Santo del Día

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El bautismo del Señor.

Este día conmemora el bautismo de Jesús en el río Jordán por San Juan Bautista. En esta ocasión, Jesús entró en Su ministerio y consiguió a Sus primeros discípulos, San Juan proclamó a Cristo el Cordero de Dios, cuyo camino había preparado, y se manifestó la naturaleza de la Trinidad. La Iglesia generalmente celebra el Bautismo del Señor el domingo después del 6 de enero. En 2026, se observa el domingo, 11 de enero. ¿Qué pasó cuando Jesús fue bautizado? Tenemos relatos del bautismo de Jesús en los tres evangelios sinópticos. Mateo 3: 13-17 Entonces Jesús vino de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él. Juan se lo habría impedido, diciendo: «Necesito ser bautizado por ti, ¿y vienes a mí?» Pero Jesús le respondió: “Que así sea ahora; porque así conviene que cumplamos toda justicia «. Luego consintió. Y cuando Jesús fue bautizado, subió inmediatamente del agua, y he aquí, los cielos se abrieron y vio al Espíritu de Dios que descendía como una paloma y se posaba sobre él; y he aquí una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia». San Marcos 1: 9-11 En aquellos días Jesús vino de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y cuando salió del agua, inmediatamente vio los cielos abiertos y el Espíritu que descendía sobre él como una paloma; y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado; contigo estoy muy complacido «. Lucas 3: 21-22 Ahora bien, cuando todo el pueblo fue bautizado, y cuando también Jesús fue bautizado y estaba orando, el cielo se abrió y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma, y una voz vino del cielo: “Tú eres mi amado hijo; contigo estoy muy complacido «.

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San Gregorio de Nisa.

El calendario cristiano marca este sábado 10 de enero como una jornada especialmente significativa dentro del santoral, en la que se recuerda a varias figuras relevantes de la historia de la Iglesia. Entre todas ellas, destacan San Gregorio de Nisa con una profunda huella espiritual que ha perdurado a lo largo de los siglos. San Gregorio de Nisa, uno de los grandes padres de la Iglesia Uno de los santos más destacados del día es San Gregorio de Nisa, obispo y teólogo del siglo IV, considerado uno de los grandes Padres de la Iglesia oriental. Nació en Capadocia, en la actual Turquía, en el seno de una familia profundamente cristiana y marcada por la santidad: fue hermano de San Basilio el Grande y amigo cercano de San Gregorio Nacianceno, con quienes formó el influyente grupo conocido como los Padres Capadocios. San Gregorio de Nisa tuvo un papel clave en la consolidación de la doctrina cristiana, especialmente en la defensa del dogma de la Santísima Trinidad frente a las herejías de su tiempo. Sus escritos teológicos y filosóficos destacan por su profundidad intelectual y por una visión espiritual que pone el acento en el crecimiento interior del ser humano y en la búsqueda constante de Dios. Además de su labor doctrinal, fue un firme defensor de la dignidad humana y un crítico de la esclavitud, una postura muy avanzada para su época. Su legado lo convierte en una figura esencial no solo desde el punto de vista religioso, sino también cultural y ético. San Gregorio de Nisa (c. 335-394) fue hermano menor de San Basilio Magno y uno de los tres «Padres Cappadocios» que definieron la ortodoxia trinitaria. Considerado el más especulativo y místico de los tres, combinó la filosofía platónica con la teología cristiana de manera magistral, siendo llamado «Padre de la Teología Mística». Inicialmente se dedicó a la retórica y se casó, pero tras la muerte de su esposa abrazó la vida monástica bajo la influencia de su hermano Basilio y su hermana Santa Macrina. Nombrado obispo de Nisa por Basilio en 372, desarrolló una teología profundamente contemplativa centrada en el concepto de «epéktasis» (progreso infinito del alma hacia Dios). Sus obras maestras incluyen «Vida de Moisés», «Comentario al Cantar de los Cantares» y «Sobre la vida de Macrina», donde establece los fundamentos de la espiritualidad mística cristiana. Participó decisivamente en el Concilio de Constantinopla I (381), contribuyendo a la derrota definitiva del arrianismo. Su síntesis entre filosofía griega y fe cristiana influyó profundamente en la tradición espiritual oriental y occidental, siendo precursor de grandes místicos como Dionisio Areopagita y Juan de la Cruz.

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San Eulogio de Córdoba.

Mozárabe, o sea, cristiano en medio de un Al Andalus musulmán, que consiente otra fe a cambio de pagar tributos, Eulogio era de familia noble cordobesa muy arraigada en la comunidad cristiana de la ciudad. Se ordena eclesiástico entregándose a la oración y al estudio. Lee ávidamente escritos de sabios, católicos y no católicos: san Agustín, Horacio, Virgilio y Juvenal Llegan tiempos de persecución. ¿Hay alternativa al martirio? Vacilación e incertidumbre agravadas por la confusión que provoca un arzobispo, Recafredo, vendido al Califato. Riesgo de cisma en la comunidad, unos resultan mártires, otros se adaptan y acomodan. Eulogio decide abandonar Córdoba. Llega a Navarra y allí descubre una cristiandad sólida en creencia y sabrosa en cultura. Reforzada su fe, regresa a su ciudad portando bajo el brazo libros desconocidos en Al Andalus. Su firme determinación en Cristo le conduce a prisión, en donde enseña poesía, y más tarde al martirio. Su esplendor continúa perenne: Los católicos no se entierran, se siembran. San Eulogio de Córdoba es un mártir cristiano del siglo IX, conocido por su valiente confesión de fe en Cristo en Córdoba, donde fue decapitado. Su festividad se celebra el 9 de enero, un día en que los fieles recuerdan su sacrificio y devoción. San Eulogio es un símbolo de resistencia y valentía para los cristianos perseguidos, dejando un legado de coraje y fe.

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San Apolinar.

San Apolinar fue obispo de Hierápolis en Frigia y se hizo famoso por sus polémicos tratados contra los herejes de su época, cuyos errores demostró haber sido tomados por completo de los paganos. En 177 publicó una «Apología» para los cristianos, dirigida a Marco Aurelio, y apelando a la propia experiencia del Emperador con la «Legión del Trueno», cuyas oraciones le valieron la victoria sobre los Quadi. Se desconoce la fecha exacta de su muerte, pero probablemente fue mientras Marco Aurelio todavía era Emperador. Día celebración: 8 de Enero.Lugar de origen: Hierápolis, TurquíaFecha de nacimiento: Siglo II.Fecha de su muerte: Siglo II. Fue un famoso profesor cristiano del siglo II quien escribió contra los encratitas y otros herejes poniendo en claro los orígenes filosóficos de los errores de cada secta, según testifica San Jerónimo. Sin embargo, muchos de sus escritos estimados y alabados por otros santos, se han perdido. Su obra célebre fue su apología de la religión cristiana, que dedicó al emperador Marco Aurelio hacia el año 175, poco después de que dicho príncipe triunfe sobre los cuadros, gracias a las oraciones de los cristianos, como lo mencionaba el santo. Es posible que San Apolinar haya compuesto su apología con el fin de recordarle la gracia que Dios le había hecho por las oraciones de los cristianos, e implorar al mismo tiempo su protección.

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San Raimundo de Peñafort.

Cada 7 de enero la Iglesia Católica celebra a San Raimundo de Peñafort, presbítero y clérigo dominico, prolífico escritor y hombre de leyes -razón por la cual se le considera patrono de los juristas católicos-. Raimundo, cuyo nombre significa en germánico “protegido por el consejo divino”, nació alrededor de 1175 en Peñafort, Barcelona (España). Desde muy joven destacó por su inteligencia y disposición para el estudio. Con solo 20 años obtuvo una cátedra de filosofía, lo que puede ser considerado el inicio precoz de una brillante carrera intelectual. Sin embargo, Raimundo entendió que los cargos importantes y los menesteres que estos implican requieren de mucha sencillez y espíritu de servicio. “Contemplad al autor y mantenedor de la fe, a Jesús, quien, siendo inocente, padeció por obra de los suyos”, escribió Raimundo cuando ya pertenecía a la Orden de Predicadores (dominicos), manifestando con claridad cuál era la prioridad de su vida. El centro de sus días era contemplar a Jesús en la oración, algo que supo combinar muy bien con el estudio y la acción. Siendo un hombre dedicado a las letras -muchos de sus escritos poseen fama inmortal- también fue un gran pastor y evangelizador. Quien ama la ley debe ir tras la virtud Con el propósito de acrecentar su conocimiento del derecho -tanto civil como canónico-, a los 30 años viajó a Italia para estudiar en la Universidad de Boloña. Allí se doctoró y trabajó unos años como docente. Posteriormente, fue nombrado diácono principal (canónigo) de la Arquidiócesis de Barcelona. En 1222 dejó el puesto de canónigo e ingresó a la Orden de Predicadores. Allí aprovechó todos los medios espirituales que la vida religiosa le proporcionaba. El santo se convirtió poco a poco en ejemplo de humildad y sacrificio. No rehuyó ni las penitencias severas ni los trabajos considerados humillantes. Raimundo sabía muy bien que el orgullo es veneno para el alma. Servicio intelectual Su disposición espiritual tampoco fue la de un hombre pusilánime; por el contrario, le ayudó mucho a poner sus dones al servicio de Dios y sus hermanos. Por encargo de sus superiores se dedicó a investigar y escribir en torno a temas morales, con el propósito de orientar a las almas en el camino de la perfección. Como resultado de dicho encargo elaboró la “Summa de casibus paenitentialibus”, la primera obra en su género, célebre por ser de gran provecho para confesores y moralistas. San Raimundo trabajó arduamente en la predicación y la instrucción en la fe. En 1230 el Papa Gregorio IX lo convocó a Roma y lo nombró su confesor. Además, le encomendó la recopilación del corpus canónico con los decretos de los Papas y de los Concilios que no estuvieran incluidos en la colección entonces vigente -ordenada por el Papa Graciano en 1150-. El fruto de su labor fue la publicación de las “Decretales”, magnífica obra en cinco volúmenes, considerada como la más completa colección de derecho canónico hasta la aparición del “Codex Juris Canonici” en 1917. Servicio pastoral A pesar de las súplicas del Santo para dedicarse exclusivamente a la vida intelectual, el Papa lo nombró Obispo de Tarragona. Como Pastor realizó una labor muy buena, pero enfermó gravemente y el Pontífice terminó por liberarlo de su cargo. De regreso a Barcelona, su tierra natal, pasó un largo tiempo recuperándose. Una vez que se sintió fortalecido, volvió al trabajo para atender un nuevo encargo de la Santa Sede. A este periodo de su obra pertenece la “Summa casuum”, sobre la administración genuina y provechosa del sacramento de la Penitencia. En 1238, los miembros del Capítulo General de la Orden Dominica viajaron a Barcelona para anunciarle que había sido elegido Superior general. Por obediencia el Santo aceptó el cargo y emprendió la tarea de visitar todas las casas de la Orden, inculcando el amor a la vida religiosa, al estudio y a los misterios espirituales. Introdujo una reforma canónica según la cual debía ser aceptada la dimisión voluntaria del Superior de la Orden cuando éste tuviera razones justas. De esta manera pudo renunciar al cargo fundamentándose en su edad, al haber cumplido 65 años. Los siguientes años los empleó en la evangelización, al esclarecimiento de la doctrina ante el peligro de las herejías y buscando los medios adecuados para la conversión de judíos y musulmanes. Ya mayor y enfermo, fue visitado en su agonía por los reyes Alfonso de Castilla y Jaime de Aragón. San Raimundo partió a la Casa del Padre el 6 de enero de 1275, a los 100 años de edad. Sus restos mortales reposan en la catedral de Barcelona, España. Hay que conocer bien la causa a la que se sirve Hay una historia milagrosa que tiene a San Raimundo como protagonista. De acuerdo al relato, Raimundo se encontraba acompañando al rey Jaime rumbo a Mallorca. El rey era un conocido mujeriego que había prometido enmendarse, pero que no hacía honor a su palabra. En vista de ello, San Raimundo se negó a seguir acompañándolo y pidió autorización para regresar a Barcelona. El rey no aceptó el pedido y amenazó de muerte a quien se atreviera a sacarlo de la isla. Ante esto, el Santo dijo: «Los reyes de la tierra pueden impedirnos la huida, pero el Rey del cielo nos dará los medios para ello». Luego se fue al mar, extendió su túnica sobre el agua, ató un extremo de ella a un palo para que sirviera de vela, hizo la señal de la cruz y subió sobre ella. Milagrosamente la improvisada “nave” llegó a Barcelona y San Raimundo fue recibido con aclamaciones por la gente que lo vio llegar. El santo, sin inmutarse, recogió su túnica, que permanecía seca, la puso sobre sus hombros y se fue en dirección a su monasterio. En el lugar del desembarco, tras su muerte, se construyó una capilla y una torre.

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San Andrés Corsini.

El 6 de enero, la Iglesia Católica celebra la vida y santidad de San Andrés Corsini, un santo cuya vida estuvo marcada por la devoción y los milagros. Nacido en el siglo XIV en Florencia, Italia, en una familia noble, San Andrés fue un regalo de Dios desde su nacimiento. Sus padres, en avanzada edad, habían deseado y rezado por un hijo durante mucho tiempo, y su llegada fue considerada un milagro por la comunidad. Devoción y Vocación Religiosa Desde temprana edad, San Andrés mostró una profunda devoción religiosa. Ingresó en la Orden de los Carmelitas a una edad joven y se dedicó a una vida de oración y servicio a Dios. Su vocación religiosa floreció y avanzó hacia una dirección sorprendente. Los Milagros de San Andrés Corsini Uno de los aspectos más destacados de la vida de San Andrés Corsini fueron los numerosos milagros que se le atribuyen. Su fama como obrador de milagros se extendió rápidamente, y las personas acudían a él en busca de ayuda y sanación. Se cuenta que tenía el don de curar a los enfermos y de calmar tormentas con sus oraciones. El Milagro de la Resurrección Uno de los milagros más asombrosos asociados con San Andrés Corsini es el de la resurrección de un niño. Un niño de Florencia había muerto, y su madre angustiada llevó el cuerpo a San Andrés. Con profunda oración y fe, el santo colocó su capa sobre el niño y, milagrosamente, el niño volvió a la vida, llenando de asombro y gratitud a todos los presentes. La Curación de Enfermedades Otro aspecto notable de los milagros de San Andrés fue su capacidad para curar enfermedades. Se dice que muchas personas afligidas por diversas dolencias encontraron alivio y sanación a través de sus oraciones y bendiciones. Beatificación y Santoral San Andrés Corsini fue beatificado y canonizado por la Iglesia Católica en reconocimiento a su vida de santidad y a los milagros que se le atribuyen. Su festividad se celebra el 6 de enero, una fecha que coincide con la Epifanía del Señor y que resalta su papel como una luz divina en la vida de los fieles. El santoral es un calendario que enumera a los santos y beatos que se conmemoran en la Iglesia Católica a lo largo del año. Cada día del santoral está dedicado a un santo o beato en particular, y su festividad se celebra con devoción y oración. San Andrés Corsini en el Santoral La inclusión de San Andrés Corsini en el santoral es un recordatorio de su legado de fe y milagros. Su festividad en el Día de la Epifanía subraya su papel como un testigo de la revelación divina, y su vida nos inspira a buscar la manifestación de Dios en nuestras vidas. La devoción a San Andrés Corsini continúa en la actualidad, y muchas iglesias y comunidades cristianas llevan su nombre en su honor. Los fieles siguen recurriendo a él en busca de intercesión y ayuda en momentos de necesidad, confiando en su poder de obrar milagros y su amor por el prójimo. Un Legado de Fe y Milagros La vida de San Andrés Corsini es un testimonio de la gracia divina y el poder de la fe en acción. Sus milagros, realizados con humildad y amor por los demás, nos recuerdan que Dios continúa obrando maravillas en el mundo a través de sus siervos fieles. En este 6 de enero, honramos la memoria de San Andrés Corsini y seguimos buscando su intercesión, sabiendo que su ejemplo de devoción y milagros perdura en la Iglesia y en nuestros corazones. FUENTE: www.iglesia.info

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San Juan Neumann.

El obispo de Filadelfia nació en Prachatitz, Bohemia, el 28 de Marzo de 1811, hijo de Philip Neumann y Agnes Lebis. Asistió a la escuela en Budweis y allí entró en el seminario el año 1831. Dos de años después, pasó a la universidad de Charles Ferdinand en Praga donde estudió teología. Cuando su preparación para el sacerdocio se completó en 1835, deseaba ordenarse pero el obispo decidió que no habría allí más ordenaciones. Nos resulta difícil imaginar hoy que Bohemia tuviera entonces demasiados sacerdotes. Juan escribió a los obispos del mundo, pero en todas partes la misma historia: ninguno quería ahora sacerdotes. Juan estaba seguro de su vocación al sacerdocio, pero todas las puertas parecían cerrársele. Pero Juan no se arredró. Aprendió el inglés trabajando en una fábrica con obreros de lengua inglesa. De esta forma, pudo escribir a los obispos de Estados Unidos. Finalmente, el obispo de Nueva York aceptó ordenarlo. Para responder a la llamada de Dios de ser sacerdote, Juan debió abandonar su familia para siempre y atravesar el océano para adentrarse en una tierra lejana y difícil. En Nueva York, Juan fue uno de los 36 sacerdotes para 200.000 católicos. Su parroquia, al oeste de Nueva York, se extendía desde Ontario hasta Pensilvania. Su iglesia no tenía ni campanario ni estaba pavimentada, pero esto no importaba en absoluto ya que Juan pasaba la mayor parte de su tiempo visitando poblado tras poblado, escalando montañas, para visitar a los enfermos, para detenerse en las cabañas y en las tabernas a fin de enseñar y celebrar la misa en la mesa de la cocina. Debido a su trabajo y a lo lejano de la parroquia, Juan soñaba con una comunidad: entró con los redentoristas, una Congregación de sacerdotes y hermanos que se dedicaban a ayudar a los pobres y a los más abandonados. Fue el primer sacerdote que entraba en la Congregación en América, profesó en Baltimore el 16 de enero de 1842. Desde el principio destacó por ser una persona altamente piadosa, por su evidente santidad, por su celo y por su amabilidad. Su conocimiento de seis idiomas modernos lo hizo particularmente apto para el trabajo en la sociedad Estadounidense de múltiples idiomas en el siglo diecinueve. Después de trabajar en Baltimore y Pittsburgh, en 1847 fue nombrado Visitador o Superior Mayor de los redentoristas en los Estados Unidos. El Padre Frederick von Held, superior de la Provincia Belga, a la que pertenecían las casas Estadounidenses, dijo de él: «Es un gran hombre que combina la piedad con una personalidad fuerte y prudente». Necesitó estas que calidades durante los dos de años en que desempeñó el cargo, cuando la fundación estadounidense pasaba por un difícil período de ajuste. Cuando dejó el cargo al Padre Bernard Hafkenscheid, los redentoristas de Estados Unidos estaban mejor preparados para llegar a ser una provincia autónoma, cosa que sucedió en 1850. El Padre Neumann fue nombrado Obispo de Filadelfia y consagrado en Baltimore el 2 de marzo de 1852. Su diócesis era muy grande y pasaba por un período de considerable desarrollo. Como obispo, fue el primero en organizar un sistema diocesano de escuelas católicas. Fundador de la educación católica en el país, las escuelas de su diócesis aumentaron de 2 un 100. Fundó las Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco para enseñar en las escuelas. Entre las más de ochenta iglesias que construyó durante su episcopado, debe mencionarse la catedral de los Santos Pedro y Pablo que él comenzó. San Juan Neumann era de estatura pequeña, nunca tuvo una salud robusta, pero en su corta vida tuvo una gran actividad. Encontró tiempo para una considerable actividad literaria además de sus obligaciones pastorales. Escribió asimismo numerosos artículos en revistas y periódicos católicos; publicó dos catecismos y, en 1849, una historia de la Biblia para escuelas. Continuó esta actividad justamente hasta el final de su vida. El 5 de enero de 1860 (con 48 años de edad) se desplomó en la calle, en su ciudad episcopal y murió antes de que pudieran administrársele los últimos Sacramentos. Fue beatificado por el Papa Pablo VI el 13 de octubre de 1963 y canonizado por el mismo Papa sobre el 17 de junio de 1977. Su fiesta es cada 5 de enero.

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Solemnidad de la Epifanía del Señor.

En esta fiesta, la Iglesia celebra la manifestación (epifanía) de Cristo a las Naciones (gentiles) en las personas de los Reyes Magos. En tiempos anteriores, esta fiesta combinó otras dos manifestaciones, la que tuvo lugar en el Bautismo del Señor, y la que tuvo lugar en Caná en la fiesta de bodas. Esta sigue siendo la costumbre en el cristianismo oriental. Aunque la fecha de la Epifanía en el Calendario General de la Iglesia es el 6 de enero, en los Estados Unidos y algunos otros países se celebra el domingo después del 1 de enero para que más católicos puedan participar.  Por lo tanto, en 2026 la Solemnidad de la Epifanía es el domingo, 4 de enero. ¿Cuál es el origen de la fiesta de la Epifanía? En su libro Espíritu de la liturgia, el futuro Papa Benedicto XVI escribió: «Es difícil decir qué tan atrás se remontan los inicios de la fiesta de Navidad. Asumió su forma definitiva en el siglo III.» Aproximadamente al mismo tiempo, la fiesta de la Epifanía surgió en Oriente el 6 de enero y la fiesta de Navidad en Occidente el 25 de diciembre. Las dos fiestas tuvieron un énfasis diferente debido a los diferentes contextos religiosos y culturales en los que surgieron, pero esencialmente su significado fue el mismo: la celebración del nacimiento de Cristo como el amanecer de la nueva luz, el verdadero sol, de la historia. ¿Cuál es el significado de la Epifanía en el cristianismo? El Catecismo de la Iglesia Católica (párrafo 528) dice: La Epifanía es la manifestación de Jesús como Mesías de Israel, Hijo de Dios y Salvador del mundo. Con el bautismo de Jesús en el Jordán y las bodas de Caná, la Epifanía celebra la adoración de Jesús por unos “magos” venidos de Oriente. En estos “magos”, representantes de religiones paganas de pueblos vecinos, el Evangelio ve las primicias de las naciones que acogen, por la Encarnación, la Buena Nueva de la salvación. La llegada de los magos a Jerusalén para “rendir homenaje al rey de los judíos” muestra que buscan en Israel, a la luz mesiánica de la estrella de David, al que será el rey de las naciones. Su venida significa que los gentiles no pueden descubrir a Jesús y adorarle como Hijo de Dios y Salvador del mundo sino volviéndose hacia los judíos y recibiendo de ellos su promesa mesiánica tal como está contenida en el Antiguo Testamento. La Epifanía manifiesta que “la multitud de los gentiles entra en la familia de los patriarcas” y adquiere “la dignidad del pueblo elegido de Israel”.

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Día del Santísimo Nombre de Jesús.

El Santísimo Nombre de Jesús, invocado por los fieles desde los comienzos de la Iglesia, comenzó a ser venerado en las celebraciones litúrgicas en el siglo XIV. San Bernardino de Siena y sus discípulos propagaron el culto al Nombre de Jesús: «Yahweh es salvación» con el monograma del Santo Nombre: IHS (abreviación del nombre de Jesús en Griego, ιησουσ, y añadiendo el nombre de Jesús al Ave María.  Como fiesta litúrgica fue introducida en el siglo XVI. En 1530 el Papa Clemente VII concedió por vez primera a la Orden Franciscana la celebración del Oficio del Santísimo Nombre de Jesús. Honramos el Nombre de Jesús no porque creamos que exista un poder intrínseco escondido en las letras que lo componen, sino porque el nombre de Jesús nos recuerda todas las bendiciones que recibimos a través de Nuestro Santo Redentor. Para agradecer estas bendiciones reverenciamos el Santo Nombre, así como honramos la Pasión de Cristo honrando su Cruz (Colvenerius, «De festo SS. Nominis», IX). Descubrimos nuestras cabezas y doblamos nuestras rodillas ante el Santísimo Nombre de Jesús; está a la cabeza de todas nuestras empresas, como indicaba el emperador Justiniano I en su libro de leyes: «En el Nombre de Nuestro Señor Jesús empezamos todas nuestras deliberaciones». El Nombre de Jesús, invocado con confianza: Así se cumple la palabra de San Pablo: «Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos.» (Flp. 2,10). Como en la Edad Media el Nombre de Jesús se escribía “IHESUS”, el monograma contiene las dos primeras letras y la última de este nombre: IHS. Muchas veces lo hemos visto representado pero la primera vez que aparece en la historia es en una moneda del siglo VIII que pone: “DN IHS CHS REX REGNANTIUM”, que significa: “El Señor Jesucristo es el Rey de Reyes”. San Ignacio de Loyola adoptó este monograma como símbolo de su Compañía.

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San Basilio Magno y San Gregorio Nacianceno.

San Basilio se consagró al servicio como Arzobispo de Cesarea, Doctor de la Iglesia y Patriarca de los Monjes de Oriente. Nació en Cesarea, la capital de Capadocia, en el año 329. Entre sus nueve hermanos figuraron: San Gregorio de Nissa, Santa Macrina la joven y San Pedro de Sevaste. Su padre era San Basilio el viejo, y su madre, Santa Emelia. Inició su educación en Constantinopla y la completó en Atenas. Allá tuvo como compañero de estudio a San Gregorio Nazianceno, quien se convirtió en su amigo inseparable. Cuando Basilio recibió el bautismo, tomó la determinación de servir a Dios dentro de la pobreza evangélica. Comenzó por visitar los monasterios de Egipto, Palestina, Siria y Mesopotamia, con el propósito de observar y estudiar la vida religiosa. Se estableció en un paraje agreste en la región del Ponto, separado de Annesi, por el río Iris. En aquel retiro solitario se entregó a la plegaria y al estudio. Formó el primer monasterio que hubo en Asia Menor, organizó la existencia de los religiosos y enunció los principios que se conservaron a lo largo de los siglos y hasta el presente gobiernan la vida de los monjes en la Iglesia de oriente. San Basilio practicó la vida monástica propiamente dicha durante cinco años solamente, pero en la historia del monaquismo cristiano tiene tanta importancia como el propio San Benito. Por aquella época, la herejía arriana estaba en su apogeo y los emperadores herejes perseguían a los ortodoxos. En el año de 363, Basilio fue ordenado diácono y sacerdote en Cesarea, pero para evitar generar ciertos conflictos con el arzobispo Eusebio, decidió retirarse calladamente al Ponto. Sin embargo, Cesarea lo necesitaba y lo reclamó. Dos años más tarde, San Gregorio Nazianceno, en nombre de la ortodoxia, sacó a Basilio de su retiro para que le ayudase en la defensa de la fe, del clero y de la Iglesia. En el año de 370, año en que murió Eusebio, Basilio fue elegido para ocupar la sede arzobispal vacante. Tiempo después, la muerte de San Anastasio dejó a Basilio como único paladín de la ortodoxia en el oriente, y éste luchó para fortalecer y unificar a todos los católicos que, sofocados por la tiranía arriana y descompuestos por los cismas y las disenciones entre sí, parecían extinguirse. El santo murió el 1 de enero de 379, a la edad de 49 años.

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