Formación

Habla, Señor: Domingo de Ramos (14 de abril de 2019)


Primera Lectura: Isaías 50,4-7

En el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, la Iglesia nos ofrece este hermoso pasaje para contemplar en él a nuestro Salvador que se ofrece por nuestra redención. Jesús, es el Siervo fiel que tiene palabras de vida eterna capaz de levantar a los que están tristes y abatidos. Es el Siervo obediente que cada mañana deja que el Señor le abra sus oídos, para poder escucharlo con atención y así poder responderlo con fidelidad. Es el Servidor sufriente, que pese a todos los ultrajes y modos de violencia a los que está expuesto, no se deja amedrentar por nada ni se echa atrás en su misión.

La certeza de ser ayudado por el Padre disipa en Él todo tipo de duda, le da una fortaleza férrea y la seguridad de que, nunca quedará defraudado por su Señor que le llamó a llevar adelante esta misión.

Segunda Lectura: Filipenses 2,6-11

Jesús, el Siervo de Dios y Dios mismo, sin embargo, abandona todas las prerrogativas que, por naturaleza las tiene y se hace en todo semejante a nosotros, menos en el pecado; por obediencia al Padre y amor a nosotros, acepta la muerte más escandalosa, humillante y cruenta que por entonces se conocía: la muerte en la cruz.

Pero para los que son fieles a Dios la violencia ni la muerte tienen la última palabra, la primera y última palabra la tiene Aquel que, por medio de su Palabra, llamó a todos los seres a la vida. Dios su Padre, lo reivindica y pone en el sitial de honor que desde siempre y para siempre le ha correspondido, para que toda la creación proclame su soberanía y glorifique al Padre proclamando: “Jesucristo es el Señor”.

Evangelio: Lucas 22,7.14-23,56

El Leccionario nos presenta la lectura de la Pasión con un título que reza así: “Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas”, a él se subordinan dieciséis subtítulos que presentan cada momento de la Hora postrera de nuestro Salvador.

El primero de estos subtítulos manifiesta el ardiente deseo del Señor comer esa Pascua con sus discípulos antes de que se consumase su Pasión. Es que, Jesús es consciente de su “Hora” y que ya no volverá a comer con los suyos de ese pan a modo de memorial hasta el momento en que la Pascua llegue a su plenitud en la gloria del Reino.

El segundo, pone de manifiesto el mandato del Señor de que la celebración pascual, cristiana, ha de hacerse en conmemoración del Señor, es decir, hacer memoria y actualizar junto con Él aquel hecho que transformó a la humanidad y a la historia universal.

El tercero, revela cómo la angustia no le cegó al Señor, ni le quitó la capacidad de profundo diálogo con el Padre. Este subtítulo trata de plasmar en el papel el desgarrón del corazón que sentía, pero al mismo tiempo la aceptación apasionada de la voluntad del Padre.

El cuarto, expresa todo el dolor por la traición de un amigo. “¿Con un beso entregas al Hijo del hombre?”. La sublimidad de un beso, usada como arma traicionera y letal.

La quinta, sin embargo, manifiesta todo lo contrario, el dolor que siente Pedro después de haberle negado a su amigo. En cierta medida expresa algo de lo que fue la reacción humana, después del primero pecado: Pedro sale afuera y también se esconde; pero se esconde para llorar su culpa, llora para encontrar consuelo; se esconde de la gente, para que el Señor lo encuentre.

El sexto, vuelve la mirada hacia los lacayos del poder, que buscando congraciarse con los poderosos, le golpean con el látigo, las manos, sus gestos y sus burlas.

El séptimo, presenta al Justo Juez compareciendo ante un tribunal injusto, y una masa humana aturdida, cegada y manipulada por sus jefes.

El octavo, presenta a Pilato como alguien que tiene criterios para impartir justicia, aunque por lo que en él leemos, ya en este momento, comenzaba a lavarse las manos.

El noveno, revela con claridad, el cinismo de Herodes y de su gente que, al no tener ningún elemento de juicio que merezca una condena se valen, como de los elementos humillante, de la burla y el desprecio.

El décimo, regresa la mirada hacia la persona de Pilato que, en vez de hacer justicia, cobardemente, entrega a Jesús a una turba manipulada por otro poder que ponía en riesgo al suyo.

El onceno, Jesús es presentado como el Hombre del consuelo. Un grupo de mujeres que en sus vientres sienten el dolor de la injusticia son consoladas.

El duodécimo, nos ofrece a Jesús como el hombre que comprende la ignorancia de la gente que lo está condenando, al mismo tiempo como el Hijo de Dios que perdona e implora perdón para con aquellos tiranos.

El décimo tercero, presenta lo escrito para siempre en aquella tabla que Pilato mandara a grabar: “Este es el Rey de los judíos”; reconocimiento real, pero al mismo tiempo parcial, porque Jesús de Nazaret, es el Rey del universo.

El décimo cuarto; presenta al Justo Juez, clavado en el estrado de la cruz, comprendiendo y dictando una sentencia: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

El décimo quinto, nos presenta al Señor, que comenzar su pasión decía al Padre: “Si es tu voluntad quítame este cáliz”, ahora, al hacer su voluntad, le entrega en sus manos toda su vida.

El último subtitulo, presenta a José de Arimatea como un hombre, recto, justo y de gran sensibilidad, sepultando a Jesús en un sepulcro cavado en una roca. La Piedra angular de nuestra redención es colocada transitoriamente dentro de otra piedra; la Piedra viva y eterna, descansa dentro de una piedra inanimada.

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