Banes celebra el “¡Sí, quiero!” de uno de sus hijos.

El sábado, 7 de marzo, en la parroquia Nuestra Señora de la Caridad de Banes, diócesis de Holguín – Las Tunas, fue incorporado al orden de los diáconos el seminarista David Cabral Castro. Monseñor Emilio Aranguren, obispo de Holguín, presidió la celebración, en la que acompañaron a David sus familiares y amigos, religiosas, diáconos y sacerdotes, junto a fieles de varias comunidades, a pesar de la intensa lluvia que marcó casi toda la mañana.

Con su ordenación, el nuevo diácono se ha unido formalmente al clero de esta diócesis. En palabras del obispo, “cuando David ponga sus manos entre las mías y prometa obediencia a mí y a mis sucesores, también —en ese gesto— se está incardinando”. Por ello, la vocación de quien ha dicho al Señor: “Aquí estoy, envíame”, es un regalo que Dios hace a toda la Iglesia que vive y celebra su fe en Holguín y Las Tunas.

La homilía de Monseñor Aranguren ofreció una explicación clara del sentido del diaconado: convoca, congrega, enseña, orienta, acompaña a tu rebaño para que experimente “la vida en Dios”, esa Vida que Jesús dijo que Él venía “a dar en abundancia”.

El obispo insistió en que el ministerio no se reduce a funciones litúrgicas: “No es bueno limitarnos a pensar en qué le corresponde hacer al diácono, sino cómo vivir el ser diácono. Y la respuesta es: sirviendo con disposición, entrega y sacrificio, sin mirar a quién, porque su corazón está llamado a ser universal, es decir, de todos como lo fue Jesús”.

Durante el rito de ordenación, David se postró en el suelo como signo de humildad y reconocimiento de su total dependencia de Dios. El gesto fue acompañado por la oración de toda la asamblea, que con las letanías pidió por su fidelidad, para que sea, al igual que Jesús, servidor del Padre, de sus hermanos y de los pobres y necesitados.

Luego fue revestido con los ornamentos propios –estola y dalmática– y el obispo le impuso sus manos y rezó con estas palabras: “Envía sobre él, Señor, el Espíritu Santo, para que, fortalecido con tu gracia de los siete dones, desempeñe con fidelidad su ministerio”.

Tras recibir el libro de los Evangelios, del cual fue constituido mensajero, compartió el abrazo de paz con Monseñor Emilio y sus hermanos diáconos Ernesto Proenza, Enrique González y Noelio Suárez, quien fungió como maestro de ceremonia. Mientras, el pueblo cantó “Te damos gracias, Señor”.

La historia vocacional de David está profundamente ligada a la comunidad de Banes. Llegó por primera vez el 8 de septiembre de hace treinta años, fiesta de la Virgen de la Caridad. Allí recibió los sacramentos de iniciación y comenzó a discernir su vocación. Fue bautizado por el padre Martín Fassi, hoy obispo en Argentina, y recibió la Confirmación en 2009 en el mismo templo donde ahora es ordenado.

La celebración, en la que ejerció por primera vez su ministerio asistiendo al Obispo, preparando el altar y distribuyendo la Comunión a los fieles, reunió a varios sacerdotes de la diócesis, aunque muchos se sumaron con la oración desde la distancia, debido a las limitaciones de movilidad por la escasez de combustible. Entre los presentes, los frailes agustinos recoletos residentes en Banes y los padres Paquinín Expósito —vicario general—, Dayron Hernández y Dilson Adonis Anderson. Con este último, David comparte actualmente la atención pastoral de la parroquia de Gibara.

Entre los concelebrantes estuvo también Monseñor Marcos Pirán, obispo auxiliar de Holguín, quien celebraba su cumpleaños ese día. Los asistentes se unieron al coro parroquial de Banes para desearle, con sus voces, instrumentos y aplausos, “¡mucha felicidad!”.

Desde Gibara, donde David ha realizado su última etapa de formación, llegó un grupo numeroso de fieles. Su trabajo pastoral en esa zona ha sido especialmente valorado por su cercanía con niños, jóvenes y comunidades rurales, junto a las Misioneras Lauritas, que también quisieron acompañarle.

Antes de que el obispo impartiera la bendición, David agradeció a su familia, a la que llamó su “primer seminario”, y mencionó con nombre propio a muchos fieles que con los que hizo su camino, algunos presentes y otros “desde el cielo”.

El diaconado de David es transitorio, en su camino hacia el presbiterado. Desde ahora, está llamado a servir en una extensa diócesis que abarca desde Puerto Manatí hasta Moa y desde Jobabo hasta San Germán, pero de un modo especial a testificar, de palabra y de obra, el Reino de Dios en Gibara, Santa María, Cupeycillo, Candelaria y Bocas. Como deseó el obispo: “Que podamos decir de ti, a partir de tu ejemplo de vida: ¡David es amigo de Jesús y, por eso, es como es!”.

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