
Como recuerda el Martirologio Romano sobre la santa del día: «En Roma, Santa Gala, hija del cónsul Símaco, la cual, al fallecer su cónyuge, vivió cerca de la iglesia de San Pedro durante muchos años, entregada a la oración, a las limosnas, a los ayunos y a otras obras santas, y cuyo felicísimo tránsito fue descrito por el papa san Gregorio Magno (s. VI)».
Santa Gala, también conocida como Santa Galla, nació en la nobleza romana del siglo VI, experimentó un giro radical en su vida tras la temprana viudez. Decidió consagrar su existencia a la devoción y el servicio. En el año posterior a su matrimonio con un noble romano cuyo nombre no se conserva en la documentación, Gala quedó viuda y enfrentó la presión familiar de un nuevo enlace.
Ella se rehusó, volcándose a la práctica de la oración diaria en las cercanías de la iglesia de San Pedro, y entregándose al ayuno, la limosna y la atención a los más necesitados. Rápidamente tomó la decisión de apartarse de la vida mundana y consagrarse a la fe, ingresando a un monasterio cercano “en la sencillez del corazón”, según la descripción de San Gregorio, citado por Vatican News.
Su ejemplo trasciende las fronteras de Roma, prueba de ello es la carta que San Fulgencio le escribió desde el exilio en Cerdeña, un documento conocido como el “De statu viduarum”, en el cual animaba a Gala y al resto de las viudas a mantener la firmeza en sus resoluciones de vida consagrada.
Aislada del poder político que había marcado el destino de su familia, ella forjó una reputación por su entrega a los enfermos y desposeídos y experimentó numerosas visiones de la Virgen María.
Una obra de arte que ilustra estos episodios se conserva en la iglesia de Santa María in Campitelli en Roma. Además, varios relatos afirman que San Pedro se le apareció poco antes de su muerte, invitándola a ocupar un lugar junto a él en el cielo.
A consecuencia de su fama de santidad y su dedicación compasiva, a Santa Gala se le dedicó la iglesia de Santa María en pórtico, probablemente edificada sobre la casa familiar, destruida hacia 1930. Además, actualmente, una parroquia en la circunvalación Ostiense de Roma lleva su nombre.
