Mensaje del obispo a los jóvenes de la diócesis, Reunidos en el cobre para su convivencia de verano 2014

Por: Mons. Wilfredo Pino

Queridos muchachos y muchachas: Recientemente, el Papa Francisco llamó a los jóvenes católicos del mundo a no “licuar” la fe. Con la originalidad de sus expresiones dijo textualmente: “La fe en Jesucristo no es broma, es algo muy serio. Por favor, no licuen la fe en Jesucristo. Hay licuado de naranja, hay licuado de manzana, hay licuado de platanito, pero, por favor, no tomen licuado de fe. La fe es entera, no se licua.” 

Es por ello que quisiera escribirles hoy sobre la necesidad de ser coherentes con la fe que profesamos.

Hace ya algunos años, pregunté a algunos qué era la coherencia. Y se me dio un buen número de respuestas: “que uno actúe como piensa”, “que no haya  fisuras entre lo que realmente somos y lo que debemos ser”, “que uno no obre con hipocresías o doble cara o fariseísmo”, etc.

Terminé buscando un diccionario que me dio estas definiciones: unión, cohesión, consistencia, enlace, conexión y también otra, que  fue la que más me gustó, quizás por lo rara: ADHESIÓN MOLECULAR, porque pienso que una persona coherente tiene las moléculas de su ser muy bien unidas. Al incoherente le falla algo molecular. Quizás aquel hombre “de una sola idea” del que hablaban los romanos fuese el hombre coherente. También Jesucristo afirma: “Todo reino (toda persona) dividido en sí mismo, perecerá” (Mc. 3, 22-30).

En el Evangelio se nos mencionan muchas situaciones de incoherencia:
•    uno que hizo una linda casa, pero no sobre roca firme sino sobre arena (Lc. 6,  43-49);
•    fijarse en la basurita del ojo ajeno y no ver la viga en el propio (Lc. 6, 39-42);
•    ciegos que quieren  guiar a otros ciegos para que no tropiecen (Lc. 6, 39);
•    los apóstoles Santiago y Juan dispuestos a morir por Jesús pero pidiendo, en cambio, los primeros puestos (Mc. 10, 28-31);
•    uno a quien se le perdonó la deuda y luego no perdonó a quien le debía a él (Mt. 18,  21s);
•    los que abruman a los demás con cargas insoportables pero ellos no las tocan ni con un dedo (Lc. 11, 46);
•    pagar el diezmo de todo pero pasando por alto el derecho y el amor a Dios (Lc. 11, 42-46);
•    un sacerdote y un  levita que no auxiliaron a un herido (Lc. 10, 25-37);
•    gente que mataba a los profetas y luego les levantaban monumentos en su honor (Lc. 11, 47-48);
•    estar sirviendo al mismo tiempo a dos señores (Lc. 16, 9-11);
•    unos preocupados por cumplir los ritos religiosos exteriores pero por dentro estaban llenos de robos y maldades (Lc. 11, 37-41);
•    personas que ni entran ni dejan entrar (Lc. 11,  52);
•    un pueblo que gritaba vivas a  Jesucristo y, cinco días después, el grito es para pedir su crucifixión (Mt. 17, 22);
•    Pedro, el primer Papa, el que había dicho a Jesucristo “aunque todos te abandonen yo no lo haré” negando conocerlo después tres veces seguidas” (Mt. 26, 69-75);
•    personas que son como los sepulcros: corrupción por dentro y belleza por fuera (Mt. 23, 27)  
Y podrían citarse muchísimas incoherencias más.

Hoy día, en las familias, en los centros de trabajo y en la Iglesia, en las leyes y en las decisiones que se toman, en las escuelas y en todo grupo humano… se cae en incoherencias.

•    ¿Acaso no es incoherente el padre que, a pesar de que quiere lo mejor para su hija, no le importe que esté saliendo con un hombre casado?
•    ¿No se cae en incoherencias al llamarle “bobo” al hijo que no “resuelve” nada para la casa?
•    Quizás nuestra ciudad también necesita un llamado a la coherencia: cuánta basura en las márgenes de ríos y arroyos y junto a la línea del ferrocarril… cuántos hombres sin camisa y en short, cuántas malas palabras (muchas de ellas dichas por mujeres que más que vulgares desdicen de su feminidad y delicadeza), cuántos radios o equipos de audio atormentando a todos los vecinos de la cuadra, cuántos kioscos ocupando calles y aceras durante días…
•    ¿No es algo desenfocado que los preservativos se vendan más baratos que los globos? ¿Los preservativos en moneda nacional y los globos en CUC? Por ese motivo nadie debe asombrarse de que los niños cubanos inflen preservativos para jugar como si de globos se tratara…
•    Incoherencia es pintar la fachada de una casa que se está cayendo por dentro o ya no tiene techo…
•    Incoherencia es que los cristianos cubanos no encontremos una tienda estatal donde podamos comprar un crucifijo, una Biblia, un rosario o una medalla de la Virgen de la Caridad, pero sí collares de Ochún, Eleguá, Obatalá y Yemayá a 40 pesos  cubanos…
•    Un ejemplo más, y no menos importante: todos debemos y deseamos vivir en la legalidad, coherentemente, pero ¿cómo lograrlo si el salario no alcanza, no queremos robar, y la necesidad nos obliga a “resolver” hasta el simple café y el azúcar de todos los días? ¿Por qué tenemos que acudir a lo que la misma prensa cubana ya llama “mercado informal o subterráneo” porque, según la misma prensa, tiene precios más ventajosos? ¿Cómo impedir esta incoherencia? ¿O habrá alguien que se atreva “a tirar la primera piedra” porque nunca ha obtenido nada “por la izquierda”, como también se dice ahora?

Los cristianos no escapamos de este mal: muchas veces somos luz de la calle y oscuridad de nuestra casa:

•    Mientras criticamos al que va a Misa todos los días y a quien reza el rosario diariamente, nos parece normal que veamos tres horas de televisión al día, o que todos los días caminemos varias cuadras para jugar baloncesto, fútbol o dominó…
•    Hay oficinas del Estado en las que hay letreros que advierten: “Se prohíbe entrar en short, topes, licras, camisetas, chancletas y sayas cortas”. Y, en cambio, a nuestras iglesias entra la gente con un cigarro en la mano, con la gorra puesta, con el ombligo afuera, masticando chicle o comiendo maní, o una pizza o un helado…  ¡Y nadie les dice nada!...
•    ¡Cuántos cristianos que no se preocupan por visitar a los enfermos, arman “tremendo escándalo” cuando han sido ellos los enfermos y nadie de la comunidad fue a visitarlos!
•    Lamentablemente, hay algunos muchachos y muchachas de nuestras comunidades vistiéndose ¡tan vulgar y provocativamente!… No pocos han convertido la ropa interior en exterior (he ahí la incoherencia) y andan enseñando el elástico de calzoncillos y blumers, o paseándose en camisetas y en ajustadores coloreados…
•    ¡Cuántas llegadas tardes a la Misa del domingo, y qué puntuales para llegar a tiempo al comienzo de la novela, al cine, a la cola donde estamos marcados!
•    ¡Cuánto temor sentimos en fallar ante los que sólo pueden matar nuestro cuerpo y nada más, como advirtió Jesucristo (Mt. 10, 28), mientras nos sentimos tranquilos pecando y diciéndole al Dios que hoy nos llama a la conversión: “hoy no, mañana sí” para lo mismo repetir mañana!
•    ¡Cuánta astucia para los asuntos de este mundo, y qué poca para alcanzar la vida eterna!

Incoherencias hay también fuera de nuestras fronteras. En España, por ejemplo, un solitario clavo en la pared de cada cubículo de un hospital del Estado indica que allí antes había un crucifijo que el gobierno ordenó retirar. Y, en contraste, llama la atención que, en la propia España, pude ver por televisión dos canales normales, no de cable, que transmiten 24 horas al día, con cartománticas (entre ellas una que se identifica como cubana, y que también tira los caracoles), y con una participación notable de consultas por teléfono: “soy libra, tengo 38 años, estoy citado para  un juicio y quisiera saber cómo voy a salir”, “soy acuario, tengo 54 años y quisiera saber si me darán un préstamo que he pedido”, etc.  
Otro ejemplo más: En Inglaterra, según las leyes vigentes, se prohíbe a los maestros darles a los menores de 16 años, cualquier medicina sin el consentimiento de sus padres, ni siquiera un calmante; tampoco se les puede vender cigarros, bebidas alcohólicas o material pirotécnico. Incluso se requiere el consentimiento de los padres para abrirles huecos en las orejas a los menores de edad. Ahora, y he aquí la incoherencia, acaba de aprobarse una ley que autoriza a las muchachas menores de 16 años a abortar ¡sin el conocimiento de sus padres!…

San Pablo pareció entrever estos tiempos y ya advertía a su joven discípulo Timoteo: “Llegará un tiempo en que la gente no soportará la doctrina sana y se rodearán de maestros a la medida de sus deseos, y se volverán a las fábulas. Tú mantente firme en lo que has aprendido” (2 Tim. 4, 3). También supo advertir a los cristianos de Tesalónica: “Examínenlo todo y quédense con lo bueno” (1 Tes 5, 21). Lo contrario enseña Lucas, no el evangelista sino el de la televisión cubana, con la conocida frase: “Lo que te den, cógelo”…

Afortunadamente, en medio de tanta incertidumbre, hay gente que reflexiona. Hay pensadores que, para describir la situación actual de incoherencias, utilizan expresiones como “pensamiento débil” (G. Battimo), “modernidad líquida o mundo líquido” (Z. Barman), “hombres de chocolate”  (Mons. Emmanuel Dabbaghian, Arzobispo de Bagdad, Irak). Otros prefieren describir el momento como de “arritmia cultural”. Ya antes, algunos hablaban de estarse viviendo una “cultura light” (ligera), tomando la expresión de tantos productos “light” que se venden actualmente en el mercado, productos que parecen haber perdido su esencia, su coherencia, su adhesión molecular: y así se le ofertan al consumidor: mantequilla sin grasa, café descafeinado, azúcar sin glucosa, Coca Cola sin cafeína, cerveza sin alcohol, etc.

Queridos jóvenes: Jesucristo y su Iglesia necesitan que nosotros seamos coherentes con la fe que profesamos. La Iglesia debe seguir enseñando a este mundo “mareado intelectualmente” (Eulogio López) los valores que encierran unas extraordinarias palabras que, al menos en nuestra patria, algunos han tratado de desprestigiar: el perdón de las ofensas; la misericordia con los necesitados; la fe en Dios, la compasión; la defensa de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural; el matrimonio entre un hombre y una mujer; la fidelidad matrimonial; la castidad…

La Iglesia cubana no debe frenarse ante el rechazo de algunos y seguir predicando al Dios compasivo y misericordioso, al Dios que demuestra su fuerza, perdonando y teniendo misericordia. Ustedes, si quieren ser coherentes deben superar ese lenguaje oscuro que se ha establecido entre nosotros: “lo pusieron como un zapato”, “le hicieron un número ocho”, “murió para mí”, “le hicieron la vida un yogurt”, “perdono, pero no olvido”, “defiéndete tú y déjame a mí, que yo me defiendo como pueda”, etc. Ustedes, queridos jóvenes, deben tener cuidado con la letra de las canciones que cantan, con la forma de vestirse, con la manera de saludarse, con las palabras que usan, con los chistes que repiten, etc.

Los cristianos de este siglo, como enseñó el santo Papa Juan Pablo II, tienen el martirio “de tener que nadar contracorriente”. Estamos en una época en que al muchacho que no se acueste con muchachas como hacen otros, muchos le acusarán de “no estar claro”. Y a la muchacha que tiene el firme propósito de llegar virgen a su matrimonio y, por tanto, no se acuesta con ningún muchacho, aunque sea su novio, no pocos le dirán “guanaja”. Y a cuántas muchachas casadas cubanas, al anunciar que están embarazadas, la felicitación que han recibido es escuchar cómo le dicen: “Pero, ¿tú estás loca?”.

¡Que no nos parezca imposible vivir en la coherencia! Jesucristo, con su propio ejemplo, nos enseña a ser coherentes, a actuar como pensamos, a no ser fariseos. Debemos empezar por eliminar las incoherencias que pudiera haber en nosotros mismos y en nuestras familias, en nuestra Iglesia y a nuestro alrededor. Así, en vez de maldecir la oscuridad (algo que hacemos cada cinco minutos) estaremos encendiendo, al menos, un fósforo cuya pequeña luz contribuirá, unida a la luz de los demás, a que las tinieblas de la incoherencia no sigan dañando nuestras vidas.

Termino dejándoles unas preguntas que más bien son preocupaciones de su obispo:

1.    Los jóvenes cubanos, como les pidió el santo Papa Juan Pablo II cuando estuvo en Cuba, ¿están siendo los “protagonistas de su propia historia”?

2.    ¿No será el egoísmo la principal causa por la que un gran número de matrimonios cubanos no quieren tener más hijos?

3.    ¿Por qué está faltando la generosidad de nuestros jóvenes para responder valientemente al llamado de Dios a ser sacerdotes o religiosas?

4.    ¿Por qué no pocos jóvenes cubanos sólo andan buscando resolver “su problema” y no el problema de Cuba o los problemas de los demás cubanos? ¿Por qué a muchos no les gusta comprometerse en el servicio de los demás?

5.    ¿Están sacando ustedes la Iglesia “a la calle”? ¿Están ustedes preparados por si llegan circunstancias más difíciles para vivir coherentemente la fe?

Pidámosle todos a nuestra Madre del cielo, la Virgen de la Caridad, esa gran mujer que vivió coherentemente su fe, que nos acompañe en nuestro caminar por este mundo, ahora y en la hora de nuestra muerte.

 

Actualizado ( Jueves, 31 de Julio de 2014 19:05 )