
FOTOS: Tomadas de las redes sociales de Arquidiócesis de La Habana y Orden de los Frailes Menores en Cuba
La Familia Franciscana en Cuba conmemoró este 4 de octubre la solemnidad de San Francisco de Asís, patrono de una de las espiritualidades más extendidas y fecundas de la Iglesia. La celebración se desarrolló en la iglesia de San Antonio de Padua, donde la Eucaristía fue presidida por Mons. Juan de la Caridad García, arzobispo de La Habana.
La festividad adquiere este año un significado especial al enmarcarse en las celebraciones del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco de Asís (1226-2026), acontecimiento que recuerda el paso a la Casa del Padre del santo de Asís, ocurrido hace ochocientos años.
Durante su homilía, Mons. García invitó a contemplar la actualidad del testimonio franciscano y su presencia viva en la Iglesia y en el mundo. Recordó que San Francisco enseñó a reconocer a Cristo en los más vulnerables y a responder generosamente a sus necesidades.

«San Francisco nos enseñó a compartir todo con el Cristo presente en el pobre, el enfermo y el necesitado. Cristo hoy se nos presenta en el que pide agua, auxilio, cercanía y cariño. Ese Cristo que pasa no se nos puede escapar. Si no lo auxiliamos nos sentiremos insatisfechos; si lo auxiliamos habrá una gran paz».
El arzobispo agradeció además la huella que el santo ha dejado a lo largo de los siglos:
«Demos gracias a Dios por lo que San Francisco ha significado para la Iglesia y el mundo. Hace 800 años se fue para el cielo y está su enseñanza presente entre nosotros. Demos gracias por los franciscanos que han llevado a nuestras vidas paz y bien».
Asimismo, elevó una oración inspirada en la espiritualidad del Pobrecillo de Asís, pidiendo la gracia de descubrir la presencia de Dios en la creación, en las personas y en la acción constante del Espíritu Santo:
«San Francisco, que has marcado nuestra vida, ayúdanos a ver a Dios creador que se manifiesta en la naturaleza y en las personas. Ayúdanos a contemplar al Espíritu Santo que hace posible que cada uno de nosotros viva como tú. Ayúdanos a contemplar que al lado nuestro camina nuestra Madre del cielo que como madre nunca abandona a sus hijos».
La celebración del Tránsito

Las conmemoraciones comenzaron en la tarde del 3 de octubre con la tradicional celebración del Tránsito de San Francisco, momento de oración en el que la Familia Franciscana recordó los últimos instantes de la vida del santo y su encuentro definitivo con Dios.


Bajo el lema «Hermana muerte, ¡bienvenida seas!», los participantes evocaron el espíritu con que Francisco acogió el final de su peregrinación terrena:
«Hace 800 años, Francisco acogió a la hermana muerte cantando y regresó alegre a la Casa del Padre».
Una presencia histórica en Cuba


La historia franciscana en Cuba cuenta con profundas raíces. Antes de 1959, la Orden de los Frailes Menores tenía 104 religiosos distribuidos en 17 fraternidades establecidas en diferentes regiones del país. A pesar de las dificultades que han marcado la misión durante las últimas décadas, los franciscanos continúan desarrollando una labor de cercanía, acompañamiento pastoral y servicio a las comunidades.
Los frailes reconocen que Cuba constituye un desafiante campo de misión, pero mantienen viva la esperanza de nuevas vocaciones y de la llegada de religiosos dispuestos a compartir la vida y el trabajo evangelizador con el pueblo cubano. Mientras tanto, señalan que su tarea principal sigue siendo la presencia fraterna y el acompañamiento de las personas.
Un legado que dialoga con la cultura


Las celebraciones del centenario también han incluido iniciativas culturales. En el marco del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco de Asís, La Habana acogió tres jornadas dedicadas a redescubrir su legado universal a través del cine, las artes visuales y la música. Estas actividades fueron promovidas por la Embajada de Italia en Cuba, en colaboración con los Frailes Menores Franciscanos y diversas instituciones culturales.
Ochocientos años después de su muerte, el mensaje de San Francisco continúa inspirando a creyentes y no creyentes. Su llamado a la fraternidad universal, al cuidado de la creación y al encuentro con Cristo en los pobres sigue siendo una luz para la Iglesia y para el mundo, también en la realidad cubana de hoy.
