Santo del Día

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Santa Gema, 16 de mayo.

Había nacido esta candorosa criatura el 12 de marzo de 1878 en Camigliano (Italia). Su padre, Eugenio Galgani era boticario y su madre, Aurelia Landi, muere prematuramente de una tuberculosis pulmonar, cuando Gema tenía solo 7 años. Su padre se hace cargo de los hijos, pero muere también pronto, a consecuencia de un tumor maligno, cuando Gema tenía 18 años.  En este tiempo Gema tuvo dos pretendientes, que se sintieron atraídos por su belleza física, pero ella los rechazó, porque tenía ya muy claro que su único Esposo sería Cristo. Entonces fue contratada como ama de llaves por la familia Gianni. Con ellos se trasladó a la ciudad de Lucca, donde la trataron prácticamente como a una hija. Gema tenía una gran devoción a la Eucaristía y a la pasión de Cristo, cuyo crucifijo tenía en la pared de su cuarto. Cuando tenía 20 años, durante 3 días a la semana, comenzó a mostrar en su propio cuerpo las mismas heridas que tenía ese crucifijo. A lo largo de su corta vida padeció múltiples y extrañas enfermedades, que unas veces la ponían en trance de muerte y otras se curaban misteriosamente. Desde muy temprano había sido una niña enfermiza y poco desarrollada. A los 13 años ya tuvo que ser operada de osteítis tuberculosa y a los 16 sufrió graves trastornos, de apariencia neurótica. A partir de los 19, se le multiplicaron las enfermedades, desconcertantes para los médicos, con síntomas gravísimos: tabes espinal de carácter maligno, un absceso en la región lumbar, meningitis, úlceras, sordera, caída del cabello, parálisis, etc. Las diversas intervenciones quirúrgicas por las que tuvo que pasar, en lugar de extirpar el mal, parecía que lo desplazaban a otro punto de su cuerpo. Los médicos acabaron desahuciando a una enferma que se negaba a ser reconocida debidamente. Jamás se dejó auscultar. Toda esta hipersensibilidad hizo que en algunas ocasiones sus enfermedades, o al menos parte de ellas, fueran diagnosticadas como “trastornos neuróticos”. Realmente los médicos estaban desconcertados. Todo esto hizo que su proceso de beatificación fuera largo y examinado minuciosamente. Solo los Padres Pasionistas la comprendían, la confortaban y la alentaban. Ella hubiera querido ser religiosa pasionista, cosa que no pudo ser por su delicada salud, teniendo que conformarse con estar incluida entre las “Terciarias Pasionistas” (seglares). Su largo camino de enfermedades, incomprensiones y sufrimientos, fue duro y después de haber pasado por dolorosas pruebas, pudo presentir cómo se acercaba el final de su vida, en la   que Dios le había pedido mucho, pero también era mucho lo que le había dado.  A las 8 de la mañana del Sábado Santo, 11 de abril de 1903, se la administraba la extremaunción y tomando en las manos un crucifijo dijo: “¡Jesús, en tus manos, encomiendo mi pobre alma!»; y volviéndose a la imagen de María, añadió: «¡Madre mía!, recomienda a Jesús mi pobre alma… Dile que tenga misericordia de mí». Súbitamente, su rostro se iluminó con una sonrisa y dos lágrimas se deslizaron por sus mejillas, mientras el párroco que estaba presente exclamó diciendo” «Jamás he presenciado muerte semejante». A la 1.45 h de este mismo día moría en Lucca a los 25 años Gema Galgani, probablemente de tuberculosis. Fue beatificada por Pío XI el 14 de mayo de 1933 y canonizada por Pío XII en 1940. En 1985 fue llevado su cuerpo al Santuario Pasionista de Santa Gema en Lucca (Italia). Una vez llegado, el P. German, su confesor y biógrafo, a Lucca y después de haber pasado 14 días de su muerte se procedió a la exhumación. Los especialistas que realizaron la autopsia quedaron maravillados al encontrar su corazón como si acabara de morir, el mismo que actualmente se conserva incorrupto en el Santuario que los P.P. Pasionistas tienen en Madrid y que lleva su nombre.

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San Isidro Labrador.

San Isidro fue un labrador nacido hacia 1082 en lo que se denominaba el Mayrit musulman de Madrid (zona ocupada por los musulmanes que habían invadido la península hispánica, a la que denominaron Al-Andalus). Isidro nació en el seno de una familia de campesinos mozárabes muy pobres, y no recibió educación alguna que no haya sido la que se recibía en una familia cristiana: el amor a Dios, la caridad con el prójimo, y la importancia de la oración y de recibir los sacramentos. Quedó huérfano muy pequeño y a los 10 años comenzó a trabajar como peón de campo en una finca en las afueras de Madrid (España), perteneciente probablemente a una de esas familias prestigiosas de la época. Ya mayor, contrajo matrimonio con María de la Cabeza, quien también llegaría a ser santa. San Isidro empezaba su jornada asistiendo a Misa muy temprano. Sin embargo, a veces,  se retrasaba un poco para llegar al campo a trabajar. Sin querer, despertó así la cólera de varios de sus compañeros, quienes lo acusaron de holgazán ante el patrón. El dueño de las tierras verificó que la acusación era cierta -el santo sí solía llegar un poco tarde a sus labores- pero quedó impactado al ver que, mientras Isidro no llegaba, los bueyes con los que trabajaba movían el arado como si alguien los estuviera guiando. Así, nació el rumor de que mientras Isidro estaba en Misa, un ángel cubría su puesto en el campo.

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San Matías, apóstol.

Siguió al Señor Jesús desde el bautismo de Juan hasta el día en que Cristo subió a los cielos y, por esta razón, después de la Ascensión del Señor fue puesto por los apóstoles en el lugar que había ocupado Judas, el traidor, para que, formando parte del grupo de los Doce, fuese testigo de la Resurrección.  Clemente de Alejandría, basándose en la tradición, afirma que San Matías fue uno de los 72 discípulos que el Señor envió a predicar durante su ministerio. Los hechos de los Apóstoles afirman que Matías acompañó al Salvador, desde el Bautismo hasta la Ascensión. Cuando San Pedro decidió proceder a la elección de un nuevo Apóstol para reemplazar a Judas, los candidatos fueron José, llamado Bernabé y Matías. Finalmente, la elección cayó sobre Matías, quien pasó a formar parte del grupo de los doce. El Espíritu Santo descendió sobre él en Pentecostés y Matías se entregó a su misión. Clemente de Alejandría afirma que se distinguió por la insistencia con que predicaba la necesidad de mortificar la carne para dominar la sensualidad. Esta lección la había aprendido del mismo Jesucristo. Según la tradición, predicó primero en Judea y luego en otros países. Los griegos sostienen que evangelizó la Capadocia y las costas del Mar Caspio, que sufrió persecuciones de parte de los pueblos bárbaros donde misionó y obtuvo finalmente la corona del martirio en Cólquida. Los «Menaia» griegos sostienen que fue crucificado. Se dice que su cuerpo estuvo mucho tiempo en Jerusalén y que Santa Elena lo transladó a Roma.  ACI Prensa

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Virgen de Fátima, 13 de mayo.

Cada 13 de mayo la Iglesia celebra a Nuestra Señora de Fátima, una de las advocaciones marianas más extendidas y queridas en el mundo católico. Fue un 13 de mayo, pero de 1917, cuando la Madre de Dios se apareció por primera vez a tres humildes pastorcitos en Cova de Iría, Fátima (Portugal). El nombre oficial de esta advocación mariana es ‘Nuestra Señora del Rosario de Fátima’. La mención al Santo Rosario responde a los constantes pedidos de la Virgen a que sea rezado por todos los católicos, especialmente para que haya paz en el mundo. “No tengáis miedo. No os haré daño”, le dijo la Virgen María a Lucía, Jacinta y Francisco, los tres niños portugueses que, impactados por su presencia maravillosa, se llenaron comprensiblemente de temor. Aquellos pequeños -como probablemente cualquiera en esta tierra- fueron sobrepasados por lo que veían sus ojos: aquella “señora vestida de blanco, más brillante que el sol”. Tras el impacto inicial, nuestra dulce Madre les reveló de dónde venía: había bajado del cielo para ayudar a fortalecer el lazo que hay entre Dios y los hombres. A continuación, pediría a los tres que volvieran a aquel mismo lugar el día 13 de cada mes, a la misma hora, por los siguientes seis meses. Después preguntó: “¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviaros como reparación de los pecados con que Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores?». Los pequeños respondieron que sí, por lo que la Virgen, con franqueza y ternura, les advirtió que sufrirían mucho porque los pecados de los hombres eran grandes. Sin embargo, también les consoló diciendo que la gracia de Dios estaría siempre a su lado, dándoles fuerza. De inmediato, la Señora abrió las manos y una fuerte luz cubrió a los niños, quienes cayeron de rodillas y empezaron a rezar: “Santísima Trinidad, yo te adoro. Dios mío, Dios mío, yo te amo en el Santísimo Sacramento”. Antes de partir, la Virgen pediría: “Rezad el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”. Dicho esto se elevó hasta que no pudieron verla más. La Madre portaba un mensaje de paz en días de horror para la humanidad: se desarrollaba la Primera Guerra Mundial y el comunismo empezaba a acechar al mundo como nunca antes. En los siguientes meses, los niños acudieron a las citas con la Señora, tal y como ella había pedido. Lamentablemente, eso les valdría a los pequeños pastores convertirse en blanco de burlas, calumnias, e incluso amenazas de cárcel -el mundo se resistía a creer y aceptar su testimonio-. Es cierto que muchos corazones fueron tocados en ese momento, pero también brotó mucha incomprensión. Las autoridades políticas de la localidad evidenciaron inmediatamente su disgusto por las grandes movilizaciones de gente, y un inesperado renacimiento religioso. Meses después de ocurridas las apariciones, Francisco y Jacinta Marto -quienes eran hermanos- fallecieron víctimas de la enfermedad. Lucía Santos les sobreviviría y se convertiría en monja de clausura. Con los años, la Iglesia reconocería el testimonio de los niños y la veracidad de las apariciones milagrosas de la Madre de Dios, mientras tanto, la devoción a la Virgen de Fátima se iba expandiendo por el mundo como ninguna otra advocación mariana previa. Algunas décadas más tarde, el Papa San Juan Pablo II consagró Rusia -nación esclavizada por el comunismo, ideología contraria a Dios y al ser humano- al Inmaculado Corazón de María, en cumplimiento del pedido de la Madre de Dios.

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Santos Nereo y Aquiles, 12 de mayo.

La Iglesia conmemora juntos a estos cuatro santos el 12 de mayo y a los cuatro se les menciona como mártires en el Propio de la Misa. Las antiguas listas Romanas, del siglo quinto, y que formaron parte del Martyrologium Hiernoymianum, contienen los nombres de los dos mártires Nereo y Aquileo, cuya tumba estaba en la Catacumba de Domitila en la Vía Ardeatina; en el mismo calendario se halló el nombre de San Pancracio, cuyo cuerpo descansaba en una catacumba en Vía Aurelia. La nota, en la versión más completa que da el Berne Codex, dice lo siguiente: «IIII id. Maii, Romae in coemeterio Praetextati natale Nerei et Achillei fratrum, et natale sci. Pancrati via Aurelia miliario secundo» (El 12 de Mayo en Roma en el cementerio de Praetextatus [un error evidente por Domitila] el día natal de Nereo y Aquileo, y el día natal de San Pancracio, en la Vía Aurelia en el segundo hito»; ed. de Rossi-Duchesne, Acta SS., Nov., II, [59]). En la invocación de la Misa por la fiesta de ambos, en the «Sacramentarium Gelasianum», únicamente se mencionan los nombres de Nereo y Aquileo, y esto se debe a que sólo se incluyó la invocación por ellos en la Misa. La fiesta de San Pancracio se celebra en la iglesia construida sobre su tumba en la Vía Aurelia. En la Misa de su fiesta, cuya fórmula nos es desconocida, sin duda alguna que sólo se mencionaba su nombre. Desde el siglo cuarto en adelante, el 12 de Mayo se celebraba en ambos lugares, en la tumba de los Santos Nereo y Aquileo en la Vía Ardeatina, y en la de San. Pancracio en la Vía Aurelia, una Misa votiva especial. Hay unanimidad en los Itinerarios de las tumbas de los mártires Romanos, escritos en el siglo sétimo, en cuanto a su indicación del lugar de descanso de estos santos (de Rossi, «Roma sotterranea», I, 180-83). La iglesia, que fue erigida en el siglo cuarto sobre la tumba de San Pancracio, permanece hoy con un estilo algo modificado. La leyenda que describe el martirio del santo tiene un origen posterior y no es confiable en términos históricos; es probable que fuera muerto durante la persecución de Valeriano (257-58) o en la de Diocleciano (304-06). La iglesia construida sobre la tumba de los Santos Nereo y Aquileo en la Vía Ardeatina, es de fines del siglo cuarto; es una basílica de tres naves y fue descubierta por de Rossi en la Catacumba de Domitila. Entre los numerosos objetos hallados en las ruinas estaban dos pilares sobre los que se asentaba el giborium adornados con esculturas representando la muerte por decapitación de los dos santos; uno de dichos pilares está perfectamente conservado, y tiene grabado el nombre de Aquileo. También se encontró un fragmento grande de una losa de mármol, con una inscripción compuesta por el Papa Dámaso, cuyo texto es muy conocido a partir de una antigua copia. Esta es la mención histórica más antigua acerca de los dos santos (Weyman, «Vier Epigramme des h. Papstes Damasus», Munich, 1905; de Rossi, «Inscriptiones christianae», II, 31; Ihm, «Damasi epigrammata», Leipzig, 1895, 12, no. 8) y cuenta cómo Nereo y Aquileo en su calidad de soldados obedecían al tirano, pero al convertirse repentinamente al Cristianismo, alegremente renunciaron a sus cargos, y tomaron la muerte por el martirio; no podemos inferir nada respecto a la fecha de su gloriosa confesión. Los actos de estos mártires, legendarios hasta un grado romántico, carecen de valor histórico para su vida y muerte; hacen referencia a no menos de trece diferentes mártires romanos, entre ellos inclusive Simon Magus, según las Actas Petrine apócrifas, y ubican la muerte de ellos entre fines del primer siglo y comienzos del segundo siglo. Estas Actas estaban escritas en Griego y Latín; según Achelis (ver abajo) el Griego era el texto original, y escrito en Roma en el siglo sexto; Schaefer (ver abajo) de otro lado afirma que la versión Latina es la más antigua, y trata de probar que se originó en la primera mitad del siglo quinto; es improbable una fecha tan remota y debe preferirse el siglo sexto como el origen de las Actas. Según tales leyendas, Nereo y Aquileo eran eunucos y chambelanes de Flavia Domitila, una sobrina del Emperador Domiciano; con la virgen Cristiana habían sido desterrados a la isla de Pontia, y más adelante decapitados en Terracina. Las tumbas de estos dos mártires estaban en una propiedad de Lady Domitila, cerca de la Vía Ardeatina, junto a la de Santa Petronila. El autor de esta leyenda ubica a los dos santos de modo muy diferente al del Papa Dámaso, en su poema: ya que Nereo y Aquileo fueron enterrados en una sección muy antigua de la catacumba de Domitila, construida a comienzos del segundo siglo, podríamos concluir que ellos estuvieron entre los mártires más antiguos de la Iglesia Romana, y tienen una relación muy cercana a la familia de los Flavios, de la cual era integrante Domitila, la fundadora de la catacumba. En la Epístola a los Romanos, San Pablo menciona a un Nereo con su hermana, a quienes envía sus saludos (Rom., xvi, 15), tal vez incluso el mártir era un descendiente de este discípulo del Apóstol de los Gentiles. Debido al carácter puramente legendario de estas Actas, no podemos utilizarlas como argumento para resolver la controversia en cuanto a si hubo dos Cristianas con el nombre de Domitila en la familia de Christian Flavian, o sólo una, la esposa del Cónsul Flavius Clemens (ver FLAVIA DOMITILA). En cuanto a otros mártires con el nombre Nereo, notables sobre todo en los martirologios antiguos como mártires de la fe en África, o como nativos de ese lugar (por ejemplo, en el Martyrologium Hieronymianum, 11 de Mayo, 15 ó 16 de Octubre, 16 de Noviembre) y hay uno con tal nombre en el actual Martirologio Romano bajo la fecha del 16 de Octubre, nada más se conoce.

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San Francisco de Gerónimo.

San Francisco de Gerónimo (también, Francisco de Jerónimo S.J.) fue un misionero jesuita natural Grottaglie, Tarento (Italia) quien vivió dedicado a la predicación y al servicio apostólico en el desaparecido Reino de Nápoles. Precisamente por esa razón se le suele llamar «el apóstol de Nápoles». Francisco se hizo célebre por su incansable trabajo en favor de la conversión de los pecadores, a quienes buscó a ejemplo del Buen Pastor, Jesucristo, que va en busca de la oveja perdida del rebaño. No temió ni las calles peligrosas ni acercarse a aquellos cuya reputación o indignidad eran motivo de rechazo. En ese sentido, Francisco dejó que a través de su noble corazón pobres, enfermos y oprimidos pudieran conocer el amor de Dios, y miró con compasión y amor fraterno a los pecadores empedernidos e irredentos, y precisamente entre ellos conquistó muchas almas para Dios, devolviéndoles el sentido de la vida. Jesús, a quien Francisco adoró en la Eucaristía y frecuentó en la oración, fue quien moldeó su alma y lo animó a anunciar su Palabra ‘a tiempo y a destiempo’. Francisco respondió al amor de Dios con su vida disciplinada y ejemplar. Amor y obediencia; obediencia y caridad Francisco de Gerónimo nació el 17 de diciembre de 1642 en Grottaglie, una ciudad del sur de Italia. A los 16 años entró al colegio de Tarento, donde estuvo bajo la tutela de la Compañía de Jesús. En aquella institución estudió humanidades y filosofía, con tal éxito que el obispo lo envió a Nápoles para que asistiera a conferencias de Teología Canónica en el famoso colegio Gesu Vecchio [El colegio antiguo de Jesús], que por aquel entonces rivalizaba con las más grandes universidades de Europa. El 1 de julio de 1670 ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús. Al final de su primer año de prueba, fue enviado como misionero a un lugar cercano al municipio italiano de Otranto, para poner en práctica su habilidad para la predicación. Allí confirmó su llamado a ser una voz que anuncia la alegría del Evangelio. Quiso ser enviado a lugares lejanos, pero sus superiores no aceptaron sus pedidos y prefirieron que permaneciera en Nápoles. Francisco, obediente, entendió que el Señor lo quería donde estaba y dejó de insistir. “Muy gustosamente gastaré y me desgastaré totalmente por vuestras almas” (II Cor, 12) Después de 4 años predicando en pequeños pueblos y de culminar sus estudios de teología, sus superiores lo nombraron predicador de la iglesia del Gesú Nuovo [La iglesia nueva de Jesús] en Nápoles. Sus sermones elocuentes, breves y enérgicos, llegaron a conmover a muchos, removiendo conciencias estancadas y despertando el sentido de la fe. Muchas conversiones obró el Señor a través de sus palabras, especialmente de personas que tenían el corazón endurecido y no sentían culpa alguna por sus malas obras. En algunas ocasiones pasó por no menos de cinco aldeas en un solo día, predicando en calles, plazas públicas e iglesias. La gente que lo conocía solía decir que convertía por lo menos a unos 400 pecadores al año. Una de sus obras de caridad habituales fue visitar hospitales y cárceles. Y cientos de veces fue en busca de algún alma perdida por calles peligrosas o lugares de mala reputación. Eso le valió más de una paliza a manos de delincuentes, pero no por eso dejó de insistir en el llamado a la conversión, sabiéndose él mismo un pecador perdonado. Ayudó mucho en su difícil misión, su aspecto ascético y a veces severo, siempre en actitud orante y de atención con los que sufren. San Francisco murió a los 74 años de edad y fue sepultado en la Iglesia de la Compañía de Nápoles. Fue beatificado en 1758 por Benedicto XIV y canonizado en 1839 por el Papa Gregorio XVI. FUENTE: Aciprensa.

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San Juan de Ávila.

Nacido en Almodóvar del Campo, Ciudad Real (España), el 6 de enero de 1499 ó 1500. El año 1513 fue a estudiar leyes a Salamanca. Regresó a casa después de cuatro años y, aconsejado por un franciscano, estudió filosofía y teología. Al poco tiempo murieron sus padres. Fue ordenado sacerdote el año 1526. A su primera misa asistieron doce pobres que comieron a su mesa. El padre Juan de Ávila repartió sus bienes a los pobres y se entregó a la oración y a la enseñanza del catecismo. El año 1535, llamado por el obispo, marchó a Córdoba donde conoció a fray Luis de Granada. Allí organizó predicaciones por los pueblos obteniendo muchas conversiones de personas importantes. Dedicó también mucho tiempo al clero para quien fundó centros de estudios como los colegios de San Pelagio y de la Asunción. Al año siguiente, se desplazó a Granada a donde fue llamado para ayudar al arzobispo Gaspar de Ávalos en la fundación de la universidad. En esa ciudad tuvo lugar la conversión de san Juan de Dios, quien después de haber escuchado la predicación del padre Juan de Ávila decidió dedicar su vida a los pobres, enfermos y menesterosos. El grupo sacerdotal de Juan de Ávila se formó en Granada hacia el año 1537. Los sacerdotes operarios, que se dedicaban a la predicación, vivían en comunidad, bajo la obediencia del maestro Ávila. Él les aconsejaba robustecer su vida interior: recibir frecuentemente la confesión y comunión, hacer dos horas de oración de mañana y tarde, y estudiar el Nuevo Testamento. Juan acudió a Baeza (Jaén) en 1539, donde ayudó en la fundación de la Universidad, quizá su fundación más célebre. En todas las ciudades por donde pasaba, Juan de Ávila procuraba dejar la fundación de algún colegio o centro de estudios para sacerdotes: tres colegios mayores o universidades y once colegios. Desde 1551 comenzó a sentirse enfermo. Las molestias de su enfermedad le obligaron a residir en Montilla hasta su muerte. Su retiro le dio la posibilidad de escribir con calma sus cartas y preparar mejor sus sermones y tratados. Las cartas de Juan de Ávila llegaban a todo rincón de España e incluso de Roma. De todas partes le pedían consejo obispos, personas de gobierno, sacerdotes y seminaristas, discípulos, conversos, personas humildes, enfermos, religiosos y religiosas. Estuvo relacionado con grandes santos del siglo de oro español: Juan de Dios, Ignacio de Loyola, Francisco de Borja, Teresa de Jesús. Esta última le dio a examinar el libro de su vida. Una de las virtudes principales del padre Juan de Ávila fue su gran amor a la Eucaristía. Ya enfermo, quiso ir a celebrar misa a una ermita, pero por el camino se sintió imposibilitado. Entonces, el Señor se le apareció, en figura de peregrino, y le animó a llegar hasta la meta. En una de las últimas ocasiones en que celebró la misa le habló el crucifijo: “Perdonados te son tus  pecados.

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San Isaías.

San Isaías nació en una noble tribu de Israel alrededor del 770 a.C., enviado por Dios para revelar al pueblo infiel y pecador la fidelidad y la salvación del Señor en cumplimiento de la promesa hecha por Dios a David. Un tiempo la tradición decía que habría vivido durante más de un siglo y que sus profecías cubrían unos cincuenta años de la historia de Israel, pero la moderna crítica textual católica afirma que fueron los herederos de su espíritu quienes, por medio de diversas adiciones, dieron la forma final actual al primer texto original. La llamada de Dios viene en una visión Los caminos del Señor son infinitos, así como las formas en que nos llama a servirle: en el caso de san Isaías, Dios viene en una visión para confiarle su misión. El futuro profeta ve al Señor sentado en un gran trono en el Templo, rodeado de querubines, uno de los cuales toma un carbón encendido del altar y con él toca la boca de Isaías, «purificándolo» del pecado. Entonces Dios mismo toma la palabra y manda Isaías a predicar la verdad al pueblo elegido. (Is 6,1-13). El carisma profético Los oráculos proféticos atribuidos al primer Isaías comienzan alrededor del 740 a.C., bajo el reinado de Ozias: Isaias anuncia la caída de Israel en un período histórico que coincide con el avance del imperio asirio hacia el oeste. (Is 1-5) Los oráculos narrados en la primera parte del libro de Isaías reguardan los reinos de Joatán, Acaz, Ezequías y finalmente Manasés. Cuando Ezequias, por ejemplo, se alía con los egipcios contra el creciente poder de los asirios, Isaías se opone y profetiza la destrucción del reino, exhortando a los gobernantes a que no busquen alianzas entre ellos, sino que se vuelvan sólo a Dios. (Is 28-32) El libro profético de Isaías está formado por 66 capítulos divididos en tres partes. En la segunda parte del libro, llamada «de la consolaciòn», no solo no se nombra nunca a Isaías, sino que los eventos narrados son de dos siglos después. Aunado a esto, la belleza y la claridad de los textos ha hecho pensar a los exégetas que más que predicciones de eventos futuros, se trata de reelaboraciones teologicas ulteriores sobre eventos del pasado. (Is 40-55). En diversas partes del libro también se habla de la venida del Mesías libertador (Is 32,1-5; 61, 1-3), preanunciando su nacimiento y sus obras, (Is 2, 1-5; 7, 10-17, 9, 1-6; 11,1-9; 28, 16-17) y hasta su pasión y muerte. (Is 42,1-4;49, 1-6;52, 13-15). La muerte como mártir Cuando el reino de Judá pasa a manos de Manasés, Isaías está preocupado: el nuevo rey es impío y cruel, porque ha caído en la idolatría. El Señor, entonces, envía al profeta para llamarlo a adorar al único Dios verdadero y arrepentirse de sus pecados. Estamos en el año 681 a.C. Manasés, sin embargo, no escucha a Isaías y, según los evangelios apócrifos, lo condena a una muerte atroz: por esta razón el santo profeta es también venerado en muchos lugares como un mártir. FUENTE: s. Isaías, profeta – Informaciones sobre el Santo del día – Vatican News

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Nuestra Señora de los Desamparados, 8 de mayo.

Fue en la mañana del primer domingo de Cuaresma de 1409, cuando se dirigía a predicar en la homilía de la Misa mayor en la Catedral de Valencia, el religioso de la orden mercedaria, Fray Juan Gilabert Jofré, coetáneo y amigo de San Vicente Ferrer, observó, durante el trayecto, que un grupo de muchachos maltrataba cruelmente a un pobre loco. Intervino el buen fraile en socorro del desgraciado y tras detener y reprender a los jóvenes, prosiguió su camino vivamente impresionado por el suceso. Tanto fue así que modificó el contenido de su sermón, incluyendo en él una emotiva llamada a la caridad y a favor de los «inocentes» que abandonados a su miseria por las calles, eran sujeto de toda clase de abusos y, asimismo, proteger a los ciudadanos de sus inconscientes acciones. No cayeron en vacío sus palabras pues sus encendidas razones calaron en el ánimo de los presentes, entre los cuales se encontraba un mercader llamado Lorenzo Salom, que se erigió en principal valedor y promotor efectivo de la idea, de tal manera que diecinueve días después el Consejo General de la Ciudad estudiaba la iniciativa y dos meses y medio más tarde comenzaban las obras de un hospital con esta finalidad. El documento de su fundación, firmado por el rey Martín V el Humano, el 15 de marzo de 1410, establece, y en esto radica la originalidad de la propuesta, que a la atención humanitaria dispensada a los allí acogidos, se les proporcionara además asistencia médica, lo cual significaba, cultural y científicamente, la fundación del primer hospital psiquiátrico del mundo. La institución recibió el nombre en valenciano de «Hospital dels Ignocens, Folls e Orats» que, según la moderna psiquiatría, corresponde a «oligofrénico, psicósico y demenciados». En principio, el Papa Benedicto XIII dio por titulares y patronos del nuevo hospital a los Santos Inocentes Mártires, por ser los únicos santos a quien la iglesia tributa culto sin haber alcanzado el uso de razón en su breve vida mortal. Sin embargo, llevado por el fervor de su espíritu mariano, el pueblo valenciano empezó a tomar la costumbre de denominar al nuevo hospital con el nombre de «Nostra Dona Sancta Maria dels Innocens», es decir, Nuestra Señora de los Inocentes. Tal fue el arraigo que alcanzó el nombre que el propio pontífice aceptó el nombre en el privilegio de fundación de una Cofradía. De este curioso modo nació una advocación de la Virgen antes que su imagen representativa. La citada Cofradía o hermandad surgió con la idea de apoyar al Hospital con mayores recursos materiales y humanos. Sus miembros se propusieron practicar las mismas obras de misericordia del hospital y además, asistir al entierro de los dementes y cofrades, sufragar gastos del Hospital y de actos religiosos. El celo y entusiasmo de esta Cofradía pronto quiso ampliar el campo de sus asistencias más allá del Hospital y, así, se establece entre sus normas la ayuda a los condenados a muerte, proporcionándoles consuelo espiritual y cristiana sepultura, también se establecieron socorros y ayudas para los propios cofrades en caso de enfermedades, viudedad o defunción. Pronto empezó a atender a náufragos, desamparados y prostitutas por expresa gracia de Doña María de Castilla, esposa de Alfonso el Magnánimo, Rey de la Corona de Aragón. La Cofradía alcanzó gran expansión, creándose otro hospital donde tenían acogida y eran atendidos toda clase de marginados. Se estipularon ayudas para dotes de huérfanas, para los encarcelados y necesitados, para los expósitos, y cantidades destinadas al pago de rescate de cautivos en tierras de infieles. En este contexto, se vio la necesidad de proporcionar una nueva imagen de la Virgen para representar el patrocinio sobre los dementes del Hospital y la piadosa Cofradía, por lo que, sin pretenderse, había surgido una nueva advocación la Santísima Virgen destinada a tener un alcance universal. Por decreto del Rey Fernando el Católico firmado en Barcelona el 3 de junio de 1493, la advocación recibió el título de Nuestra Señora de los Inocentes y de los Desamparados. La imagen, que se diseñó en tamaño natural y con dorso plano con el propósito de poderse acomodar sobre el féretro de los cofrades fallecidos en posición yacente, aunque en fiestas y solemnidades aparecía en posición vertical y con un manto de sedas, origen del actual, para disimular esta circunstancia. En un principio la imagen se guardaba y veneraba en casa del Clavario de la Cofradía, pero tras doscientos años de pervivencia de esta costumbre, y ante los graves inconvenientes que ello presentaba, se destinó una pequeña capilla en la Plaza de la Seo, lugar donde se alzó más tarde, en 1652, la actual Basílica menor, dignidad otorgada por el Papa Pío XII, mediante la que se reconocía, más que su valor artístico, su valor espirtitual como centro y símbolo de la devoción mariana de Valencia y aliento de innumerables obras de misericordia. Ya en pleno siglo XX el Papa Juan XXIII, declara «… a la BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA bajo el título de NUESTRA SEÑORA DE LOS DESAMPARADOS, Celestial PATRONA PRINCIPAL ante Dios DE TODA LA REGIÓN VALENCIANA…» La onomástica de las «Amparos» se celebra el 8 de Mayo, aunque en la ciudad de Valencia se celebra con grandes solemnidades y festejos el segundo domingo de ese mes. La devoción a esta advocación de la Virgen ha llegado hasta L’Alguer (Sicilia), Manila (Filipinas), Iglesia de Santa Ana, Buenos Aires (Argentina) Basílica de San Nicolás; una población de Costa Rica lleva el nombre de «Desamparados»; también en Llobasco (El Salvador), varias poblaciones de Guatemala, Nicaragua y Venezuela; Méjico conserva vestigios en Puebla y le han dedicado la «Ciudad de los Muchachos» y la fructífera obra del Padre Álvarez en Monterrey. Asimismo, se le reza en diversas misiones de la India y África. Fuente: http://www.corazones.org/

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San Flavio de Nicomedia.

San Flavio dе Nicomedia fue santificado el 7 dе mayo, fue un mártir cristiano quе vivió en el siglo IV, nacido en la región dе Tracia, fue convertido al cristianismo γ llegó а ser un destacado militar, sufrió persecución pοr su fe, fue torturado γ finalmente decapitado, su valentía γ firmeza en la fe lo convirtieron en un ejemplo pаrа la comunidad cristiana, sus restos fueron venerados en Nicomedia γ Constantinopla, su festividad ѕе celebra el 7 dе mayo en la Iglesia Católica γ el 18 dе diciembre en la Iglesia Ortodoxa, San Flavio dе Nicomedia es recordado comο un testigo fiel dе la fe cristiana, su vida γ martirio inspiran а los creyentes а mantenerse firmes en su fe incluso en medio dе la adversidad. San Flavio dе Nicomedia, cuyo nombre completo es San Flavio Valerio Aurelio Constantino, nació en el año 274 en Naissus, actualmente conocida comο Niš, en Serbia. Fue el hijo mayor del emperador romano Constantino I el Grande γ dе su primera esposa, Minervina. San Flavio dе Nicomedia vivió en Nicomedia, la antigua capital del Imperio Romano dе Oriente, ubicada en la actual Turquía. Fue educado en la fe cristiana γ ѕе convirtió en un ferviente seguidor dе Jesucristo. La historia dе su vida está marcada pοr su relación cοn su padre, Constantino I el Grande. A pesar dе ser el hijo mayor, Constantino I eligió а su medio hermano, Constantino II, comο su sucesor, lo quе generó resentimiento en San Flavio dе Nicomedia. Sin embargo, а pesar dе esta situación, San Flavio dе Nicomedia ѕе mantuvo fiel а su fe γ ѕе convirtió en un defensor del cristianismo. En el año 306, Constantino I el Grande ѕе convirtió en el único emperador del Imperio Romano γ promulgó el Edicto dе Milán en el año 313, quе garantizaba la libertad religiosa pаrа los cristianos. San Flavio dе Nicomedia fue nombrado cónsul en el año 336 γ ѕе convirtió en uno dе los hombres mа́s poderosos del Imperio Romano. Sin embargo, en el año 337, Constantino I el Grande murió γ ѕе desató una lucha pοr el poder еntre sus hijos. San Flavio dе Nicomedia fue acusado dе conspirar contra su hermano Constantino II γ fue condenado а muerte. Fue ejecutado el 7 dе mayo del año 337 en Pola, actualmente conocida comο Pula, en Croacia. San Flavio dе Nicomedia fue canonizado comο santo debido а su martirio γ su defensa dе la fe cristiana. Es conocido comο San Flavio dе Nicomedia ο San Flavio Valerio Aurelio Constantino. Su festividad ѕе celebra el 7 dе mayo dе cada año.

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