prominente en la historia de la Iglesia Católica. Nacido como hijo legítimo del Papa San Hormisdas, se convirtió él mismo en Papa y duró sólo un año y medio. Durante su pontificado, se vio envuelto en una guerra y se negó a rehabilitar a un obispo hereje de Constantinopla, lo que provocó su injusto martirio. A pesar de sufrir injusticias y falsas acusaciones, San Silverio es reconocido por su firme fe y su inquebrantable dedicación a las enseñanzas de la Iglesia católica. En este artículo, exploraremos su biografía, pontificado, martirio, legado y el significado de su vida para la Iglesia católica. Vale la pena explorar la vida de San Silverio, pontífice y mártir. Su padre era clérigo antes de que él naciera, y era hijo legítimo del papa San Hormisdas. Silverio era conocido por su piedad y sus conocimientos desde que era joven, por lo que fue inmediatamente ordenado diácono y más tarde se convirtió en sacerdote. Cuando Agapeto I, el anterior papa, falleció, Silverio fue elegido para sucederle. Silverio tuvo que hacer frente a una guerra entre el Imperio Romano de Oriente y los ostrogodos durante su papado. Se esforzó por alcanzar un acuerdo de paz, pero sin éxito. También tuvo un conflicto con la emperatriz Teodora, que quería que perdonara al obispo hereje Antimus. Silverio se negó, lo que provocó su caída. Fue acusado de traición y privado de su papado. A pesar de enfrentarse a acusaciones injustas y soportar la injusticia, Silverio mantuvo inquebrantable su fe. Fue desterrado a una isla y más tarde a un monasterio, y falleció poco después, lo que muchos consideraron un martirio. Su legado como uno de los papas más notables en los anales del catolicismo permanece hasta nuestros días. Durante su mandato, San Silverio se enfrentó a diversos desafíos, entre ellos un conflicto entre el rey ostrogodo Teodahad y el emperador bizantino Justiniano. Teodahad acusó falsamente al prelado de colaborar con los bizantinos, lo que dio lugar a una injusta acusación de alta traición. Sin embargo, el Liber Pontificalis, un antiguo tomo de biografías papales, da fe de la inocencia de San Silverio y de su inquebrantable fe en Dios. A pesar de las falsas acusaciones, se mantuvo firme en sus compromisos con la Iglesia y en el cumplimiento de sus deberes como Papa. Uno de los acontecimientos más significativos durante el pontificado de San Silverio fue su negativa a rehabilitar a Antimus, el obispo hereje de Constantinopla. El resultado fue su martirio. No vaciló en sus creencias, reconociendo que rehabilitar a un hereje sería una violación de las enseñanzas de la Iglesia. Su firmeza ante el peligro sirve para ejemplificar su valor y dedicación a Dios. Aunque su pontificado fue breve, el legado de San Silverio como líder valiente y mártir es una parte esencial de la historia de la Iglesia católica. El valor y la determinación de San Silverio son un ejemplo perdurable de fe inquebrantable y dedicación a la Iglesia católica. Acusado injustamente de traición por su contacto con los demás, fue desterrado a Palmarola, soportando duras condiciones pero negándose a traicionar sus creencias. La negativa de San Silverio a rehabilitar a Antimus, el obispo hereje de Constantinopla, fue un momento crucial en su martirio, que finalmente le condujo a la muerte por inanición. A pesar de los malos tratos físicos y la inanición, San Silverio nunca vaciló en sus convicciones y siguió rezando por los que le perseguían. Su abnegado compromiso con su fe es una inspiración para todos aquellos que se enfrentan a la adversidad por sus creencias. Su martirio es un recordatorio de la importancia de defender los propios valores, cueste lo que cueste. El legado de San Silverio sigue siendo fuerte en la Iglesia católica. Se le venera como a un mártir por su fe inquebrantable y se le recuerda por su compromiso con la Iglesia. Su ejemplo sirve como fuente de esperanza y aliento para todos aquellos que se esfuerzan por vivir una vida de devoción y fe. El martirio de San Silverio es un testimonio de los sacrificios realizados por muchos de los primeros cristianos para permanecer fieles a sus creencias. Su historia sirve como recordatorio del valor y la convicción de quienes se mantuvieron firmes en su fe, incluso ante la adversidad extrema. Su vida y su muerte son una fuente de fuerza e inspiración para quienes intentan hacer lo mismo. El legado de Silverio Papa sigue siendo un ejemplo increíble de valentía y fe en la Iglesia católica. Su negativa a comprometer la verdad demostró su inquebrantable dedicación a las enseñanzas de la Iglesia, y su martirio fue un testimonio de los sacrificios de sus líderes. La fortaleza de Silverio Papa ante la adversidad sigue siendo fuente de inspiración para muchos. Además, su experiencia de la injusticia sirve como recordatorio de la importancia de la equidad y la justicia, incluso frente a la persecución. El legado de Silverio Papa sigue vivo, y su impacto en la historia de la Iglesia es innegable. El recuerdo del compromiso de Silverio Papa con su fe y su sufrimiento de la injusticia se sigue recordando hoy en día. Su inquebrantable dedicación a la verdad y su negativa a ceder ante la oposición son un recordatorio del valor y la devoción de los líderes de la Iglesia. El legado de Silverio Papa es un ejemplo de hasta dónde está dispuesta a llegar la gente para defender su fe, y su martirio es un poderoso símbolo del poder de la fe frente a la adversidad. El legado de San Silverio Papa es un legado de sacrificio, valor y dedicación, y su impacto en la historia de la Iglesia sigue siendo recordado hoy en día.

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San Romualdo, 19 de junio.

Romualdo fue un italiano que vivió entre finales del siglo X y comienzos del siglo XI. Su nombre significa «glorioso en el mando». Comenzó su vida como un joven dominado por sus pasiones y deseos mundanos, en ocasiones aspiró a ideales más elevados. Pero un trágico acontecimiento marcó un punto de inflexión en su vida: la muerte de un pariente cercano a manos de su propio padre en un duelo. Horrorizado por este suceso, Romualdo buscó refugio en un monasterio cercano, donde pasó 3 años en estricta austeridad y fervor religioso. «Luego el diablo le traía las molestas y desanimadoras tentaciones de desaliento, haciéndole ver que toda esa vida de oración, silencio y penitencia, era una inutilidad que de nada le iba a servir. Por la noche, con imágenes feas y espantosas, el enemigo del alma se esforzaba por obtener que no se dedicara más a tan heroica vida de santificación», explica la Iglesia Católica. Posteriormente, Romualdo pasó varios años junto a un santo ermitaño, quien se dedicó a su completa conversión y formación espiritual. Gracias a esta guía, Romualdo se preparó para predicar con fervor el mensaje de Jesús, uno de sus más grandes anhelos. Con el permiso del Papa de entonces, decidió emprender una misión evangelizadora en Hungría, pero una grave enfermedad frustró sus planes. San Romualdo, siempre atento a las señales divinas, interpretó que Dios no lo quería para esa misión específica. Durante 30 años, San Romualdo se dedicó a fundar numerosas ermitas y monasterios por toda Italia. El más famoso de ellos es el monasterio de Camáldoli, fundado alrededor del año 1012. En este lugar, Romualdo impuso normas aún más estrictas que las de San Benito, dando origen a una nueva congregación, los camaldulenses, que combinaba la vida cenobítica con la eremítica. Cómo murió Después de pasar varios años en Camáldoli, Romualdo retomó sus viajes apostólicos. Sin embargo, la muerte le sobrevino durante una visita a la región de Val-di-Castro, falleciendo el 19 de junio de 1027. Fue canonizado por el papa Benedicto IX en 1032.

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San Ciriaco y Santa Paula, 18 de junio.

Designaron a los Santos Mártires Ciriaco y Paula Patronos de la ciudad de Málaga en 1490, e incluyeron a los Santos Patronos en el Escudo de Armas en 1494. Todos estos aspectos han permanecido inalterados hasta el momento presente. El día 18 de Junio ha sido una fiesta fundamental en la ciudad durante siglos, aunque de forma intermitente. Hasta el año 1986, el día 18 de Junio era fiesta local civil. La tradición transmitida ampliamente en la historiografía local, afirma que los Santos Ciriaco y Paula fueron dos jóvenes malagueños pertenecientes a una floreciente comunidad cristiana existente en nuestra ciudad y presidida por el Obispo San Patricio. Apresados en el  contexto de la décima persecución del emperador Diocleciano y Maximiano, fueron sometidos a dolorosos tormentos con el propósito de que renunciaran a su fe y adorasen a las divinidades paganas.  Como no consiguieron tal propósito, fueron condenados a muerte y lapidados, atados a sendos troncos de unas palmeras, esto sucedió en el margen del río Guadalmedina el día 18 de Junio del año 303 de nuestra era, en el lugar que aún hoy conocemos como Paseo de Martiricos. Ocurrida la muerte, cayó un fuerte aguacero que impidió que sus cuerpos fuesen quemados, y sus hermanos cristianos los recogieron y procedieron a su sepultura. Se desconocen los datos en torno a su nacimiento, infancia o juventud. se ignora dónde han sido depositados sus cuerpos aunque tradicionalmente se afirmaban que no podían estar muy lejos de la ciudad, junto a la ribera del río Guadalmedina, de donde se arrancaron las piedras para lapidarlos. En 1581 se dejó sentir un fuerte terremoto en la iglesia de los Santos Mártires, como apenas hubo que lamentar pérdidas, decidieron el 16 de Junio de 1582 hacer un voto solemne y declarar día festivo con obligación de oír misa el 18 de junio, día de los Santos Mártires, en la ciudad y sus arrabales. En el mismo cabildo la Ciudad acordó mandar labrar dos estatuas de plata para que fueran sacadas en procesión en el día de su fiesta. Estas imágenes, donadas por el Cabildo municipal, fueron procesionadas por primera vez el 18 de junio del año 1604. El 5 de Febrero de 1810 entraron los franceses en Málaga y arrebataron a los malagueños las dos estatuas de los Santos Patronos debido a su precioso metal. Hay buena prueba de la memoria de los Santos Ciriaco y Paula en el callejero de la ciudad: La Barriada de Santa Paula y unos jardines, están dedicados en honor de nuestra Patrona. El Paseo de Martiricos, junto al río Guadalmedina, guarda tradición del lugar del martirio. En Ciudad Jardín tenemos calle San Ciriaco y calle Santa Paula. La denominada Plaza de los Mártires Ciriaco y Paula, y la calle Mártires junto al templo parroquial de los Santos Mártires Ciriaco y Paula. Muy cerca, además, está la calle Santos, también dedicada a los Patronos, recogiendo la tradición que afirmaba que los jóvenes Santos se conocieron en una panadería situada en esa vía, en la que trabajaban ambos.

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San Ismael, 17 de junio.

Cada día, el calendario litúrgico nos invita a conocer y venerar a aquellos hombres y mujeres que, con sus vidas, iluminaron el camino de la fe. El 17 de junio, nuestra mirada se dirige hacia una figura menos conocida pero profundamente significativa: San Ismael de Cerne, un obispo y mártir que dio testimonio de Cristo en las tierras de Gales durante los turbulentos siglos posteriores a la caída del Imperio Romano en Occidente. ¿Quién fue San Ismael? Las fuentes históricas sobre San Ismael son escasas y a menudo se entremezclan con la tradición, pero su veneración como santo mártir es antigua y arraigada, especialmente en Gales y el oeste de Inglaterra. Sabemos que: La Luz de su Testimonio para Hoy: Aunque los detalles concretos de su vida puedan ser velados por el tiempo, el núcleo del mensaje de San Ismael brilla con claridad para nosotros, católicos del siglo XXI:

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Santa Julita y San Ciríaco, 16 de junio.

San Ciríaco (también conocido como Cyr, Cyriacus, Quiriac o Quiricus). El cartel al costado de la escultura dice que a fines del siglo III, este niño romano fue martirizado a la edad de tres años, junto con su madre, Santa Julita, una cristiana que se negó a rezar a los ídolos falsos. Su fiesta se celebra el 16 de junio. Los martirios de San Ciríaco y Santa Julita La madre y el niño fueron martirizados durante las últimas persecuciones particularmente feroces a los católicos bajo el emperador Diocleciano (284-305). La Leyenda Dorada relata que Ciríaco era el hijo de Julita, una noble dama de Icona. Para escapar de la persecución, se refugió en Tarso en Cilicia con su hijo, que entonces tenía tres años. Fue reconocida como católica y denunciada a las autoridades, y llevada ante el tribunal del prefecto Alejandro. Debido a que sus dos sirvientes huyeron, tuvo que llevar a su hijo pequeño con ella. Cuando Julita se negó a adorar a los ídolos, el prefecto Alejandro tomó al niño de sus brazos y ordenó que la azotaran con correas. Al ver las torturas de su madre, Ciríaco comenzó a llorar y a derramar lágrimas. Alejandro, que sostenía al niño en su regazo, trató de calmarlo con caricias y palabras amables. Pero el niño pequeño rechazó estos halagos con honor y rascó el rostro de Alejandro con las uñas, gritando: «¡Soy cristiano!» Asombrado, el prefecto le preguntó quién le había enseñado a hablar. Y el niño respondió: «Tu falta de ingenio es una maravilla para mí, que, viendo mi edad, necesites preguntar quién me instruyó en el conocimiento del Dios verdadero». Y repitió las palabras: «¡Soy cristiano!» Enfurecido, Alejandro levantó al niño y lo arrojó al suelo, golpeando su cabeza contra los escalones del tribunal. Julita, llena de gozo, dio gracias a Dios porque su hijo había ido antes que ella al reino celestial. Ella misma fue desollada, sumergida en brea hirviendo y finalmente decapitada. Para evitar que los católicos los enterraran, el prefecto ordenó que sus cuerpos fueran cortados en pedazos y esparcidos en diferentes lugares. Pero un ángel recogió a los miembros, nos dice la Leyenda Dorada, y los católicos los enterraron al amparo de la noche. Más tarde, cuando se restableció la paz en la Iglesia, una anciana sirvienta dio a conocer el lugar de descanso de los dos cuerpos. La devoción a los mártires madre-hijo creció, especialmente en Francia, después de que el obispo San Amator de Auxerre trajera algunas reliquias al monasterio de Saint Armand en Tournai en el siglo IV. Además, Carlomagno tuvo una devoción por él y restauró una catedral dedicada a San Cyr, Saint Cyricus (San Ciríaco) que es el Saint Cyr que se encuentra en varios topónimos franceses. Una noción perdida de heroísmo En esta conmovedora historia, impresiona la falta de sentimentalismo de los primeros cristianos. Julita no lloró por la muerte de su hijo, sino que celebró el hecho de que se había ganado la corona del martirio. Ésta es la posición heroica de un verdadero católico, que considera la vida del alma por encima de la vida del cuerpo. San Ciríaco y su valiente madre, Santa Julita, son excelentes modelos para nuestra época. Aquí hay un niño que apenas tiene la edad para hablar, ciertamente no en la edad de la razón, a quien el Espíritu Santo inspira a declarar: «Soy cristiano». Su madre se había negado a quemar incienso ante los dioses falsos, sabiendo que la muerte sería la sentencia. Ella podría haberse estado preguntando, “¿Qué pasará con mi hijo? ¿Crecerá en la corte pagana y rechazará la fe verdadera? Será mejor que ceda por su bien». Ella no cedió, y se le dio el consuelo de ver que Dios cuidó su hijo de una mejor manera de la que ella podría haberlo hecho: le dio al pequeño la corona del martirio antes que la suya, asegurándose que no serían separados en la muerte. Recemos a san Ciríaco y santa Julita por el valor de ser intransigentes en la proclamación de la fe católica, aunque eso signifique afrontar las críticas, perder amigos, estar solos. Esta es una forma segura de avanzar por el estrecho camino hacia el Cielo.

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Santísima Trinidad, 15 de junio.

Hoy, domingo 15 de junio, una semana después de Pentecostés, la Iglesia Católica celebra la ‘Solemnidad de la Santísima Trinidad’; Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero. Canta el himno de las laudes de hoy: “El Dios uno y trino, misterio de amor, habita en los cielos y en mi corazón”, recordándonos que estamos invitados a tomar parte de la vida íntima de Dios, fuente de amor inacabable.  Al revelarnos su naturaleza trinitaria, Dios nos introduce en el misterio más grande: siendo Él unidad perfecta, es también comunidad de Personas. Y, aunque la inmensidad divina nos resulte insondable, nuestro corazón rebosa agradecido por el don recibido, ¡don infinito e inmensurable de Amor! Abramos, pues, con humildad, el corazón a Dios, uno y trino; que cada Persona de la Trinidad ocupe un lugar en nuestras vidas.   Hace una década (año 2013), el Papa Francisco, dirigiéndose a un grupo de niños que se preparaba para la Primera Comunión, ensayó una sencilla pero hermosa explicación de qué es la Santísima Trinidad. El Papa dijo: “El Padre crea el mundo, Jesús nos salva, ¿y el Espíritu Santo qué hace? Nos ama, nos da el amor”. Con esta breve fórmula, Francisco, echaba luces sobre el misterio más grande de nuestra fe, no sólo a aquellos niños de entonces, sino sobre todos los fieles. A lo largo de la historia, el conocimiento de la Trinidad ha ocupado a santos, teólogos y, por supuesto, a todo aquel que con amor ha querido conocer mejor su fe. Todo ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, anhela ese conocimiento desde lo más profundo, muchas veces, sin tener conciencia plena. Y es que no podría ser de otra manera, puesto que Dios nos ha creado para conocerlo y amarlo, y para estar siempre con Él -en Dios está la plenitud que buscamos-.  Por eso también es necesario reconocer que somos creaturas y, por lo tanto, seres limitados. Frente a Dios, (entiéndase) en presencia de lo sagrado, siempre habrá cosas que no podremos explicar, cosas que no podremos entender, preguntas que saltarán una y otra vez sin que encuentren respuesta definitiva. Es natural que sobrevenga cierto desconcierto, incluso un desánimo inicial, pero que habrán de ser superados en grado sumo al contemplar, en oración amorosa, el misterio de la Trinidad. No olvidemos que Dios es eso precisamente, un “misterio”. Ya lo advertía Santa Juana de Arco: “Dios es tan grande que supera nuestra ciencia”. Y así, por amor, se ha revelado a los hombres para invitarlos a participar de su propia vida. Un relato ampliamente difundido en la Edad Media da cuenta de San Agustín de Hipona, Obispo de Tagaste, caminando cerca de la orilla del mar mientras meditaba sobre la Trinidad. De pronto, se percata de que un niño, cubeta en mano, estaba tratando de llenar con agua de mar un hoyo que había hecho en la arena.  Agustín se acerca y le pregunta por qué lo hace, a lo que el pequeño responde: “Quiero vaciar toda el agua del mar en el agujero”. “Eso es imposible”, replicó el santo. De inmediato, el niño lo mira y le dice: “Si esto es imposible, lo es mucho más tratar de descifrar el misterio de la Santísima Trinidad”.   ¡Vaya lección para ese típico entendimiento que pretende abarcarlo todo!, como también para ese que se rinde humildemente ante lo vasto. San Patricio, patrono de Irlanda, al predicar sobre el misterio de la Trinidad, usaba una hoja de trébol de tres puntas, haciendo una analogía entre estas y las tres personas divinas -las puntas siendo distintas y distintas “componen” una sola entidad, como las Tres Personas son un único Dios-.   Frente a Dios, de rodillas Como en tantas ocasiones, se nos presentan dos extremos: pretender comprenderlo todo; y creer que no podemos lograr nada. Algo así sucede cuando nos situamos frente de algo -o alguien- tan grande. Mejor no desesperar; pero tampoco caer en el exceso de confianza. Seamos humildes y sensatos. No olvidemos que responder al amor de Dios y conocerlo mejor es siempre una tarea conjunta entre nuestra naturaleza en cooperación con la Gracia. Pidamos al Señor que nos ayude a amarlo cada vez más y conocerlo, hasta donde nos sea posible. ¡Bendita sea la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Tres Personas y un solo Dios verdadero!   Evangelio de hoy (Juan 16, 12-15) En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído y les anunciará las cosas que van a suceder. Él me glorificará, porque primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes”.

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San Eliseo, 14 de junio.

Eliseo (Dios es mi salvación), es una figura dominante en el siglo IX antes de Cristo. por la Biblia sabemos que su padre se llamaba Sabat, que era originario de Abel Mehola, al sur de Bet-Shan, y que su familia era una familia binen acomodada (1 Re 19, 16-19). Dios lo elige directa y especialmente para que vaya en seguimiento de Elias, al cual sucederá después de la misteriosa desaparición de este, heredando su espíritu en la media establecida por la Ley para los primogénitos. Las Sagradas Escrituras le dan el apelativo de «hombre de Dios» y esta afirmación se revela principalmente por los prodigios que obra a lo largo de su vida. Su vida es mas llamativa que la de Elias , por los prodigios que obra pero su influjo fue menor, tan solamente una vez se le nombra en el Nuevo Testamento (Lc 4,27) mientras a Elias 30 veces. Su vida a veces calcada en la de Elias, la recogen los dos Libros de los Reyes. Gozo de gran estimación entre los Reyes Yosafat (2 Re 3,12) y Yoas (2 Re 13, 14-19). Comprar libros superventas online Aparece en  la Biblia cuando sigue a Elias y el recibe el doble espíritu (2 Re, 1) y termina con el milagro que tuvo lugar con el cadáver del Profeta ya enterrado (2 Re, 13,21). La mayoría de las narraciones, que semejan «florecillas», muestran a Eliseo rodeado de sus discípulos o «hijos de los Profetas» que constituirán dentro de la historia de Israel un grupo muy característico y original. Se ha escrito mucho sobre estos «Hijos de los Profetas» y su influencia en el pueblo de Israel y aun en el Nuevo Testamento, pero todavía faltan estudios serios que demuestren muchas cosas todavía oscuras sobre ellos. Una síntesis de la vida de Eliseo, tal como nos la presenta la Sagrada Escritura, podría ser esta: Los Carmelitas tomaron a Elias y Eliseo como «padres espirituales» de la Orden y desde muy antiguo celebran la fiesta de San Eliseo el 14 de Junio y la de San Elias el 20 de Junio.

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