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La familia católica manzanillera celebra el Día de los Abuelos

por Carlos Escala Fernández

Diócesis de Bayamo-Manzanillo, La Purísima Concepción de Manzanillo, 29 de julio de 2018: La Casa de Oración y Convivencia “Santa Clara” acogió esta mañana a hermanos de las diversas comunidades del Guacanayabo, a jóvenes de otros lugares de la diócesis y de la parroquia de Saint Gerard, de Boston (Estados Unidos). La fiesta de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Cristo, puso fin a la Jornada de la Familia en la que se enmarcaron las celebraciones por las madres y los padres en los meses de mayo y junio.

El obispo de la Diócesis del Santísimo Salvador de Bayamo-Manzanillo, monseñor Álvaro Beyra Luarca, ofició la Santa Eucaristía a primera hora, en unión de fray Pedro Canosa Monteiro y fray Emilio Biosca Agüero.

En su homilía, el prelado afirmó que la verdadera imagen de la Iglesia es la de la familia de los hijos de Dios, en la que cada uno ocupa un lugar importante. Recordó a los presentes el papel de Joaquín y Ana en el plan y el camino de la Salvación, así como la capacidad de María para mirar con los ojos de la fe y dar “ese Sí ejemplar a Dios”, puesto que “todo aquel que es capaz de mirar el mundo, mirar la realidad con los ojos de la fe va a ver, va a poder ver esa obra de Dios continuamente actuando” en la vida.

Además, reconoció que “la Iglesia en Cuba esta muy agradecida de los abuelos”, pues a pesar de las vicisitudes de otros tiempos “¿quién mantuvo la fe, quien trasmitió la fe […] cuando no había sacerdotes, no había monjas, eran poquitas las iglesias?”, “¿quién mantuvo viva en Cuba la llama de la fe? Pues, sencillamente, fueron los abuelos, fundamentalmente las abuelas […]”. El pastor diocesano invitó a reconsiderar la visión de la ancianidad como una desgracia y a entenderla mejor como el momento en que se está más cerca de experimentar el amor “que todo lo entrega”, de “alcanzar la plenitud de la vida”, que es “la vida de Dios”.

Los jóvenes procedentes de Boston volvieron a presentarse a la comunidad, como hicieron el pasado sábado al llegar a Manzanillo, y agradecieron a Dios y a todos los que les recibieron por la oportunidad de compartir este viaje de fe y de experimentar la generosidad y los lazos que nos unen como seres humanos, como hijos de Dios.

Luego de finalizado el oficio religioso y hasta horas de la tarde niños, jóvenes y adultos se mezclaron en competencia fraternal en dinámicas, juegos de barajas, jockey, tenis de mesa, fútbol, béisbol, baloncesto, bailes y cantos y también los abuelos y personas de la tercera edad disfrutaron de momentos de intercambio y regocijo vividos con gran entusiasmo y fervor.

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