Sagrado Corazón de Jesús, 27 de junio.

El día del Sagrado Corazón de Jesús es un solemnidad; es decir, una celebración del más alto rango en la Iglesia

¿Cuándo es el Día del Sagrado Corazón de Jesús?

La Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús se conmemora cada año el viernes siguiente a la Octava de Corpus Christi; es decir, ocho días después del Jueves de Corpus. Se trata de una solemnidad; es decir, una celebración del más alto grado para la Iglesia Católica, reservada a los misterios más importantes de nuestra fe.

Fue el beato Papa Pío IX quien designó que la solemnidad del Sagrado Corazón se celebraría universalmente el viernes después de la Octava de Corpus Christi cada año.

¿Qué día se celebra al Sagrado Corazón de Jesús en 2025?

En el 2025 el día del Sagrado Corazón de Jesús se celebrará el 27 de junio; es decir, ocho días después del Jueves de Corpus Christi, que se conmemorará el jueves 19 de junio. Ambas celebraciones de la Iglesia Católica son movibles; en el caso de la solemnidad de Corpus Christi se celebra 60 días después del inicio de la Pascua, que en el año en curso se conmemoró el domingo 31 de marzo.

Cabe señalar que, además del día del Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia Católica dedica todo junio a esta devoción, debido a una serie de acontecimientos relacionados con el mes: fue en junio de 1675 cuando Santa Margarita María Alacoque tuvo una revelación en la que Jesús le dijo que muchas personas no valoraban dicha devoción; y años más tarde, en junio de 1689, la misma santa escribió que Jesús pedía que el rey de Francia, Luis XIV, consagrara el país al Sagrado Corazón de Jesús.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús también se conmemora nueve viernes al año: los nueve primeros viernes de cada mes, sin importar cuál sea el periodo, siempre que se tomen nueve meses consecutivos y sin interrupción.

Lo anterior, debido a que Jesús le reveló a Santa Margarita María Alacoque su deseo de dar a conocer Su Sagrado Corazón encendido de amor por la humanidad, y prometió muchas gracias y bendiciones a quienes lo honrasen con devoción cada primer viernes de mes, durante nueve meses seguidos y en los términos anteriormente mencionados: asistir a la Misa completa y comulgar con un corazón limpio, en estado de gracia.

Dijo la Santa al citar la promesa hecha por Jesús: “Yo te prometo, en la excesiva misericordia de Mi Corazón, que Su amor omnipotente concederá a todos aquellos que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final: no morirán en desgracia mía, ni sin recibir sus sacramentos, y Mi Corazón Divino será su refugio en aquel último momento”.

Ir a Misa los nueve primeros viernes sin interrupción nos ayuda a darle a Dios prioridad. Mucha gente falta a Misa con cualquier pretexto; esta devoción al Sagrado Corazón de Jesús nos enseña a respetar el tiempo destinado a Él y captar que si lo ponemos Sus manos, Él nos ayuda a cumplir con lo que nos pide.

Comulgar los nueve primeros viernes de mes en devoción al Sagrado Corazón de Jesús nos hace conscientes de cuál es la razón fundamental para asistir a Misa. Recibir a Jesús, que está realmente Presente en la Eucaristía. Es un error quedarse con la idea de que como ir a Misa es un mandamiento de la Iglesia, se trata simplemente de una obligación de “oír” Misa, sino también de llegar a la Comunión Eucarística-sacramental.

Es una oportunidad, no solo para reunirnos en comunidad a cantar, orar y escuchar la Palabra de Dios (lo cual podríamos hacer en casa), sino para disfrutar del grandísimo privilegio de sentarnos a la mesa del Señor y ¡recibirlo a Él como alimento! Jesús nos pide comulgar nueve primeros viernes, no para que tomemos esto como un trámite que hay que cumplir, sino porque quiere entrar más y más en comunión íntima con nosotros y colmarnos con Su amor.

¿Cuál es el origen del Sagrado Corazón de Jesús?

El origen de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús tiene que ver con la historia de santa Margarita María Alacoque, una religiosa francesa de la Orden de la Visitación que en el año 1675, durante la Octava de Corpus Christi tuvo una revelación divina que marcó su vida.

Aunque había tenido antes muchas otras manifestaciones divinas, la que tuvo en esa ocasión fue para ella tan especial, que vivió una verdadera transformación: comenzó a destacar entre sus hermanas por su fervor ante el Santísimo Sacramento y por su obediencia en todos los encargos de su superiora, como el ayudar incondicionalmente a las hermanas de la enfermería.

“Me emplearon en la enfermería -escribiría años más tarde Santa Margarita María Alacoque en su libro autobiográfico-, y sólo Dios conoce lo que tuve que sufrir allí. El demonio me hacía caer con frecuencia y romper cuanto tenía en las manos; y después se burlaba de mí, riéndose en mi misma cara, diciendo: ‘Torpe, jamás harás nada de provecho’. Me quedaba con tal tristeza que no sabía qué hacer, ya que con frecuencia me quitaba hasta el poder decírselo a nuestra Madre”.

Santa Margarita María Alacoque buscaba en todo la mortificación: recogía, por ejemplo, los pedazos de pan mordidos que habían caído al suelo, y los llevaba a la cocina para que hicieran con ellos la sopa que ella habría de comer; era común en ella hacer cosas parecidas para vencer su natural aversión a la suciedad y a la poca limpieza.

En cuanto a los trabajos comunes, era ella la primera en acudir, y se daba a ellos con tal entusiasmo que era necesario llamarla a la obediencia para retirarla de la labor. Además, era tan desprendida de todos los bienes materiales, que rechazó una pensión vitalicia que sus parientes quisieron darle.

¿Pero qué prodigiosa revelación divina llevó a Margarita María Alacoque a desear someterse a esas y muchas otras humillaciones y mortificaciones?

Pues nada menos que ver al mismo Jesús -quien durante dos años se le había aparecido los primeros viernes de cada mes-, pero en esta ocasión se le manifestó señalando su Corazón expuesto, al tiempo que exclamaba:

“He aquí el Corazón que ha amado tanto a los hombres, que no se ha ahorrado nada, hasta extinguirse y consumarse para demostrarles su amor. Y en reconocimiento no recibo de la mayoría sino ingratitud.” Este es el origen de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús: las revelaciones divinas que Nuestro Señor hizo a Santa Margarita María Alacoque, a quien le pidió comunicar a todos los hombre y mujeres las Doce Promesas de Su Corazón.

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