Santo del Día

Sin categoría

San Juan de Kety.

Hoy 23 de diciembre, se celebran las festividades de San Juan de Kety, San Sérvulo, San Ivón, San Thorlaco y Santa María Margarita d’Youville, entre las de otros santos y beatos. El 23 de diciembre es una fecha especial en el calendario litúrgico, ya que en este día se celebra la vida y santidad de San Juan de Kety. Aunque su nombre puede no ser tan conocido como el de otros santos, su legado de devoción, milagros y servicio a Dios perdura en la memoria de los fieles. San Juan de Kety, también conocido como San Juan de la Cruz o San Juan Canutus, nació en el siglo XIII en Polonia, en una época en la que la fe cristiana estaba arraigada en la vida cotidiana de la gente. Desde temprana edad, mostró una profunda devoción y amor por Dios. Sus padres inculcaron en él valores cristianos sólidos que lo llevaron a dedicar su vida al servicio divino. Camino hacia la Santidad San Juan de Kety encontró inspiración en las Sagradas Escrituras, especialmente en los pasajes que hablan del amor al prójimo y la humildad. Siguiendo el ejemplo de Jesús, dedicó su vida a ayudar a los menos afortunados y a predicar el mensaje del Evangelio. San Juan de Kety ingresó al monasterio de los Canónigos Regulares de San Agustín en Kety, donde continuó su formación espiritual y sacerdotal. Su vida monástica se caracterizó por la austeridad, la oración constante y la búsqueda de la comunión con Dios. A través de sus actos de caridad y su humildad, se ganó el respeto y la admiración de sus hermanos religiosos y de la comunidad en general. Milagros de San Juan de Kety Uno de los aspectos más destacados de la vida de San Juan de Kety son los milagros que se le atribuyen. Su fe profunda y su relación cercana con Dios parecen haberle conferido el don de realizar prodigios. Un milagro que se le atribuye es la multiplicación de alimentos. En una ocasión, cuando el monasterio experimentaba escasez de comida, San Juan de Kety oró fervientemente, y los panes y peces se multiplicaron, alimentando a todos los que vivían en el monasterio. Este milagro es un testimonio de su confianza en la providencia divina y su capacidad para obrar milagros en momentos de necesidad. En los Evangelios, encontramos un paralelo en el milagro de la multiplicación de los panes y los peces realizado por Jesús, que se encuentra en Mateo 14:13-21. Beatificación de San Juan de Kety La vida santa y los milagros de San Juan de Kety no pasaron desapercibidos para la Iglesia. Después de su fallecimiento, su vida fue investigada minuciosamente, y se recopilaron testimonios sobre sus acciones milagrosas. Finalmente, en un proceso que llevó años, San Juan de Kety fue beatificado. La beatificación de San Juan de Kety fue un motivo de alegría para la comunidad cristiana que lo había venerado durante siglos. Su vida ejemplar y los milagros que se le atribuyeron lo elevaron a un estatus especial de santidad. Aunque su nombre no sea tan conocido como otros santos, su legado es igualmente inspirador. Día de San Juan de Kety El 23 de diciembre se celebra el día de San Juan de Kety en honor a su vida y sus milagros. En esta fecha, los fieles se reúnen en oración y reflexión, recordando la generosidad y la fe inquebrantable del santo. Las iglesias suelen organizar servicios especiales en su honor, donde se comparten las historias de sus milagros y se ofrece la oportunidad de pedir su intercesión en momentos de necesidad.

Sin categoría

Santa Francisca Javier Cabrini.

Nacida en Sant’Angelo Lodigiano, en Lombardia, el 15 de julio de 1850.  Huérfana de padre y de madre, Francisca habría querido retirarse a un convento, pero su pedido no fue aceptado por motivo de su frágil salud. Se dedicó entonces a cuidar un orfanato. Apenas  diplomada como maestra, con algunas compañeras formó el primer núcleo del Instituto de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús, bajo la protección del Santo misionero Francisco Javier: Cuando más tarde pronunció los votos religiosos, Francisca asumió ese nombre. La vocación misionera Entendió que la modernidad habría sido marcada por enormes flujos migratorios y por hombres, mujeres y niños en fuga hacia la paz y un futuro mejor. Esta es una de las características de Santa Francisca Javier Cabrini que emerge de las reflexiones del Papa Francisco. En una Carta a las misioneras del Sagrado Corazón de Jesús, el Pontífice subraya cómo Santa Francisca haya “acogido de Dios una vocación misionera” particular: “formar y enviar por todo el mundo mujeres consagradas, con un horizonte misionero sin límites, no simplemente como auxiliares de institutos religiosos o misioneros varones, sino con un propio carisma de consagración femenina,  en plena y total disponibilidad a la colaboración ya sea con las Iglesias locales que con las diversas congregaciones que se dedicaban al anuncio del Evangelio ad gentes”. Las obras en el mundo y la canonización Precisamente el carisma misionero la llevó a los Estados Unidos, a asistir  a los italianos que allí buscaban una oportunidad. También ella, en la primera de sus muchas travesías oceánicas, compartió incomodidades, problemas e incertidumbres de quienes dejaban todo en búsqueda de un futuro mejor en otras partes. Se ocupó también de huérfanos y enfermos. Puso en acción obras en Italia, Francia, España, Gran Bretaña, varias zonas de los Estados Unidos, América Central, Argentina y el Brasil.  Proclamada Santa por Pío XII el 7 de julio de 1946, gracias a su compromiso en 1950 se convirtió en la “Celeste Patrona de todos los Inmigrantes”.  Murió el 22 de diciembre de 1917 en el hospital para los inmigrantes que había construido en Chicago. Su cuerpo fue trasladado a Nueva York a la ‘Mother Cabrini High School’.

Sin categoría

San Pedro Canisio.

Este santo, llamado «el segundo evangelizador de Alemania», es venerado como uno de los creadores de la prensa católica y fue el primero del numeroso ejército de escritores jesuitas. Nació en Nimega, Holanda en 1521. A los 19 años, consiguió la licenciatura en teología, y para complacer a su padre se dedicó a especializarse en abogacía. Sin embargo, tras realizar algunos Ejercicios Espirituales con el Padre Favro, que era compañero de San Ignacio, se entusiasmó por la vida religiosa, hizo votos o juramento de permanecer siempre casto, y prometió a Dios hacerse jesuita. Fue admitido en la comunidad y los primeros años de religioso los pasó en Colonia, Alemania, dedicado a la oración, el estudio, la meditación y la ayuda a los pobres. Fue muy caritativo y amable con las personas que le discutían, pero tremendo e incisivo contra los errores de los protestantes. San Pedro Canisio tenía una especial cualidad para resumir las enseñanzas de los grandes teólogos y presentarlas de manera sencilla para que el pueblo pudiese entender. Logró redactar dos Catecismos, uno resumido y otro explicado. Estos dos libros fueron traducidos a 24 idiomas y en Alemania se propagaron por centenares y millares. En los treinta años de su incansable labor de misionero recorrió treinta mil kilómetros por Alemania, Austria, Holanda e Italia. Parecía incansable, y a quien le recomendaba descansar un poco le respondía: «Descansaremos en el cielo». Por muchas ciudades de Alemania fue fundando colegios católicos para formar religiosamente a los alumnos. Además, ayudó a fundar numerosos seminarios para la formación de los futuros sacerdotes. Alemania, después de San Pedro Canisio, era más católico. San Pedro Canisio se dio cuenta del inmenso bien que hacen las buenas lecturas. se propuso formar una asociación de escritores católicos. Estando en Friburgo el 21 de diciembre de 1597, después de haber rezado el santo Rosario, exclamó lleno de alegría y emoción: «Mírenla, ahí esta. Ahí está». Y murió. La Virgen Santísima había venido para llevárselo al cielo. El Sumo Pontífice Pío XI, después de canonizarlo, lo declaró Doctor de la Iglesia, en 1925.

Sin categoría

Santo Domingo de Silos.

Cada 20 de diciembre se celebra a Santo Domingo de Silos, abad de origen español, perteneciente a la Orden de San Benito. Domingo nació en Cañas, La Rioja (España), alrededor del año 1000. Ingresó como monje al famoso monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla, donde hizo grandes progresos en la vida espiritual. A San Domingo se le reconoce por el don de la sabiduría, del que echó mano para estudiar con lucidez la Sagrada Escritura. Sin duda, algo que solo es posible si se acepta la guía del Espíritu Santo. En San Millán llegó a ser prior. Para nadie que lo conociera era un secreto el amor que profesaba por su monasterio. Por eso, una de las primeras cosas que dispuso como autoridad fue la restauración del edificio que albergaba a los monjes, algo que logró en solo dos años, siendo que los problemas de la construcción habían subsistido por larguísimo tiempo. “Sobre el alma no tienes ningún poder” Cuenta la historia que el prior se enfrentó al mismísimo rey de Navarra, quien se apareció alguna vez a las puertas del monasterio para exigir la entrega de los ornamentos litúrgicos -cálices y copones- y cuanta cosa valiosa hubiera, con la intención de financiar los gastos de su próxima campaña militar. Santo Domingo de Silos no dudó en salir al frente para negarle al rey aquello que pedía: «Puedes matar el cuerpo y la carne, puedes hacer sufrir, pero sobre el alma no tienes ningún poder. El evangelio me lo ha dicho, y a él debo creer que sólo al que al infierno puede echar el alma debo temer». El rey de Navarra, lleno de indignación, desterró al abad Domingo. Al enterarse de lo ocurrido, el rey Fernando I de Castilla, lo mandó llamar para confiarle el monasterio de Silos, ubicado en un lugar apartado, casi en ruinas y considerado “estéril” por la ausencia de vocaciones. Domingo se encargó de devolverle a aquel monasterio la prestancia espiritual que había perdido y a los monjes la alegría de vivir para Dios. El santo demostró ser un magnífico administrador y restaurador. Silos se convirtió en un monasterio ejemplar, en el que se cultivaron las artes y el saber; un centro espiritual que renovó y fortaleció la vida de los benedictinos y de la Iglesia. Allí se formó una gran biblioteca, que contribuyó al enriquecimiento del monacato y la cultura española. Dios es quien libera Santo Domingo de Silos también participó en la liberación de numerosos cristianos prisioneros de los moros. Logró que más de 300 de ellos fuesen soltados. En esos días, aquellos que eran tomados prisioneros por los musulmanes solían ser tratados como esclavos. Por esta razón, en el arte, a Domingo se le suele representar acompañado de hombres encadenados. Santo Domingo de Silos murió el 20 de diciembre de 1073 y sus restos se conservan en el famoso monasterio que lleva su nombre. ¡Rézale a Santo Domingo! De acuerdo a una vieja tradición, noventa y seis años después de la muerte de Santo Domingo de Silos, este se apareció en sueños a la madre del futuro fundador de la Orden de Predicadores: Santo Domingo de Guzmán. El monje benedictino le anunció a la mujer que tendría un hijo que llegaría a ser un gran apóstol. Por eso, aquel niño recibió el nombre de “Domingo”, en honor al Santo de Silos. Por ello también, muchas madres españolas se encomiendan hasta hoy al santo, para pedir que sus hijos nazcan sanos y lleven una vida santa al crecer.

Sin categoría

San Anastacio.

En Roma, en el cementerio Ponciano, en la vía Portuense, sepultura de san Anastasio I, papa, varón de gran pobreza y de apostólica solicitud, que se opuso firmemente a las doctrinas heréticas († 401) Fue de nación romano; su padre se llamó Máximo. Fue elegido Sumo Pontífice imperando Graciano, y sucedió en la silla apostólica a San Siricio en diciembre del 398. Tuvo el sumo pontificado tres años, diez meses y veinticinco días. Constituyó que los sacerdotes no estuviesen sentados, sino en pie e inclinados, cuando se leyese o cantase el Evagelio en la Iglesia, y que ningún peregrino, mayormente si era transmarino, fuese admitido en la clerecía si no traía fe de quién era, sellada y firmada de cinco obispos. Esto mandó por los Maniqueos, que entonces eran muy estimados en Africa, y para corromper a los católicos enviaban muchos de los suyos a diversas partes donde pudiesen sembrar sus herejías. Constituyó también que los débiles o mancos, o cualesquiera otros que careciesen de algún miembro, no fuesen clérigos. San Anastasio combatió la herejía donatista en el Africa septentrional y condenó los errores de Orígenes. Su santo cuerpo fue sepultado en el Cementerio de San Pedro junto al Oso Pleato y estuvo por su muerte vacante la silla aspostólica 21 días.

Sin categoría

Nuestra Señora de la Esperanza.

Nuestra Señora de la Esperanza, también conocida como Virgen de la O, es venerada especialmente el 18 de diciembre. Su festividad surge de la devoción a la expectativa del parto de María, destacando su profundo simbolismo espiritual y litúrgico, especialmente en España desde el siglo VII. El 18 de diciembre se celebra la festividad de Nuestra Señora de la Esperanza, también conocida como Virgen de la O. Este día destaca por la devoción a la Virgen María en su expectación por el nacimiento de Jesucristo, un evento cargado de esperanza y gozo espiritual. Historia de la Devoción La celebración se origina en el siglo VII, durante el décimo concilio de Toledo, bajo el liderazgo de San Eugenio III. San Ildefonso, un ferviente devoto de María, promovió esta advocación. Simbolismo y Tradición El nombre Virgen de la O proviene de las antífonas marianas que inician con la letra ‘O’, utilizadas en los rezos de vísperas. Esta representación resalta la espiritualidad y la preparación litúrgica para la Navidad. Representación Artística La Virgen María es a menudo representada en su estado de gravidez, simbolizando la espera del Mesías. Esta iconografía refuerza el mensaje de esperanza y preparación. La devoción a Nuestra Señora de la Esperanza tiene sus raíces en España, especialmente desde el décimo concilio de Toledo en el año 656. Hoy la Iglesia Católica celebra la FESTIVIDAD DE LA EXPECTACIÓN DEL PARTO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN, también llamada FIESTA DE LA ESPERANZA O DE LA VIRGEN DE LA O. Esperar al Señor que ha de venir es el tema principal del santo tiempo de Adviento que precede a la gran fiesta de Navidad. La liturgia de este período está llena de deseos de la venida del Salvador. Imagen: Pedro de Villegas Marmolejo de 1.556. Representa la visita de la Virgen María, embarazada de Jesús, a su prima Santa Isabel, que estaba a su vez embarazada de San Juan Bautista. La advocación mariana de Nuestra Señora de la Esperanza Conocida también como Virgen de la O, es una de las más extendidas a lo largo y ancho del mundo, acompañando el título de Esperanza a numerosas representaciones de la Virgen. Es este un nombre bello por sí mismo, lleno de atractivo, coronado, por si fuera poco, por una constelación de mitos, leyendas y tradiciones que le dan plena vigencia. Hasta el siglo VII la iglesia de España no celebraba más que una festividad mariana pero que abarcaba a todas las demás: la Maternidad Divina o la “Fiesta de Santa María” como se la llamaba sencillamente. Así lo podemos apreciar en los antiguos calendarios mozárabes. La fiesta de la Virgen de la Esperanza se celebra desde tiempos muy antiguos, siendo establecida litúrgicamente en el célebre Concilio X de Toledo (656) donde trataron con toda solemnidad los Padres esta cuestión, tomando parte en este asunto tres grandes Santos: San Eugenio III, San Fructuoso de Braga y San Ildefonso. Este Concilio dictaminó un decreto por el que se establecía que para dar mayor solemnidad a esta fiesta mariana de la Maternidad Divina “se celebre el día octavo antes de Navidad del Señor y se tenga dicho día como celebérrimo y preclaro en honor de su Santísima Madre“, celebrándose por tanto la festividad el 18 de diciembre, momento en el cual la Virgen está en sus últimos instantes de “buena espera” (Expectación del parto de Nuestra Señora)

Sin categoría

San Lázaro.

Cada 17 de diciembre es la fiesta de San Lázaro de Betania, amigo cercano de Jesús, hermano de Marta y María, a quien el Señor resucitó de entre los muertos. “Lázaro” quiere decir “Dios ayuda”, y el Evangelio da muestras evidentes de cómo Jesús llenó de sentido aquel nombre. Lázaro de Betania recibió la gracia de ser el protagonista de uno de los milagros más impresionantes realizados por Jesucristo: que uno que se contaba entre los muertos vuelva a la vida. Por ese milagro, el que era amigo cercano de Jesús se convirtió en primicia de la propia resurrección de nuestro salvador, Jesucristo. De acuerdo al Evangelio de Juan (Jn 11, 1-44), Lázaro había enfermado gravemente. Al ver que su vida corría peligro, sus hermanas, Marta y María, enviaron a alguien al lugar en el que se encontraba Jesús con el siguiente mensaje: «Señor, el que tú amas, está enfermo». Llama la atención que Jesús no haya acudido de inmediato al encuentro del amigo. Por el contrario, permanece donde estaba hasta que súbitamente decide regresar a Judea. De pronto, dice a sus discípulos: “Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero voy a despertarlo» -con esto el Señor hacía referencia a la muerte de Lázaro y no a que estuviese durmiendo, como pensaron los discípulos-. Recién, cuatro días después, el Señor Jesús llega a Betania. Allí encontró a Marta y a María y, viendo su dolor por la muerte de su hermano, se compadeció y lloró. Al ver esto, los judíos que estaban allí presentes exclamaron: “¡Cómo lo amaba!”. Pocos pasajes de la Escritura registran, con tanta elocuencia, los sentimientos del Señor. ¡Cuán grande era el amor de Jesús por su amigo! ¡Cuán dolorosa es la muerte incluso para el Dios hecho Hombre! Y, al mismo tiempo, ¡qué grande es el poder de Dios! Jesús, llegado al lugar del sepulcro, gritó: «“¡Lázaro, ven afuera! Y el muerto salió, ligados los brazos y las piernas con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo, y dejadlo ir»» (Jn 11, 43-44). San Lázaro es el que recibe de Dios una “nueva vida”. Él es prefigura de cuánto ama Dios a sus hijos, de cuánto el Hijo es capaz de amar a quienes lo aman. La cercanía y amistad con Jesús “transformaron” la existencia de Lázaro completamente. Fue alzado sobre la muerte para que creamos en la gloria de Dios, para que confiemos en que ni la muerte ni el pecado tienen la palabra definitiva y para que nuestra esperanza sea inagotable. Su resurrección “adelanta” la resurrección de Cristo y, en consecuencia, también la nuestra. «Yo soy la resurrección El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Jn 11, 25- 26).

Sin categoría

Santa Adelaida.

Cada 16 de diciembre recordamos a Santa Adelaida de Borgoña, esposa de Otón I, rey de Francia Oriental y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Ella, a pesar de que vivió desde la cuna rodeada de las vicisitudes y glorias del poder político -era hija de Rodolfo II de Borgoña y de Berta de Suabia-, no se dejó persuadir por este y aprendió a ponerlo en el lugar que le corresponde: al servicio de los más necesitados, de las causas justas y de la Iglesia que Cristo fundó. Santa Adelaida trabajó incansablemente por los más pobres, por construir iglesias y monasterios, financiar misioneros y solventar la vida religiosa en general. En la parte final de su vida vivió como monja -aunque nunca profesó como tal-, dedicada a la oración y la vida espiritual. El año en que nació Adelaida no ha podido ser determinado de manera exacta. Probablemente nació entre los años 928 y 933, en el reino de Borgoña -ubicado entre la Francia actual y parte de la Italia del norte-. A los 15 años, por un arreglo político, contrajo matrimonio con Lotario, rey de Italia. Quedó viuda a los 19 años cuando su marido fue asesinado en medio de una conspiración para hacerse del trono. Berengario II de Ivrea (margrave de Italia), interesado en consolidar su poder anexando los dominios de Lotario, quiso casarla con su hijo Adalberto, pero Adelaida se negó. Entonces, el margrave la envió a prisión y le retiró todos sus poderes. Ella afrontó aquellas terribles circunstancias confiada en Dios, con paciencia y serenidad poco comunes, aprovechando su encierro para unirse a Cristo crucificado. Sus propios carceleros decían de ella: «Cuánto heroísmo tiene esta reina ¡No grita, no se desespera, no insulta. Solo reza y sonríe en medio de sus lágrimas!». Adelaida pudo escapar de su presidio y devino en protegida del rey alemán Oton I. Ambos se enamoraron y se unieron en matrimonio en 951. Un año después, en la ciudad de Roma, Otón I sería coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico por el Papa Juan XII, mientras que ella, en la misma ceremonia, sería coronada emperatriz. En el año 973, Santa Adelaida enviudó nuevamente. Nuevamente días de dolor llegaron a su vida, convirtiéndose en blanco de los maltratos de su propio hijastro, el emperador Otón II, quien  aspiraba a quedarse con el poder de su padre. Otón II estaba malamente influenciado contra su madrastra por su esposa Teofana, princesa bizantina. Otón II moriría en la guerra tiempo después, y dejaría como sucesor a Otón III, demasiado joven en ese momento para asumir el trono imperial. Fue así que Teofana se arrogó la máxima autoridad en calidad de regente y endureció el trato contra Adelaida. Por su parte, la santa pensaba con insistencia: «Solo en la religión puedo encontrar consuelo para tantas pérdidas y desventuras». Ese fue un tiempo en que Adelaida, a pesar del sufrimiento, seguiría respondiendo a las afrentas a fuerza de más bondad y mansedumbre. Tras una enfermedad, Teofana terminaría muriendo en 991, y Adelaida tuvo que volver a la corte imperial como regente, quedando como tutora de su nieto, Otón III. Mientras este crecía, Adelaida usó el poder que recibió en beneficio de su propio pueblo, poniendo en primer lugar el fortalecimiento de las costumbres cristianas dentro del imperio, la asistencia a los pobres, y la construcción y restauración de monasterios e iglesias. De esta manera, Santa Adelaida logró conquistar el cariño de sus súbditos, llegando a ser considerada como una madre bondadosa y justa. Gobernó con espíritu evangelizador, determinado por la consciencia de que el Evangelio no solo tenía que ser anunciado, sino que debía transformar auténticamente la vida de su pueblo. Cuando su nieto Otón III ascendió al trono imperial, ella se retiró a vivir a un monasterio, donde pasó sus últimos días dedicada a la oración. A lo largo de su vida, la emperatriz Adelaida tuvo grandes directores espirituales, entre ellos varios santos, como es el caso de San Adalberto, San Mayolo y San Odilón. Ella pudo recibir tal bendición gracias a su cercanía con los monjes del monasterio de Cluny, centro de la reforma espiritual del siglo X. San Odilón escribió sobre ella lo siguiente: «La vida de esta reina es una maravilla de gracia y de bondad». Santa Adelaida murió el 16 de diciembre del año 999, a pocos días del cambio del milenio. Sus patronazgos son múltiples: patrona de las víctimas de abuso, novias, emperatrices, mujeres que detentan poder, exiliados, prisioneros, segundas nupcias, viudas.

Sin categoría

Santa María de la Rosa.

Cada 15 de diciembre la Iglesia celebra a Santa María Crucificada de la Rosa (1813-, conocida también como Santa María de Rosa, religiosa italiana, fundadora de la Congregación de las Siervas de la Caridad. Paola Francesca Di Rosa -por su nombre secular- nació en Brescia (Italia) el 6 de noviembre de 1813. Posteriormente, al hacerse religiosa, adoptaría el nombre de “Maria Crocifissa Di Rosa” (María Crucificada de la Rosa) y se convertiría en enfermera. Su padre, don Clemente Di Rosa, fue un rico industrial, poseedor de una gran hilandería; su madre, Camilla Albani, era parte de la prestigiosa familia Albani, razón por la que ostentaba el título de condesa. Un torrente de gracia y santidad en una fábrica Durante su primera infancia, María fue educada por las Hermanas de la Visitación, quienes poseían un convento y una escuela en la ciudad. Lamentablemente, dejó la escuela tras la muerte de su madre en 1824. Con solo 11 años, María empezó a trabajar en la hilandería de la familia. Allí pudo conocer las duras condiciones en las que trabajaban muchas mujeres, algo que la marcaría para siempre. Años después diría: “Yo sufro viendo el sufrimiento de otros”. Al cumplir los 17 años, María de la Rosa decidió consagrar su vida a Dios a través del servicio a los más necesitados. Por eso, animada por su fe y amor al prójimo, organizó a las trabajadoras de la hilandería con el propósito de generar vínculos de apoyo y ayuda solidaria entre sus familias. Esto fue visto con beneplácito por su padre, quien la alentó a perseverar en ese camino. Luego, por su capacidad de liderazgo y responsabilidad, don Clemente le entregaría la administración total de la hilandería. La joven acababa de cumplir los 19 años. Solidaria con las mujeres que trabajan, atenta al llamado de Dios María, sobre la base del grupo de ese grupo organizado de mujeres, formó una asociación religiosa en la que las trabajadoras podían profundizar y enriquecer su fe católica. Mientras tanto, alimentaba su vida espiritual participando activamente en su parroquia: organizaba retiros espirituales y obras de misión en las partes alejadas de Brescia, poniendo, como ya era habitual, su mayor atención en las mujeres abandonadas. En 1836, la ciudad de Brescia sufrió el embate de la peste del cólera. Mucha gente murió aquel año y fueron muchísimos los niños que quedaron huérfanos. Para paliar en algo tal situación, el municipio organizó unos talleres en los que los niños podían estudiar y, al mismo tiempo, aprender algún oficio para su sustento. El alcalde le encargó a María de la Rosa el cuidado de las niñas, nombrándola directora de los talleres. A pesar de sus cortos 24 años, la joven hizo un trabajo notable y se ganó la estima y confianza de los habitantes de la ciudad. María de la Rosa trabajó en aquel proyecto con gran dedicación durante dos años, hasta que pensó que sería mejor brindar una formación más completa y permanente. Entonces, por cuenta propia, abrió un internado para niñas en estado de abandono -fundamentalmente huérfanas y niñas muy pobres-, obra que crecería hasta convertirse en un sólido centro de formación y educación católica. La Congregación de las Siervas de la Caridad: niñas abandonadas María, fortalecida y animada por la gracia de Dios, no tardaría mucho en dar el siguiente gran paso: abriría otro instituto, esta vez, para niñas sordomudas. En 1840, tocada por el Espíritu Santo, Santa María de la Rosa se embarcó en el que sería el proyecto más ambicioso de su vida: la fundación de una comunidad religiosa femenina dedicada a la atención de los enfermos en los hospitales. La nueva Orden llevaría el nombre de Congregación de las Siervas de la Caridad. El grupo inicial estuvo compuesto por cuatro jóvenes, pero tres meses después aumentaron a 32. Sor María de la Rosa fue nombrada por unanimidad superiora de la naciente comunidad. La etapa final de la vida de María Crucificada de la Rosa estuvo dedicada a fortalecer la Orden y obtener el reconocimiento eclesiástico necesario, lo que no significó que dejara su labor como enfermera. En 1850, la Santa Sede, por voluntad expresa del Papa Pío IX, otorgó la aprobación de su congregación. Unos años más tarde, Santa María de la Rosa moriría en olor de santidad, el 15 de diciembre de 1855, a los 44 años. Su proceso de canonización se inició durante el pontificado de San Pío X en 1913. El Papa Pio XII la beatificó el 26 de mayo de 1940 y él mismo la canonizó el 12 de junio de 1954 en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.

Sin categoría

San Juan de la Cruz.

Cada 14 de diciembre, la Iglesia Católica celebra a San Juan de la Cruz, religioso y poeta místico del renacimiento español. Él, junto a Santa Teresa de Ávila, emprendió la reforma de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (carmelitas), empresa que desembocó en la fundación de la Orden de los Carmelitas Descalzos, de la que es cofundador. San Juan de la Cruz es reconocido como uno de los representantes más importantes de la poesía mística occidental y definitivamente uno de los más grandes escritores en habla española. Su talento poético ha sido reconocido por escritores de todos los talantes y corrientes. Incluso poetas universales, tan disímiles como Rubén Darío y T.S. Elliot, reconocían en él una influencia decisiva. Karol Wojtyla, el Papa San Juan Pablo II, dedicó su tesis doctoral en teología al estudio de la fe en las obras de este gran místico español. La experiencia de la pobreza y el encuentro con Dios San Juan nació en Fontiveros, provincia de Ávila (España), el 24 de junio de 1542. Como se ha señalado emprendió a lado de Santa Teresa de Jesús la reforma de la Orden Carmelita, esfuerzo que daría lugar a la fundación de los Carmelitas Descalzos. Juan de Yepes Álvarez -nombre secular del santo- fue hijo de padres de ascendencia judía, conversos al cristianismo: don Gonzalo de Yepes, tejedor toledano, y doña Catalina Álvarez. Tuvo dos hermanos mayores, Francisco y Luis. Don Gonzalo había sido desheredado por su familia a causa de su matrimonio con Catalina y murió cuando Juan tenía solo 4 años. Aquella pérdida sumió a la familia en la pobreza y aunque doña Catalina pidió ayuda a los familiares de don Gonzalo nunca tuvo éxito. Dada la falta de recursos, Juan terminó en el Colegio de Doctrinos (escuela para niños abandonados requeridos de formación en doctrina cristiana) en Medina del Campo, a cambio de ciertas contraprestaciones que lo convierten en monaguillo y después en sacristán en uno de los templos de su ciudad. Cierta mejora en la situación económica familiar le permitiría luego ingresar al colegio de los Jesuitas, en 1551. Mientras estudiaba allí a tiempo parcial, trabajó en el Hospital de Nuestra Señora de la Concepción. Gracias a los padres jesuitas logró una sólida formación en humanidades, algo que le permitió conocer muy bien el latín y a muchos autores clásicos. En 1563, con 21 años, Juan ingresa al convento de los padres carmelitas y adopta el nombre de fray Juan de San Matías. Tras realizar el noviciado entre 1563 y 1564 en el Convento de Santa Ana, se trasladó a Salamanca para estudiar en el Colegio de San Andrés de los Cármenes (1564-1567). Cierta decepción con la forma de vida carmelita, en lo relativo a la contemplación, lo hace considerar hacerse cartujo. Sin embargo, poco después de ser ordenado sacerdote conoce a la futura santa Teresa de Jesús. Ella, quien ya tenía referencias del fraile, lo persuade de abandonar el deseo de la cartuja e involucrarse en su proyecto de “reforma carmelita”, de los que serán llamados posteriormente “descalzos”. En adelante, muchas penurias y dificultades tuvieron que sortear o sobrellevar ambos santos, dada la hostilidad de los carmelitas calzados y las implicancias naturales de impulsar una reforma con pretensiones -consideradas exageradas- de volver a las fuentes del carmelo, olvidadas paulatinamente a lo largo de siglos. El ideal del Carmelo Descalzo era, pues, seguir la “regla primitiva” de la Orden. En agosto de 1568, Juan deja Salamanca -donde estaba terminando los estudios de bachillerato- para acompañar a Santa Teresa. Juntos fundaron el convento para mujeres de Valladolid y unos meses más tarde, el 28 de noviembre de ese mismo año, Juan funda el primer convento de la rama masculina del Carmelo Descalzo en Duruelo (Ávila). Aquel día, ‘Juan de San Matías’ cambia de nombre por fray Juan de la Cruz. En 1570 la fundación fue trasladada a Mancera, donde Juan se desempeñó como subprior y maestro de novicios. En 1571 es nombrado rector del recién fundado Colegio de Carmelitas Descalzos de San Cirilo. En 1572, asume por pedido de la Madre Teresa el cargo de vicario y confesor de las monjas del convento de la Encarnación en Ávila. Durante su estancia allí, acompaña a la madre en sus viajes de fundación. En el Capítulo General de los Carmelitas de 1575, se decidió enviar un visitador de la Orden para suprimir los conventos de la reforma y recluir a la madre Teresa en un convento. En 1577, fray Juan de la Cruz es apresado y llevado a Toledo. Allí es maltratado y aislado por 8 meses, durante los cuales pudo escribir una de sus más significativas obras: el Cántico espiritual. Providencialmente el Carmelo Descalzo se erige en Provincia exenta y en 1588 es reconocida como Orden religiosa. Después de aquel duro episodio, San Juan de la Cruz siguió desempeñándose como vicario y realizó viajes a Andalucía (España) y a algunas ciudades de Portugal hasta que fue convocado a la presencia de Dios en Úbeda, el 14 de diciembre de 1591. Fue canonizado por el Papa Benedicto XIII en 1756 y, desde 1952, es el patrono de los poetas de lengua española. San Juan de la Cruz forma parte, además, de la lista de los 36 Doctores de la Iglesia. La “noche oscura” y la obra de San Juan de la Cruz: el amor puro Santa Edith Stein (1891-1942), religiosa carmelita asesinada en un campo de concentración nazi, en una carta escrita en 1940, escribe sobre uno de los puntos más elevados de la espiritualidad de San Juan de la Cruz. Edith contestaba, en ese entonces, a una misiva que le enviaba una religiosa dominica, doctora en filosofía, en torno a la naturaleza del “amor puro” en el pensamiento de San Juan de la Cruz. Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, escribe: «San Juan de la Cruz entiende por “amor puro” [a] el amor de Dios por él mismo; [b] el de un corazón libre de todo apego a cualquier cosa creada: a

Scroll al inicio