A los pies de la Virgen

Por: María C. López Campistrous

 

Como hacen miles de cubanos cada día, cada semana, cada año, el papa Francisco llegó en la noche de hoy a los pies de la Madre y patrona del pueblo cubano, a los pies de la Virgen de la Caridad.

 

Al entrar por la senda principal del Santuario del Cobre lleva en sus manos un ramo de flores, sencillo y bello, para ofrecerle a la Madre. Durante varios minutos la contempla, levemente la toca como hacen en muchas partes del mundo los peregrinos en los santuarios.

Gestos sencillos, silencio, es tiempo de contemplación y oración. Se alarga, hasta que el Santo Padre comienza a recitar la oración que san Juan Pablo II al coronar la imagen en 1998.

 

 

“¡Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba!

¡Dios te salve, María, llena de gracia!

Tú eres la Hija amada del Padre, la Madre de Cristo, nuestro Dios,

el Templo vivo del Espíritu Santo.

Llevas en tu nombre, Virgen de la Caridad,

la memoria del Dios que es Amor,

el recuerdo del mandamiento nuevo de Jesús,

la evocación del Espíritu Santo: amor derramado en nuestros corazones, fuego de caridad enviado en Pentecostés sobre la Iglesia,

don de la plena libertad de los hijos de Dios…”

 

Realiza dos gestos. De un cirio encendido toma la llama, y prende otro, continuidad del magisterio papal entre nosotros. El primero sería el que encendiera en el 2012 Benedicto XVI en su viaje como Peregrino de la Caridad a nuestra tierra. Luego entrega un don a la Madre que permanecerá a sus pies, hermoso jarrón de plata, con rosas de cerámica, blancas y amarillas.

 

Ahora reza, junto a los Obispos cubanos y su séquito la oración que acompaña el andar de la iglesia cubana en este tiempo, “la oración del plan pastoral”, que María nos enseñe y anime a ser discípulos de su Hijo siempre.

 

Quédate con nosotros Señor,

Acompáñanos aunque no siempre hayamos sabido reconocerte.

Quédate con nosotros porque tú eres el Camino,

la Verdad y la Vida.

Renueva en nosotros el don de tu amor.

Anímanos y consérvanos en la fidelidad,

para que anunciemos a todos con alegría,

que tú nos has resucitado

Y que nos has dado la misión de ser tus testigos.

Que María de la Caridad, discípula y misionera,

Madre de todos, nos acompañe y proteja

 

Bendice y mientras se escucha Ave María vuelve a desandar la senda principal. Volverá mañana… para junto a miles de fieles celebrar la eucaristía.