Abrazos del Alma en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús (Reina)
El pasado miércoles 25 de febrero, en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús (Reina), del Arzobispado de La Habana, el programa Abrazos del Alma del Centro Loyola Reina volvió a llenar de vida, sonrisas y consuelo los espacios comunitarios. En torno a esta propuesta, la fe y la solidaridad se hicieron gesto concreto de cuidado hacia personas en situación de calle, adultos mayores solos y personas con discapacidad, transformando el comedor parroquial en un lugar de encuentro fraterno y dignificación.

Una jornada de fe, amor y servicio en La Habana
Desde temprano, colaboradores, beneficiarios y voluntarios se dieron cita en la parroquia con una consigna sencilla y profunda: compartir cariño, compañía y esperanza. “Abrazos del Alma”, que se realiza cada tercer miércoles de mes, abrió una vez más sus puertas como un espacio estable de cercanía de la Iglesia con quienes viven mayores situaciones de vulnerabilidad, mostrando cómo el servicio cotidiano también forma parte de la vida de la Iglesia en Cuba.
Oración y espiritualidad que reúnen a la comunidad
Abrazos del Alma en Reina comenzó con un momento espiritual animado por Araileadys Rosabal, coordinadora del Programa Educativo del Centro Loyola Reina, cariñosamente conocida como Ary. A través de una oración participativa, invitó a dar gracias al Señor por los dones del amor y la amistad. En un clima de recogimiento y familiaridad, todos se sintieron parte de una misma casa, preparados para vivir una mañana en la que el amor sería acción concreta y el Evangelio se encarnaría en gestos sencillos de servicio y cuidado.

Entre plegarias y cantos se recordó que la caridad cristiana no es solo palabra, sino entrega cotidiana. Sobre esa base se desplegó una propuesta organizada en diferentes estaciones, pensadas para acompañar, atender y alegrar a los invitados especiales de la jornada. Durante más de una hora y media, los participantes fueron rotando por estos espacios, donde el trato cercano y respetuoso hablaba tanto como las actividades mismas.
Estaciones de cuidado y acompañamiento a los más vulnerables
Cuidado personal y dignidad para personas en situación de calle
En la primera estación, dedicada al cuidado personal y al acompañamiento, el ambiente se llenó de sonrisas y gratitud. Voluntarias del programa “Mujeres de Hoy”, formadas en el propio Centro Loyola Reina, ofrecieron servicios de corte de pelo, barbería, manicura y pedicura. Más que un cambio de imagen, cada gesto de cuidado devolvía dignidad y autoestima. “Aquí nos tratan como familia”, expresaba uno de los asistentes al mirarse al espejo con renovado ánimo, síntesis de lo que allí se vivía.


Juegos, memoria y alegría compartida en comunidad
La segunda estación propuso dinámicas participativas y recreativas, con juegos de estimulación cognitiva que ayudaron a ejercitar la memoria, avivar la alegría y favorecer la interacción social. Los equipos se formaron de manera espontánea, entre risas, aplausos y una sana competencia que fue rompiendo el hielo. Allí, la fraternidad se construyó jugando, recordando que también el juego puede ser lugar de sanación y encuentro.
Manualidades que expresan cariño y gratitud
La tercera estación fue un taller de manualidades, un rincón creativo donde se elaboraron tarjetas, adornos y pequeños recuerdos. Entre colores, papeles y detalles, muchos descubrieron que aún tienen mucho cariño por regalar. El arte se convirtió en lenguaje de afecto y gratitud, y cada creación fue un modo de decir “gracias”, “te recuerdo”, “no estás solo”, dejando huellas profundas en quienes participaron.

Yoga en silla: bienestar físico, emocional y espiritual
Como novedad, la cuarta estación ofreció una experiencia de yoga en silla, orientada al bienestar físico y emocional. Adaptada a las posibilidades de movilidad de cada persona, esta propuesta permitió reconectar cuerpo, mente y espíritu. Guiados por voluntarios especializados, los participantes fueron invitados a respirar con calma, relajar tensiones y agradecer el simple hecho de estar vivos. Fue un momento sereno, de interioridad y descanso, muy valorado por quienes cargan con el peso de la fragilidad y la pobreza.

Solidaridad que se organiza desde el Centro Loyola Reina
Esta edición de Abrazos del Alma contó con el apoyo de los programas Sentir y Otoño del Centro Loyola Reina, así como con la colaboración, en fechas especiales, de la Red Ecuménica Fe por Cuba y de emprendimientos vinculados a la comunidad “De Todo un Team”. Gracias a la ayuda de numerosos colaboradores y donantes, se hizo posible la entrega de ropa, artículos de higiene y productos básicos a más de 60 personas en situación de vulnerabilidad, signo concreto de una Iglesia que comparte lo que tiene y acompaña sin exclusiones.
Más de 60 personas vulnerables acompañadas por la Iglesia
Quienes participaron coincidieron en que fue una jornada cargada de significado. Voluntarios y beneficiarios, más allá de los roles, se reconocieron mutuamente como hermanos, recibiendo algo que no cabe en ninguna bolsa de ayuda: un abrazo sincero y la certeza de seguir siendo amados. Entre risas, miradas agradecidas y la lectura de un poema durante la celebración, quedó claro el mensaje central: el amor no se guarda, se comparte; la solidaridad tiene rostro, voz y manos; la amistad se fortalece cuando se ofrece sin condiciones.
Este 25 de febrero, en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, en Reina, el Centro Loyola Reina volvió a mostrar que la fe puede hacerse acción concreta y que una comunidad unida es capaz de transformar vidas en lo pequeño de cada día. Cada persona, sin importar su historia, fue mirada con respeto y ternura, recordando que en el corazón de la Iglesia cubana late también este servicio silencioso y perseverante.

Cuando el servicio se hace con amor, Dios sonríe en los rostros que se encuentran. En el Arzobispado de La Habana, experiencias como Abrazos del Alma Centro Loyola Reina son parte de esa Iglesia que, en medio de las dificultades del país, sigue apostando por acompañar, sanar y abrazar la dignidad de los más frágiles. Hoy, más que nunca, ese llamado sigue vivo.
Tomado de: Centro Loyola Reina
