Santo del Día

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San Nicolás de Flüe, 21 de marzo.

En la región montañosa comúnmente llamada Ranft, junto a Sachseln, en Suiza, san Nicolás de Flüe, que, por inspiración divina, deseoso de otro género de vida, dejó a su esposa y a sus diez hijos, y se retiró al monte para abrazar la vida de anacoreta, en la cual llegó a ser célebre por su dura penitencia y desprecio del mundo. Solamente una vez salió de su celda, y fue para apaciguar con una breve exhortación a quienes estaban a punto de enfrentarse en una guerra civil († 1487). Fecha de Beatificación: 8 de marzo de 1669 por el Papa Clemente IX. San Nicolás de Flüe, más conocido como Hermano Klaus, es santo muy popular en Suiza. Pío XII lo proclamó Patrono de esa nación, en donde se celebra su fiesta el 25 de septiembre. Nació en 1417 en Flüe, cerca de Sachseln. Aunque se sentía llamado a la vida eremítica (a los 16 años tuvo la “visión de la torre”), tuvo que aceptar algunos cargos civiles (fue corregidor de Sachseln, consejero, juez y diputado) y militares. En 1445 se casó con Dorotea Wyss: tuvieron cinco hijos y cinco hijas: uno de ellos llegó a ser párroco de Sachseln, y un nieto, Conrado Scheuber, murió en olor de santidad. Por insistencia de Matías de Bolsheim y Aimo Amgrund entró en contacto con los Gottesfreunde (amigos de Dios), un movimiento religioso alsaciano. Pero la esposa se opuso siempre a sus planes de soledad. Sólo después de haber cumplido los 50 años, en junio de 1567, pudo partir para Alsacia. Pero el Señor lo quería en un lugar mucho más cercano a las regiones habitadas hasta entonces. Por otra parte, él se avergonzaba de esta especie de “fracaso” y se retiró primero a Klisterli-Alpa en Melchtal. Su vida santa y su riguroso ayuno (existen testigos históricos de que durante un período de 19 años y medio él se alimentó sólo con la Eucaristía) atrajeron la curiosidad de los vecinos. Entonces resolvió retirarse a Ranft, un lugar desierto cerca de Flüe. Sólo salía para ir a Misa y cuando la patria tenía necesidad de él: en 1473 ante la amenaza austríaca, y en 1481 y 1482 cuando hubo un gran peligro de guerra civil: los buenos resultados de estas intervenciones le ganaron el título de “Padre de la Patria”. Su oración más frecuente era: “Señor mío y Dios mío, aleja de mí todo lo que me aleje de ti. Señor mío y Dios mío, concédeme todo lo que me acerque a ti. Señor mío y Dios mío, líbrame de mí mismo y concédeme poseerte sólo a ti”. Sus vecinos, edificados por su testimonio de oración y de penitencia (lo espiaron durante todo un mes), le construyeron un yermo y una pequeña capilla, consagrada en 1469. San Nicolás de Flüe murió a los 70 años, el día 21 de marzo de 1487. En 1501, Enrique Wolflin hizo escribir su biografía basada en “hechos confirmados con juramento por testigos oculares y auriculares”.

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San Juan Nepomuceno, 20 de marzo

Nació en Bohemia (Checoslovaquia) entre los años 1340 – 1350, en un pueblo llamado Nopomuc, de ahí el sobrenombre Nepomuceno. Fue párroco de Praga y obtuvo el doctorado en la Universidad de Padua. Después ocupó el alto puesto de Vicario General del Arzobispado. El rey de Praga, Wenceslao, se dejaba llevar por dos terribles pasiones, la cólera y los celos y dicen las antiguas crónicas que siendo Juan Nepomuceno confesor de la reina, se le ocurrió al rey que el santo le debía contar los pecados que la reina le había dicho en confesión, y al no conseguir que le revelara estos secretos, se propuso matarlo. Luego el rey tuvo otro gran disgusto, consistió en que el monarca se proponía apoderarse de un convento para regalar las riquezas que allí había a un familiar. El Vicario Juan Nepomuceno se opuso a esto rotundamente, ya que evidentemente esos bienes pertenecían a la Santa Iglesia. El rey se llenó de cólera, el Santo fue torturado y su cuerpo arrojado al río Mondalva. Esto ocurrió en el año 1393. Los vecinos recogieron el cadáver para darle santa sepultura. En 1725, más de 300 años después del suceso, una comisión de sacerdotes, médicos y especialistas encontraron que la lengua del mártir se encontraba incorrupta, aparentemente seca y gris. De repente, en presencia de todos, empezó a tomar apariencia de ser la de una persona viva. Todos se pusieron de rodillas ante este milagro. Fue el cuarto milagro que realizó el santo antes de ser proclamado oficialmente como tal. San Juan Nepomuceno fue considerado patrono de los confesores, porque prefirió morir antes que revelar los secretos de la confesión. En Praga, en el puente desde el cual fue echado al río, se conserva una imagen de este gran santo, y muchas personas, al pasar por allí, le rezan devotamente.

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San José, esposo de la Virgen María, 19 de marzo

En el Plan Reconciliador de Dios, San José tuvo un papel esencial: Dios le encomendó la gran responsabilidad y privilegio de ser el padre adoptivo del Niño Jesús y de ser esposo virginal de la Virgen María. San José, el santo custodio de la Sagrada Familia, es el santo que más cerca está de Jesús y de la Santísima de la Virgen María. San Mateo (1,16) llama a San José el hijo de Jacob; según San Lucas (3,23), su padre era Helí. Probablemente, nació en Belén, la ciudad de David del que era descendiente. Al comienzo de la historia de los Evangelios (poco antes de la Anunciación), San José vivía en Nazaret. Según San Mateo 13,55 y Marcos 6,3, San José era un «tekton». La palabra significa en particular que era carpintero o albañil. San Justino lo confirma, y la tradición ha aceptado esta interpretación. Nuestro Señor Jesús fue llamado «Hijo de José», «el carpintero» (Jn 1,45; 6,42; Lc 4,22). Como sabemos, no era el padre natural de Jesús, quien fue engendrado en el vientre virginal de la Virgen María por obra del Espíritu Santo y es Hijo de Dios, pero José lo adoptó amorosamente y Jesús se sometió a él como un buen hijo ante su padre. ¡Cuánto influenció José en el desarrollo humano del Niño Jesús! ¡Qué perfecta unión existió en su ejemplar matrimonio con María!

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San Cirilo de Jerusalén, 18 de marzo

Obispo de Jerusalén y Doctor de la Iglesia, nació aproximadamente en el 315, y murió probablemente el 18 de marzo de 386. En el oriente, su festividad se celebra el 18 de marzo, en el occidente el 18 o el 20. Poco se conoce de su vida. Tenemos información producto de sus contemporáneos más jóvenes, Epifanio, Jerome, y Rufino, y de historiadores del Siglo V, Sócrates, Sozomen y Theodoret. Cirilo nos da por si mismo, la fecha de su “Cathequesis” setenta años después del Emperador Probus, cerca del 347, si él es exacto. Constans (d. 350) aún estaba vivo. Mader piensa que Cirilo ya era obispo, pero normalmente se considera que él era solamente un sacerdote. San Jerónimo relata (Chron. ad ann. 352) que Cirilo había sido ordenado sacerdote por San Máximo, su predecesor, luego de cuya muerte el episcopado fue prometido a Cirilo por el metropolitano, Acacius de Caesarea, y por otros obispos arianos, con la condición de que él debía repudiar la ordenación que había recibido de Máximo. El consintió tener el ministerio como diácono solamente, y fue compensado por esta impiead con la Sede. Máximo había consagrado Heraclius para sucederle, pero Cirilo, por medio de varios fraudes, degradó a Herclius en el sacerdocio. Asi dice San Jerónimo, pero Sócrates relaciona el hecho de que Acacius sacó a San Máximo y lo substituyó por San Cirilo. Una pelea estalló entre Cirilo y Acacius, aparentemente motivada por la cuestion de precedentes o jurisdicción. En Nicea, los derechos metropolitanos de Caesarea habían sido resguardados, mientras que una dignidad especial se había dado a Jerusalen. Aun así San Máximo sostuvo un sínodo y ordenó obispos. Esto puedo con mucho ser la causa de la enemistad de Acacius con él y de su apego a la fórmula de Nicea. Por otra parte, la correcta cristología de Cirilo puede haber sido real, aunque con fondos velados en cuanto a la hostilidad que Acacius le tenía. La doctrina de San Cirilo está espresada en su credo, el cual indica: Creo en un solo Dios, todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, y de todas las cosas visibles e invisibles. Y en Jesús, nuestro Señor, su hijo único, nacido del Padre, antes de todos los tiempos, Dios de Dios, Vida de Vida, Luz de Luz, por Quien todas las cosas fueron creadas. Quien por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y se encarnó por gracia del Santo Espíritu en María la Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado … y sepultado. Resucitó al tercer día, según las Escrituras, y está sentado a la derecha del Padre. Y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a los vivos y los muertos y su reino no tendrá fin. Y en el el Espíritu Santo, Quien habló por los profets, y en el bautismo de arrentimiento, para la remisión de los pecados, y en una, santa Católica Iglesia, y en la resurrección de la carne, y la vida perdurable. Las palabras en itálicas son aquellas sobre las que no se tiene certeza. San Cirilo enseñó del Hijo con perfecta claridad, pero evitó la palabra “consubstancial”, la cual probablemente pensó que se podía prestar a malos entendidos. Nunca mencionó arianismo, aunque denunció la fórmula ariana, “Hubo un tiempo en el cual no estaba el Hijo”. Él perteneció a la posición antiariana, o homoeana, y tiene alegría en decir que el Hijo es “en todas las cosas como el Padre”. El se comunicó libremente con los obispos tales como Basil de Ancyra y Eustathius de Sebaste. El no solamente no explica la Santísima Trinidad como encabezada por un solo Dios, sino que no dice que las Tres Personas son un solo Dios. El único Dios para él es siempre el Padre. “Hay un Dios, el Padre de Cristo, y un Señor Jesucristo, el Hijo único y amado del único Dios, y sólo un Espíritu Santo, Quien santifica y deifica todas las cosas” (Cat., iv, 16). Mas él, estando en lo correcto, afirma: “nosotros no dividimos la Santísima Trinidad como hacen otros, ni tampoco la fundimos en uno sólo como Sabellius” (Cat., xvi, 4). Cirilo nunca llamó al Espíritu Santo Dios, pero debe ser honorado junto al Padre y al Hijo (Cat., iv, 16). FUENTE: aciprensa

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San Patricio, 17 de marzo.

Cada 17 de marzo, la Iglesia celebra la fiesta de San Patricio (ca. 386 – 461), obispo y misionero. Él, junto a Santa Brígida y San Columba, ostenta el patronazgo de Irlanda, nación cuya identidad e historia fueron forjadas al calor del catolicismo. San Patricio, arzobispo de Armagh, llevó la Buena Nueva a tierras irlandesas en tiempos de la expansión del Evangelio en la Europa Insular. Ciertamente, el cristianismo ya estaba presente en la isla desde antes, pero no fue hasta la llegada de Patricio que la cultura cristiana pudo difundirse ampliamente y echar raíces. Por eso, este gran santo es llamado ‘el Apóstol de Irlanda’. San Patricio nació en Britania (hoy, Gran Bretaña) alrededor del año 386. Su nombre de pila fue Maewyn Succat. Su padre fue cristiano y ejerció el diaconado. Siendo muy joven su casa fue saqueada por unos vándalos quienes lo llevaron a la fuerza rumbo a la isla vecina, Irlanda, donde fue vendido y obligado a trabajar en condición de esclavo. Durante los seis siguientes años, Patricio prácticamente vivió a la intemperie, cuidando ovejas, hasta que tuvo la oportunidad de escapar y regresar a casa. Después de haber recobrado su libertad, inició el camino espiritual que lo conduciría al sacerdocio y, posteriormente, en la madurez, a ser ordenado, precisamente, obispo de las tierras en las que sufrió la esclavitud. Solo gracias a aquellos amargos años de cautiverio, Patricio pudo reencontrarse con su fe -o conocerla de verdad- puesto que no había conservado casi nada de lo que le fue enseñado en la niñez, como él mismo lo admite en sus Confesiones: “Yo no creía en el Dios verdadero”. A pesar de eso, ese Dios al que el santo llamó ‘único y verdadero’ tocaría su corazón y lo rescataría; no solo del poder de los hombres perversos sino de las pesadas cadenas que aprisionaban su alma: “Yo era como una piedra en una profunda mina; y Aquel que es poderoso vino y, en su misericordia, me levantó y me puso sobre una pared”. De Britania Patricio se traslada a las Galias (hoy, Francia) donde empieza a profundizar en el conocimiento de la fe cristiana. Allí es ordenado sacerdote por San Germán de Auxerre. Tras una visión decide deshacerse de sus propiedades y enrumbar de nuevo a Irlanda, donde entendía que Dios lo llamaba a evangelizar. El número de cristianos en esa isla había crecido, y el Papa tomó la decisión de nombrar un obispo para atender a la creciente comunidad local. Lamentablemente, quien había sido designado para ocupar la sede episcopal falleció de manera repentina y el encargo recae súbitamente en Patricio. Tradicionalmente se dice que el obispo usó el ‘shamrock’ (Trifolium dubium) -el trébol de tres puntas- para ilustrar a la gente sobre la doctrina y comprensión de la naturaleza divina: Dios es Uno y Trino. San Patricio solía usar la hoja de trébol para hablar sobre la Trinidad, mediante una analogía entre las tres puntas de la hoja de trébol y las tres personas divinas, distintas y distinguibles, pero que componen una sola realidad. Esto equivale, trinitariamente hablando, a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero. Hoy el shamrock es el símbolo de Irlanda. Se dice que un Sábado Santo, cuando San Patricio encendió el fuego de la Vigilia Pascual, un grupo de druidas irrumpió en la liturgia e intentó apagar la fogata, sin éxito. Entonces uno de ellos, mientras era expulsado del lugar, exclamó con pesar: «El fuego de la religión que Patricio ha encendido, se extenderá por toda la isla». Aquellas palabras pretendieron ser un lamento, ‘una maldición’ y un conjuro sobre el pueblo, que poco a poco se entregaba a Jesús de Nazaret. Se trataba de una amenaza con una promesa de destrucción. La devoción por San Patricio se ha extendido por todo el mundo, de manera particular en los países de habla inglesa, gracias a la presencia de la inmigración proveniente de Irlanda. En los lugares donde hay comunidades de irlandeses, se acostumbra celebrar con decoraciones y vestimentas de color verde -el color nacional- y se organizan marchas o desfiles que aglutinan no solo a los devotos sino a personas de todas las razas, credos y culturas, como es el caso de la celebración que se lleva a cabo en la ciudad de Nueva York (Estados Unidos). Allí, por ejemplo, una de las tradiciones más antiguas y celebradas es el desfile por el día de San Patricio (“St. Patrick ‘s Day»), que data desde tiempos coloniales. En sus inicios, el desfile era protagonizado por los irlandeses que formaban parte del ejército británico, quienes solían vestirse de verde y entonaban canciones típicas al son de las gaitas. Ese espíritu ha permanecido en el tiempo y hoy dicho desfile es una de las celebraciones más grandes de la ciudad estadounidense. El color representativo sigue siendo el verde y los participantes -en su mayoría locales- pasan frente a la famosa Catedral de San Patricio.

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San Heriberto.

San Heriberto de Colonia. Nació en Worms, en el año 970, murió el 16 de Marzo de 1021 en Colonia. Fue arzobispo de Colonia, canciller del emperador Otón III y fundador de la abadía de Deutz. Heriberto era hijo del duque Hugo de Worms. Tras estudiar en la escuela de la catedral de Worms, su ciudad natal, pasó algún tiempo en el monasterio benedictino de Gorza, situado en el ducado de Lorena. Después de este periodo fue nombrado rector de la catedral de Worms. En 994 fue ordenado sacerdote. Ese mismo año el rey Otón III le nombró canciller para Italia y cuatro años más tarde, también para Alemania, cargo que mantuvo hasta la muerte del emperador el 23 de enero de 1002. Como canciller, Heriberto se convirtió en el consejero más importante de Otón III, a quien acompañó a Roma en 996 y 997. Todavía estaba en Italia cuando en 999 fue elegido arzobispo de Colonia. Recibió la investidura eclesiástica y el palio de parte del papa Silvestre II el 9 de julio de 999 en la ciudad italiana de Benevento, siendo consagrado en la Catedral de Colonia en día de Navidad de ese mismo año. El año 1002 estuvo presente en el lecho de muerte del emperador en Paterno. Cuando regresaba a Alemania con los restos del emperador y la insignia imperial, fue hecho prisionero por un tiempo por el futuro rey Enrique II, a cuya candidatura Heriberto se había opuesto inicialmente. Tan pronto como Enrique fue elegido nuevo rey, el 7 de junio de 1002, cambió de postura para pasar a reconocer al nuevo rey y servirlo fielmente, acompañándolo a Roma en 1004 y mediando entre el monarca y la Casa de Luxemburgo entre otras obras. Sin embargo Heriberto nunca se ganó la total confianza de Enrique II hasta el año 1021, cuando el rey reconoció su error y pidió perdón al arzobispo, el mismo año de la muerte del santo. Heriberto fundó el monasterio benedictino y la iglesia de Deutz, al que hizo generosos donativos y donde se encuentra su tumba. Heriberto fue considerado santo ya en vida. El papa Gregorio VII lo canonizó entre 1074. Su fiesta se celebra el mismo día de su fallecimiento, el 16 de marzo.

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San Clemente María Hofbauer, 15 de marzo.

Se celebra la festividad de San Clemente María Hofbauer Religioso de la Congregación del Santísimo Redentor (Redentoristas), Sacerdote (siglo XIX) el día 15 de marzo. Murió en 1820. Viena, Austria. En Viena, en Austria, san Clemente María Hofbauer, presbítero de la Congregación del Santísimo Redentor, que trabajó admirablemente por la propagación de la fe y por la reforma de la disciplina eclesiástica. Preclaro tanto por su ingenio como por sus virtudes, impulsó a no pocos varones prestigiosos en las ciencias y en las artes a entrar en la Iglesia. San Clemente fue el noveno de 12 hijos, nacido en Moravia, Austria, en 1751. A la edad de siete años, fallece su padre, y por inculcasión materna, Cristo se convierte en el nuevo «padre» del santo, a quien decidirá, más adelante, consagrar su vida. A los 15 años trabaja como panadero en la panadería de un convento y el superior, entusiasmado al ver su gran heroísmo por ayudar a los necesitados, lo ayuda a estudiar para el sacerdocio. Sin embargo, el superior fallece, y con ello, los estudios del joven seminarista, que años más tarde serán continuados con la ayuda de dos señoras ricas de la ciudad, a quienes el santo los auxilió generosamente. Tras ser ordenado sacerdote, a la edad de 34 años, viajó a Roma e ingresó a una comunidad religiosa recién fundada y sumamente fervorosa: los Padres Redentoristas, donde será considerado como «el segundo fundador de los redentoristas» debido a su fecunda labor apostólica la cual logró la extensión de esta comunidad religiosa por el norte de Europa. San Clemente fue enviado por sus superiores a Varsovia, la capital de Polonia, y allí empezó a conseguir éxitos admirables. Durante nueve años predicó sin cansancio y fueron muchísimos los católicos indiferentes y los protestantes y hasta judíos que se volvieron fervorosos católicos, sin contar las numerosas las vocaciones sacerdotales que logró. Además, el santo fundó orfanatos para recoger y educar gratuitamente a la juventud desamparada por el gobierno debido a las recientes guerras que sumergieron en la pobreza a la población. Napoleón mandó suprimir la Comunidad Redentorista, y San Clemente fue expulsado del país, retornando a Austria, donde trabajará incansablemente los últimos 12 años de su vida, entregando ese don de sencillez en todos sus predicaciones para que la gente pudiese entender la Palabra Eterna y se convirtiese. Sin embargo, por decreto del emperador austriaco, a San Clemente se le prohibió predicar, e incluso algunos enemigos del santo intercedieron ante el emperador para que lo expulsaran del paía. Gracias a la intersección del Pontífice, San Clemente permaneció en Viena, pero sin poder predicar. Frente a esto, el santo logró sacar gran provecho a esta situación adversa, pues se dedicó con el entusiasmo y empeño que lo caracterizaban a administrar el sacramento de la Reconciliación y atender a los enfermos. Su confesionario llegó a ser una fuente de influencia tan poderosa en muchísimos penitentes, que fue llamado «El Apóstol de Viena», pasando horas y horas absolviendo e impartiendo dirección espiritual, lo cual produjo un despertar religioso en toda la ciudad.Varios de sus discípulos fundaron periódicos católicos, otros se oponían fuertemente en la universidad a los que atacaban a la religión católica y buen número de ellos fue formando un partido católico que más tarde será una fuerza poderosa que defenderá la religión. San Clemente fallece 15 de marzo de 1820. El día de su entierro llega la orden del emperador aprobando que en Austria se extienda la Comunidad de Redentoristas. FUENTE: aciprensa

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Santa Matilde, 14 de marzo.

Santa Matilde, esposa fidelísima del rey Enrique I, la cual, conspicua por la humildad y la paciencia, se dedicó a aliviar a los pobres y a fundar hospitales y monasterios. († 968). Matilde era descendiente del célebre Widukind, capitán de los sajones en su larga lucha contra Carlomagno, como hija de Dietrich, conde de Westfalia, y de Reinhild, vástago de la real casa de Dinamarca. Cuando la niña nació en el año 895, fue confiada al cuidado de su abuela paterna, la abadesa del convento de Erfut. Allí, sin apartarse mucho de su hogar, Matilde se educó y creció hasta convertirse en una jovencita que sobrepasaba a sus compañeras en belleza, piedad y ciencia, según se dice. A su debido tiempo se casó con Enrique, hijo del duque Otto de Sajonia, a quien llamaban «el cazador». El matrimonio fue excepcionalmente feliz y Matilde ejerció sobre su esposo una moderada, pero edificante influencia. Precisamente después del nacimiento de su primogénito, Otto, a los tres años de casados, Enrique sucedió a su padre en el ducado. Más o menos a principios del año 919, el rey Conrado murió sin dejar descendencia y el duque fue elevado al trono de Alemania. No cabe duda de que su experiencia de soldado valiente y hábil le resultó muy útil, puesto que su vida fue una lucha constante en la que triunfó muchas veces de manera notable. El mismo Enrique y sus súbditos atribuyeron sus éxitos, tanto a las oraciones de la reina, como a sus propios esfuerzos. Esta seguía viviendo en la humildad que la había distinguido de niña. A sus cortesanos y a sus servidores, más les parecía una madre amorosa que su reina y señora; ninguno de los que acudieron a ella en demanda de ayuda quedó defraudado. Su esposo rara vez le pedía cuentas de sus limosnas o se mostraba irritado por sus prácticas piadosas, con la absoluta certeza de su bondad y confiando en ella plenamente. Después de veintitrés años de matrimonio, el rey Enrique murió de apoplejía, en 936. Cuando le avisaron que su esposo había muerto, la reina estaba en la iglesia y ahí se quedó, volcando su alma al pie del altar en una ferviente oración por él. En seguida pidió a un sacerdote que ofreciera el santo sacrificio de la misa por el eterno descanso del rey y, quitándose las joyas que llevaba, las dejó sobre el altar como prenda de que renunciaba, desde ese momento, a las pompas del mundo. Habían tenido cinco hijos: Otto, más tarde emperador; Enrique el Pendenciero; San Bruno, posteriormente arzobispo de Colonia; Gerberga que se casó con Luis IV, rey de Francia, y Hedwig, la madre de Hugo Capeto. A pesar de que el rey había manifestado su deseo de que su hijo mayor, Otto, le sucediera en el trono, Matilde favoreció a su hijo Enrique y persuadió a algunos nobles para que votaran por él; no obstante, Otto, resultó electo y coronado. Enrique no aceptó de buena gana renunciar a sus pretensiones y promovió una rebelión contra su hermano, pero fue derrotado y solicitó la paz. Otto lo perdonó y, por la intercesión de Matilde, le nombró duque de Baviera. La reina llevó desde entonces una vida de completo autosacrificio; sus joyas habían sido vendidas para ayudar a los pobres y era tan pródiga en sus dádivas, que dio motivo a críticas y censuras. Su hijo Otto la acusó de haber ocultado un tesoro y de malgastar los ingresos de su corona; le exigió que rindiera cuentas de todo cuanto había gastado y envió espías a vigilar sus movimientos y registrar sus donativos. Su sufrimiento más amargo fue descubrir que Enrique instigaba y ayudaba a su hermano en contra de ella. Lo sobrellevó todo con paciencia inquebrantable, haciendo notar, con un toque de patético humor, que por lo menos la consolaba ver que sus hijos estaban unidos, aunque solo fuera para perseguirla. «Gustosamente, soportaré todo lo que puedan hacerme, siempre que lo hagan sin pecar, si es que con ello se conservan unidos», solía decir, según se afirma. Para darles gusto, Matilde renunció a su herencia en favor de sus hijos y se retiró a la residencia campestre donde había nacido. Pero poco tiempo después de su partida, el duque Enrique cayó enfermo y comenzaron a llover los desastres sobre el Estado. El sentimiento general era que tales desgracias se debían al trato que los príncipes habían dado a su madre; Edith, la esposa de Otto, lo convenció para que fuera a solicitar su perdón y le devolviera todo lo que le habían quitado. Sin que se lo pidieran, Matilde los perdonó y volvió a la corte, donde reanudó sus obras de misericordia. Pero no obstante que Enrique había cesado de importunarla, su conducta continuó causándole gran aflicción. El nuevamente se volvió contra Otto y, posteriormente, castigó una insurrección de sus propios súbditos en Baviera con increíble crueldad; ni aun los obispos escaparon a su cólera. En 955, cuando Matilde lo vio por última vez, le profetizó su próxima muerte y lo instó a arrepentirse, antes de que fuera demasiado tarde. En efecto, al poco tiempo, murió Enrique y la noticia causó un dolor muy profundo en la reina. Emprendió la construcción de un convento en Nordhausen; hizo otras fundaciones en Quedlinburg, en Engern y también en Poehlen, donde estableció un monasterio para hombres. Es evidente que Otto jamás volvió a resentirse porque su madre gastara los ingresos en obras religiosas, pues cuando él fue a Roma para ser coronado emperador, dejó el reino a cargo de Matilde. La última vez que Matilde tomó parte en una reunión familiar fue en Colonia, en la Pascua de 965, cuando estuvieron con ella el emperador Otto «el Magno», sus otros hijos y nietos. Después de esta reaparición, prácticamente se retiró del mundo, pasando su tiempo en una y otra de sus fundaciones, especialmente en Nodhausen. Cuando se disponía a tratar ciertos asuntos urgentes que la reclamaban en Quedlinburg, se agravó una fiebre que

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Santos Rodrigo y Salomón, 13 de marzo.

En Córdoba, en Andalucía (España), pasión de los santos Rodrigo, presbítero, y Salomón, mártires. El primero, al negarse a aceptar a Mahoma como el verdaderoprofeta enviado por el Omnipotente, fue encarcelado. En el cautiverio coincidió con Salomón, que algún tiempo antes había pertenecido a la religión mahometana, y al ser decapitados ambos a la vez, finalizaron gloriosamente el curso de su combate. († 857) Su martirio, acaecido en Córdoba el 13 de marzo, lo narra san Eulogio de Córdoba en el Apologeticus martyrum. El santo escritor llegó a ver sus cuerpos ya inmolados por su fe cristiana cuando estaban a punto de ser arrojados a las aguas del Guadalquivir, atados a piedras para impedir que salieran a flote y fueran objeto de culto porparte de los cristianos, lo que por providencia de Dios no llegó a suceder. Rodrigo había nacido en un pueblo de la diócesis de Cabra y se había formado en esta ciudadpara el orden sacerdotal, que, una vez recibido, ejercía en la misma. Tenía dos hermanos; uno de ellos se había hecho musulmán y por eso discutía con el otro, queperseveraba en el cristianismo. Habiendo llegado un día sus dos hermanos a las manos en una disputa religiosa, intervino Rodrigo para pacificados, recibiendo tantos golpes que quedó medio moribundo. Esta circunstancia fue aprovechada por el hermano musulmán para decir públicamente que su hermano sacerdote, próximo a la muerte, había abrazado también la religión musulmana. Pero el sacerdote no murió, y una vez repuesto, se dio cuenta del peligro que corría si, habiéndose dicho que había pasadoal islam, ahora volvía a vivir como sacerdote cristiano. Optó por dejar Cabra y retirarse a un pueblo de la serranía. Cinco años más tarde acudió a Córdoba para realizar unas diligencias, queriendo la Providencia que se encontrara con su hermano. Este, viendo que llevaba la tonsura clerical, lo acusó ante el cadí de haber apostatado del islam. Rodrigo negó haber sido musulmán, no sirviéndole de nada su aseveración, pues con promesas y amenazas se le instó a declararse musulmán, siendo detenido y conducido a la cárcel ante su persistente negativa. Y allí, en la cárcel, tuvo lugar el encuentro con Salomón. Este era un seglar acusado de haber abandonado el islam, que antiguamente había abrazado. Llevaba ya tiempo preso bajo esta acusación.

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San Luis Orione, 12 de marzo.

Cada 12 de marzo, la Iglesia Católica celebra a San Luis Orione, fundador de la llamada ‘Pequeña Obra de la Divina Providencia’, así como de otras instituciones dedicadas a los más necesitados. En dichas obras han quedado plasmadas aquellas palabras de este gran santo italiano: “No es entre palmeras donde deseo vivir y morir, sino entre los pobres, que son Jesucristo”. Los salesianos, los orionistas y algunas otras congregaciones celebran su festividad cada 16 de mayo. Don Orione, como se le conoce popularmente, nació en Pontecurone (Italia) en 1872. En su adolescencia tuvo como preceptor a San Juan Bosco en el Oratorio de Valdocco de Turín. “Nosotros siempre seremos amigos”, le dijo alguna vez el fundador de los salesianos a un jovencísimo Luis (Luigi), sin saber que esas palabras resultarían premonitorias. Con el paso de los años, la amistad quedaría plasmada en numerosas obras patrocinadas por ambos santos, y cuyos frutos perviven hasta hoy. Tras los días del oratorio, Luis tendría un acercamiento a los franciscanos y, unos años más tarde, retomaría el contacto con los salesianos. No obstante, Dios le iría mostrando un camino diferente, centrado en el sacerdocio, aunque no en las familias espirituales que había conocido. Así, Luis ingresó al seminario de Tortona, y abriría, en paralelo, un oratorio en el que trabajaría directamente al servicio de un grupo de jóvenes, cuidando de su formación humana y cristiana. Poco después, cumplidos los 21 años, fundó su primera escuela para niños pobres en el barrio de San Bernardino, también en Tortona. El 13 de abril de 1895 fue ordenado sacerdote. Al día siguiente, con gozo rebosante, celebró su primera Misa rodeada de los muchachos a quienes habitualmente acompañaba. Esa fue más que una confirmación de su llamado a hacer prevalecer el Evangelio en el corazón de la juventud, muchas veces descuidada por la sociedad. Esta experiencia llevaría a Don Luis a extender su obra pastoral a otras partes del territorio italiano, con nuevas casas y oratorios. Poco a poco, se fueron uniendo más clérigos y sacerdotes al proyecto, bendición que le permitió priorizar lo que más amaba: la enseñanza, la predicación y las visitas habituales a las familias pobres y a los enfermos. No obstante, nunca pudo desentenderse del todo de las labores administrativas. El primer paso para la consolidación de su obra fue la fundación de los Hijos de la Divina Providencia (en ese momento integrada por sacerdotes y hermanos religiosos dedicados a asistir a los necesitados, especialmente jóvenes en abandono). Luego surgirían los ‘Ermitaños de la Divina Providencia’, congregación masculina para los llamados a la vida contemplativa. A los ‘Ermitaños’, Don Orione les confió la misión de la oración constante, la penitencia y el trabajo manual. En 1903 el obispo de Tortona, Mons. Igino Bandi, le concedió el reconocimiento canónico a otra fundación de Don Orione: la congregación masculina de la Pequeña Obra de la Divina Providencia, dedicada a fomentar el encuentro del pueblo con el Señor en la celebración de la Eucaristía. Su misión era promover que los fieles, desde pequeños, salgan al encuentro de Dios presente en la Liturgia, animándolos a asistir al Papa y a la Iglesia mediante las obras de caridad. Otras de las máximas preocupaciones de San Luis Orione, por las que trabajó activamente, fueron la unidad de la Iglesia y la cristianización de los trabajadores. Socorrió heroicamente, junto a sus hermanos religiosos, a los damnificados del terremoto de 1908 que afectó varias zonas del sur de Italia, y en el que murieron alrededor de 90 mil personas. En su largo camino de discernimiento, esta dura experiencia jugó un papel muy importante. Don Orione incluso viajó hasta Mesina, la zona más devastada por el sismo, ubicada al noreste de Sicilia. Allí realizó una labor encomiable. Por si fuera poco, la obra fundacional de Orione no se detuvo. Fundó otras tantas congregaciones: la Congregación de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad, las Hermanas Adoratrices Sacramentinas Invidentes y, posteriormente, las Contemplativas de Jesús Crucificado. La fuerza con la que Don Orione trabajaba para extender el Reino parecía incontenible. También trabajó muchísimo por y con el laicado: organizó las Asociaciones de Damas de la Divina Providencia, los grupos de exalumnos de sus escuelas y de amigos o benefactores de sus obras pastorales. A través de estas organizaciones fue tomando forma la idea de lo que sería algún día el Instituto Secular Orionino y el Movimiento Laical Orionino. Acabada la Primera Guerra Mundial, su obra cobró un impulso aún mayor, aumentando el número de escuelas, colegios y obras caritativas; al tiempo que nuevas necesidades se iban presentando. Por ejemplo, creó los “Pequeños Cottolengos”, instituciones dedicadas a la educación y promoción de los discapacitados o de personas con limitaciones severas (condiciones psíquicas o físicas). Generalmente, nadie se preocupaba por esta gente. Sus familiares solían abandonarlos en las calles o dejarlos en las periferias de las grandes ciudades con la esperanza de que alguien los recogiera. A través de los Cottolengos Don Luis les dio un hogar, ayuda y protección. La denominación de estos centros de asistencia tiene su origen en el trabajo iniciado por San Giuseppe Benedetto Cottolengo, creador de las primeras ‘casitas’ para discapacitados. Don Orione, por otro lado, impulsó la construcción de los santuarios de la Virgen de la Guardia en Tortona y de la Virgen de Caravaggio en Funo. El santo también se las arregló para enviar expediciones misioneras a diversas partes del mundo, de las que él mismo fue partícipe. Estas misiones se realizaron a países de América Latina como Argentina, Brasil, Uruguay y Chile. Don Luis gozó de la estima de los Papas San Pío X, Benedicto XV, Pío XI y Pío XII. Por su don de gentes, su amabilidad e inteligencia los mencionados pontífices, en distintos momentos, le encomendarían varias tareas específicas -misiones diplomáticas, resolución de conflictos, visitas pastorales, etc.- dentro y fuera de la Iglesia, a lo largo de décadas. Finalmente, rodeado del cariño de sus hermanos religiosos, Don Luis partió a la Casa del Padre el 12 de marzo

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