Escudo del Obispo de Cienfuegos

Mensaje radial del obispo de Cienfuegos, Mons. Domingo Oropesa Lorente, en ocasión de la Navidad, transmitido por la emisora provincial “Radio Ciudad del Mar”, en la mañana del 24 de diciembre del 2015.

 

Muy estimados hermanos y hermanas en nuestra querida Diócesis de Cienfuegos: provincia de Cienfuegos y municipio de Trinidad.

 

Una vez más damos las gracias a nuestra Emisora Provincial “Radio Ciudad del Mar” por ofrecernos la emisión por sus ondas del mensaje por la Navidad de este año 2015.

 

La Navidad es la fiesta de la alegría, de las felicitaciones, de la fraternidad y de la familia porque nos presenta, en el Niño Dios nacido en Belén, la ternura de Dios, de su amor cercano e íntimo, para cada ser humano. Además este año queda enmarcada la Navidad dentro del Año Jubilar de la Misericordia promulgado por el Papa Francisco y del Año Mariano por los 100 años de la declaración de la Virgen de la Caridad como Patrona de Cuba. Aunque más bien es la Navidad la que nos ha traído la misericordia de Dios, el perdón a los demás y a la Virgen Santísima como madre de Dios y madre nuestra.

 

 

En la Navidad no sólo recordamos que hace 2015 años nació Jesús, Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre sin dejar de ser Dios: una sola persona divina en dos naturalezas: la humana y la divina, sino que celebramos que recibimos cada uno, aquí y ahora, la salvación que Dios nos ofreció por el misterio del nacimiento del Salvador en Belén. Ahora, Cristo resucitado nos hace llegar a nuestra vida su amor redentor ofrecido a toda la humanidad cuando nació como hombre del seno de la Virgen María. Por esto nos alegramos cada año al recordar y recibir la salvación eterna de Cristo.

 

Nos hace falta la humildad para acercarnos al misterio de Belén, pues somos invitados como lo fueron en su momento los pastores y los magos. Y es que la iniciativa en el orden de la salvación siempre es divina: Dios Padre envió a su Hijo al mundo por la acción del Espíritu Santo. El plan de salvación lo diseñó el Dios Trinitario y lo sigue proyectando para cada uno de nosotros. Por esto podemos decir: “Cristo nació por mí”; “Cristo murió por mí”; “el Hijo de Dios bajó al mundo para cada uno de nosotros pudiéramos ser elevados un día a la eternidad”. La Navidad nos hace poner los ojos en un nacimiento terreno, el de un Niño, y, al mismo tiempo, Dios nos llama a que no dejemos de anhelar la vida del cielo, el nuevo nacimiento en cuerpo y alma para la eternidad.

 

El nacimiento de Cristo viene acompañado de otras celebraciones: el 26 de diciembre la fiesta de San Esteban, el primer mártir del cristianismo que era diácono; el 27 la fiesta de San Juan, apóstol y evangelista, que nos ha dejado narrado como nadie, el sentir de Cristo: en la  elección de sus discípulos (cf. Jn 1, 31-51); en las bodas de Caná (cf. Jn 2, 1-12); en el “porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3, 17) y por esto morirá el Hijo de Dios en la cruz; el 28 la fiesta de los Santos Inocentes: aquellos niños que Herodes mandó matar pensando que incluiría la muerte de Jesus. Celebraremos la Fiesta de la Sagrada Familia al domingo siguiente del día 25. Esta fiesta debemos resaltarla de modo especial, pues nos hace falta tomar como modelo de familia a Jesús, María y José. Ellos entendieron su vida personal y de relación familiar desde el cumplimiento de la voluntad de Dios. San José se mueve desde los designios de Dios, María dirá: “Hágase, Señor, en mí según tu palabra, y, Cristo afirmará: “Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre”. Pero los seres humanos no siempre marcamos las vidas con y desde la voluntad de Dios. En muchos casos es desde las propias necesidades, en muchos casos ocasionales, en otros momentos es por los gustos o disgustos, y, cómo no, también por el egoísmo y el desprecio. Necesitamos del modelo sagrado de familia. Pongamos nuestros ojos en Jesús, María y José, y ellos nos ayudarán en nuestra vida familiar.

 

El día 1 de enero celebraremos a la Virgen María como la Madre de Dios y la Jornada Mundial de Oración por la Paz. Esto significa comenzar un nuevo año en la compañía de Jesús y María y con deseos de paz en el propio corazón y en los corazones de cada hombre y mujer en este mundo. Necesitamos de los amores de Cristo, nuestro hermano, y de María, nuestra Madre, y necesario es también que reine la paz en el mundo. Estamos viviendo guerras: muertes; persecuciones religiosas: muertes; terrorismo: muertes; tráfico de órganos: muertes; tráfico de seres humanos: muertes; tráfico de drogas: muertes; tráfico de armas: muertes; tráfico en la naturaleza: muertes; avaricia desbocada de los poderosos: muertes… ¡Qué comienzo del siglo XXI!

 

Vivamos esta Navidad orando y pidiendo a Dios por la conversión al bien, a la paz, a la justicia, a los derechos humanos y a Cristo en el mundo entero. Creamos que Dios siempre nos escucha y atiende nuestras súplicas. No dejemos de pedirle en estos días santos.

 

Señalábamos antes ese Jubileo de la Misericordia que por un año ha declarado el Papa Francisco para toda la Iglesia. El pasado 8 de diciembre, Fiesta de la Purísima, nuestra patrona a nivel diocesano, abríamos la Puerta Santa de nuestra Catedral en el Parque Martí. Con el favor de Dios organizaremos peregrinaciones desde las diversas comunidades diocesanas hasta esa Puerta Santa y poder ganar la gracia del Jubileo. Debemos acoger la misericordia de Dios y ser misericordiosos con todos los demás. Todos somos pecadores y todos recibimos ofensas. Dios nos perdona todos nuestros pecados y nos ayudará a perdonar siempre. Esto es algo que pedimos a Dios en cada Padrenuestro: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Y también en relación la Virgen de la Caridad tenemos un Año Santo para contemplarla como Reina y Patrona de Cuba. Quiera el Señor que logremos organizar peregrinaciones al Santuario de El Cobre como hace unos cuatro  años, además de poder peregrinar a nuestro Santuario Diocesano en Cartagena.

 

Busquemos momentos de oración personalpara tratar a solas con quien sabemos que nos ama y pidamos por un mundo en paz; por ese gran número desplazados; como también por los emigrantes de tantas partes del mundo y de modo especial por los cubanos y cubanas que van a vivir esta Navidad en Costa Rica y en otros lugares pasando dificultades; por aquellos y aquellas que están ofreciendo su profesión de médicos y otras para bien de muchos en países lejanos; y para que en el mundo se logre una vida digna, con unas políticas que garanticen el progreso y crecimiento de bienes para las necesidades más elementales de todos los seres humanos.

 

La Iglesia Católica les ofrece participar en las diferentes celebraciones navideñas, especialmente en la llamada Misa del gallo, el día 24 por la noche, y en las del día 25, así como en la celebración de la Sagrada Familia, el domingo 27, y en la Solemnidad de María, Madre de Dios, el 1 de enero.

 

Les deseamos a todos ustedes una Feliz Navidad y un dichoso año nuevo 2016 que nos traiga bienestar: medios para una vida mejor en unidad familiar, en salarios, en salud, en calidad de vida, en fraternidad, en bienes sociales, en corazones generosos…

 

Que la Virgen de la Caridad nos una en vínculos de amor sincero. Que Dios nos bendiga y llene nuestros corazones de misericordia. Y que los próximos días llenos estén colmados de felicidad para todos ustedes.