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Un nuevo ministro del altar y del pueblo en la diócesis de Cienfuegos

por Miguel Albuerne Mesa

Diócesis de Cienfuegos, S.I. Catedral, 11 de febrero de 2019: En una Iglesia Catedral colmada de fieles recibió el orden del presbiterado de manos de monseñor Domingo Oropesa Lorente, obispo de Cienfuegos, el diácono Yuniel Alfonso Quintero, Lolo, como le dicen sus amigos.

La ordenación como sacerdote aconteció el sábado 9 de febrero en horas de la mañana. El día se presentó esplendoroso. Luego de la procesión de entrada en la que venía Yuniel con sus vestiduras litúrgicas diaconales, inició la Santa Misa, presidida por Mons. Domingo y concelebrada por todos los sacerdotes de la diócesis, de otras y con la presencia del padre Mariano Herrera, rector del Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana, en el cual Lolo cursó su etapa de formación en Filosofía y Teología, pues los cursos de Propedéutico fueron en Camagüey.

En la homilía el Obispo centró su predicación en la Iglesia como santa y pecadora y en la necesidad de que una mayor cantidad de jóvenes digan sí a la vocación sacerdotal y religiosa para bien de la Iglesia y de Cuba. Se refirió al contexto de adversidad en que la Iglesia se desenvuelve en nuestros días, animando a perseverar en la Iglesia y con la Iglesia.

“Se impone la perseverancia de los jóvenes sacerdotes en ese medio a veces hostil, y siempre la fidelidad hacia la Iglesia de Cristo con la cual se han comprometido de por vida”, expresó el Obispo. También se refirió a los jóvenes y la conversión. Explicó lo necesario de los sacerdotes en una comunidad parroquial y con dos funciones principales: la Eucaristía y el Sacramento de la Reconciliación.

El rito de ordenación comenzó con un diálogo entre el obispo y el solicitante en que éste último debía responder a las preguntas que le formulaban. Y de rodillas recibió la unción de las manos con el Santo Crisma. Se continuó con las Letanías de los Santos y el candidato tendido delante del altar.

Llegó el momento del rito de la ordenación cuando el Obispo pone sus manos sobre la cabeza del ordenando. Después, todos sus hermanos de sacerdocio hicieron lo mismo. Y se proclamó la oración de consagración como sacerdote. Y, siendo ya sacerdote de Cristo, sus familiares y compañeros del Seminario lo ayudan al cambio de ornamentos litúrgicos de diácono a presbítero.

Recibe el abrazo del obispo y de los demás sacerdotes presentes en el presbiterio. Y se incorpora a la Eucaristía con el resto de los concelebrantes. En el ofertorio sus familiares más allegados llevaron las ofrendas.

Al final de la Misa el Obispo pidió al recién ordenado sacerdote que dirigiera unas palabras a los fieles llegados desde todas las comunidades de la diócesis y una gran mayoría de su tierra natal: Yaguaramas. Yuniel comenzó dando las gracias en primer lugar a Dios, por haberlo escogido a él, el más pecador de todos y por consiguiente el más necesitado. Expresó emocionado: “Esto ha sido un regalo invaluable de Dios para mí”. Mostró su agradecimiento a Mons. Domingo: que ha sido como un padre para mí en este camino de conversión”. A las religiosas Vedrunas “que primero me enseñaron el ABC del Cristianismo.” “A mi familia por la comprensión que han tenido para conmigo y que ahora se enfrentan a un conflicto, que es cómo me llamarán: si niño o padre”.

En tono jocoso narró una anécdota que le sucedió en el grupo de amigos cuando expresó su deseo de entrar en el Seminario. Estos dijeron: “Ahora sí que Lolo se ha vuelto loco”. Después, ya estando en el Seminario oyó nuevamente decir que para “meterse a cura había que estar loco.” Y en efecto, pero es la locura de Jesucristo: la locura de ser ministro del altar para servir al pueblo de Dios que peregrina en Cuba en busca de su salvación eterna.

Y concluyó con una oración a la Virgen María en la que, entre otros deseos, pedía ser fiel a la Iglesia hasta el día en que fuera llamado a la Casa del Padre.

Por último Mons. Domingo pidió al rector del Seminario de La Habana que dirigiera la palabra a los presentes. Este hizo una breve semblanza sobre el paso de Yuniel como seminarista. Explicó brevemente las funciones de los Seminarios de la Iglesia para los futuros sacerdotes, y la importancia que prestan a la Iglesia, pues su misión es formar a los jóvenes que ingresan como servidores del pueblo de Dios.

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