Santo del Día

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San Juan Bautista de La Salle, 7 a abril.

Como cada 7 de abril, hoy la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Juan Bautista de la Salle, sacerdote, visionario de la formación escolar católica y pedagogo de gran influencia; es el patrono de los educadores. San Juan Bautista de la Salle fue el fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (lasallistas o lasallanos), orden religiosa dedicada a la tarea de formar a las nuevas generaciones. Juan Bautista de la Salle nació en Reims (Francia) en 1651. Su familia gozaba de cierta solvencia económica, lo que le permitió gozar de una buena educación -a la que no accedía el común de los niños franceses de ese entonces-. Fue a través de sus estudios como Juan Bautista empezó a conocer mejor su fe católica y a interesarse en el conocimiento y la ciencia en general. Concluidos sus primeros esfuerzos académicos, se graduó como Maestro en Artes. Juan Bautista, a la par, iría descubriendo por esos años que Dios lo llamaba a servirlo a través del sacerdocio. Es así como se presenta al seminario de San Sulpicio, en París, donde sería admitido cumplidos los 18. Dios le encomendaría una misión inesperada a sus cortos 19 años: tras la muerte de sus padres, tendría que hacerse cargo de sus hermanos menores, repartiendo su tiempo entre la formación en el seminario y la responsabilidad de velar y asegurar el bienestar de los suyos. Con aplomo, el jovencito se convirtió en el ‘hermano-profesor’, una figura que encarnaría y que sería muy influyente en su estilo educativo. Los años pasaron rápidamente y Juan Bautista quedó listo para ser ordenado sacerdote. El santo recibió el sagrado orden cumplidos los 27. El novel sacerdote, en virtud a su carisma e inteligencia, hacía presagiar una prometedora carrera eclesiástica. Sin embargo, él, en lo profundo del corazón, se sentía llamado a algo muy diferente. El Señor le había estado mostrando el camino del servicio a los más pobres, así como las múltiples necesidades y carencias que sufren, en especial quienes los más pequeños. Conmovido por esta realidad, al P. Juan Bautista se le ocurrió la idea de reunir un grupo de maestros laicos y brindarles formación humana, pedagógica y cristiana, de manera que estén mejor preparados para ejercer la docencia. El sacerdote estaba convencido de que a través de una buena educación, los seres humanos pueden florecer con mayor facilidad y agradar a Dios mientras transforman la sociedad. Para eso es indispensable contar con buenos maestros. El llamado a ser maestro, como Jesús, Juan Bautista lo resumió en estas palabras: «La gracia que se os ha concedido de enseñar a los niños, de anunciarles el Evangelio y de educar su espíritu religioso es un gran don de Dios» El 24 de junio de 1681, Juan Bautista de La Salle y algunos de sus maestros más comprometidos con su ideal, iniciaron la aventura de compartir la vida en torno a Dios. Los futuros religiosos se reunieron para vivir juntos en una casa alquilada. Este hecho marcó el inicio de lo que hoy conocemos como la Congregación de Hermanos de las Escuelas Cristianas (Institutum Fratrum Scholarum Christianarum) o, simplemente, ‘hermanos de la Salle’. El P. Juan Bautista y su nueva comunidad empezaron una serie de reformas educativas consideradas hitos en la historia de la pedagogía. El santo, por ejemplo, introdujo la enseñanza en grupo para los niños -en ese momento se instruía a cada niño por separado-, fundó una escuela gratuita en París para muchachos pobres y abrió dos universidades dedicadas a la formación de maestros: una en Reims y la otra en Saint-Denis. Aunque el trabajo evangelizador pudiese ser arduo, el P. Juan Bautista no dejaba de darle tiempo a la oración; muy por el contrario, pasaba largas horas en la capilla. Constantemente insistía a sus hermanos que el éxito educativo solo se consigue con oración y más oración. Solía decir que la labor de un educador es orar, dar buen ejemplo y tratar a todos como Cristo recomendó en el Evangelio: «Hagan a los demás todo el bien que deseamos que los demás nos hagan a nosotros». El 7 de abril de 1719, día de Viernes Santo, San Juan Bautista de La Salle partió a la Casa del Padre. Sus últimas palabras quedaron grabadas en la memoria de quienes pudieron acompañarlo: «Adoro en todo la voluntad de Dios para conmigo». San Juan Bautista fue canonizado el 24 de mayo de 1900, día de la Virgen; y medio siglo más tarde, el 15 de mayo de 1950, fue nombrado Patrono de los educadores.

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Santa Gala.

Como recuerda el Martirologio Romano sobre la santa del día: «En Roma, Santa Gala, hija del cónsul Símaco, la cual, al fallecer su cónyuge, vivió cerca de la iglesia de San Pedro durante muchos años, entregada a la oración, a las limosnas, a los ayunos y a otras obras santas, y cuyo felicísimo tránsito fue descrito por el papa san Gregorio Magno (s. VI)». Santa Gala, también conocida como Santa Galla, nació en la nobleza romana del siglo VI, experimentó un giro radical en su vida tras la temprana viudez. Decidió consagrar su existencia a la devoción y el servicio. En el año posterior a su matrimonio con un noble romano cuyo nombre no se conserva en la documentación, Gala quedó viuda y enfrentó la presión familiar de un nuevo enlace. Ella se rehusó, volcándose a la práctica de la oración diaria en las cercanías de la iglesia de San Pedro, y entregándose al ayuno, la limosna y la atención a los más necesitados. Rápidamente tomó la decisión de apartarse de la vida mundana y consagrarse a la fe, ingresando a un monasterio cercano “en la sencillez del corazón”, según la descripción de San Gregorio, citado por Vatican News. Su ejemplo trasciende las fronteras de Roma, prueba de ello es la carta que San Fulgencio le escribió desde el exilio en Cerdeña, un documento conocido como el “De statu viduarum”, en el cual animaba a Gala y al resto de las viudas a mantener la firmeza en sus resoluciones de vida consagrada. Aislada del poder político que había marcado el destino de su familia, ella forjó una reputación por su entrega a los enfermos y desposeídos y experimentó numerosas visiones de la Virgen María. Una obra de arte que ilustra estos episodios se conserva en la iglesia de Santa María in Campitelli en Roma. Además, varios relatos afirman que San Pedro se le apareció poco antes de su muerte, invitándola a ocupar un lugar junto a él en el cielo. A consecuencia de su fama de santidad y su dedicación compasiva, a Santa Gala se le dedicó la iglesia de Santa María en pórtico, probablemente edificada sobre la casa familiar, destruida hacia 1930. Además, actualmente, una parroquia en la circunvalación Ostiense de Roma lleva su nombre.

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San Vicente, 5 de abril.

Cada 5 de abril la Iglesia Católica celebra a San Vicente Ferrer, presbítero, miembro de la Orden de Predicadores, maestro de teología y filosofía, predicador del Evangelio. «Si quieres ser útil a las almas de tus prójimos, recurre primero a Dios de todo corazón y pídele con sencillez que te conceda esa caridad», decía San Vicente, y fue eso lo que puso en práctica. Recorrió un extenso territorio entre España, Francia e Italia, logrando muchas conversiones; trabajó por preservar la unidad de la Iglesia, defendiendo la fe verdadera, así como por la reforma de las costumbres. San Vicente Ferrer nació en Valencia (España) en el año 1350. Inició sus estudios en una de las escuelas de su ciudad natal. En febrero de 1367 tomó el hábito dominico. Luego, pasaría a ampliar sus estudios en Lérida, Barcelona y Toulouse. En Lérida, se convirtió en maestro de Lógica y teología a sus cortos 21 años. Estando de diácono fue enviado a predicar a Barcelona. Allí había una terrible hambruna y se esperaba con ansias extremas la llegada de los barcos de alimentos, pero estos no aparecían. Cuenta la historia que Vicente viendo la angustia de la gente anunció desde el púlpito que los barcos llegarían esa misma noche. El gesto no fue del agrado de su superior, quien lo reprendió por andar con «profecías», entusiasmando a la gente. Para sorpresa de todos, lo que dijo Vicente se cumplió y esa misma noche arribaron los barcos. A la mañana siguiente la gente del pueblo se presentó a la puerta del convento para ovacionar al diácono que les había devuelto la fe en Dios. San Vicente Ferrer tuvo una participación importante en la recuperación de la unidad de la Iglesia, tras el problema suscitado por el papado de Avignon (Francia). Vio, de joven cómo la sede del Gobierno de la Iglesia regresaba a Roma después de más de 70 años, pero también fue testigo de las trifulcas que se produjeron tras la elección de Urbano VI que reavivó la tensión entre Avignon y Roma y que desencadenó el llamado Cisma de Occidente; es decir, que la Iglesia tenga dos y hasta tres cabezas simultáneamente. Fue el periodo de los antipapas. A pesar de haber apoyado inicialmente al Papa de Avignon, Clemente VII, comenzó a ver con recelo a la curia francesa e intercedió para que el rey Fernando de Aragón no reconociese más a la sede de Avignon y trabajé por la unidad de la Iglesia. En medio de todo este largo y complejo proceso, que el santo acusaba de tremendamente doloroso para su alma, Vicente intentó cuanto pudo para mantenerse al margen y vivir de lleno como un dominico más; sin embargo, su prestigio moral lo obligó a intervenir. Providencialmente, sus esfuerzos encaminaron a la corona a que coopere con la unidad, logrando que esta retire su apoyo a la sede francesa y favoreciendo después la elección del Papa Martin V en 1417, con lo que el cisma se dio por concluído. San Vicente Ferrer combatió con empeño la división de la Iglesia. Lo hizo, es cierto, poniendo a disposición de Dios sus buenos oficios, dado que era un hombre influyente, pero principalmente lo hizo a través de la predicación. La noche del 3 de octubre de 1394, Vicente tuvo una visión en la que se le apareció Nuestro Señor Jesucristo, al lado de San Francisco y Santo Domingo de Guzmán. El Señor le pidió que salga a predicar por las ciudades, pueblos y el campo. Eran días en los que el santo sufría de unas fiebres que le causaron mucho dolor y que le hicieron pensar que se moría. Al día siguiente, Vicente estaba recuperado y decidido a emprender el gran periplo evangelizador de su vida. Serían en total 30 años los que andaría por la Europa occidental a pie, el norte de España, el sur de Francia, el norte de Italia y Suiza, predicando incansablemente, con enormes frutos espirituales. Entre los muchos convertidos abundaron los judíos y moros -se dice que un total de 10 mil solo en España-. Por otro lado, sabemos que la Iglesia se fortalece por sus santos; ella crece si se vuelca en la caridad, en el servicio a los necesitados. En ese sentido, cabe mencionar una de las obras más interesantes del insigne predicador: la creación del orfanato de Valencia. A San Vicente Ferrer se le atribuye la fundación del primer orfanato de la historia en el año 1410, institución que sigue funcionando hasta hoy.

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San Isidro, 4 de abril.

«Dios no hizo todas las cosas de la nada, sino algunas de algo y otras de la nada. De la nada creó el mundo, el ángel y las almas». Puede ser sorprendente que un obispo que vivió entre los siglos VI y VII y que escribió en latín fuera propuesto como el santo patrón de Internet. Ocurrió durante el pontificado de Juan Pablo II y aunque faltó la proclamación oficial, fue, sin embargo, un gran reconocimiento atribuido a uno de los más prolíficos Doctores de la Iglesia de todos los tiempos. Isidro nació en una familia de Cartagena y pronto se quedó huérfano de padre. Creció criado por su hermano mayor Leandro -que le precedió en la cátedra de Sevilla- junto con un hermano y una hermana, todos ellos se hicieron religiosos y luego fueron venerados como santos por la Iglesia. Motivos que pusieron en evidencia la naturaleza extraordinaria de esta familia. Una leyenda cuenta que cuando el pequeño Isidro tenía sólo un mes de edad, un enjambre de abejas voló sobre su cuna y depositó un riachuelo de miel en sus labios como un deseo de la dulce y sustancial enseñanza que un día fluiría de esos mismos labios – así como de su pluma -. En su mocedad, Isidro es un estudiante perezoso y poco entusiasta, que a menudo escapa de las lecciones, hasta que un día le llega una brillante inspiración y se da cuenta de que la constancia y la buena voluntad pueden llevar a un hombre muy lejos. Es así que leyendo a San Agustín y San Gregorio Magno, Isidro se convirtió en el hombre más culto de su tiempo. Pero también se convirtió al mismo tiempo en uno de los obispos más populares y queridos. Cuando su querido hermano Leandro murió, él, ya clérigo en Sevilla, le sucedió en el episcopado. En 36 años se esforzó por difundir la verdadera doctrina, contra las herejías de su tiempo – como el arrianismo – y luchó por la conversión de los visigodos, tanto que presidió el Concilio de Toledo en 633. Dio gran importancia a la liturgia, reforzando el uso de los himnos, cantos y oraciones que constituyen el rito mozárabe, también conocido como «Isidoriano». Convencido de la necesidad de que los candidatos al sacerdocio estuvieran particularmente bien preparados y educados, fundó el primer colegio, predecesor de los seminarios modernos. Todo esto sin descuidar las prácticas de piedad, oración, penitencia y meditación en cada momento del día. A menudo se utiliza, en el lenguaje común, la hipérbole «todo el saber humano», para indicar un conocimiento monumental, que nadie puede abarcar en su totalidad. Isidro, sin embargo, lo logra. Escribe mucho, escribe de todo y sobre todo porque su curiosidad es inmensa e inagotable, su mente está entrenada para analizar y comprender los más diversos temas. Su obra más famosa, de hecho, se llama «Etimologías», y es un compendio de sus conocimientos contemporáneos, considerada la primera enciclopedia de la historia, dividida en 20 libros y ordenada por argumentos, separados según la materia, ya sea gramática, retórica, dialéctica, matemáticas, música, medicina, agricultura, astronomía, idiomas o teología. También escribió los «Comentarios sobre los libros históricos del Antiguo Testamento».

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Sábado Santo.

Hoy es Sábado Santo y la Iglesia Católica, después de haber conmemorado la Pasión y Muerte del Señor, se prepara para celebrar a Jesús Resucitado. La mayor de esas celebraciones es la Vigilia Pascual. Según la Enciclopedia Católica, el Sábado Santo marca el final del tiempo “de Cuaresma y penitencia y el principio del tiempo Pascual, que es uno de regocijo”. En ese sentido, estos son los tres grandes significados de esta celebración tan importante: Sábado Santo: Duelo transformado en esperanza Las primeras horas del día están marcadas por un espíritu de duelo, que prolonga el ambiente de silencio y meditación de la víspera. Son horas de espera en las que los católicos recuerdan que Jesús fue colocado en el sepulcro y después “descendió a los infiernos”. Ciertamente son horas de espera, pero no de soledad. La Madre de Dios, María, acompaña a sus hijos en este trance, en el que Dios parece ausente. La Virgen permanece firme al lado de la tumba de su Hijo, fortaleciendo la fe, la confianza y la esperanza de todos sus hijos. Luz que aleja las tinieblas Más tarde, entrada la noche, tiene lugar la celebración eucarística más especial del año litúrgico: la Vigilia Pascual, ‘la liturgia de las liturgias’, ‘la Misa entre las misas’, en la que se celebra la noche bendita en la que Jesús resucitó y coronó su obra de salvación. La Vigilia Pascual es la celebración por excelencia de la victoria definitiva de Cristo sobre el mal, el pecado y la muerte. Vigilia Pascual: Celebrando la victoria de nuestro Dios Durante la Vigilia Pascual se realizan tres símbolos importantes. El primero es la celebración de la luz o del fuego. El sacerdote bendice la fogata ardiente ubicada fuera del templo y, tomando fuego de esta, enciende el cirio pascual, símbolo de Cristo. La luz del cirio acaba con la oscuridad. El segundo se da en la celebración dentro del templo. Allí se entona el Pregón Pascual, poema del siglo IV que proclama el cumplimiento de todas las promesas en Cristo, quien recibe la gloria y el honor para siempre. La Liturgia de la Palabra se articula en una secuencia de siete lecturas en las que se recuerda la historia de la salvación, desde la Creación del mundo hasta la Resurrección del Señor.  En esta parte, resalta la lectura del libro del Éxodo en la que se narra el paso del pueblo de Israel por el Mar Rojo, cuando los judíos huían de las tropas egipcias que los perseguían y fueron salvados por Dios. Esa acción divina fue primicia de lo que sucedería después: Dios salvaría de nuevo a su pueblo, pero esta vez lo hará entregando a su Hijo amado. El tercer momento se produce cuando los fieles renuevan las promesas bautismales, renunciando a Satanás, a sus seducciones y obras. Esto se lleva a cabo frente a la pila bautismal -o un recipiente adecuado que haga las veces- y se cantan las letanías invocando a todos los santos, como expresión de la unidad de la Iglesia militante con la Iglesia triunfante.

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Viernes Santo.

En este día recordamos cuando Jesús muere en la cruz para salvarnos del pecado y darnos la vida eterna. El sacerdote lee la pasión de Cristo en la liturgia de la Adoración a la cruz. Ese día no se celebra la Santa Misa. En las iglesias, las imágenes se cubren con una tela morada al igual que el crucifijo y el sagrario está abierto en señal de que Jesús no está. El color morado en la liturgia de la Iglesia significa luto. Se viste de negro la imagen de la Virgen en señal de luto por la muerte de su Hijo. Podemos recordar leyendo el Evangelio de San Juan, capítulo 18, versículos 1-19, 42. ¿Cómo podemos vivir este día? Este día manda la Iglesia guardar el ayuno y la abstinencia. Rezando el Vía Crucis y meditar en las Siete Palabras de Jesús en la cruz. Se participa en la Liturgia de Adoración a la Cruz con mucho amor, respeto y devoción. Se trata de acompañar a Jesús en su sufrimiento. A las tres de la tarde, recordamos la crucifixión de Jesús rezando el Credo. ¿Cómo se reza un Vía Crucis? Esta costumbre viene desde finales del siglo V, cuando los cristianos en Jerusalén, se reunían por la mañana del Viernes Santo a venerar la cruz de Jesús. Volvían a reunirse al empezar la tarde para escuchar la lectura de la Pasión. El Vía Crucis es una manera de recordar la pasión de Jesús y de revivir con Él y acompañarlo en los sufrimientos que tuvo en el camino al Calvario. Se divide en catorce estaciones que narran, paso a paso, la Pasión de Cristo desde que es condenado a muerte hasta que es colocado en el sepulcro. El Vía Crucis se reza caminando en procesión, como simbolismo del camino que tuvo que recorrer Jesús hasta el Monte Calvario. Hasta adelante, alguno de los participantes lleva una cruz grande y es el que preside la procesión. Se hacen paradas a lo largo del camino para reflexionar en cada una de las estaciones, mediante alguna lectura específica. Si se desea, después de escuchar con atención la estación que se medita y al final de cada una, se puede rezar un Padrenuestro, mientras se camina hasta la siguiente estación. El que lleva la cruz, se la puede pasar a otra persona. Estaciones del Santo Vía Crucis 1.- Jesús es condenado a muerte Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. Mi buen Jesús, te han condenado a muerte. ¿Estás triste? ¿ Estás asustado?En tu lugar yo me sentiría así. Yo quiero quedarme junto a ti para que no te sientas sólo.Ayúdame, Jesús, a tener fuerzas para quedarme junto a ti. 2.- Jesús es cargado con la cruz Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. Jesús mío, te han cargado con la cruz. La veo muy grande y seguramente te pesa mucho. Yo quiero ayudarte. Dios mío, ayúdame a portarme muy bien y así ayudar a Jesús, tu Hijo, para que la cruz le pese un poco menos este Viernes Santo. 3.- Jesús cae por primera vez Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. Te has lastimado, mi buen Jesús, pero te vuelves a levantar. Sabes que debes seguir adelante. Yo quiero seguir contigo.Dios mío, dame fuerzas para levantarme cuando me caiga y así seguir adelante, como lo hizo Jesús. 4.- Jesús encuentra a María. Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. María, ves pasar a tu Hijo y te duele mucho verlo así. Te duele más que a todos nosotros. Pero tú confías en Dios y Él te hace fuerte y mantiene viva tu esperanza en la resurrección. María, déjame estar contigo acompañándote y ayúdame a parecerme cada día más a ti. 5.- Jesús es ayudado por el Cireneo Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. El Cireneo te ayuda a cargar la cruz. Yo también quiero ayudarte cada vez que te vea cansado. Dios mío, ayúdame a ser generoso y servicial. En mi casa, en la escuela y en todo lugar para así parecerme al Cireneo y ayudar a tu Hijo a cargar la cruz. 6.- La Verónica enjuga el rostro de Jesús Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. Una mujer se ha acercado a ti, mi buen Jesús y te ha limpiado la cara. Tú la miras con mucho amor. Así quieres que tratemos a nuestros semejantes. Dios mío, así como la Verónica se acercó con tu Hijo, yo también quiero hacerlo con mis hermanos. 7.- Jesús cae por segunda vez Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. Otra vez te has caído, mi buen Jesús. Es que el camino es muy largo y difícil. Pero nuevamente tú te has levantado. Tú sabes que es necesario levantarse y seguir adelante hasta el final. Jesús, ayúdame a levantarme igual que tú, para poder seguir adelante en mi camino hacia ti. 8.- Jesús consuela a las santas mujeres Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. Hay unas mujeres en el camino del calvario y tú te has detenido a saludarlas. Es tan grande tu corazón que las consuelas, en lugar de recibirlo. Quieres darles la esperanza de la Resurrección. Dios mío, ayúdame a tener el corazón tan grande como el de tu Hijo Jesús, para ayudar siempre a mis hermanos. 9.- Jesús cae por tercera vez Te alabamos Oh Cristo y te bendecimos.Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. Una vez más, mi buen Jesús, una vez más has caído. Y una vez más te has levantado. Tú sabes que es necesario llegar hasta el final para así poder salvarnos del pecado. Gracias, mi buen Jesús, porque te levantaste y así me salvaste. Ayúdame a

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San Sixto I, 3 de abril.

El 3 de abril se celebra la festividad de San Sixto I, Papa. ixto es hijo de dos pastores, originario de la VII zona de la Urbe llamada via Lata, cerca de la actual via del Corso, donde todavía hay una avenida con este nombre. En realidad se llamaba “Xystus”, nombre probablemente de origen griego, que luego se confunde con Sixto, pues en realidad será el séptimo Papa, es decir, el sexto después de Pedro. Elegido alrededor del 115, a él se le atribuyen ciertamente algunas normas de culto muy importantes. Es Sixto, por ejemplo, quien decide que durante la consagración nadie fuera de los ministros de culto pueda tocar el cáliz sagrado y la patena; también introduce en la misa, después del Prefacio, el rezo del “Santo” en forma conjunta entre el sacerdote y la asamblea y, al parecer, también la fórmula final del “Ite missa est”, aunque esto no esté históricamente comprobado.Parece más seguro que haya establecido que los obispos que han visitado la Santa Sede deban volver a sus diócesis con una carta del Papa que demuestre su plena comunión con el sucesor de Pedro. No es seguro, finalmente, si fue él quien introdujo el uso del agua en el rito eucarístico y del agua bendita para las abluciones, mientras que se le atribuyen dos cartas sobre cuestiones doctrinales: una sobre la Santísima Trinidad, la otra sobre la primacía del obispo de Roma, que, sin embargo, algunos consideran apócrifas.Durante su Papado probablemente comenzaron los primeros enfrentamientos con las Iglesias Orientales, mientras que parece que fue él quien envió a los primeros misioneros a evangelizar la Galia, incluyendo a San Pellegrino. Sixto muere alrededor de 125, posiblemente decapitado, y es inicialmente indicado como un mártir. Sin embargo, como no se conocen más detalles sobre su martirio, el Calendario Universal de la Iglesia no lo incluye actualmente entre los mártires.

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San Francisco de Paula, 2 de abril.

Cada 2 de abril la Iglesia celebra a San Francisco de Paula, eremita, taumaturgo, hombre de cálida piedad y profunda sencillez; fundador de los Eremitas de San Francisco de Asís, institución que posteriormente pasaría a llamarse ‘Orden de los Mínimos’, aprobada por la Santa Sede en 1506. Francisco nació en Paula, Calabria (Italia), el 27 de marzo de 1416. Sus padres, humildes campesinos, tenían varios años casados sin tener hijos, por lo que se encomendaron al Santo de Asís pidiéndole a Dios que los bendijera con la prole. Por eso, al llegar el primer hijo le pusieron por nombre ‘Francisco’ en agradecimiento. Él sería el primero de 3 hermanos. Siendo aún muy pequeño, Francisco presentó una grave dolencia en los ojos. Sus padres volvieron a encomendarse al Santo de Asís y le prometieron que si el niño se curaba lo enviarían más adelante a un convento franciscano, como servidor. Era costumbre por aquellos días que algunas familias entregasen a sus hijos adolescentes para vivir como frailes, vistiendo el hábito, durante un año, en algún convento. El bebé se curó muy pronto, pero los padres olvidaron con el tiempo la promesa hecha. Aun con eso, supieron procurarle a Francisco una educación religiosa hermosa e intensa. Quizás no fueron capaces de enseñarle a leer o escribir, pero le hicieron el mejor regalo: sembraron en su corazón de niño el amor y el deseo de ser como Jesús. Solo unos años más tarde, Francisco ya mostraba algunas señales de santidad. Se dice que un fraile franciscano tuvo un sueño en el que el joven Francisco aparecía con el hábito de su Orden, y tuvo a bien hablar con sus padres, quienes entendieron que Dios esperaba por su hijo, en cumplimiento de la vieja promesa. A los trece años Francisco ingresó al convento de los franciscanos de Paula. En ese lugar creció en humildad y espíritu de obediencia, en amor por la oración y comprensión del sentido de la penitencia, elementos que marcaron su vida para siempre. Terminado el tiempo con los franciscanos, a los 14 años, Francisco peregrinó a Asís al lado de sus padres. La experiencia de Dios vivida en aquel lugar terminó de consolidar aquello que daba vueltas en su cabeza desde hacía un año atrás: consagrar su vida a Dios por entero. Al regresar a Paula inicia entonces una vida de retiro, aislado en una cueva a la orilla del mar. Su anhelo era rezar, hablar con Jesús todo el tiempo posible y gozar solo de su compañía. El ejemplo del santo de Asís había calado hondo, quería, además, vivir como él: sin apegos materiales, con lo mínimo de alimento y sueño. Pronto serían muchas las personas que se unirían al proyecto. Francisco, mientras tanto, se iba convirtiendo cada vez más en un humilde cooperador de la Gracia, y recibiría de lo Alto los dones de profecía, de hacer milagros y de curar almas y cuerpos. En 1474 el Papa Sixto IV autorizó que se escriba una regla para la novel comunidad y que lleven el nombre de los ‘Ermitaños de San Francisco’. Esta regla sería formalmente aprobada por el Papa Alejandro VI, quien además rebautizó al grupo con el nombre de Orden por el de Mínimos, «los más humildes de todos los religiosos». Francisco deseaba que en la vida en común los religiosos viviesen en silencio y de manera austera, en una suerte de cuaresma perpetua, de preparación para la Pascua eterna. La regla definitiva de los ‘mínimos’ fue aprobada en 1506 por el Papa Julio II, quien también aprobó la que correspondía a la rama femenina. Por muchos años el santo recorrió ciudades y pueblos anunciando el Evangelio. En 1482 el Papa Sixto IV lo envió como representante ante el rey de Francia, Luis Xl, quien se convirtió por su intercesión poco antes de morir. El rey quedó tan agradecido con San Francisco que lo nombró consejero de su hijo, el futuro Carlos VIII, rey de Francia. San Francisco de Paula falleció el 2 de abril de 1507. Doce años después de su muerte, fue proclamado santo por el Sumo Pontífice León X, en 1519.

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Jueves Santo.

Sabías que este día, este Jueves Santo, se conmemora la Institución de La Eucaristía como el regalo de Amor, también se conmemora la Institución de uno de los Sacramentos de entrega y abandono total al Señor: el Sacramento de La Orden Sacerdotal y La Vida de Servicio a los demás. Con la celebración del Jueves Santo no solo se abre el Triduo Pascual. En este día nuestra Iglesia Católica conmemora la institución de la Eucaristía en la Última Cena, pero a la vez con las Palabras mismas de Jesucristo Hagan esto en conmemoración mía, festejamos a todos los valientes que dijeron sí, un sí de corazón como el de María a vivir una vida consagrada a Jesús y con el gesto del lavatorio de pies también festejamos a todos aquellos que dedican su vida a servir de manera humilde y extraordinaria a los demás cumpliendo el último mandamiento de Cristo. En este día que para algunos representa tristeza, dolor e incluso traición, se celebran tres grandes acontecimientos, por la mañana, tenemos en primer lugar la llamada Misa Crismal, que es presidida por el Obispo Diocesano y concelebrada por su presbiterio. En ella se consagra el Santo Crisma y se bendicen los demás óleos, que se usan en la administración de los principales sacramentos. Junto con ello, todos los sacerdotes renuevan las promesas realizadas el día de su ordenación. Es una manifestación de la comunión existente entre el obispo y sus presbíteros en el sacerdocio y ministerio de Cristo y es con este gesto que los Sacerdotes de nuestra iglesia celebran un año más de la institución de La Vida Sacerdotal. Luego ya por la tarde tenemos la Misa Vespertina donde damos Introducción a la celebración del Triduo Pascual es así como el Jueves Santo llega a su máxima relevancia. En ésta tarde se da comienzo al Triduo Pascual que culminará en la vigilia que se conmemora, en la noche del Sábado Santo al Domingo de Pascua la Resurrección de Jesucristo. Al comienzo de la celebración, el sagrario se presenta vacío con la puerta abierta. El altar mayor, donde se celebrará la Santa Misa, se adorna con cirios, manteles y sin flores hasta la Resurrección. Como en todas las celebraciones litúrgicas se inicia con la entrada procesional, encabezada por los acólitos, seguida por los ministros y finalizada por el celebrante principal, un Sacerdote u Obispo. Mientras tanto, el coro acompaña con cantos, pues ya ha terminado la Cuaresma y se va a celebrar uno de los momentos más importantes del año litúrgico, la Institución de la Eucaristía y el mandamiento del amor. Los cantos de esta celebración están enfocados a la celebración de la institución de la Eucaristía. El color de ésta celebración es el blanco  sustituyendo al morado. En ésta celebración se canta de nuevo el “Gloria” a la vez que se tocan las campanas, y cuando éste termina, las campanas dejan de sonar y no volverán a sonar hasta la Vigilia Pascual en la Noche Santa por eso no debe de extrañarte que durante la Consagración no se oigan las campanas. Las lecturas de éste día son muy especiales, la primera es del libro del Éxodo donde se nos presentan Prescripciones sobre la cena pascual, Jesús cenó la Pascua con sus apóstoles, siguiendo la tradición judía, ya que según ésta se debía de cenar un cordero puro y del año; y la sangre de éste se debía rociar la puerta en señal de purificación, ya que si no se hacía así el ángel exterminador entraría a la casa y mataría al primogénito de esa familia (décima plaga), según lo relatado en el libro del Éxodo. La segunda lectura es de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios donde se nos enseña que: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este vino, proclamamos la muerte del Señor) y el salmo responsorial El Cáliz que bendecimos, es la comunión con la sangre de Cristo.  El Evangelio es el momento del lavatorio de pies a los discípulos, que adquiere un destacado simbolismo dentro de los oficios del día, ya que posteriormente, se realiza por el sacerdote lavando los pies a doce varones a modo de representar a los doce apóstoles, en el que se recuerda el gesto que realizó Jesús antes de la Última Cena con sus discípulos, efectuándose en esta ocasión entre la Homilía y las ofrendas, este acto suprime el Credo. Durante el lavatorio de los pies se entona un cántico relacionado con el Mandamiento Nuevo del Amor entregado por Jesucristo en esta noche santa, destacando frases del texto del discurso de Jesús en la última cena, recogido por el Evangelio de San Juan. Y es así que celebramos la Institución del Mandamiento de Amor, Ámense los unos a los otros, como Yo los he Amado en términos sencillos, El servicio a los demás con y por Amor a Cristo. La celebración se realiza en un ambiente festivo, pero sobrio y con una gran solemnidad, en la que se mezclan sentimientos de gozo por el sacramento de la Eucaristía y de tristeza, por lo que se recordará a partir de esa misma tarde de Jueves Santo, con el encarcelamiento y juicio de Jesús.

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San Meliton de Sardes, 1 de abril

Obispo de Sardes (Lidia), en Asia Menor (Turquía). Considerado uno de los padres apologistas. Según Tertuliano, fue un profeta muy estimado por los fieles. Estableció el primer canon cristiano del Antiguo Testamento siguiendo el canon aceptado en ese tiempo por los judíos: contiene solo los libros protocanónicos y el Libro de Ester. Presentó paralelos elaborados entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Posiblemente, Melitón creía en el reino milenario de Cristo en la Tierra. En una carta de Polícrates de Éfeso al Papa Víctor cerca del año 194, mencionada por Eusebio de Cesaria (H. E. 5.24) dice que «Melitón el eunuco» fue enterrado en Sardis. OBRASDel santo obispo de Sardes solo se conocían breves citas de sus escritos, que estaba lleno del Espíritu Santo y que era célibe. Pero en el año 1940 se descubrieron su Homilía sobre la Pascua y la Apología (c. 170) dirigida al emperador Marco Aurelio, concerniente a la relación entre Iglesia y Estado.    Temas principales de sus escritos: cristología y soteriológica; Declara la divinidad y pre-existencia de Cristo como también su encarnación y el carácter sacrificial de su muerte; las consecuencias del pecado y el triunfo de Cristo Resucitado; El carácter de la Iglesia: conjunto de los que viven la vida nueva de Cristo; Las figuras del Antiguo Testamento, especialmente sobre el Cordero.

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