
El templo catedralicio este 24 de enero, estaba hermosísimo. Cada detalle fue preparado durante días por su comunidad para celebrar la eucaristía en acción de gracias por los XXX años de ministerio episcopal del arzobispo Mons. Dionisio Guillermo García Ibáñez.


La Santa Misa fue presidida por Mons. Dionisio, Mons. Marcos Pirán, obispo auxiliar de la diócesis de Holguín, Mons. Osmany Massó, obispo electo para la diócesis de Bayamo-Manzanillo, Mons. Matjaz Roter consejero de la Nunciatura apostólica en Cuba, sacerdotes de la diócesis de Guantánamo-Baracoa, y todo el clero de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba. Religiosas, religiosos y consagrados, y cientos de fieles de casi todas las parroquias de la diócesis, acompañaron a su pastor.

La homilía de Mons. Dionisio fue una conversación cercana de un padre con sus hijos. Él nos habló de la llamada de Dios. «Él llama, a cada uno por su nombre, nos conoce, sabe nuestras debilidades y fallas, y siempre llama. Llama a una vocación, misión única para cada uno, y nos da las Gracias, para más allá de nuestras debilidades, caídas y pecados, poderla llevar adelante».

Nos dio tres puntos. “Mi experiencia. Dios me ha dado la gracia de tener conciencia de la llamada. Una. Dos, he tenido conciencia de que Dios es bueno, y que mis limitaciones el Señor las conoce, y que el Señor me dará fuerza para superarlas. Segunda. La tercera, no quito los obstáculos de la vida, ni a mí, ni a ustedes, pero el Señor me ha dado la fuerza para sortearnos con mayor o menor firmeza y fuerza. Hermanos, y eso es una garantía, y es una seguridad. Las pruebas de la vida. ¿Cuántas pruebas en el estudio, en la universidad, en el ordeño de las vacas, en el ser ingeniero, en trabajar en la calle, en ser seminarista, sacerdote, obispo? ¿Cuántas pruebas? ¿Cuántas? Que hay veces que uno las asume con temor y temblor. Pero, hermanos, hay que tomarlas con decisión. Y hay que tomarlas pidiéndole a Dios la fuerza y la ayuda, porque Él es el que tiene el poder y la gloria. No nosotros”.

Y terminaba afirmando, “hemos sido llamados por Dios a ser cristianos, bautizados, hijo de Dios, y hemos sido llamados por Dios para dar testimonio de Él en el mundo, y eso es lo que tenemos que hacer. Por eso, hermanos, esta celebración no es a nosotros, no a mí, sino al Señor, a Él todo el honor y la gloria”.
Las ofrendas fueron presentadas por una representación de la familia de nuestro Arzobispo. Esa familia que le formó en la fe sencilla, como tantas veces nos ha compartido, y en la fidelidad a Dios.


Al terminar la celebración hubo tres momentos muy especiales. La entrega de unos sencillos regalos por la Pastoral Juvenil, los religiosos y religiosas de la diócesis, y del clero de nuestra Arquidiócesis, entregado por los sacerdotes y diáconos permanentes ordenados por Mons. Dionisio. Los jóvenes le regalaron una fotografía rodeado por ellos, en unos de los tantos momentos en que con su cercanía les abraza y acompaña. La CONCUR, un mosaico con la imagen de su escudo episcopal. Y el clero, una bella casulla y estola azul, propia de las celebraciones marianas. Al recibir este obsequio jaraneo, “esto tiene una doble intención, porque saben que se quedará en el Santuario”.

Monseñor Matjaz Roter, consejero de la Nunciatura Apostólica en Cuba, de manera espontánea compartió su felicitación. “Hoy hemos regalado algunos regalitos al Arzobispo. Yo estoy seguro que Monseñor Dionisio será más feliz si, en el mes de septiembre entran en el año propedéutico del seminario de La Habana, tres muchachos de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba. Porque ustedes saben que cada aniversario sacerdotal o episcopal es una oportunidad de rezar, de trabajar por las vocaciones sacerdotales y religiosas y ojalá, como decía, que en el mes de septiembre tres muchachos de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba escuchan bien, por qué Dios llama, llama. Ustedes solo deben tener fe y coraje decir al Señor Jesús, Sí, aquí estoy.»


NUEVO VICARIO GENERAL PARA LA ARQUIDIÓCESIS DE SANTIAGO DE CUBA.
Mons. Dionisio tuvo las últimas palabras. Primero para presentar y agradecer a Mons. Osmany Massó, obispo electo de la diócesis de Bayamo-Manzanillo, pues esta fue la primera celebración diocesana después de su elección. Luego anunció al nuevo vicario general de la Arquidiócesis, el P. Leandro Naún, y al P. Gustavo Cunill como responsable en la diócesis de la Pastoral Juvenil, la Pastoral de Adolescentes y la Pastoral Vocacional. Agradeció a la coral de la Parroquia del Cobre, por su animación de la liturgia, y especialmente por el canto de después de comunión, “Acuérdate de Jesucristo Resucitado de entre los muertos”. “Yo no sé quién fue el que dio la idea, pero esa fue la única canción que yo pedí el día que me ordenaron hace casi 30 años en El Cobre… por lo tanto, gracias. Que aparte de hacerlo como siempre con mucha profesionalidad, calidad y devoción, ha sido un regalo”.


“Hermanos, gracias a todos. Esta es la fiesta de todos y yo quisiera que repitan conmigo. A nosotros no, Señor. A nosotros no. Todo el honor y la gloria a Jesús. Vamos a repetirlo. “A nosotros no, Señor. A nosotros no, Señor. Toda la gloria a Jesucristo nuestro Señor”. Amén


Dios bendiga y sostenga a nuestro Padre y Pastor, al conocen y el conoce, todas sus ovejas.
Texto: María C. López. Fotos: Belice Blanco.
