28 de agosto

 

 

 

XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

P. Héctor Arrúa SVD.

 

PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 3,19-21.30-31

 

El pasaje nos presenta a un padre-maestro, quizás ya viejo, que instruye a su hijo-discípulo en las normas de conducta que debe tener para hallar la gracia de Dios. La primera invitación es a actuar con humildad, porque si así procede será amado que los que son generosos. La humildad, madre y maestra de todas las virtudes, no significa humillación sino la capacidad, de actuar con "la frente alta y serena" en todos los órdenes de la vida teniendo conciencia de las propias limitaciones.

En esa misma línea será la segunda recomendación, cuanto más grande seas, mayor debe ser tu humildad, y esta humildad, que es la fuente de todo bien te alcanzará el favor de Dios. Dos siglos después, el Maestro Jesús de Nazaret, enseñará a sus discípulos, que la condición necesaria para llegar a ser grande es precisamente, hacerse el último y el servidor de todos.

 

La tercera advertencia es que los actos de soberbias no tienen remedio, pues éstos son los frutos de un "árbol" enraizado en la maldad. Si se presta atención al final del consejo de este sabio, a la raíz del mal que sostiene y alimenta a la soberbia es posible llamarla por su nombre: "INSENSATEZ". Porque es la INTELIGENCIA la que permite a la persona meditar con sabiduría los proverbios y es la SENSATEZ del sabio la que alimenta el deseo escucharlo con atención.

 

¡Dios nos libre de la soberbia! y nos dé la sabiduría y sensatez de la humildad.

 

SEGUNDA LECTURA: Hebreos 12,18-19.22-24

 

Este pasaje tiene como objetivo fortalecer la fe de los discípulos y alentar a la precedencia a todos aquellos que consideran la posibilidad de abandonar la fe. Para lograr este objetivo, destaca los beneficios que la fe en la persona de Jesús ofrece a sus fieles.

 

El Autor sin entran en ningún tipo de polémica con el judaísmo, muestra a la comunidad de los Hebreos -que tiene raíces paganas- que el origen de la fe en Jesús es eterno y celestial. Lo primero que dirá, es que la Alianza hecha con Moisés en el Sinaí está por encima de toda religión pagana; pero que la Nueva Alianza, la alianza cristiana que sellada en el Bautismo, es superior a amabas, porque no los pone en relación con el mundo terrenal y pasajero -fuego, oscuridad, terremoto, huracán… o palabras que jamás se quieren volver a escuchar-, sino que le acerca a monte Sión, a la ciudad en  la que Dios habita, la Jerusalén celestial. La Alianza que Dios establece en el Bautismo lo acerca a la asamblea festiva de los ángeles, a Dios, el justo juez; y a Jesús que es el verdadero y único mediador de la Nueva Alianza.

 

EVANGELIO: Lucas 14,1.7-14

 

Un sábado, Jesús es invitado a comer en casa de un fariseo de "alto rango". Los versículos del 2 al 4, relatan la acción misericordiosa de Jesús curando a un enfermo, cosa que no estaba permitido en sábado. -hago esta referencia sólo para indicar que las obras de misericordia no debe ser algo ocasional porque estamos en el Año Jubilar, sino que es el modo de vida del discípulo del Señor, que las obras de misericordia, han de hacerse todos los días, a toda hora en cualquier lugar y ocasión-.

 

Jesús es el hombre que cultiva la cultura del encuentro y del diálogo, no rehúye a la invitación de alguien que siente y piensa diferente a Él; hace de esta invitación, una ocasión favorable para evidenciar la presencia del Reino de Dios mediante un acto de misericordia y para revelar cuál es la actitud conveniente en un acto social. Pero por sobre todo para manifestar la verdadera actitud de acogida que nace del corazón y tiene el rostro de la misericordia:

 

Invita a los pobres: a los que sufren por su condición social y no tiene como retribuirte materialmente, ni mediante alguna influencia social.

 

A los lisiados: a los que sufren por algún impedimento físico, en este caso son aquellos que no se pueden mover por sus propios medios, y no pueden corresponder ni siquiera con algún tipo de servicios.

 

A los ciegos: estos también son impedidos físicos, pero a diferencia de los lisiados, "nada" pueden ofrecer por carecer de visión.

 

Los tres grupos a los que el Señor alude, eran y en algunos casos siguen siendo, marginados por la sociedad. Jesús, el hombre de la comunión con todos, invita a la comunión entre todos. Precisamente en esta comunión gratuita y universal está la verdadera felicidad, y la recompensa eterna.

 

Cuando todos nos sintamos pobres frente a Dios y asumimos que no tenemos cómo ni con qué corresponder a su amor… Cuando nos sintamos impedidos frente a Dios y admitimos que no sabemos cómo levantarnos de nuestras propias caídas, o porque no vemos nuestras propias miserias; el Señor sale a nuestro encuentro y nos invita a compartir en su Mesa, la mesa de la comunión fraterna, la mesa que devuelve la salud y nos prepara para la recompensa eterna.