Celebran ordenación al diaconado permanente de Benito Hernández Hechavarría en Jobabo, Las Tunas

Ada Cristina Higuera Tur

Foto Vicente Ignacio Álvarez Morell

Diócesis de Holguín, Las Tunas, Jobabo, 20 de octubre de 2016: Llegar al templo de San José, en la sureña localidad de Jobabo, en Las Tunas, región oriental de Cuba, y encontrarlo tan engalanado, enseguida hizo notable que allí se esperaba un acontecimiento singular: el lugar impecablemente limpio y ordenado, las banderas blancas y amarillas que adornaban la entrada, los globos azules en el interior, los finos ornamentos, las flores…, todo propiciaba un ambiente acogedor.

Luego encontrar a los miembros de la comunidad, solícitos, serviciales, dispuestos a recibir a quienes llegaban en camiones y otros medios de transporte hacía más grata la estancia.

En el entorno cada detalle se confabulaba para la ocasión, se sentía, se respiraba un suceso especial que tenía por escenario la humilde iglesia jobabense en el centro de la localidad, donde Benito Hernández Hechavarría, sería ordenado diácono permanente para el servicio de la Iglesia Universal.

El diaconado no es una condición ni reconocimiento, sino la gracia de ejercer un servicio en bien de la comunidad eclesial. Compromiso que se asume con humildad, modestia y paciencia para así convertirse en hombre cabal, con madurez cristiana, no con un tono empresarial del que manda, ordena o dice lo que hay que hacer; sino con un lenguaje evangélico, vocacional y misionero desde la posición de quién nos necesita a dónde hay que ir o qué tenemos que hacer.

La celebración estuvo presidida por monseñor Emilio Aranguren Echeverría, obispo de la Diócesis de Holguín, quien destacó que a partir de este día “Benito seguirá siendo esposo, padre de familia, abuelo, laico, educador, ciudadano…, pero ahora llamado a ejercer un servicio con el poder de Dios y en nombre de la Iglesia”

Mons. Emilio enfatizó además que “es una bendición contar en una comunidad con un presbítero, un diácono y religiosas como las Discípulas de Jesús Buen Pastor, que unido a los bautizados se proponen ser sal, luz y levadura en medio del pueblo para que su gente se  transforme desde el corazón y lo haga en paz, amor, justicia, bienestar y esperanza”.

No podía faltar en esta Eucaristía la petición a San José para que proteja al recién ordenado diácono y lo ayude en su empeño de seguir contribuyendo a la unidad de la familia comunitaria.

Por su parte, Benito agradeció a Dios por fijarse en él, aún con sus imperfecciones humanas, reconoció a su familia, a quienes lo ayudaron con sus oraciones, a los sacerdotes que como buenos jardineros regaron su  vida para que pudiera crecer en la fe: el padre Miguel Polo (ya fallecido) que le animó en todo momento, los padres Agustín, Pedro Pablo,  Adonis, Carlos Fabián, a Laureano que lo hizo ver el valor del diaconado y lo animó, a Ángel Andrés que le mostró la luz en la oscuridad, y a Mons. Emilio que lo invitó a este camino.

También tuvo gestos de agradecimiento a los hermanos que brindaron su apoyo incondicional y a la comunidad de San José, quienes como buenos alumnos del taller de carpintero lo han tallado y pulido cual madera para convertirlo en una persona mejor, con la certeza de que pueden contar con él.

A todo se sumaron los cantos que amenizaron la Misa, a cargo del coro de la vecina comunidad de Colombia, el cual le dio mayor dignidad a la liturgia.

En Jobabo, durante una tarde fresca y lluviosa, se esperaba un hecho extraordinario y las expectativas se cumplieron. Se trabajó intensamente para darle lucidez a la celebración y al final, como acotó el Obispo, seguramente la mayoría resumiría la experiencia como bonita, alegre y organizada, palabras sencillas que empleamos para describir la obra de Dios, signos que revelan el andar de un pueblo, paso a paso, poco a poco, sin apuros, al ritmo que Él quiere y va marcando.