
Había nacido esta candorosa criatura el 12 de marzo de 1878 en Camigliano (Italia). Su padre, Eugenio Galgani era boticario y su madre, Aurelia Landi, muere prematuramente de una tuberculosis pulmonar, cuando Gema tenía solo 7 años. Su padre se hace cargo de los hijos, pero muere también pronto, a consecuencia de un tumor maligno, cuando Gema tenía 18 años.
En este tiempo Gema tuvo dos pretendientes, que se sintieron atraídos por su belleza física, pero ella los rechazó, porque tenía ya muy claro que su único Esposo sería Cristo. Entonces fue contratada como ama de llaves por la familia Gianni. Con ellos se trasladó a la ciudad de Lucca, donde la trataron prácticamente como a una hija.
Gema tenía una gran devoción a la Eucaristía y a la pasión de Cristo, cuyo crucifijo tenía en la pared de su cuarto. Cuando tenía 20 años, durante 3 días a la semana, comenzó a mostrar en su propio cuerpo las mismas heridas que tenía ese crucifijo. A lo largo de su corta vida padeció múltiples y extrañas enfermedades, que unas veces la ponían en trance de muerte y otras se curaban misteriosamente.
Desde muy temprano había sido una niña enfermiza y poco desarrollada. A los 13 años ya tuvo que ser operada de osteítis tuberculosa y a los 16 sufrió graves trastornos, de apariencia neurótica. A partir de los 19, se le multiplicaron las enfermedades, desconcertantes para los médicos, con síntomas gravísimos: tabes espinal de carácter maligno, un absceso en la región lumbar, meningitis, úlceras, sordera, caída del cabello, parálisis, etc. Las diversas intervenciones quirúrgicas por las que tuvo que pasar, en lugar de extirpar el mal, parecía que lo desplazaban a otro punto de su cuerpo.
Los médicos acabaron desahuciando a una enferma que se negaba a ser reconocida debidamente. Jamás se dejó auscultar. Toda esta hipersensibilidad hizo que en algunas ocasiones sus enfermedades, o al menos parte de ellas, fueran diagnosticadas como “trastornos neuróticos”. Realmente los médicos estaban desconcertados. Todo esto hizo que su proceso de beatificación fuera largo y examinado minuciosamente.
Solo los Padres Pasionistas la comprendían, la confortaban y la alentaban. Ella hubiera querido ser religiosa pasionista, cosa que no pudo ser por su delicada salud, teniendo que conformarse con estar incluida entre las “Terciarias Pasionistas” (seglares). Su largo camino de enfermedades, incomprensiones y sufrimientos, fue duro y después de haber pasado por dolorosas pruebas, pudo presentir cómo se acercaba el final de su vida, en la que Dios le había pedido mucho, pero también era mucho lo que le había dado. A las 8 de la mañana del Sábado Santo, 11 de abril de 1903, se la administraba la extremaunción y tomando en las manos un crucifijo dijo: “¡Jesús, en tus manos, encomiendo mi pobre alma!»; y volviéndose a la imagen de María, añadió: «¡Madre mía!, recomienda a Jesús mi pobre alma… Dile que tenga misericordia de mí». Súbitamente, su rostro se iluminó con una sonrisa y dos lágrimas se deslizaron por sus mejillas, mientras el párroco que estaba presente exclamó diciendo” «Jamás he presenciado muerte semejante». A la 1.45 h de este mismo día moría en Lucca a los 25 años Gema Galgani, probablemente de tuberculosis.
Fue beatificada por Pío XI el 14 de mayo de 1933 y canonizada por Pío XII en 1940. En 1985 fue llevado su cuerpo al Santuario Pasionista de Santa Gema en Lucca (Italia). Una vez llegado, el P. German, su confesor y biógrafo, a Lucca y después de haber pasado 14 días de su muerte se procedió a la exhumación. Los especialistas que realizaron la autopsia quedaron maravillados al encontrar su corazón como si acabara de morir, el mismo que actualmente se conserva incorrupto en el Santuario que los P.P. Pasionistas tienen en Madrid y que lleva su nombre.
