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Cardenal Jaime Ortega celebra medio siglo de sacerdocio

Por: Yarelis Rico Hernández
Fotos: Jorge Luis Sánchez


La Habana, 2 de agosto de 2014 / “El sacerdocio no se vive como plan que debemos cumplir 30, 40 o 50 años. Se vive cada día, y sin darnos cuenta, uno tras otro van construyendo la fidelidad que prometimos al obispo el día de nuestra ordenación”. Así definía el cardenal Jaime Ortega Alamino, arzobispo de La Habana, la entrega a este  ministerio, al que ha dedicado medio siglo de su vida.

Junto a toda su comunidad habanera, obispos cubanos y otros llegados desde el exterior, entre los que se encontraban los cardenales Theodore McCarrie y Sean O’Malley, arzobispo emérito de Washington y arzobispo de Boston, respectivamente, el cardenal Ortega celebró durante la mañana del sábado 2 de agosto, en la S.M.I. Catedral de La Habana, la Misa de Acción de Gracias por sus cincuenta años de consagración sacerdotal. A la ceremonia también asistió monseñor Bruno Musaró, nuncio apostólico en Cuba, quien leyó la carta que el Papa Francisco enviara al arzobispo cubano felicitándole por su jubileo.

Quiero que me sientas muy cercano para felicitarte efusivamente en esta ocasión… cualidades como obispo, (su) denodada actividad, (su) preocupación por la realidad social, (su) elevada espiritualidad"

Su Santidad quiso con su misiva sentirse cercano de modo especial en esta ocasión al arzobispo de La Habana, y evocó en su mensaje algunas de las virtudes humanas y pastorales que han identificado el desempeño del padre Jaime, primero como párroco en las diócesis de Matanzas y luego como obispo de Pinar del Río y arzobispo de San Cristóbal de La Habana, sedes de la Iglesia a la que siempre ha manifestado su “denodada actividad como sacerdote”, su “preocupación por la cuestión social” y su “elevada espiritualidad”; todo lo cual, según precisó el Pontífice, le hizo llegar a formar parte del colegio cardenalicio. El Papa otorgó al cardenal Jaime Ortega su bendición apostólica, la que extendió a los obispos auxiliares y a toda la comunidad eclesial.

A Monseñor Ramón Suárez Polcari, canciller de la arquidiócesis de La Habana, correspondió el ministerio de la Palabra en esta eucaristía de Acción de Gracias, y visiblemente conmovido identificó al verdadero sacerdote de Cristo como aquel que  vive su experiencia pastoral sin prepotencia, sin creerse merecedor de cuanto es, tiene y espera, sin tornarse juez de los demás y, por tanto, superior a ellos. “Sí –dijo-, su condición humana lo hace débil pero la Gracia recibida del Espíritu Santo le confiere una fuerza espiritual que le permite enfrentar las dificultades, rechazar la tentaciones, superar los temores y las dudas para emprender el trabajo por el Reino”.

Más adelante agregó: “Y cuando la Iglesia le pide grandes responsabilidades y surgen las incertidumbres de cómo enfrentarlas, muy propias de su condición humana, entonces el Señor le disipa cualquier intento de vacilación y le reafirma: ‘te basta mi gracia’; la fuerza se realiza en la debilidad”. Antes de concluir, expresó al cardenal Jaime Ortega: “Podríamos pensar que has llegado a la meta, pero no es así. Ciertamente has recorrido un largo trecho, pero todavía te falta mucho por alcanzar la corona que no se marchita. Sigue impulsándonos con tu fe, con tu esperanza y con tu vivencia del Amor de Cristo”.

En la Catedral de La Habana, repleta de público, no pudo faltar el agradecimiento del Pastor a su rebaño, a los amigos que llegaron desde Estados Unidos y otros países cercanos y a los obispos cubanos. Recordó de manera especial a monseñor Pedro García Fernández, compañero de estudios y de ordenación, que vive fuera de Cuba, al obispo que le ordenó, monseñor José Domínguez y a sus padres, quienes ya han partido al encuentro del Señor.

Habló del sacerdocio “como misión que solo desde la fe puede comprenderse”. “Pero Jesús —agregó— no es una idea. Las ideas pueden llevar a una ideología, y la fe en el corazón de un joven que sigue a Cristo abarca algo más que el pensamiento y la acción, toma toda su persona para entregarla a la persona del Hijo de Dios hecho hombre, que agrega a su llamada su envío:  ‘Desde ahora en adelante serás pescador de hombres’”.
Antes de concluir la misa, los sacerdotes Carlos Portela y Darién Fong, primero y último, respectivamente, en recibir hasta la fecha este sacramento de manos del cardenal Jaime Ortega, ofrecieron sus testimonios. El padre Carlos relató cómo después de ser ordenado en marzo de 1982, dejó su amada Habana y emprendió su ministerio en la diócesis de Pinar del Río, donde permanece hasta hoy, a solicitud del obispo, quien le manifestó su preocupación por la falta de sacerdotes en ese territorio eclesial. En la celebración, ambos padres, desde sus experiencias pastorales, agradecieron al cardenal su apoyo y le renovaron su fidelidad.
Una hermosa y antigua imagen de Jesucristo crucificado, la cual data del siglo XVIII, fue entregada al cardenal como regalo. También fue la música ofrenda que conmovió al arzobispo habanero, gracias a la exquisita entrega de la Scolla Cantorum Coralina junto al coro Juan Pablo II y músicos de la Orquesta Sinfónica del Instituto Superior de Arte adjunta al Lyceum Mozartiano, bajo la dirección general del matancero José Antonio Méndez Padrón.


 

Actualizado ( Lunes, 04 de Agosto de 2014 17:40 )