«Es de María la nación».

Este 8 de septiembre, una vez más, el pueblo cubano se reunió en templos, comunidades y parroquias para honrar a su Madre y Patrona. En medio de un contexto difícil, marcado por carencias y apagones, fueron muchos los que hicieron el esfuerzo de llegar: madres con sus hijos, ancianos, hombres y mujeres, personas con poca movilidad o discapacidad. Todos, con fe y esperanza, se acercaron a la Virgen para agradecer, pedir, y confiar sus súplicas.

La Caridad del Cobre, como gran Madre, no abandona a su pueblo. Ella lo acoge bajo su manto, intercede ante su Hijo y lleva las plegarias de cada cubano. Aunque el dolor es grande, más grande aún es su amor de madre, que se manifiesta en cada gesto de consuelo y compañía.

Flores, velas, postales… sin importar la distancia ni el tiempo: cubanos dentro y fuera de la Isla se acercan a su imagen para agradecer lo que Ella da, sin pedir nada a cambio. La Caridad del Cobre sigue siendo signo de unidad, esperanza y fe viva en medio de las pruebas.

Que esta celebración nos recuerde que, aun en la oscuridad, la Virgen ilumina el camino de Cuba y sostiene a su pueblo con ternura y fortaleza.

FOTOS: Tomadas de redes sociales de las comunidades y Comunicadores diocesanos.

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