TEXTO: Tania Gómez Rodríguez. FOTOS: Mercedes Llerena Pando.
En la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios y en el marco de la Jornada Mundial de la Paz, la Iglesia que peregrina en Vueltabajo clausuró el Jubileo de la Esperanza como Iglesia local.

La celebración estuvo presidida por Mons. Juan de Dios Hernández, sj Obispo Diocesano y concelebrada por los sacerdotes Darío Ferro y Francisco Javier Jáuregui, párrocos de Ntra. Sra. De los Remedios y el Santuario Diocesano, respectivamente.



En su homilía, Monseñor nos recordaba que «María es la primera disculpa de la paz (…) Ella nos enseña a hacer de nuestro corazón un «pesebre», un lugar de silencio y acogida, donde podamos custodiar y meditar la presencia de Dios, fuente de toda paz verdadera».

Nos exhortaba además, a «asumir compromisos concretos para construir la paz en nuestra tierra pinareña: en la familia, cambiando el grito por el diálogo, la queja por el agradecimiento, el rencor por el perdón (…), en la comunidad parroquial y vecinal, evitando la difamación que destruye la reputación y siembra división, tendiendo la mano al vecino anciano que vive solo, apoyando a la familia que pasa necesidad (…), y en la sociedad, promoviendo la cultura del cuidado a nuestros mayores, a nuestros niños y jóvenes, sembrando en ellos valores de respeto y diálogo (…)

Que este año seamos en nuestra tierra hombres y mujeres «desarmados» que depongamos las armas de la soberbia, la intolerancia, la envidia y la agresividad. Y que seamos hombres y mujeres «desarmantes»: que con la fuerza del Evangelio, seamos capaces de desactivar conflictos, de tender puentes, de curar heridas, de sembrar reconciliación y esperanza».

Luego de la invitación del P. Alfredo Miguel Martínez Ross, Vicario Parroquial de la Catedral, la Asamblea se unió en el canto del Te deum, dándole gracias a Dios por todas las bendiciones recibidas en el año que concluyó, donde caminamos juntos como Peregrinos de Esperanza.

Los cinco templos jubilarse de las vicarias darán clausura a este Año de Gracia en la Eucaristía dominical el próximo 4 de enero.
«Seamos constructores incansables de esa paz que el mundo no puede dar, pero que Cristo nos ha ganado y regala».
