Nuevo pastor para la Iglesia en Cuba.
La Iglesia que peregrina en Santiago de Cuba, y toda la iglesia en Cuba, hoy ha vivido, con gozosa esperanza la Ordenación Episcopal de Mons. Osmany Massó Cuesta, nuevo obispo de la diócesis de Bayamo-Manzanillo.
La Eucaristía celebrada en la SBMI Catedral de Santiago de Cuba, Catedral Primada de Cuba, fue presidida por el Mons. Dionisio Guillermo García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba, acompañado por los obispos cubanos, el Nuncio Apostólico en Cuba Mons. Antoine Camilleri, obispos de iglesias hermanas, el clero de la Arquidiócesis y sacerdotes de varias diócesis.


Acompañaron a Mons. Osmany Massó, el P. Rafael Ángel López-Silvero, párroco de la Catedral y de cuyas manos recibió el bautismo y la primera comunión, y el P. Gustavo Cunill, párroco de la Santa Cruz, con quien compartió formación sacerdotal y juntos recibieron el orden sacerdotal por imposición de manos de Mons. Pedro Meurice. El P. Rafael Ángel, presentó al Obispo Consagrante a quien iba a ser ordenado, e inmediatamente, Mons. Antoine Camilleri, leyó la Bula Apostólica en latín, por la que fue nombrado Obispo, Mons. Osmany. Seguidamente, el P. Gustavo Cunill la leería en español.



A Mons. Marcelo Arturo González Amador, obispo de la diócesis de Santa Clara, fue solicitada la homilía. En bellas y cercanas palabras preparó a toda la comunidad para la comprensión “de los gestos y signos, todos elocuentes, que pretenden ayudarnos a penetrar en el misterio de fe que estamos celebrando”. Centrando la homilía en el gesto de la imposición sobre del Obispo que está siendo ordenado el libro de los Evangelios abierto. “¡Cuánto significado tiene este gesto litúrgico! Significa mucho, significa que nos toca a nosotros pastores del pueblo de Dios apuntar hacia lo alto, hacia quien permanece y verdaderamente salva: EI Señor, teniendo presente en toda ocasión la invitación del Maestro: «Sean santos como el Padre celestial es santo»…El que ha sido escogido, reservado y consagrado, queda cubierto por la Palabra de Dios, es decir, su propio rostro desaparecerá para que brille en su vida y a los ojos de sus contemporáneos el mensaje de salvación, que lo ha alcanzado, lo ha penetrado, lo ha cubierto. Esto no es un juego de palabras ni es un acto mágico, lo sabemos; esto quiere decir que el Obispo no actúa en nombre propio, actúa en nombre de Jesucristo y de su Iglesia, de la cual ha sido constituido guardián y maestro”.


Y a Mons. Osmany le decía con cariño de hermano mayor, “Querido hermano Osmany, gracias por aceptar todos estos retos… gracias por tu mirada serena y confiada frente a las sorpresas que la vida de Obispo te pueda traer… gracias porque tu respuesta brota y se alimenta de la escucha atenta a la Palabra de Dios… Mons. Osmany, los obispos de Cuba te acogemos fraternalmente en este Colegio y te ayudaremos a hacer camino… ¡sabes que eres bienvenido! ¡Sabes que eres nuestro hermano! El pueblo de Dios, la Iglesia que peregrina en estas tierras, te recibe como don de Dios, y te recibe con esperanza… Los unos y los otros, todos rezamos por ti. Los que hoy te ven partir, seguirán rezando por ti; los que te recibirán en tu Diócesis también rezarán por ti, porque esta es una forma muy exquisita que tiene el pueblo creyente de amar y colaborar con sus obispos”.



El momento sagrado de la ordenación, fue acompañado por todos. La oración de las letanías… la imposición de las manos de Mons. Dionisio García Ibáñez, obispo consagrante, Mons. Juan de la Caridad García Rodríguez y Alvaro Beyra Luarca, obispos co-consagrantes, de todos los obispos allí presentes… la imposición del libro de los Evangelios sobre la cabeza de Mons. Osmany… la oración consagratoria y la unción con el Santo Crisma. Luego le fueron entregados el Evangelio, el anillo (levado por su querida madre), la mitra (llevado por un joven santiaguero) y el báculo (presentados por hermanos de la diócesis de Bayamo-Manzanillo), símbolos de su ministerio episcopal.





Mons. Osmany Massó abrazó a cada uno de los obispos presentes y después, acompañado por Mons. Emilio Arangueren, obispo de la diócesis de Holguín, y Mons. Antoine Camilleri, Nuncio Apostólico, saludó y bendijo a toda la Asamblea. Instante muy especial cuando el recién ordenado Obispo, se fundió en un abrazo con su madre.


La eucaristía de continuó, y al finalizar, Mons. Osmany agradeció, personalizando cada agradecimiento a tantas personas, grupos, comunidades, que desde dentro y fuera de Cuba, se han hecho presentes, ya sea orando o preparando cada detalle de esta celebración. “Con esta Eucaristía de consagración episcopal no hemos hecho otra cosa que experimentar la presencia viva y operante en su iglesia de Jesucristo, verdadero Pastor quien reúne, cuida, busca, fortalece y protege a su pueblo por medio de aquellos a los cuales sin mérito personal llama y encomienda la tarea de apacentarlos según su corazón”.

Compartió el texto íntegro de una canción que una amiga le dedicara, y que retrata el Obispo que está llamado a ser para nuestra iglesia cubana:
“No busqué que me llamaran,
Aprendí a decir que sí
Cuando Dios habló bajito
Yo dejé todo por él.
Con los pies sobre la tierra,
con el cielo en el mirar,
soy del pueblo que me duele,
soy de Dios para amar.
Soy siervo, soy camino,
voz pequeña de su voz,
donde haya un corazón herido,
allí voy, allí voy.
No me eleva el el nombre nuevo,
me arrodilla la misión.
Soy pastor, cuando acompaño
soy de Dios, soy de Dios.
Hoy la iglesia me confía
otro peso, otro lugar.
No me cambia el evangelio,
me confirma en servir más.
No traigo oro ni respuestas,
solo fe y la verdad.
Caminar junto a mi pueblo,
no delante no detrás.
Si me llaman, aquí estoy.
Si me envían, iré yo.
Mientras tenga fe en las manos,
todo es gracia, todo es Dios”.



Mons. Osmany Massó Cuesta ha recibido la plenitud del orden sacerdotal, continuemos orando por él, y en palabras de Mons. Arturo, “Que el Santísimo Salvador se digne hacerte sentir y gozar su bondad siempre; que Él se digne, también, acompañar con su Espíritu tu entrega de cada día como pastor de la querida Diócesis de Bayamo-Manzanillo. Que la Virgen Santísima, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, a cuyos pies renovaste tu fe e hiciste tu promesa de fidelidad a Jesucristo y a su Iglesia, sea en toda ocasión tu Madre y Maestra”.


