No images found!
 
No images found!

Mensaje de monseñor Wilfredo Pino Estévez

Obispo de la Iglesia Católica de Guantánamo-Baracoa,
Con motivo de la semana santa-2014
(CANTO: EN LA CRUZ MURIÓ EL HOMBRE UN DÍA)

Queridos hijos de esta provincia: Dios mediante, el próximo domingo 13, y hasta el día 20, será la Semana Santa. Quisiera dirigirme en esta ocasión de manera especial a tantas personas que no tendrán la oportunidad de visitar una iglesia en esos días. Pienso en tantos que viven en nuestras montañas o en poblados que aún no tienen un templo o una comunidad que se reúne para conocer más la Palabra de Dios y para orar. A ustedes les hablo con el corazón en la mano, a la vez que les comparto lo que aprendí desde pequeño.

Puede que alguno de ustedes se pregunte: ¿Y por qué se le llama la Semana Santa? Les comparto que, para los cristianos, la Semana Santa es la semana mayor del año. Y mayor, no porque tenga más días que las otras semanas. Mayor no porque sus días tengan más horas que los demás días. Mayor, y aquí va la respuesta a la pregunta, porque en ella recordamos y volvemos a vivir los grandes y últimos acontecimientos en la vida de nuestro Señor Jesucristo y lo que significan para nosotros: su pasión, su muerte en la cruz y su resurrección. Días santos en los que Jesucristo nos dio las más hermosas pruebas de su amor. Cada día de la semana, además de su nombre propio, tendrá como una especie de apellido. El lunes que viene no será un lunes más en el año, sino el lunes santo; y el martes será martes santo, y el viernes no será un viernes cualquiera, sino el viernes santo. Y así cada día de esta Semana Santa del 2014.

¡Ojalá las 52 semanas de este año fueran semanas santas! ¡Qué lindas serían si fuesen semanas sin pecado, sin robos, sin violencia, sin insultos, sin hijos llorando el divorcio de sus padres, sin esposas sufriendo las borracheras de sus esposos, sin lágrimas, sin adulterios, sin abortos, sin egoísmos, sin discusiones, sin broncas, sin mentiras, sin divisiones! ¡Qué lindas serían todas las semanas del año si las aprovecháramos para hacer el bien, para consolar al triste, para ayudar al necesitado, para acompañar al enfermo, para compartir más con la familia, para aconsejar al que piensa mal, para arreglar matrimonios en dificultad, para volverle a hablar a la persona con que estamos peleados! ¡Qué lindas serían todas las semanas del año si repitiéramos muchas veces en el hogar las tres palabras mágicas que nos enseña el Papa Francisco: “permiso, gracias, perdón”! Palabras claves para nuestra paz personal y familiar.

La Semana Santa comienza con la celebración del Domingo de Ramos. Ese día recordaremos la histórica entrada de Jesús en la ciudad de Jerusalén. El pueblo lo aclamó como Rey. Su grito era: “Bendito el que viene en nombre del Señor”. Y lo saludaban, cuenta la Biblia, agitando con sus manos ramas de árboles. Ese día, en cada comunidad, se bendecirán las hojas de palma que los fieles llevan a sus casas como señal de que se han comprometido con Jesucristo. Conservar esas hojas a las que también se les llama “guano bendito” nos recordará que Jesucristo camina a nuestro lado.

El lunes, martes y miércoles santos son días adecuados para la reflexión. Para rezar diciendo las palabras del salmo de la Biblia: “¿Cómo te pagaré, oh Señor, todo el bien que me has hecho?”. Y para pedir perdón a Dios por el mal que hayamos podido hacer con nuestros pensamientos, palabras y obras, así como el bien que pudimos hacer y no hicimos.
Hablen con Dios cada mañana, al levantarse, como uno habla con un amigo.

El Jueves santo la Iglesia recordará el triple regalo que nos hizo Jesucristo en la víspera del día de su muerte. En medio de una comida que el deseaba compartir con sus doce apóstoles creó el Sacramento de la Eucaristía o Comunión: su Cuerpo y su Sangre bajo las apariencias de un sencillo pedazo de pan y un poco de vino. Gracias también debemos darle ese día por el regalo de los sacerdotes, nuestros guías en el camino, porque en una noche como ésa pidió a sus apóstoles repetir en lo adelante lo mismo que él acababa de hacer. Y eso hemos continuado haciéndolo los sacerdotes en cada rinconcito del mundo. Y todavía le quedaba a Jesucristo un regalo más que ofrecer: un mandamiento que él mismo llamó “nuevo”: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Jn. 13, 34). El mandamiento del amor hasta el extremo. Y es bueno no olvidar que, en este momento en que estamos todos enfrascados en el rescate de los valores que sostienen a la persona, a la familia y a la sociedad, ellos tienen su fundamento en el amor. Un buen cristiano tendrá que amar a todos, amigos y enemigos, a conocidos y a extraños. Y el mundo cambiará.

El Viernes santo la Iglesia estará de luto por la muerte de Jesucristo en la cruz. Por eso no se celebrará la Misa, pero sí habrá, en cada lugar donde se reúne la comunidad, una celebración en la que se leerá el relato de la Pasión y Muerte del Señor. Luego se rezarán diez bellas oraciones que abarcan todas nuestras necesidades: rezaremos por la Iglesia, el Papa, los obispos, sacerdotes, diáconos y fieles, por los que se preparan para ser bautizados, por la unidad de los cristianos, por los que no creen en Dios, por los que no creen en Jesucristo, por los gobernantes, por los que sufren: los enfermos, los que pasan necesidad, los perseguidos, los presos, los que están lejos de sus hogares, los que están viajando y por los moribundos. Nadie quedará olvidado en tan importante momento.

En esa celebración todos veneraremos la cruz de Cristo besando un crucifijo o sepultándolo con flores. Y finalmente se distribuirá la Comunión a los fieles con hostias consagradas en la Misa del día anterior.  Jesucristo, clavado en la cruz con sus brazos extendidos nos está indicando a todo momento de qué tamaño nos ha querido Dios. Y por ello tenemos que ser agradecidos. Ojalá que tú y tu familia, si no tienen una iglesia cerca, se reúnan para dar gracias a Dios por tanto amor hacia sus hijos y besen cualquier pequeño crucifijo que tengan en el hogar.

Y el Domingo de Resurrección será la fiesta mayor de todo el año. Celebraremos la victoria de Jesucristo sobre el poder de la muerte. Cristo está vivo y la muerte ha sido vencida. No hay motivos para estar tristes. Jesús ha sido el primero y se ha ido a prepararnos un lugar. Jesucristo es el motivo para nuestra alegre esperanza. Todo Viernes Santo termina en Resurrección. Lo que no podemos pretender es llegar al Domingo de la Resurrección sin pasar por el Viernes Santo.

¡Hay tantos que andan por nuestras calles medio muertos, o muertos en vida, con el alma seca o rota! ¡Hay tantos que están pidiendo una mano que los ayude a salir de su parálisis! Pero, para dar a Dios, primero hay que vivirlo. Porque nadie da lo que no tiene. Hay que vivir resucitados, para hablar del Resucitado.
¡Y ese Jesucristo Resucitado no se cansa de tocar a tu puerta! Porque quiere cambiarte desde dentro, para que la cosa no quede en fachada… Porque quiere que tú te encuentres contigo mismo… Porque quiere decirte que a él no le importa el mal que hayas hecho, sino el bien que estés dispuesto a hacer… Porque quiere animarte y convencerte que fuera de él no hay salvación. Que otro como él no hay. Que él es el único que tiene palabras de vida eterna. Y que es el amigo que nunca te va a fallar.

¡Ábrele tu corazón al Resucitado! ¡Resucita con él! ¡Hay tantos hermanos en nuestras comunidades dispuestos a darte una mano! Estoy seguro que conoces a alguno que te podría ayudar.
¡Cuántos años de estudio necesitamos para llegar a ser médicos, o ingenieros, o arquitectos! Y sin embargo, para convertirse a Jesucristo basta solo un segundo, aquel en que tú tomes lo que Santa Teresa llamó, una “determinada determinación”, que podría ser: Yo no quiero seguir igual a como estoy. Yo quiero acercarme a Dios. Yo quiero aprender más sobre Dios. Yo quiero formar parte de la Iglesia. Yo quiero tener a Jesucristo como Dios. ¡Yo quiero resucitar con él! Que Dios te ayude a lograr todo esto en la próxima Semana Santa. Pon tú la parte que a ti te toca.

No quiero terminar sin hacer alusión a algo que nos preocupa a todos: la gran sequía que está afectando a nuestras cosechas y a nuestros animales. Ya en varias comunidades se reza, al final de cada misa, una oración pidiendo a Dios el regalo de la lluvia. Y ahora, a las puertas de la Semana Santa, y a través de esta emisora, la rezaremos, con fe, una vez más:
Dios, Padre de todos, en quien vivimos, nos movemos y existimos,
concede a nuestros campos la lluvia necesaria, a fin de que asegurado nuestro sustento diario,
podamos dedicarnos, con mayor tranquilidad, a conseguir los bienes eternos.
Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor. Amén.

Ahora, con un canto final de resurrección, yo quiero darte mi bendición a ti, a todos los tuyos, y a todos los hijos e hijas de esta provincia. Que nuestro Dios, rico en misericordia, esté siempre a su lado para defenderlos de cualquier mal. Que El vaya delante de ustedes para guiarlos y detrás de ustedes para cuidarlos. Que El vele por ustedes y los sostenga. Y que la bendición de Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes, y los acompañe hoy y siempre. AMÉN.

 (CANTO: ALELUYA, EL SEÑOR RESUCITÓ)

(Con el deseo de que se trasmita por la radio el próximo viernes, día 11 de abril)

 

Actualizado ( Jueves, 10 de Abril de 2014 17:40 )