Testimonio 

Autor: María de la Caridad Santos Rodríguez.

Foto: Neidys Hernández Avila.

Parroquia El Carmen, Florida, Arquidiócesis de Camagüey,  28 de septiembre de 2015 /“¿Cómo te pagaré, oh Señor, todo el bien que me has hecho?”: esta antífona del salmo 115 cantado en mi primera comunión ha estado presente siempre en mi vida de fe. Muchas son las razones que tengo para agradecer a Dios por su inmensa misericordia y cada muestra de amor que me ha dado. En esta ocasión, el motivo de mi agradecimiento es por haberme permitido estar muy cerca del Papa Francisco al llevar las ofrendas en la Misa que él presidió en el Santuario del Cobre.

 

Desde los primeros momentos de su pontificado, sentí gran cariño y admiración por Francisco. En cierta ocasión le dije a un amigo: “él nunca lo sabrá, pero yo lo quiero mucho y rezo diariamente por él”. Mi amigo me contestó: “aunque tú no lo creas, ese cariño le hará mucho bien”. Hoy, dos años después, me parece increíble que haya tenido la oportunidad de recibir su bendición tan cerca; de agradecerle su visita, sus palabras, su testimonio y de expresarle mi cariño. Ha sido un don de Dios: un encuentro del Padre con sus hijos, que viene a decirnos a través de su siervo, el papa, que no nos desanimemos, que miremos con esperanza al futuro, que esperemos lo inesperado, que tengamos FE y sin lugar a dudas, que Él nos ama con amor eterno.

Alegría, entusiasmo, emoción quedan en los corazones cubanos(creyentes o no). Pero no dejemos apagar esa “llamita” que se encendió. El papa vino como misionero de la misericordia, como misionero del Padre. Que esta experiencia nos ayude a acercarnos más a Jesús. Que se acreciente nuestra fidelidad y compromiso con Cristo y su Cuerpo, la Iglesia. Que Jesús sea siempre el centro de nuestras vidas y no olvidemos rezar por el Santo Padre.