REDACCIÓN: Jorge Luis Nodal. FOTOS: Nelda Ortega.
La mañana de este primero de enero, la Santa Iglesia Catedral Purísima Concepción se convirtió en punto de encuentro para fieles que acudieron a celebrar la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y la Jornada Mundial de la Paz. La Eucaristía marcó también un momento significativo para la Iglesia local, al clausurarse oficialmente el Año Jubilar vivido en la Diócesis como tiempo de gracia, reconciliación y renovación espiritual.

La celebración fue presidida por Monseñor Domingo Oropesa Lorente, obispo diocesano, y concelebrada por la mayoría de los sacerdotes que ejercen su ministerio pastoral en el territorio eclesiástico, reflejando la comunión y unidad de la Iglesia diocesana en el inicio del nuevo año.
Durante la homilía, Monseñor Domingo invitó a los fieles a contemplar a María como Madre que acoge, acompaña y guía a sus hijos hacia la paz verdadera. Subrayó que la paz no es solo ausencia de conflictos, sino fruto de corazones reconciliados con Dios, capaces de perdonar, servir y tender puentes en medio de una sociedad marcada por tensiones y heridas profundas.

El Obispo exhortó a los presentes a convertirse en constructores de paz desde la vida cotidiana, comenzando en el hogar, en las comunidades y en cada espacio donde se desarrolla la vida cristiana. Recordó además que el Año Jubilar no concluye como un recuerdo, sino como un compromiso permanente de vivir la misericordia y la esperanza.

La celebración concluyó confiando el nuevo año a la intercesión de Santa María, Madre de Dios y Reina de la Paz, pidiendo que su ternura acompañe a la Iglesia y al mundo entero en este tiempo que comienza.
