La próxima visita de León XIV en Francia ha despertado una respuesta especialmente significativa entre los católicos del país. Las 80.000 plazas disponibles en el Stade de France para la vigilia de oración del 25 de septiembre se agotaron rápidamente. En pocas horas, además, unas 200.000 personas se habían inscrito para participar en la misa del día siguiente en los Campos Elíseos, mientras los organizadores calculan que la convocatoria podría alcanzar el medio millón de asistentes.

También en Lourdes la expectativa es notable: unas 150.000 personas ya han reservado su plaza, el máximo permitido en el santuario mariano. La magnitud de estas cifras ha llamado la atención incluso de la prensa francesa, que ha comparado el interés suscitado por el Pontífice con el que genera una gran figura internacional.
Para el Episcopado francés, esta respuesta constituye un motivo de alegría y esperanza. Sin embargo, la visita de León XIV tendrá lugar en una Francia profundamente marcada por la secularización y por los importantes cambios experimentados por la Iglesia católica durante las últimas décadas.
León XIV ante una Francia profundamente secularizada
La última visita de un papa a Francia con carácter oficial tuvo lugar en 2008, cuando Benedicto XVI recorrió París y Lourdes. Posteriormente, el papa Francisco estuvo en territorio francés en distintas ocasiones, aunque sus viajes estuvieron vinculados a objetivos concretos: Estrasburgo, en el contexto europeo; Córcega, para poner en valor la piedad popular; y Marsella, con motivo de los Encuentros Mediterráneos.
Ahora, la llegada de León XIV genera una movilización visible en las calles y en las comunidades católicas. En París se multiplican las pancartas con la imagen del Papa y, desde las parroquias, los sacerdotes invitan a los fieles a participar en los actos programados.
Entre quienes se han incorporado a esta tarea se encuentra Jean-Baptiste Dary, de 46 años, casado y padre de dos hijas. Con motivo de la visita papal, ha solicitado dos días libres en su trabajo para colaborar como voluntario en las labores de seguridad y en el montaje de las infraestructuras necesarias para la acogida. Para él, esta experiencia evoca la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en París en 1997, un acontecimiento que, según recuerda, tuvo una importancia decisiva en su vida de fe.
La movilización contrasta con la realidad religiosa del país. Francia fue uno de los primeros países occidentales en experimentar un proceso profundo de secularización, cuyas raíces se remontan a la Revolución Francesa y que quedó jurídicamente consolidado con la ley de 1905, que estableció la separación entre la Iglesia y el Estado.
Desde entonces, la identificación de la población con el catolicismo ha disminuido de manera constante. Mientras en 2008 alrededor del 64 % de los franceses se declaraba católico, actualmente esa proporción se sitúa en torno al 50 %.
Crecen los bautismos de adultos
En medio de este escenario, existe una realidad que ha despertado especialmente la atención de León XIV: el crecimiento de los bautismos entre adolescentes y jóvenes adultos después de la pandemia de COVID-19.
Según los datos de la Conferencia Episcopal, durante la pasada Pascua 21.386 personas ingresaron en la Iglesia católica, de las cuales unas 13.000 eran adultas. Esta cifra representa un incremento del 28 % con respecto al año anterior.
El fenómeno ha llevado a las diócesis de París y de su entorno a impulsar una reflexión específica. Los obispos han convocado una asamblea eclesial provincial destinada a analizar esta realidad y escuchar las experiencias de los fieles.

Durante la pasada primavera, miles de personas participaron en este proceso mediante un cuestionario. Alrededor de 50.000 personas se reunieron y se obtuvieron unas 5.000 respuestas que sirvieron como base para la elaboración de un instrumentum laboris. Está previsto que este documento sea entregado simbólicamente al Papa durante su visita al Instituto Católico de París, donde se espera que León XIV pronuncie un discurso relacionado con esta realidad eclesial.
Una Iglesia comprometida con los más vulnerables
La renovación de la Iglesia francesa no se refleja únicamente en las estadísticas de bautismos. También puede observarse en la aparición y consolidación de iniciativas que colocan a las personas pobres y vulnerables en el centro de la misión cristiana.
Entre ellas se encuentra Lazare, una iniciativa que promueve viviendas compartidas en las que conviven personas que han experimentado la situación de calle con otras que participan en este modelo de solidaridad. El proyecto, nacido en Francia, se ha extendido también a otros países, entre ellos España.
A estas experiencias se suman iniciativas orientadas a la evangelización, como el Congrès Mission, un encuentro que reúne cada año a miles de católicos, muchos de ellos jóvenes, alrededor del anuncio de la fe y de nuevas formas de presencia misionera.
Francia cuenta además con una larga tradición en los ámbitos caritativo, educativo y cultural. Después del Concilio Vaticano II, el país vivió un importante dinamismo eclesial, con el nacimiento de numerosas comunidades en las que muchos católicos encontraron espacios de participación y compromiso.
Entre ellas estuvieron El Arca, fundada por Jean Vanier; la Comunidad de San Juan, vinculada a Marie-Dominique Philippe; y las Fraternidades Monásticas de Jerusalén, impulsadas por el padre Pierre-Marie Delfieux.
Sin embargo, estas experiencias también se han visto profundamente afectadas por las acusaciones de abusos y violencia sexual contra algunos de sus fundadores.
La crisis de confianza dentro de la Iglesia
La situación ha tenido consecuencias importantes para la relación de numerosos fieles con la Iglesia. En su libro La traición de los padres. Dominio y abusos de fundadores de las nuevas comunidades, publicado en 2021, la periodista Céline Hoyeau analiza cómo determinadas figuras pudieron ejercer una influencia extraordinaria en comunidades surgidas en un contexto marcado por el debilitamiento institucional del catolicismo y por la búsqueda de referentes considerados providenciales.
Según su análisis, los abusos cometidos y la respuesta tardía ante estas situaciones han dejado una profunda huella en la Iglesia francesa.
La socióloga Céline Béraud, especializada en esta cuestión, ha señalado que estos casos de abusos han contribuido, entre otros factores, a una pérdida de confianza y a una progresiva desvinculación de algunos católicos respecto de la institución.

En este contexto, los esfuerzos de los obispos por esclarecer los hechos, reconocer las responsabilidades y avanzar en procesos de reparación y transparencia forman parte de los desafíos que enfrenta actualmente la Iglesia en Francia.
Así, la llegada de León XIV en Francia se produce en una Iglesia que, aunque ya no ocupa el lugar social que tuvo en otras épocas, continúa mostrando señales de vitalidad, búsqueda y compromiso. La participación masiva en los actos de la visita, el crecimiento de los bautismos de adultos y la diversidad de iniciativas sociales y evangelizadoras muestran una realidad eclesial que busca responder a los nuevos tiempos sin renunciar a su misión.
