Entrevista a Dunisky Serrano, coordinador de Formación Permanente del Profesorado, de la Comisión Nacional de Educación
Texto: Sergio Lázaro Cabarrouy
Fotos: Archivo de la Comisión Nacional de Educación

Bayamo, 18-09-2015  / Duyniesky  Serrano Castro es Coordinador Nacional del área de Formación Permanente al profesorado en Cuba de la Comisión Nacional de Educación Católica. Dicha comisión, perteneciente a la Conferencia de Obispos, se une en estos días al júbilo de la Iglesia por la visita del Papa Francisco. La organización existe desde principio de los años noventa, durante este tiempo ha ido aumentando sus actividades y sus presencia en las distintas diócesis del país.

Sergio Lázaro: La Iglesia en Cuba ha apostado por la formación complementaria en los últimos años, en ello se destaca la Comisión Nacional de Educación: ¿en qué consiste este servicio educativo?

Duniesky Serrano: El servicio que brindamos desde la Iglesia Católica Cubana está dirigido a las y los educadores cubanos de todos los niveles de enseñanza, sean católicos o no, y su objetivo es contribuir a la formación permanente del profesorado con valores humanos y cristianos, para mejorar la funcionalidad de la comunidad educativa con todos los actores sociales que intervienen en el proceso de la educación (familia, instituciones educativas, iglesia e instituciones sociales). El marco referencial de nuestro servicio es el Proyecto Educativo de la Iglesia Cubana, que tiene como objetivo desarrollar una pedagogía personalizadora, liberadora y participativa al servicio de los educadores cubanos de hoy.

 

Actualmente se ofertan en todo el país, diferentes talleres especializados en temáticas novedosas de la pedagogía,  crecimiento personal y espiritualidad de los educadores. Existen diplomaturas entre las que destacan: Enseñanza por competencia con enfoque constructivista; la Acción tutorial; Informática; y en preparación: la Didáctica del Idioma Inglés; Cursos de pedagogía sistémica para formadores sistémicos; Escuelas de Formadores para la formación de líderes en áreas de la educación y las Escuelas de Verano para Educadores que incluyen talleres y conferencias con variadas ofertas pata dotar al profesor de herramientas metodológicas novedosas. También desde la Comisión se publica la Revista Mayeutha, que aborda en sus números artículos actualizados sobre pedagogía y se ha convertido en referencia obligada para muchos educadores cubanos.

Se benefician de estos servicios: educadores de círculos infantiles, guarderías, maestros de primaria, profesores de secundaria, preuniversitarios, tecnológicos, universidades, educación especial y de adultos, los bibliotecarios, los estudiantes de carreras pedagógicas, alumnos ayudantes, metodólogos, directivos de centros educativos y los que trabajen en áreas de educación no formal. 

SL: ¿Quiénes forman esta comisión de educación?

DS: La Comisión Nacional de Educación Católica está formada por un obispo presidente, Mons Arturo, Obispo de Santa Clara, una secretaria ejecutiva, delegados y equipos diocesanos de educación, Directores de Centros Diocesanos de Formación y coordinadores de diplomaturas y talleres.

SL: ¿Qué logros y dificultades ha tenido este trabajo?

DS: Considero que dentro de los principales logros de este trabajo está contribuir desde la Iglesia a fortalecer la formación humana, espiritual, ética y profesional de las y los educadores cubanos pertenecientes a los diferentes niveles de enseñanza y a ir mejorando gradualmente la funcionalidad de las comunidades educativas en medio de un contexto de cambios socio-políticos en el país.  

Dentro de las principales dificultades está el no contar con un reconocimiento oficial a la presencia de la Iglesia en el mundo de la educación cubana y limitar el acceso a los centros educativos y a los medios de comunicación,  para divulgar los servicios que ofrecemos, sin ánimo de proselitismo ni de cambiar el modelo educativo vigente. Además no se cuenta en algunas diócesis con infraestructura en locales y recursos que no permiten ofrecer un servicio con las condiciones adecuadas. A pesar de esto, nuestras ofertas, siguen teniendo mucha acogida dentro de los profesores y son cada vez más los educadores interesados en nuestros servicios  que según refieren  les cambia su mirada de la educación y les ayuda a redescubrir el valor de la vocación al magisterio, que en estos momentos, atraviesa una crisis en nuestra sociedad.

SL: ¿Qué servicios han tenido más impacto y cómo han podido verificarlo?

DS: Los servicios que mayor impacto han tenido, son las Escuelas de Verano para Educadores, realizadas entre los meses de julio y agosto en todas las diócesis. Algunas tienen más de 8 años celebrándose. La de la Habana, que fue la primera, cumplió en agosto pasado, 15 años. Es importante señalar, como este servicio surgió de manera informal y se fue consolidando a partir de iniciativas y el acompañamiento de sacerdotes y religiosas con carisma educativo. Actualmente participan alrededor de 1500 educadores de todos los niveles de enseñanza y se incrementa la presencia de metodólogos y directivos del sistema de educación estatal. Las Escuelas son organizadas por equipos diocesanos en todo el país y son apoyadas por facilitadores pertenecientes a diferentes instituciones educativas nacionales e internacionales.

Según estudios de impacto realizados recientemente, los participantes en las Escuelas de Verano, manifiestan actualizar conocimientos y adquirir nuevas competencias y capacidades. A su vez el profesorado al aplicar en su contexto educativo, las herramientas metodológicas que reciben en las Escuelas de Verano,  contribuyen a generar cambios a nivel de comportamiento y actitudes en sus colegas, los alumnos, las familias y otros grupos sociales; mejorando de manera gradual la calidad del Proceso de Enseñanza- Aprendizaje y el desempeño de instituciones educativas cubanas.

SL: ¿A nivel personal qué ha significado este servicio?

DS: Significa una bendición de Dios que me hace instrumento en sus manos, para coordinar esta área de formación al profesorado, desde un trabajo en equipo. A la vez es un reto el poder continuar esta labor de ofrecer un servicio de calidad a los educadores cubanos que se inició hace muchos años de manera no formal y que cada años se consolida con la ayuda del Señor y el aporte de muchos dentro y fuera de la Iglesia, en un contexto de cambios en nuestro país. Me anima el sueño de construir una sociedad cubana mejor, donde los niños, jóvenes y adultos, reciban una educación desde los valores humanos y cristianos.