
Obispo de Jerusalén y Doctor de la Iglesia, nació aproximadamente en el 315, y murió probablemente el 18 de marzo de 386. En el oriente, su festividad se celebra el 18 de marzo, en el occidente el 18 o el 20. Poco se conoce de su vida. Tenemos información producto de sus contemporáneos más jóvenes, Epifanio, Jerome, y Rufino, y de historiadores del Siglo V, Sócrates, Sozomen y Theodoret.
Cirilo nos da por si mismo, la fecha de su “Cathequesis” setenta años después del Emperador Probus, cerca del 347, si él es exacto. Constans (d. 350) aún estaba vivo. Mader piensa que Cirilo ya era obispo, pero normalmente se considera que él era solamente un sacerdote. San Jerónimo relata (Chron. ad ann. 352) que Cirilo había sido ordenado sacerdote por San Máximo, su predecesor, luego de cuya muerte el episcopado fue prometido a Cirilo por el metropolitano, Acacius de Caesarea, y por otros obispos arianos, con la condición de que él debía repudiar la ordenación que había recibido de Máximo.
El consintió tener el ministerio como diácono solamente, y fue compensado por esta impiead con la Sede. Máximo había consagrado Heraclius para sucederle, pero Cirilo, por medio de varios fraudes, degradó a Herclius en el sacerdocio. Asi dice San Jerónimo, pero Sócrates relaciona el hecho de que Acacius sacó a San Máximo y lo substituyó por San Cirilo. Una pelea estalló entre Cirilo y Acacius, aparentemente motivada por la cuestion de precedentes o jurisdicción.
En Nicea, los derechos metropolitanos de Caesarea habían sido resguardados, mientras que una dignidad especial se había dado a Jerusalen. Aun así San Máximo sostuvo un sínodo y ordenó obispos. Esto puedo con mucho ser la causa de la enemistad de Acacius con él y de su apego a la fórmula de Nicea. Por otra parte, la correcta cristología de Cirilo puede haber sido real, aunque con fondos velados en cuanto a la hostilidad que Acacius le tenía.
La doctrina de San Cirilo está espresada en su credo, el cual indica: Creo en un solo Dios, todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, y de todas las cosas visibles e invisibles. Y en Jesús, nuestro Señor, su hijo único, nacido del Padre, antes de todos los tiempos, Dios de Dios, Vida de Vida, Luz de Luz, por Quien todas las cosas fueron creadas. Quien por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y se encarnó por gracia del Santo Espíritu en María la Virgen, y se hizo hombre.
Fue crucificado … y sepultado. Resucitó al tercer día, según las Escrituras, y está sentado a la derecha del Padre. Y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a los vivos y los muertos y su reino no tendrá fin. Y en el el Espíritu Santo, Quien habló por los profets, y en el bautismo de arrentimiento, para la remisión de los pecados, y en una, santa Católica Iglesia, y en la resurrección de la carne, y la vida perdurable.
Las palabras en itálicas son aquellas sobre las que no se tiene certeza. San Cirilo enseñó del Hijo con perfecta claridad, pero evitó la palabra “consubstancial”, la cual probablemente pensó que se podía prestar a malos entendidos. Nunca mencionó arianismo, aunque denunció la fórmula ariana, “Hubo un tiempo en el cual no estaba el Hijo”. Él perteneció a la posición antiariana, o homoeana, y tiene alegría en decir que el Hijo es “en todas las cosas como el Padre”.
El se comunicó libremente con los obispos tales como Basil de Ancyra y Eustathius de Sebaste. El no solamente no explica la Santísima Trinidad como encabezada por un solo Dios, sino que no dice que las Tres Personas son un solo Dios. El único Dios para él es siempre el Padre. “Hay un Dios, el Padre de Cristo, y un Señor Jesucristo, el Hijo único y amado del único Dios, y sólo un Espíritu Santo, Quien santifica y deifica todas las cosas” (Cat., iv, 16).
Mas él, estando en lo correcto, afirma: “nosotros no dividimos la Santísima Trinidad como hacen otros, ni tampoco la fundimos en uno sólo como Sabellius” (Cat., xvi, 4). Cirilo nunca llamó al Espíritu Santo Dios, pero debe ser honorado junto al Padre y al Hijo (Cat., iv, 16).
FUENTE: aciprensa
