

“Pueblo de Reyes, asamblea santa, pueblo sacerdotal, pueblo de Dios, bendice a tu Señor”
En fecha más adelantada a la que es tradición en nuestra Arquidiócesis y en una mañana muy lluviosa, fue celebrada hoy en la SBMI Catedral la Misa Crismal. Eucaristía en la que todos los presbíteros de la diócesis renuevan públicamente y ante su Obispo las promesas que hicieron el día de su ordenación sacerdotal. Eucaristía en la que es consagrado el Santo Crisma y la bendición de los óleos.



En la homilía, Mons. Dionisio explicó a toda la comunidad que, la Misa Crismal es una celebración eminentemente sacerdotal y muy unida a la celebración de la última Cena el Jueves Santo, y es el día de su celebración, pero que “estos tiempos de Semana Santa son tiempos benditos y son tiempos en que los sacerdotes se ven muy ocupados, moviéndose de un lado para otro, las comunidades preparando, haciendo las misiones. Por ello, hace tiempo que la Iglesia católica romana dio la autorización, así también lo dicen las normas de Iglesia, para que en circunstancias que así lo exigen, se puede cambiar la fecha.“



Recordó que “en esta celebración nosotros estamos manifestando y celebrando precisamente que el Señor a todos nosotros nos hizo partícipes de la obra de la redención. ¿Quién es nuestro único salvador? Cristo el Señor. El único. Pero él quiso que nosotros participáramos de ese poder de Dios. De esas condiciones del Mesías. Y si Cristo es el sumo sacerdote que se entrega por todos. Si Jesús es el perfecto revelador del Padre que anuncia lo que el Señor quiere que nosotros conozcamos.

Jesús, el perfecto servidor que se entrega por nosotros… nosotros también adquirimos esa triple condición. De ser un pueblo soberano. De ser un pueblo de profetas, anunciando la palabra de Dios. Y de ser un pueblo de servidores, porque tenemos que poner esta palabra de Dios en nuestra vida al servicio de todo nuestro pueblo. Y el mejor servicio que nosotros le podemos dar a nuestro pueblo es darle a conocer que Jesús es el Señor”.
Terminada la homilía todo el clero de la diócesis fue interrogado tres veces por el Obispo… Hijos amadísimos ¿quieren renovar las promesas que hicieron un día ante su obispo y ante el pueblo santo de Dios? ¿Quiere. Unirse más fuertemente a Cristo y configurarse con él…? ¿Desean permanecer como fieles dispensadores de los misterios de Dios en la celebración de la eucaristía y en las demás acciones litúrgicas…?
Y cada uno los sacerdotes, como en el día de su ordenación respondió, sí quiero. Luego juntos oraron “escucha nuestras oraciones y acoge nuestros compromisos renovados…”


Seguidamente el Arzobispo pidió a toda la comunidad allí reunida que oraran por sus sacerdotes y por él mismo… toda la asamblea respondió: Cristo óyenos, Cristo escúchanos.
Inmediatamente fueron presentadas las ánforas con los óleos: el Óleo de los catecúmenos, el Óleo de los enfermos y el Óleo para el Santo Crisma. Mons. Dionisio bendijo los óleos y consagró el Santo Crisma, los que a lo largo de todo este año serán usados en la celebración de los sacramentos en nuestras parroquias y comunidades.



Al finalizar la eucaristía a cada sacerdote y algunos miembros de su comunidad, Mons. Dionisio entregó los óleos benditos y el Santo Crisma. A través de ellos, la gracia de Dios llegará a cada parroquia, desde el bautizo de un bebé hasta el consuelo de un anciano enfermo.

Cómo la lluvia suave, fresca y persistente que cayó sobre la ciudad de Santiago de Cuba toda la mañana, el Espíritu Santo penetró el alma de todos los que participaron en esta celebración eucarística, muy centrada en los sacerdotes, pero también un momento de profunda unión para toda la comunidad diocesana.

