Santo del Día

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San Antonio de Padua, 13 de junio.

Cada 13 de junio la Iglesia Católica celebra la fiesta de uno de los santos más queridos y venerados en el mundo: San Antonio de Padua (1195-1231). La devoción y el afecto de tantos y tantos a lo largo de los siglos lo han convertido en un santo, en cierto sentido, “omnipresente”, ya que su nombre suele aparecer allí donde hay una iglesia, una parroquia, una escuela. Los fieles, que lo consideran “muy milagroso”, piden su intercesión en las más diversas ocasiones: cuando un objeto valioso se ha extraviado, cuando se busca pareja para casarse o, en los últimos tiempos, si alguien padece de enfermedad celíaca. San Antonio de Padua, conocido también como San Antonio de Lisboa por el lugar donde nació, perteneció a una familia de origen noble. Su nombre secular fue Fernando Martim de Bulhões e Taveira Azevedo, nacido en Portugal en 1195. De niño fue consagrado a la Santísima Virgen. En su adolescencia temprana estuvo rodeado de frivolidades que lo encandilaron, pero que supo bien rechazar después con la ayuda de la gracia de Dios. La consecuente experiencia de libertad que experimentó en el alma le permitió forjar una amistad sincera con el Señor, amistad que duraría toda la vida. Como los buenos amigos se tratan con frecuencia, el futuro Antonio no perdía oportunidad para ponerse de rodillas frente al Santísimo Sacramento y rezar y rezar. Fue a través de la oración como Antonio entendió muy bien que solo Dios concede la verdadera fortaleza. Aprendida la lección, a los 15 años, el joven Fernando ingresó a los Canónigos Regulares de San Agustín. Diez años más tarde, cambiaría de rumbo e ingresaría a los Frailes Menores Franciscanos. Tras los pasos de San Francisco de Asis Fernando fue admitido en la orden franciscana a inicios de 1221; entonces, cambiaría su nombre por el de “Antonio”. Pronto, el novel fraile participaría en Asís (Italia) del capítulo general de la orden y más adelante sería enviado a predicar por pueblos y ciudades. Era tal su elocuencia que el Papa Gregorio IX (1227-1241) lo llamó sin titubeos “Arca del Testamento”. Su trato afable caló en el corazón de la gente, que buscaba estar cerca de él y que en más de una oportunidad le arrancó pedazos de su hábito. Por esa razón, se le tuvo que asignar un grupo de hermanos para protegerlo. Antonio predicó en plazas y mercados. Sus sermones transformaron muchos corazones. Y se hizo frecuente ver a muchos conversos caer de rodillas a sus pies, agradecidos por haberse reencontrado con el amor y el perdón de Dios. Hacedor de milagros Fray Antonio se trasladó a Padua, donde ya había trabajado anteriormente. Allí denunció y  combatió los vicios sociales de la usura y la frivolidad. También dio ejemplo de lucidez y sabiduría -Antonio era un hombre estudioso y de gran capacidad intelectual-. A pesar de su juventud, exhibía una madurez en la fe poco común. En síntesis, fue hombre de oración y acción, y por su intercesión se obraron muchos milagros. Uno de los más conocidos es este: un hombre retó a Fray Antonio a probar que Jesús estaba en la Eucaristía. Para ello, con ánimo de mofa, dejó sin comer tres días a su mula. Luego la llevó frente al templo y le mostró pasto fresco para comer, esperando que el animal le haga un “desaire” a Dios y se precipite sobre el alimento. Para su desconcierto y el de los presentes, la mula no comió; al contrario, se hincó sobre sus patas delanteras, como todo aquel que sabe que ante Dios solo cabe estar de rodillas. ¿Cuál era la explicación de semejante prodigio? San Antonio estaba frente al animal con el Santísimo elevado en las manos. Aquella mula había sido capaz de reconocer perfectamente al que tenía enfrente: Dios. Se sabe que en una ocasión, el Niño Jesús se le apareció a Antonio y este lo sostuvo en sus brazos -milagro que nos recuerda la ternura de Dios y la nobleza del corazón del fraile portugués-. “Santo subito” Exhausto y enfermo, hacia el final de sus días, el santo se retiró a los bosques de las afueras de Padua para reponerse y orar. Viendo que el fin era inminente, pidió regresar, pero solo llegó hasta los límites de la ciudad. El 13 de junio de 1231, Antonio recibió los últimos sacramentos, entonó un canto a la Virgen con dificultad y antes de partir a la Casa del Padre, dijo con una serena sonrisa: «Veo venir a Nuestro Señor». Tenía solo 35 años. Fue canonizado por el Papa Gregorio IX antes de que transcurra siquiera un año de su muerte, y declarado Doctor de la Iglesia en el siglo XX por el Papa Pío XII. Cuando algo se ha extraviado Los devotos de San Antonio de Padua lo consideran el intercesor más eficaz en esos momentos en los que algo se nos ha extraviado. Esta tradición se habría originado en un problema que tuvo el fraile con un novicio.Se cuenta que cierto día un novicio huyó del convento llevándose el salterio que usaba el santo. Antonio, entonces, oró para recuperar el libro. Ese día el exfraile y ladrón tuvo una visión terrible sobre su destino, que lo obligó a regresar al convento y devolver el objeto robado a su dueño. El santo y los matrimonios Muchos fieles acuden a San Antonio de Padua para encontrar un buen esposo o una buena esposa. También es patrono de las mujeres estériles, los pobres, viajeros, albañiles, panaderos y papeleros; finalmente, muchos lugares del mundo llevan su nombre. Ahí donde uno va, algo evoca su nombre. No por nada, el Papa León XII lo llamó “el santo de todo el mundo”.

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Jesucristo sumo sacerdote, 12 de junio.

La Centralidad de Cristo Sacerdote en la Fe Católica La Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, es una celebración litúrgica de profunda relevancia en el calendario católico, que invita a una contemplación profunda del papel único de Cristo en la salvación. Esta festividad se conmemora anualmente el jueves posterior a la Solemnidad de Pentecostés. Para el año 2025, esta importante fecha coincide con el 12 de junio, lo que subraya su actualidad y pertinencia en el ciclo litúrgico. Esta celebración invita a una profunda reflexión sobre la obra sacerdotal de Cristo, que encuentra su culmen en su Misterio Pascual: su pasión, muerte y resurrección. Este acto redentor fue realizado «una vez y para siempre» en favor de toda la humanidad. Es un día dedicado a honrar a Jesús no solo como el Salvador del mundo, sino como el Mediador perfecto y definitivo entre Dios y los hombres. A través de su amor sacrificado en la cruz, Él obtuvo el perdón eficaz, puro y santo de los pecados, abriendo el camino a la salvación para todos. El presente artículo se adentrará en el origen y desarrollo de esta fiesta, explorará los sólidos fundamentos bíblicos y teológicos que sustentan el sacerdocio de Cristo, analizará su unicidad y eternidad, y detallará cómo este sacerdocio se prolonga y se participa en la vida de la Iglesia a través del sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial. Finalmente, se abordará su profunda relevancia espiritual y las implicaciones prácticas para la vida cotidiana de cada creyente. Orígenes y Evolución de la Fiesta Litúrgica Historia de su Institución y Aprobación Si bien la devoción a Jesucristo como Sumo Sacerdote es una verdad teológica arraigada desde los primeros siglos del cristianismo, la institución de una fiesta litúrgica específica en su honor es un desarrollo más reciente. Ya el Papa Pío XI había establecido una Misa votiva dedicada a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, sentando un precedente importante para la veneración de este aspecto de la identidad de Cristo. El impulso decisivo para la formalización de la fiesta como tal se dio en el contexto post-conciliar. En 1971, la Sagrada Congregación para el Culto Divino aprobó los textos litúrgicos propios para la Misa y la Liturgia de las Horas de Cristo Sacerdote, lo que marcó un paso crucial hacia su reconocimiento universal. La celebración fue introducida oficialmente en España en 1973, y su primera celebración propiamente dicha tuvo lugar en 1974. La aprobación y extensión de esta fiesta en la década de 1970, específicamente después del Concilio Vaticano II y en medio de lo que algunas fuentes describen como una «gran crisis» que se produjo después de varios concilios, no fue una mera adición al calendario litúrgico. Este hecho indica una respuesta pastoral deliberada y estratégica de la Iglesia. El objetivo era reafirmar y profundizar la comprensión y la apreciación del sacerdocio de Cristo y, por extensión, del sacerdocio ministerial, en un período de significativa turbulencia y redefinición eclesial. La fiesta buscaba recordar la «obra sacerdotal de Cristo, su Misterio Pascual» y subrayar la importancia vital del sacerdocio para la salud espiritual de las almas. La institución de esta fiesta fue, por tanto, un acto de consolidación teológica y pastoral frente a los desafíos de la época. Expansión Internacional y «Jornada por la Santificación de los Sacerdotes» Desde su aprobación, la fiesta ha experimentado una notable expansión internacional, celebrándose en múltiples diócesis y países. Su difusión ha sido impulsada, en gran medida, por congregaciones religiosas como las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote, cuya misión carismática incluye la oración constante por la fidelidad de los sacerdotes y el fomento de las vocaciones sacerdotales. Además de España, Conferencias Episcopales de varios países de América Latina, como Chile, Colombia, Perú, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela, han incorporado esta fiesta en sus calendarios litúrgicos. Un aspecto distintivo es que en algunas diócesis de estos países, la fiesta es también conocida y celebrada como la «Jornada por la Santificación de los Sacerdotes». La doble denominación de esta festividad, siendo en algunos lugares una «Jornada por la Santificación de los Sacerdotes,» revela una implicación más profunda y práctica. Esta adaptación litúrgica no es solo una cuestión de nomenclatura, sino que subraya la oportunidad que la fiesta ofrece para la renovación espiritual del clero y para motivar a los fieles a una oración más intensa y consciente por sus pastores. Esta particularidad demuestra la flexibilidad de la liturgia universal de la Iglesia para ser enriquecida y adaptada a las necesidades pastorales y devocionales específicas de las Iglesias locales, respondiendo a desafíos o prioridades particulares en diferentes regiones. La capacidad de la Iglesia para contextualizar sus celebraciones litúrgicas permite que estas resuenen de manera más efectiva con las realidades y necesidades de sus comunidades.

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San Bernabé, 11 de junio.

San Bernabé: en lo dudoso, libertad; en lo esencial, unidad. El 11 de junio celebramos la fiesta del apóstol san Bernabé. El martirologio romano dice de él: «varón bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe, que formó parte de los primeros creyentes en Jerusalén, predicó el Evangelio en Antioquía e introdujo entre los hermanos a Saulo de Tarso recién convertido». Lo cierto es que, a pesar de ser el gran valedor de san Pablo frente al resto de apóstoles que desconfiaban de él por su pasado perseguidor, luego fueron famosas sus desavenencias. Estas nos enseñan que la santidad no está reñida con las legítimas diferencias de criterio dentro de la Iglesia y que lo importante es mantener siempre la unidad en lo esencial. En Marbella, localidad de la que es patrón, han celebrado días pasados un triduo y su tradicional romería. El 11 de junio, a las 10.00 horas, partirá la procesión cívico religiosa hasta la Cruz del Humilladero donde se celebrará la Santa Misa a las 11.00 horas. Desde allí, en torno a las 12.00 horas, saldrá la procesión de alabanza con la imagen del Santo Patrón de nuevo hasta su templo. ORACIÓN COLECTA Señor, tú mandaste que san Bernabé, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, fuera designado para llevar a las naciones tu mensaje de salvación; concédenos, te rogamos, que el Evangelio de Cristo, que él anunció con tanta firmeza, sea siempre proclamado en la Iglesia con fidelidad, de palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén.

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San Itamar, 10 de junio.

San Itamar de Rochester Primer Obispo de Kent y Ejemplo de Vida San Itamar, el primer obispo de Kent, destacó por su erudición y vida digna. Es celebrado el 10 de junio como un ejemplo de devoción y liderazgo. San Itamar de Rochester fue el primer obispo de la región de Kent, en Inglaterra. Nacido en el siglo VII, es recordado por su destacada erudición y vida ejemplar. Su festividad se celebra el 10 de junio. Legado de San Itamar San Itamar fue un pionero en la Iglesia de Inglaterra, siendo el primer nativo de Kent en alcanzar el rango episcopal. Su liderazgo y conocimiento le ganaron un lugar destacado en la historia eclesiástica. Historia San Itamar nació en el siglo VII en la región de Kent. Fue el primer nativo de la región en ser elevado al orden episcopal en Rochester.

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María, madre de la iglesia. 9 de junio.

Hoy queremos compartir a propósito de la fecha la HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV. Basílica de San PedroBeienaventurada Virgen María Madre de la Iglesia – Lunes, 9 de junio de 2025 Queridos hermanos y hermanas: Hoy tenemos la alegría y la gracia de celebrar el jubileo de la Santa Sede en la memoria litúrgica de María, Madre de la Iglesia. Esta feliz coincidencia es fuente de luz y de inspiración interior en el Espíritu Santo, que ayer, Pentecostés, se ha derramado en abundancia sobre el Pueblo de Dios. Y en este clima espiritual nosotros hoy gozamos de una jornada especial, en primer lugar, con la meditación que hemos escuchado y ahora, aquí, en la Mesa de la Palabra y de la Eucaristía. La Palabra de Dios en esta celebración nos hace comprender el misterio de la Iglesia, y en ella el de la Santa Sede, a la luz de dos iconos bíblicos escritos por el Espíritu en la página de los Hechos de los Apóstoles (1,12-14) y en la del Evangelio de san Juan (19,25-34). Partimos de la más fundamental, que es el relato de la muerte de Jesús. Juan, de los Doce el único presente en el Calvario, vio y dio testimonio de que, al pie de la cruz, junto a otras mujeres, estaba la madre de Jesús (v. 25). Y escuchó con sus propios oídos las últimas palabras del Maestro, entre la cuales, estas: «Mujer, aquí tienes a tu hijo», y después, dirigiéndose a él: «Aquí tienes a tu madre» (vv. 26-27). La maternidad de María, a través del misterio de la cruz, dio un salto impensable. La Madre de Jesús se convirtió en la nueva Eva, porque el Hijo la asoció a su muerte redentora, fuente de vida nueva y eterna para todo ser humano que viene a este mundo. El tema de la fecundidad está muy presente en esta liturgia. La oración “colecta” lo pone de manifiesto al hacernos pedir al Padre que la Iglesia, sostenida por el amor de Cristo, sea «cada día más fecunda en el Espíritu» (Misal italiano, colecta de la memoria). La fecundidad de la Iglesia es la misma fecundidad de María; y se realiza en la existencia de sus miembros en la medida en que estos reviven, “en pequeño”, lo que vivió la Madre, es decir, que aman con el amor de Jesús. Toda la fecundidad de la Iglesia y de la Santa Sede depende de la cruz de Cristo. De lo contrario, es apariencia, si no es que algo peor. Un gran teólogo contemporáneo escribió: «Si ella [la Iglesia] es el árbol que sale del granito de mostaza, este árbol está a su vez destinado a llevar granos de mostaza; frutos, por tanto, que repiten la forma de la cruz, porque se deben a ella» (H.U. Von Balthasar, La seriedad de las cosas, Salamanca 1967, 44). En la colecta también pedimos que la Iglesia «se regocije por la santidad de sus hijos». De hecho, esta fecundidad de María y de la Iglesia está inseparablemente vinculada a su santidad, es decir, a su conformación con Cristo. La Santa Sede es santa como lo es la Iglesia, en su núcleo originario, en la fibra de la que está tejida. Así, la Sede Apostólica custodia la santidad de sus raíces mientras es custodiada por ella. Pero no es menos cierto que también vive de la santidad de cada uno de sus miembros. Por ello, la mejor manera de servir a la Santa Sede es procurar ser santos, cada uno según su estado de vida y la tarea que se le ha confiado. Por ejemplo, un sacerdote que personalmente lleva una cruz pesada a causa de su ministerio, y sin embargo cada día va a la oficina y trata de hacer su trabajo lo mejor posible, con amor y con fe, ese sacerdote participa y contribuye a la fecundidad de la Iglesia. Y lo mismo un padre o una madre de familia, que en casa vive una situación difícil —un hijo que da preocupaciones, un padre enfermo— y lleva adelante su trabajo con empeño: ese hombre y esa mujer son fecundos con la fecundidad de María y de la Iglesia. Pasemos ahora al segundo icono, el que escribe san Lucas al inicio de los Hechos de los Apóstoles, donde representa a la Madre de Jesús junto a los Apóstoles y discípulos en el Cenáculo (1,12-14). Nos muestra la maternidad de María para con la Iglesia naciente, una maternidad “arquetípica”, que permanece actual en todo tiempo y lugar. Y, sobre todo, es siempre fruto del Misterio pascual, del don del Señor crucificado y resucitado. El Espíritu Santo, que desciende con poder sobre la primera comunidad, es el mismo que Jesús entregó con su último aliento (cf. Jn 19,30). Este icono bíblico es inseparable del primero: la fecundidad de la Iglesia está siempre ligada a la gracia que brota del Corazón traspasado de Jesús, junto con la sangre y el agua, símbolo de los Sacramentos (cf. Jn 19,34). María, en el Cenáculo, gracias a la misión materna que recibió al pie de la cruz, está al servicio de la comunidad naciente: es la memoria viviente de Jesús y, en cuanto tal, es el polo de atracción, por así decirlo, que armoniza las diferencias y hace que la oración de los discípulos sea unánime. Los Apóstoles, también en este texto, son enumerados por nombre, y como siempre, el primero es Pedro (cf. v. 13). Pero él mismo, de hecho, en primer lugar, es sostenido por María en su ministerio. De manera análoga, la Madre Iglesia sostiene el ministerio de los Sucesores de Pedro con el carisma mariano. La Santa Sede vive de manera muy particular la co-presencia de ambos polos: el mariano y el petrino. Y es el polo mariano el que asegura la fecundidad y la santidad del petrino, con su maternidad, don de Cristo y del Espíritu. Queridos amigos, alabemos a Dios por su Palabra, lámpara que ilumina nuestros pasos y también nuestra vida cotidiana al servicio de la Santa Sede. Así, iluminados por esta Palabra, renovemos nuestra

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Domingo de Pentecostés, 8 de junio.

La Iglesia Católica celebra la Solemnidad de Pentecostés este domingo 8 de junio, día en que se cumplió la promesa de Cristo a los apóstoles de que el Padre enviaría al Espíritu Santo para guiarlos en la misión evangelizadora. Para comprender más de esta fecha, aquí presentamos 8 claves. 1. Proviene de la palabra griega que significa «quincuagésimo» (pentecoste) La razón es que Pentecostés es el quincuagésimo día (en griego, pentecoste hemera) después del Domingo de Pascua (en el calendario cristiano). Este nombre se empezó a usar en el período tardío del Antiguo Testamento y fue heredado por los autores del Nuevo Testamento. 2. Esta festividad tiene otros nombres. La fiesta de las semanas, la fiesta de la cosecha o el día de los primeros frutos, son algunos. Hoy en día en los círculos judíos se le conoce como Shavu`ot (en hebreo, “semanas”). Además, se le conoce con diferentes nombres en varios idiomas. En los países de habla inglesa también se le ha conocido como Whitsunday (Domingo Blanco), nombre que se deriva probablemente de las prendas blancas de los recién bautizados. 3. Pentecostés fue otro tipo de fiesta en el Antiguo Testamento Fue un festival para la cosecha y significaba que esta estaba llegando a su fin. Deuteronomio 16 dice: “Luego contarás siete semanas; las contarás desde el día en que comiences a cortar el trigo. Entonces celebrarás la fiesta de las Siete Semanas a Yahvé, tu Dios, haciéndole ofrendas voluntarias según lo que hayas cosechado por la gracia de Yahvé, tu Dios”. 4. En el Nuevo Testamento representa el cumplimiento de la promesa de Cristo Representa el cumplimiento de la promesa de Cristo al final del Evangelio de San Lucas: “Les dijo: ‘Todo esto estaba escrito: los padecimientos del Mesías y su resurrección de entre los muertos al tercer día. Luego debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados, comenzando por Jerusalén, y yendo después a todas las naciones, invitándolas a que se conviertan. Ustedes son testigos de todo esto. Ahora yo voy a enviar sobre ustedes lo que mi Padre prometió. Permanezcan, pues, en la ciudad hasta que sean revestidos de la fuerza que viene de arriba’”. (Lc. 24:46-49) 5. El Espíritu Santo tiene diferentes símbolos en el Nuevo Testamento Hechos 2 recuerda: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban, y aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que se expresaran”. Este pasaje contiene dos símbolos del Espíritu Santo y su actividad: el viento y el fuego. El viento es un símbolo básico del Espíritu Santo; la palabra griega que significa «Espíritu» (Pneuma) también significa «viento» y «aliento». Aunque el término usado para «viento» en este pasaje es pnoe (un término relacionado con pneuma), al lector se le da a entender la conexión entre el viento fuerte y el Espíritu Santo. Con relación al símbolo del fuego, el Catecismo señala: Mientras que el agua significaba el nacimiento y la fecundidad de la vida dada en el Espíritu Santo, el fuego simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu Santo. El profeta Elías que “surgió […] como el fuego y cuya palabra abrasaba como antorcha” (Si 48, 1), con su oración, atrajo el fuego del cielo sobre el sacrificio del monte Carmelo (cf. 1 R 18, 38-39), figura del fuego del Espíritu Santo que transforma lo que toca. Juan Bautista, “que precede al Señor con el espíritu y el poder de Elías” (Lc 1, 17), anuncia a Cristo como el que “bautizará en el Espíritu Santo y el fuego” (Lc 3, 16), Espíritu del cual Jesús dirá: “He venido a traer fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviese encendido!” (Lc 12, 49). En forma de lenguas “como de fuego” se posó el Espíritu Santo sobre los discípulos la mañana de Pentecostés y los llenó de él (Hch 2, 3-4). La tradición espiritual conservará este simbolismo del fuego como uno de los más expresivos de la acción del Espíritu Santo (cf. San Juan de la Cruz, Llama de amor viva). “No extingáis el Espíritu” (1 Ts 5, 19). (CIC 696) 6. Existe una conexión entre las “lenguas” de fuego y el hablar en otras “lenguas” SEn ambos casos la palabra griega para «lenguas» es la misma (glossai), y el lector está destinado a entender la conexión. La palabra «lengua» se utiliza para significar tanto una “llama (fuego)” como “lenguaje”. Las «lenguas como de fuego» que se distribuyen y se almacenan sobre los discípulos, provocan que empiecen a hablar milagrosamente en «otras lenguas» (es decir, los idiomas) Ese es el resultado de la acción del Espíritu Santo, representado por el fuego. 7. El Espíritu Santo es Dios                                         Según el Catecismo de la Iglesia Católica, el Espíritu Santo es la «Tercera Persona de la Santísima Trinidad». Es decir, habiendo un sólo Dios, existen en Él tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta verdad ha sido revelada por Jesús en su Evangelio. El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo de la historia hasta su consumación, pero es en los últimos tiempos, inaugurados con la Encarnación, cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es reconocido y acogido como persona. El Señor Jesús nos lo presenta y se refiere a Él no como una potencia impersonal, sino como una Persona diferente, con un obrar propio y un carácter personal. 8. Pentecostés significa participar de la vida divina de Cristo y ser testigos La solemnidad de Pentecostés es una de las más importantes en el calendario de la Iglesia y contiene una rica profundidad de significado. De esta forma lo resumió Benedicto XVI el 27 de mayo del 2012: “Esta solemnidad nos hace recordar y revivir la efusión del

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San Norberto, 6 de junio.

an Norberto, obispo, hombre de austeras costumbres y totalmente dedicado a la unión con Dios y a la predicación del Evangelio, que instituyó, cerca de Laon, en Francia, la Orden Premonstratense de Canónigos Regulares, y luego, designado obispo de Magdeburgo, en Sajonia, se mostró pastor eximio en la renovación de la vida cristiana y en la difusión de la fe entre las poblaciones vecinas († 1134). Fecha de canonización: El Papa Gregorio XIII lo reconoció oficialmente como santo en 1582. Norberto nació en Xanten (Alemania) de la noble familia, de los Gennep, hacia el 1080. Como era costumbre para todo segundo hijo de la nobleza, a Norberto le correspondía seguir la carrera militar o eclesiástica. Prefirió el segundo camino, no por vocación, sino por simple oportunidad. En efecto, siendo diácono pudo gozar de los muchos privilegios al lado del gran elector de Colonia y del emperador Enrique V, que lo propuso para una importante sede episcopal. Pero Dios tenía otros planes. Durante un paseo a caballo por el bosque, lo sorprendió un violento huracán que lo derribó del caballo y, como Saulo en el camino de Damasco, dijo: “Señor, ¿qué quieres que haga?”. La respuesta que cambió radicalmente su vida poco edificante fue: “Abandona el camino del mal y haz el bien”. Ese episodio fue el comienzo de su conversión. Abandonó los lugares mundanos y se puso a la escuela del abad benedictino de Siegburg y de los canónigos de Klosterrath; después siguió el ejemplo del ermitaño Liudolfo pasando tres años en penitencia y en oración. En 1115 fue ordenado sacerdote por el arzobispo de Colonia, y comenzó su actividad misionera itinerante. Quiso dar el ejemplo despojándose de todos sus bienes y distribuyéndoselos a los pobres. Conservó para él una mula y diez monedas de plata, pero después dejó también esto y continuó sus peregrinaciones a pie y descalzo. En Francia, cerca a Nimes, se encontró con el Papa Calixto II quien lo animó a continuar por ese camino. El obispo de Laon, para tenerlo en su diócesis, le propuso ser el guía de los Canónigos regulares que seguían la Regla de San Agustín, y a quienes se les había asignado el convento de Praemonstratum. Así nació la Orden de los premonstratenses. Mientras tanto Norberto había continuado su actividad de predicador ambulante. Se encontraba en Magdeburgo asistiendo a los funerales del obispo de esa ciudad, cuando el clamor popular lo eligió como sucesor. Fue un obispo incómodo para muchos. Tenaz, buen organizador, se ganó aplausos y enemistades. El emperador Lotario lo nombró canciller del imperio para Italia y el Papa Inocencio II extendió su jurisdicción a Polonia. Pero Norberto no olvidó la regla monástica de la pobreza y del ejercicio del apostolado entre la gente humilde del campo, y vivió integralmente el ideal de vida activa y contemplativa de los premonstratenses aún en el fulgor de los altos cargos. Murió en Magdeburgo, de regreso de una misión de paz en Italia, el 6 de junio de 1134. Fue canonizado en 1582.

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San Bonifacio, 5 de junio.

Hoy se conmemora a San Bonifacio, patrono y apóstol de Alemania. Cada 5 de junio se conmemora a San Bonifacio de Maguncia, mártir, “el Apóstol de Alemania», obispo de origen anglosajón que evangelizó la región central de ese país. Bonifacio fue el gran organizador de la Iglesia en la actual Alemania, en la que dejó establecida una jerarquía bajo la jurisdicción directa de la Santa Sede. Sus dotes de incansable misionero y reformador generaron importantes frutos de santidad en la Europa del siglo VIII. Además, su nombre quedó vinculado a la historia del árbol de Navidad. Winfrido -nombre de pila del santo- nació en el año 680 en Wessex, Inglaterra. Se incorporó muy joven a la abadía de Nursling, en la diócesis de Winchester, donde fue nombrado encargado de la escuela de teología. Estando en Nursling, San Bonifacio escribió la primera gramática latina en lengua inglesa. El que obra el bien A la edad de 30 años recibió el Orden sacerdotal, concentrándose con mayor dedicación en el estudio de la Biblia. En 718 el Papa San Gregorio II convocó a Winfrido para darle una misión muy concreta: llevar la Palabra de Dios a los pueblos paganos de Europa. El Santo Padre escuchó complacido la respuesta afirmativa de Winfrido y le dijo: «Soldado de Cristo, te llamarás Bonifacio». “Bonifacio” significa «bienhechor». El santo partió entonces con destino a Alemania, cruzó los Alpes, atravesó Baviera y llegó a Hesse. Tiempo después, Winfrido envió una carta a la Santa Sede con un informe satisfactorio sobre el crecimiento de la Iglesia. Entonces el Papa lo llamó de regreso a Roma con la intención de confiarle el obispado. El día de San Andrés del año 722, Bonifacio fue consagrado obispo regional con la jurisdicción general de Alemania. El santo regresó a Hesse y como primera medida se propuso erradicar las supersticiones paganas que sometían al pueblo germano y que representaban el principal obstáculo para la evangelización. En el año 731, el Papa Gregorio III, sucesor de Gregorio II, envió a San Bonifacio la carta con su nombramiento como obispo metropolitano de todos los territorios germanos más allá del Rhin, con autoridad para crear obispados donde lo creyera conveniente. En su tercer viaje a Roma, fue nombrado también delegado de la Sede Apostólica. San Bonifacio y su discípulo San Sturmi fundaron en el año de 741 la abadía de Fulda, que con el tiempo se convirtió en el “Monte Cassino” de Alemania. El 5 de junio del año 754, el santo se disponía a celebrar una Confirmación en la víspera de Pentecostés cuando apareció una horda de paganos hostiles que atacó brutalmente al grupo de cristianos con lanzas y espadas. «Dios salvará nuestras almas», se escuchó gritar a Bonifacio mientras alzaba con sus manos el Evangelio. Una espada partió el libro y atravesó el cuerpo del santo, dándole muerte. Sus restos descansan en el monasterio de Fulda hasta el día de hoy. Sobre San Bonifacio, el Papa Benedicto XVI señaló en el año 2009 que “su incansable labor, su don para la organización y su carácter moldeable, amiguero y firme fueron determinantes para el éxito de sus viajes”. FUENTE: Aciprensa.

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Santa Ruth y Noemí, 4 de junio.

En este 4 de junio, la iglesia católica honra el legado de las Santas Ruth y Noemí, personajes del Antiguo testamento y a San Francisco Caracciolo, fundador de la Orden de Clérigos Regulares Menores, entre otros santos y beatos, cuyo recuerdo nos inspira a vivir nuestras propias vidas con mayor fe y caridad. Santa Noemí y Santa Ruth, que se celebran el 4 de junio, ocupan un lugar importante en la historia bíblica. Estas mujeres fuertes atravesaron tiempos difíciles y sus historias resuenan con fe, resistencia y amor. Noemí, que significa “agradable” en hebreo, es un poderoso personaje del Antiguo Testamento. Ella, junto con su familia, se vio obligada a desplazarse a Moab debido a la hambruna. Tras la muerte de su marido y sus hijos, una desolada Noemí regresó a Belén, acompañada de su fiel nuera, Ruth. Ruth, que trabajaba incansablemente durante la cosecha de cebada, encontró por casualidad el campo de Boaz, pariente del difunto marido de Noemí. Noemí reconoció que se trataba de una intervención divina y aconsejó a Rut que se presentara a Booz. Boaz aceptó a Rut y se casó con ella para continuar el linaje de Noemí. El nacimiento de su hijo Obed llenó de alegría a Noemí, marcando un punto de inflexión en su vida. Aunque el día de Santa Noemí es el 4 de junio, no se encuentra ninguna referencia a ella en ningún martirologio. También se celebra a Santa Ruth, cuya inquebrantable lealtad a Noemí y a su fe la convirtieron en un personaje ejemplar. Su matrimonio con Boaz preservó el linaje de su difunto marido, situándola en la genealogía de Jesús, según consta en el Evangelio de San Lucas.

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San Carlos Lwanga y compañeros mártires, 3 de junio.

📅 Fiesta Litúrgica: 3 de junio El 3 de junio, la Iglesia celebra la memoria de San Carlos Lwanga y sus compañeros mártires, un grupo de jóvenes cristianos que prefirieron morir antes que renunciar a su fe en Cristo. Su testimonio en la Uganda del siglo XIX es un ejemplo de valentía, fidelidad y amor hasta el extremo. Historia de los Mártires de Uganda En la corte del rey Mwanga II de Buganda (actual Uganda), muchos jóvenes servían como pajes. Entre ellos, Carlos Lwanga y otros habían sido convertidos al cristianismo por misioneros católicos. El rey, influenciado por consejeros hostiles al cristianismo, comenzó una persecución contra los conversos, exigiendo que renunciaran a su fe. Cuando se negaron, fueron condenados a muerte. El Martirio Fueron canonizados por el Papa Pablo VI en 1964, convirtiéndose en los primeros santos africanos de la era moderna. ¿Por Qué Son Importantes Hoy? Ejemplo de fidelidad en la juventud: Muchos de los mártires eran adolescentes o jóvenes adultos, demostrando que la fe no tiene edad. Valentía ante la persecución: Su testimonio es relevante en un mundo donde muchos cristianos aún sufren por su fe. Unidad más allá de divisiones: Aunque algunos eran católicos y otros anglicanos, murieron juntos por Cristo, mostrando que el martirio une a los creyentes. Reflexión para Nuestros Días San Carlos Lwanga y sus compañeros nos interpelan: Su legado nos llama a ser testigos valientes, especialmente en sociedades donde la fe es ridiculizada o perseguida. Oración a San Carlos Lwanga y Compañeros Mártires «Gloriosos mártires de Uganda,que prefirieron la muerte antes que negar a Cristo,interceded por nosotros para que,en medio de las dificultades,mantengamos una fe firme y un amor inquebrantable a Dios.Que su ejemplo inspire a los jóvenes a seguir a Jesús con alegría y valentía.Amén.» Su Legado en África y el Mundo Hoy, Uganda es un país con una vibrante fe católica, y estos mártires son patronos de la juventud africana. Su historia nos recuerda que la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos (Tertuliano).

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