Del 16 al 18 de este mes, se juntaron los muchachos de Baire, Contramaestre, Palma Soriano, Santa Lucía, San Antonio María Claret, San Egidio, Catedral y dos chicos de San Pedrito, para celebrar la segunda convivencia y jubileo de adolescentes de Santiago de Cuba.
Bajo el lema: para Dios todo es posible, juntos vivieron momentos de entrega, oración y juegos. Prevaleciendo la alegría, como verdaderos «Peregrinos de Esperanza». Este compartir estuvo a la altura de estos tiempos dónde los adolescentes experimentaron nuevas y profundas experiencias de fé. La primera noche peregrinaron hasta los pies de la Caridad rezando el Rosario Misionero. Una intención especial por cada continente, por sus sueños, dolores y sufrimientos. En particular, rezaron por esos países que hoy cargan el dolor por la guerra. Aunque se hizo una intención profundamente marcada por el pueblo cubano, por los que están y por los que un día se nos fueron.
En ambos días la catequesis versó en relación con el Credo de Nicea en su 1700 aniversario. Cada parte de este fue dividido en estaciones por donde transitaron los chicos. Lograron vivir los detalles más profundos que hizo que interiorizaran en cada parte de nuestra profesión de fe.
Otros momentos de oración y devoción fueron la adoración al Santísimo y el Vía Lucis. En ambos, tuvieron un encuentro íntimo y transformador con Jesucristo.
Por la tarde, los adolescentes disfrutaron de juegos con agua y actividades deportivas, que fortalecieron sus lazos de amistad y hermandad. Con cantos y lemas, cada equipo defendió con entusiasmo su color. Y todo esto en un ambiente de unidad y sana competencia.
Como broche de oro, llegó la gran fiesta nocturna: una explosión de baile, risas y competencias donde todos participaron con entusiasmo. Fue una noche mágica llena de juegos, música y alegría compartida, que quedará grabada en la memoria de todos.
La convivencia cerró con la Eucaristía, momento en el que los adolescentes compartieron la fracción del pan, culminando en un abrazo fraterno y una despedida que no fue un «adiós», sino un «hasta luego». A los adolescentes que terminaron el 9no. grado. Con el mismo deseo: que sigan caminando en la fe de Cristo pero ahora en la Pastoral Juvenil.
REDACCIÓN: Jenny Figueroa Rodríguez animadora de San Antonio María Claret

















