Mons. Emilio Aranguren

Transmitido por las Emisoras Provinciales de Holguín y Las Tunas el martes 8 de septiembre

Queridos amigos que me escuchan. Les saludo cordialmente, es decir, con el corazón. Les deseo un feliz día en el que los cubanos celebramos la Fiesta de la Virgen de la Caridad, Madre y Patrona de Cuba.

A modo de información les anuncio que, en estos próximos días, habrá un programa televisado, tanto en Tele Cristal como en Tunas Visión en los que compartiré algunos comentarios relacionados con la ya cercana visita del Papa Francisco a nuestra Diócesis. Será una oportunidad para que muchos de ustedes me conozcan a través de la pantalla. Además, la Misa que hoy se celebra en el Santuario de la Virgen en El Cobre también será transmitida por la televisión y, tal como será anunciado, el Papa Francisco enviará un video-mensaje previo a su visita para animarnos a la oración por el fruto de los encuentros que sostendrá en tierra cubana, así como las celebraciones que presidirá en La Habana, Holguín y El Cobre. Es decir, la televisión se dispone a ofrecer una grata cobertura sobre este acontecer que tanto significa para todo nuestro pueblo y de manera especial para nuestra Iglesia.

 

Hoy, al ser la fiesta de la Virgen de la Caridad, comparto algo que, Dios mediante, todos veremos y por eso quiero explicarles una sencilla historia que va a quedar en el corazón de muchos cubanos y que motiva estas palabras que les dirijo como Obispo de la Iglesia Católica en las provincias de Holguín y Las Tunas.

Hace dos meses, cuando los arquitectos, ingenieros y diseñadores junto con los constructores de la ECOA 9 y 19 iniciaron la ejecución del altar en donde el Papa celebrará la Santa Misa, varias personas preguntaron si se iba a poner algún mural grande en el Edificio del 18 plantas, tal como se había hecho en La Habana cuando la visita del Papa Juan Pablo II. Este interés generó una iniciativa y, a su vez, supimos que en La Habana van a colocar una imagen del Cristo de la Misericordia.

Ante esto, unos jóvenes sugirieron aumentar el tamaño de una linda pintura que representa el rostro de la Virgen María que fue donado –hace varios años– por el profesor Cosme Proenza a nuestra Iglesia Catedral. Me interesé en saber qué había motivado esta iniciativa. Y la respuesta fue: “Porque Ella (refiriéndose a la Virgen de la Caridad) es nuestra”. Y a esta hermosa expresión hay que añadirle otra, cuando pregunté: “Y ¿qué mensaje se pone?”. Y la respuesta fue: “Gracias, Madre”.

Guardé silencio ante el joven sacerdote que me presentó el proyecto y, por un lógico sentido de respeto y de ética, manifesté: “Solicítenle a Cosme Proenza la autorización para hacerlo”. Esto ocasionó una tercera sorpresa cuando el artista contestó: “Brindo un cuadro de la Virgen de la Caridad que acabo de pintar donde está de cuerpo entero” y con prontitud ofreció los datos técnicos para proceder a la ampliación de una fotografía profesional de la misma.

Esta sencilla historia es la que respalda el por qué, con ocasión de la celebración de la Misa que el Papa presidirá en Holguín, esta pintura agigantada será mirada por muchos peregrinos y por televidentes del mundo entero que balbucearán con sus labios: “¡Gracias, Madre!”.

Añado algo más. Ese mismo día, una hora antes de que el Papa llegue a la Plaza, cuatro hermanos de Cueto y Barajagua entrarán portando sobre sus hombros una pequeña imagen de la Virgen de la Caridad para colocarla a un lado del altar sobre la plataforma en la que se celebrará la Misa. Esa imagen posteriormente será trasladada para el templo de Barajagua, ese pequeño pueblo donde el amor de la madre comenzó a echar raíces en tierra cubana y en el corazón de todos sus hijos, antes de que la llevaran para siempre a su nuevo altar en las Minas de El Cobre. Ella es nuestra y por eso una silueta de su imagen es el centro del diseño general de la plataforma papal donde también estará la pequeña imagen de Barajagua, además del cuadro en el pendón colocado en el edificio. Y esta repetida presencia es obra de varios artistas holguineros en sus respectivas vocaciones como arquitectos e ingenieros, artesano y pintor.

¿Y por qué le decimos “Gracias, Madre”? Todos los cristianos, no importa el título de la iglesia, o denominación o congregación; todos los que creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios y Redentor de la humanidad, debemos decirle a María: ¡gracias!, porque ella fue la joven escogida por Dios para esta misión, tal como aparece en el Evangelio de Lucas. No fue otra mujer, fue ella, María.

Y le decimos gracias porque reconocemos que ella aceptó la vocación a la que Dios la llamó, y lo tuvo en sus entrañas hasta el día del nacimiento en Belén de Judá y fue capaz de presentárselo a aquellos pobres pastores al igual que a los sabios del Oriente; y lo hizo con confianza, sin reservárselo: lo engendró para dárnoslo. Y con él en brazos huyó a Egipto con el apoyo de José, por eso tantos emigrantes en el mundo entero le dicen:

¡Gracias, Madre! porque siempre has mostrado que no dejas de la mano a tus hijos y les ofreces el amparo y el auxilio que necesitan, tal como hiciste con Jesús.

Y también los esposos que engendran una nueva vida quieren que el niño o la niña siempre tenga su custodia maternal. Por eso, tantos de ellos, en la necesidad la llaman diciéndole: Virgencita o Madrecita.

¡Gracias, Madre! es la expresión del campesino cuando después de un apuro al sentirse solo o incapaz ante algo inesperado dice: “Nunca estuve solo, porque llamé a la Virgen y nunca me faltó”.

¡Gracias, Madre! se lo dice el artista, el obispo, el deportista, la monja, el niño, el enfermo, la anciana, el estudiante, el preso, el emigrante, el pobre, el pescador en alta mar, todos se lo decimos; incluso el turista que ve su imagen por vez primera y hasta el que se dice ateo, porque mirando su imagen siente algo en el silencio de su vida que no sabe explicar pero que respeta, admira y calla. Y si alguno quiere verificarlo, por favor, vaya al Santuario en El Cobre y entre donde se colocan los obsequios o promesas y encontrará desde una medalla ofrecida por uno de nuestros boxeadores, como el título universitario de muchos de nuestros profesionales, los grados obtenidos por un militar, el mechón de pelo de un niño ofrecido por su mamá, las zapatillas de una bailarina, el pentagrama de una composición musical ofrecida por un artista, hasta el premio nobel de (Ernest) Hemingway recibido a inicios de la década de 19501.

Hoy miles de cubanos, estén donde estén, le decimos a la Virgen de la Caridad: ¡Gracias, Madre! Y el 21 de septiembre, en la Misa con el Papa Francisco, miraremos la imagencita en el altar y también en el pendón que, a modo de gran estampa tapando las ventanas de varios hogares del edificio– y le diremos con todo el corazón: ¡Gracias, Madre! porque, a lo largo de los tres años preparatorios al Jubileo en el que celebramos los 400 años de tu historia con nuestro pueblo, te repetimos muchas veces: “La Caridad nos une”. Y Dios, Padre Bueno, nos ha dado signos de cómo, al igual que rezamos en la Misa,

“en una humanidad dividida por las enemistades y las discordias,

Tú diriges las voluntades para que se dispongan al encuentro y a la reconciliación.

Tu Espíritu mueve los corazones para que los enemigos vuelvan a la amistad,

los adversarios se den la mano y los pueblos busquen la unión.

Con tu acción eficaz consigues que las luchas se apacigüen y crezca el deseo de la paz;

que el perdón venza al odio y la indulgencia a la venganza”.

Esto fue lo que experimentó el General holguinero Calixto García cuando, al terminar la guerra hispanoamericana envió al Oficial Agustín Cebreco que fuera, sin demora, al Santuario de El Cobre para solicitar que se celebrara una Misa en Acción de Gracias a los pies de la Virgen y le dijera en su nombre: ¡Gracias, Madre!. Y eso lo repetiremos cuando recemos en la Plaza que lo honra con su nombre y donde descansan sus restos y los de su madre carnal.

Y al día siguiente, junto con el Papa Francisco, se lo repetiremos en el mismo Santuario, y cuando el Papa viaje desde Santiago de Cuba a los Estados Unidos y se encuentre con muchas familias en el Encuentro Mundial en Filadelfia, allí habrá cubanos que mirarán a la Virgen de la Caridad y le dirán: ¡Gracias, Madre!.

Porque eres una Buena Madre tú quieres que tus hijos vivan como hermanos, en una familia donde reine el amor, el respeto, la armonía y la paz.

Si tú que me escuchas, así lo sientes, no dejes de decir con tus labios: ¡Gracias, Madre! por tu ternura, por tu compasión, por tu misericordia porque tú eres la Madre del Amor, la Virgen de la Caridad.

Que Dios les bendiga y la Virgen de la Caridad les proteja y acompañe: en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

¡A Jesús por María! ¡La Caridad nos une!