Obispos cubanos honran en La Habana a sus prelados fallecidos.

En la mañana del 17 de junio, los obispos cubanos se reunieron en la capilla del Cementerio de Colón, en La Habana, para celebrar una misa en sufragio de monseñor Silvano Herminio Pedroso Montalvo, obispo de Guantánamo-Baracoa, y de monseñor Jorge Enrique Serpa Pérez, obispo emérito de Pinar del Río, recientemente fallecidos.

Al lugar llegaron los prelados de las diócesis cubanas, además de monjas, sacerdotes, religiosos y laicos que se unieron en oración por el descanso eterno de estos dos pastores, quienes entregaron su servicio a la Iglesia en Cuba con dedicación por su pueblo.

La eucaristía fue presidida por el cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez, arzobispo de La Habana, concelebrada por el nuncio apostólico Antoine Camilleri, y monseñor Arturo Gonzalez Amador, obispo de Santa Clara y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.

El Cardenal comenzó su homilía haciendo referencia a las virtudes teologales: Fe, Caridad y Esperanza, representadas en el frontispicio del Cementerio de Colón. Recordó que ambos obispos vivieron y transmitieron la fe en cada sacramento, -esa fe que vivieron Jorge Enrique Serpa Pérez y Silvano Herminio Pedroso Montalvo, quienes bautizados, bautizaron, confirmados, confirmaron, recibieron la comunión e hicieron presente a Cristo en cada misa, confesados, confesaron, ungieron a muchos enfermos y fueron ungidos por el Espíritu Santo-.

Subrayó también la entrega generosa de ambos obispos hacia sus comunidades, destacando su misericordia y servicio como -sacerdotes y obispos casados con la Iglesia y su pueblo, asistieron y bendijeron muchos matrimonios naturales, fieles sacramentales. Hemos visto en este camposanto muchas imágenes de Cristo crucificado, flagelado, coronado de espina y resucitado. Nuestros hermanos Jorge Enrique y Silvano, obispos también como su pastor, fueron crucificados, calumniados, coronados de insultos, sufrientes, pero en vida resucitados por la fe y hoy camino al cielo, que vivieron en comienzos aquí en la tierra. La fe en Dios Padre nos lleva a la caridad con los hijos de Dios que son nuestros hermanos. Sólo Dios sabe cuánta caridad entregaron a sus ovejas nuestros obispos-.

Invitó a confiar en la promesa de la vida eterna, incluso en medio del sufrimiento, haciendo referencia a una de las imágenes que se encuentra en este camposanto, -a la izquierda del frontispicio está la imagen de la Esperanza que mira a la casa del cielo con el ancla, ancla a la cual se abrazaron nuestros obispos Jorge Enrique y Silvano Herminio, que confiaron en el Señor durante tiempos malos y tiempos buenos-.

Al término de la celebración eucarística acompañados con cantos, los presentes peregrinaron hasta el Panteón de los Obispos, donde monseñor Arturo González Amador, elevó una oración en memoria de ambos prelados, encomendándolos al amor de Dios y agradeciendo el testimonio que dejaron a las comunidades que acompañaron a lo largo de su ministerio.

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