La Iglesia de Reina, la más alta de toda Cuba, se alza como un faro de fe en el corazón de La Habana. Con más de 100 años de historia, su estilo neogótico no es solo arquitectura: es memoria viva, es testimonio silencioso de una comunidad que ha caminado junto a la Compañía de Jesús a lo largo de generaciones.

Allí, en ese mismo complejo, la parroquia celebró el 31 de agosto la fiesta de su copatrono San Ignacio de Loyola, mientras el Centro Loyola Reina cerraba su Jornada Vivir Loyola con una Eucaristía que unió espiritualidad, servicio y gratitud.
Eucaristía San Ignacio Centro Loyola Reina: un corazón dispuesto a amar y servir
Con mucha alegría, la Jornada Vivir Loyola, impulsada por el Centro Loyola Reina, encontró su cierre natural en la Eucaristía celebrada en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús Reina. La liturgia fue el marco perfecto para unir la espiritualidad ignaciana con la misión educativa y social que ha animado estos días de encuentro, gratitud y celebración.
En esta celebración, la comunidad no solo recordó al fundador de la Compañía de Jesús, copatrono de la parroquia, sino que también renovó su deseo de vivir con un corazón disponible, capaz de discernir y elegir lo que acerca a Dios y al servicio de los demás.
Mons. Eloy Ricardo Domínguez y el legado del discernimiento
La Eucaristía fue presidida por Mons. Eloy Ricardo Domínguez, quien recordó que el gran legado de San Ignacio de Loyola para la Iglesia es el discernimiento: aprender a elegir aquello que nos acerca a Dios y nos ayuda a amar y servir mejor.

En un mundo marcado por tantas voces y opciones, el obispo invitó a la comunidad a detenerse, escuchar y preguntarse: “¿Esto me acerca a Dios? ¿Esto me hace más libre para amar?”
Confirmación: tres personas que dicen “sí” con toda la vida
Durante la celebración, tres miembros de la comunidad recibieron el Sacramento de la Confirmación: Maritza Zapata, Ariadis Toledo y Pablo Martínez. Su presencia ante el altar, junto al obispo, fue motivo de gran alegría para toda la comunidad parroquial.

En un contexto donde tantos buscan sentido y dirección, Maritza, Ariadis y Pablo dieron un paso más en su camino de fe, diciendo “sí” a la acción del Espíritu Santo en sus vidas. Su confirmación se convierte en un signo de esperanza: recordatorio de que la misión no solo forma en competencias, sino también en fe, en conciencia y en compromiso con Dios y con los demás.
Agradecimiento al P. Juan de Jesús Jiménez y acogida al nuevo párroco
La Eucaristía fue también un momento de agradecimiento y acogida. La comunidad dio gracias por el servicio del P. Juan de Jesús Jiménez, S.J., quien ha acompañado la vida parroquial con cercanía, dedicación y entrega.


Su presencia en la celebración fue un recordatorio de que toda misión se vive en continuidad, de la mano de quienes han sembrado con paciencia y amor.
Al mismo tiempo, la comunidad acogió con esperanza al P. David Sánchez, S.J., nuevo párroco de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús Reina, acompañado por el P. Juan C. Pupo, S.J.
En un tiempo de cambios y nuevos horizontes, la llegada del P. David es vista como una nueva oportunidad para seguir caminando juntos, con la mirada puesta en el mismo Señor y en el mismo carisma ignaciano.
Una comunidad que descubre a Dios en todas las cosas
Con la Eucaristía, la Jornada Vivir Loyola cerró no como un final, sino como un nuevo comienzo. La feria, los actos culturales, las presentaciones de proyectos y ahora esta celebración eucarística fueron hilos de una misma trama: la de una comunidad que quiere aprender a descubrir a Dios en todas las cosas, como soñaba San Ignacio.
Entre los presentes había colaboradores y beneficiarios de varios centros Loyola de la capital, en especial del Centro Loyola Reina, unidos en un mismo espíritu de servicio y gratitud.
San Ignacio, intercesor de una comunidad que quiere amar y servir
La celebración concluyó con la certeza de que San Ignacio intercede por esta comunidad y por cada persona que camina junto a la parroquia.
Su espiritualidad no es un recuerdo del pasado, sino una brújula para el presente: un llamado a discernir, a elegir bien, a vivir con el corazón disponible.

Que San Ignacio enseñe a todos los que participaron —usuarios, colaboradores, familias, sacerdotes— a descubrir a Dios en lo cotidiano, en los proyectos, en los encuentros, en los momentos de dificultad y de alegría.Y sobre todo, que ayude a vivir con un corazón siempre dispuesto a amar y servir, en la comunidad, en la parroquia y en la ciudad.
