4 de Septiembre

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

P. Héctor Arrúa SVD.

PRIMERA LECTURA: Sabiduría 9,13-18

El pasaje que nos disponemos meditar, es la tercera parte de la oración con la cual Salomón pide a Dios que le conceda la sabiduría.

Esta última parte comienza con una pregunta en la que se subraya que la voluntad de Dios, sólo se puede conocer, si Dios mismo lo revela. El misterio y la voluntad de Dios humanamente son inaccesibles, pero Él puede revelarlo cuándo y a quién quiera. San Pablo consciente de esta realidad hará un canto a la sabiduría:

"¡Oh profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios!

¡Nadie puede explicar sus decisiones ni comprender sus caminos! Porque

¿Quién conoce el pensamiento del Señor?

¿Quién le ha prestado algo para pedirle que lo devuelva?

De Él, por Él y para Él son las cosas.

A él la gloria por siempre. Amén."  (Rm. 11,34-35).

Cuando hablamos de la sabiduría de Salomón, debemos hablar de su humildad, y de su plena conciencia de que el ser humano es muy limitado:

ü  de pensamiento mezquino, frágiles e indecisos

ü  y proyectos que duran poco, inseguros y precarios.

Estas limitaciones humanas, a las cuales se la agrega su mortalidad, les hace incapaz de por sí sola de conocer la voluntad de Dios. Si con mucho esfuerzo podemos llegar a comprender la realidad del mundo en que vivimos, mucho menos comprenderemos la realidad que nos trasciende.

El pasaje termina afirmando que la humanidad es salvada gracias a la presencia de la sabiduría en su historia.

SEGUNDA LECTURA: Filemón 9b-10.12-17

Como Bien sabemos, esta pequeña carta paulina, trata sobre la situación de un esclavo prófugo de su dueño que se convierte a Jesús estando en prisión. Tanto Onésimo, el esclavo, como Filemón su amo, conocieron a Jesús gracias a la acción misionera de Pablo, de allí es que el Apóstol a ambos les considere como hijos suyos.

Si empezamos a leer la carta en el versículo 8 advertiremos que está escrita con una paternal autoridad, llena de humildad y de ternura. Pablo, el padre en la fe de Filemón, tiene sobre él la potestad para mandarle, sin embargo, prefiere acercarse a su hijo por la senda del ruego en nombre del amor. En otras palabras podemos decir, que Pablo, le implora un favor en nombre de Dios.

El Apóstol, al implorar este favor en nombre de Dios, explicará su situación existencial: es un anciano, vale decir es alguien que ya no cuenta con la fuerza de su juventud; y su estado actual, está preso y nada puede hacer en bien de Onésimo, su hijo en la fe, para que recobrara la libertad; por eso suplica un favor a Filemón.

Es una carta entrañable, en la cual Pablo se identifica con su hijo Onésimo, la expresión: "te devuelvo, a este, mi propio corazón"; le está diciendo a Filemón al recibir a tu hermano en la fe, me estas recibiendo a mí mismo.

Es muy interesante advertir que en el versículo 15 dice: "fue alejado de ti", y no "se fugó de tu casa"; dejando entrever que es Dios el que favoreció la partida de este esclavo, para que mediante la aceptación de la fe en Jesús, goce de la verdadera libertad y al recuperarlo para siempre ya no lo tenga como esclavo, sino que vivan como hermanos.

El pasaje termina haciendo más explícito el versículo 15 diciéndoles: "si me tienes por amigo, recíbelo como a mí mismo".

El en pasaje Pablo dice de sí mismo:

ü  Que le hizo a Onésimo discípulo de Jesús estando en la cárcel ¿En qué medida tú, o tu comunidad hace posible que los presos conozcan a Jesús? ¿Qué puedes, o pueden hacer al respecto?

ü  Que es un anciano que está preso y suplica acogida fraterna para "su hijo" que recobra la libertad ¿Cómo acoges o en tu comunidad cómo acogen a los hermanos que han estado presos?

ü  ¿En tu comunidad cómo se atiende a los ruegos de las madres, padres, esposas, hijos,  hermanos y familiares de los presos?

El 24 de septiembre, día de Ntra. Sra. de la Merced, Madre y amparo de los presos y perseguidos, es una fecha oportuna para tener gestos de misericordia para con ellos. No olvidemos, que, una de las obras de misericordia, es precisamente auxiliar a los presos.

EVANGELIO: Lucas 14,25-33

Jesús sigue su camino hacia Jerusalén, detrás de Él camina mucha gente; el Evangelista en ningún momento menciona qué motivación tiene esta gente para seguirlo, sin embargo, no deja pasar por alto el gesto del Señor: "se volvió hacia ellos". En la elocuencia de este gesto, pone de manifiesto dos actitudes que son necesarias para ser su discípulo: conversión y cercanía. Pero este gesto pone de relieve la necesidad de una doble conversión y cercanía: Es necesario convertirnos al Señor y estar cerca suyo; como también volvernos al pueblo y estar cerca de su gente. El Papa Francisco en la "Alegría del Evangelio" hablando de la misión del discípulo dice: "Para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo superior. La misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo" (E.G.268).

Después de hablar con este gesto, lo hará con sus palabras, manifestando que quien quiere ser sus discípulo debe unirse a Él con un amor que no se cierra en sus seres queridos sí mismo. Se trata de tener un amor capaz de compartir con Él su propia cruz.

El pasaje termina ilustrando esta exigencia con dos parábolas, la primera insiste en que se debe saber calcular cual es el precio que implica ser sus discípulos. Si no somos consciente, que el seguimiento de Jesús implica un amor capaz de renunciar a los más sublime de los bienes terrenos podemos fracasar y terminar frustrados.

La segunda es la parábola de la bondad de  la sal: si ella pierde su sabor, su capacidad medicinal, conservante y curativa deja de ser sal y hay que tirarla. Así también, si no tomamos en serio el don y no asumimos las consecuencias de la llamada de Jesús, perdemos toda la capacidad de dar sabor, de desear y ofrecer salud, de favorecer que no se altere y hacer perenne la vida; y entonces, por ineficaces,  ya no seamos los que decimos ser y terminemos frustrados. La última frase es una llamada o sentencia sapiencial, que adaptándola a nuestro tiempo y situación, la podemos traducir así: "el que tenga oídos para oír que sepa escuchar y se decida".