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Una Iglesia que quiere ser misionera, porque si no lo fuera, serรญa como una secta que va derechamente al fariseรญsmo y dejarรญa de ser la Iglesia. Una Iglesia que quiere ser signo de comuniรณn, porque si no lo fuera, serรญa como un Arca de Noรฉ, con una parejita de cada especie, y dejarรญa de ser la Iglesia. Una Iglesia que quiere ser encarnada, porque si no lo fuera, entonces sรญ serรญa ยซopio del puebloยป y dejarรญa de ser la Iglesiaโ€ฆ

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Antes de empezar nuestra asamblea, los Obispos consideramos conveniente recordar o clarificar tres puntos, que no son propiamente nuestros, porque vienen del mismo sentir de las Asambleas Diocesanas:

1. El ENEC no va detrรกs de un Documento deslumbrante, aunque habrรก un documento que pertenecerรก al tesoro de la Iglesia cubana y en el que la Iglesia cubana quiere inscribir su acciรณn pastoral. El ENEC tampoco va detrรกs de una fiesta, aunque es una celebraciรณn festiva de la Iglesia. El ENEC naciรณ como un espรญritu nuevo en nuestra Iglesia y este espรญritu es mรกs importante que los papeles y que la fiesta. El ENEC cumplirรก realmente SU objetivo cuando este espรญritu penetre en el corazรณn de la Iglesia, en su vida, instituciones y personasโ€ฆ

2. El ENEC significa solo una etapa intermedia, orientada hacia otras etapas intermedias tambiรฉn, hasta la meta que nos trasciende y que trasciende a la Iglesia misma. No es un final, sino un comienzo nuevo. Quiere ser profรฉtico, sugerente y programรกtico: mirando a largo plazo. Por tanto, la intuiciรณn profunda del ENEC hay que realizarla en la paciencia de la Iglesia, que espera siempre, aun en la nocheโ€ฆ

3. Si alguien tuviera aquรญ alguna preocupaciรณn por el clima que reinarรก en esta Asamblea, es porque ha olvidado muchas cosas. Ha olvidado el clima que reinรณ en las Asambleas parroquiales, vicariales, zonales y diocesanas durante cinco aรฑos. Ha olvidado que somos cubanos, hijos de este pueblo educado en tradiciones muy liberales y muy tolerantes, capaz siempre de ofrecer, capaz siempre de atender, capaz siempre de respetarโ€ฆ

Tenemos confianza en Dios, pero tenemos tambiรฉn confianza en ustedes. Durante estos 27 aรฑos la Iglesia cubana ha puesto en las manos de los laicos las cosas mรกs queridas y mรกs santas; las cosas a las que la Iglesia da la mรกxima importancia: les puso en las manos la Eucaristรญa para que la llevaran a los enfermos; les puso en las manos la Sagrada Escritura para que la leyeran en la Asamblea; les puso en las manos las celebraciones de la Palabra para que las presidieran; les puso en las manos la economรญa de las parroquias para que las administraran. Con la misma confianza, la Iglesia cubana les pone ahora en las manos su futuro, segura de la responsabilidad y seriedad, de la serenidad y coherencia, de la obediencia y objetividad de ustedesโ€ฆ

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โ€ฆ No aspira nuestro ENEC a una reconquista de poderes, a un rescate de posiciones, favores o privilegios para la Iglesia. La Iglesia no quiere otra cosa que el espacio necesario para cumplir su misiรณn; para dar tambiรฉn su juicio รฉtico, moral, no polรญtico, aun sobre problemas no estrictamente religiosos, pero sรญ humanos, lo cual no constituye un privilegio sino un derecho y un servicio: el derecho que tiene el hombre a recibir la palabra de Dios y a iluminar toda su vida con la luz de esa Palabra. La Iglesia quiere anunciar, en franca amistad, su fe a todos los hombres, aun a aquellos que la consideren enemiga, porque ella no quiere sentirse enemiga de nadie. La Iglesia, en fin, espera que la fe deje de ser aquรญ un problema, una debilidad o un diversionismo ideolรณgico; y que el futuro no se parezca al pasado. Y para llegar a esto, la Iglesia no tiene otro modo y otro lenguaje que el modo y el lenguaje del corazรณn…

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El Espรญritu nos va a conducir por sus caminos, que no son nuestros caminos, a esa imitaciรณn cada vez mรกs fiel de Jesucristo y a esa comuniรณn cada vez mรกs estrecha con nuestro pueblo cubano, con quien compartimos un mestizaje de fe, cultura y raza, y compartimos la dicha de haber nacido aquรญโ€ฆ

Tenemos una esperanza y queremos dar palabras de esperanza a los que las pidan, a los que las necesiten, a las que han fijado sus miras solo en lo terreno como lรญmite a sus aspiraciones humanas y sienten que les falta algo. No tenemos ni la primera ni la รบltima palabra de todo, pero creemos que existe una primera y una รบltima palabra de todo y esperamos en Aquel que la tiene, el Seรฑor. En รฉl miramos con serena confianza el futuro siempre incierto, porque sabemos que maรฑana, antes que salga el sol, habrรก salido sobre Cuba y sobre el mundo entero la Providencia de Dios.

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