Educando desde la esperanza.

XXV Escuela de Verano “Juan Bautista Sagarra”: una experiencia para educar desde la esperanza.

En un ambiente de encuentro, reflexión y renovación de la vocación educativa, del 8 al 12 de agosto de 2026 se desarrolló, en la Casa de Retiro y Convivencias de El Cobre, Santiago de Cuba, la XXV Escuela de Verano “Juan Bautista Sagarra”.

Este espacio de formación reunió a maestros, catequistas y educadores vinculados a la misión educativa de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba, en torno a una tarea común: fortalecer sus herramientas para acompañar a las nuevas generaciones y responder, con mayor preparación y sensibilidad, a los desafíos de la educación actual.

La experiencia contó con la participación de maestros de los grupos del Proyecto de Repasos Escolares Parroquiales, catequistas, profesores del Instituto Pérez Serantes y miembros del Centro Loyola Santiago, quienes compartieron saberes, experiencias y perspectivas desde una misma vocación de servicio.

Las jornadas formativas estuvieron dedicadas a dos temas de especial relevancia: la construcción de una educación esperanzadora y el fortalecimiento del trabajo educativo con los adolescentes. Ambos contenidos permitieron profundizar en los desafíos propios de esta etapa y en la necesidad de desarrollar estrategias que favorezcan un acompañamiento cercano, respetuoso y significativo.

Las reflexiones pusieron de relieve que educar va mucho más allá de transmitir conocimientos. Implica escuchar, acompañar procesos, generar confianza, reconocer capacidades y ayudar a cada estudiante a descubrir sus posibilidades. Desde esta perspectiva, una educación esperanzadora es aquella que, aun reconociendo las dificultades, sabe descubrir oportunidades de crecimiento y confía en el potencial de cada persona.

Otro aspecto especialmente significativo fue la necesidad de garantizar que las actividades educativas se desarrollen en ambientes seguros, protectores y respetuosos, donde niños, adolescentes y jóvenes puedan sentirse acogidos, escuchados y valorados. La creación de estos entornos constituye una responsabilidad compartida y una condición esencial para favorecer el aprendizaje, la convivencia y el desarrollo integral.

Los talleres se caracterizaron por un enfoque participativo y práctico. El intercambio de experiencias, las metodologías compartidas y el diálogo entre los participantes permitieron ampliar perspectivas y adquirir herramientas aplicables a los distintos contextos educativos. La formación continua se reafirmó así como un elemento esencial para responder con preparación, sensibilidad y creatividad a los retos de la labor docente.

El equipo responsable de los espacios formativos estuvo representado por el Hermano de La Salle Luis Franco fax (Pedagogía de la esperanza en contextos difíciles: Educar en medio de la incertidumbre social y emocional); Mtro. Maurilio Suárez Ortiz y Mtro. Mariano Navarro Morales, de México (Educar el corazón del adolescente: Claves y valores para acompañar su crecimiento); y María C. Campistrous, Yoandra Domecq (Cultura del Cuidado), de Santiago de Cuba, quienes compartieron conocimientos, experiencias y recursos al servicio de esta experiencia.

Al finalizar este camino formativo, llega el momento de volver a las aulas con nuevas motivaciones y el compromiso de poner en práctica lo aprendido. Que la luz de Cristo ilumine cada paso, fortalezca la vocación de los educadores y los acompañe en la tarea de sembrar conocimientos, valores y esperanza.

Que lo vivido se convierta en compromiso, que lo compartido se traduzca en servicio y que los vínculos fortalecidos durante estos días continúen dando frutos en cada comunidad educativa.

Con la mirada puesta en Cristo y el corazón renovado, los educadores continúan su misión de acompañar, formar y sembrar esperanza.

¡Hasta el próximo encuentro!

Redacción: Osbeida López Almarales

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