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Procesión de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo en Cienfuegos

por Equipo de Medios de Comunicación de la Diócesis

Fotógrafo Equipo de Medios de Comunicación de la Diócesis

Diócesis de Cienfuegos, 20 de junio de 2022 - Después de dos años sin celebraciones procesionales a causa de la situación sanitaria, el pasado 19 de junio, hemos regresado a las calles para adorar al Santísimo Sacramento del Altar y brindar un testimonio público de fe y comunión.

El 19 de junio la Iglesia Católica universal celebró la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, con la que quiere honrar, más allá de la institución de la Eucaristía, la presencia real del Señor que ha querido quedarse con nosotros como alimento perfecto que sacia todo tipo de hambre.

“¿Quién me puede ofrecer más que lo que Cristo me ofrece?”. - preguntó el obispo Domingo Oropesa, unos minutos antes de la celebración de la procesión, durante la homilía en la Catedral, y añadió:” Nosotros no podemos salvarnos por nuestros medios, la salvación viene de Cristo, Él nos la ofrece, en esa obra salvadora que es la comunión, donde recibimos el Alma, el Cuerpo, la Sangre y la Divinidad de Cristo”.

Al concluir las misas en las parroquias del centro de la ciudad de Cienfuegos, los fieles se congregaron a lo largo del trayecto que cubre entre la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat y la Catedral de Cienfuegos. Presidió la procesión monseñor Domingo Oropesa Lorente, junto al P. Luis Fernando S.I., y los acompañaban los diáconos Alfredo y Antonio.

Cuatro altares se erigieron en el camino procesional, marcando estaciones en el mismo para exaltar y alabar a nuestro Dios por el don de la Eucaristía. En cada una de ellas escuchamos lecturas y alabanzas, animadas por fieles de las comunidades de Montserrat, Patrocinio, Santa Soledad y Catedral. Al frente de la procesión marchaban un grupo de niñas que durante la celebración de la Misa en las comunidades habían recibido su primera comunión.

Llegados a la Catedral, desde el atrio, Monseñor se dirigió al pueblo pidiendo un tiempo de silencio en el que invitó a orar por tantas necesidades que tienen las personas en todo el mundo, por las propias, y para que tengamos siempre hambre de Dios, para que podamos recibirlo cada día de nuestra vida. Se prosiguió orando a la Virgen Santísima y se finalizó con un acto de adoración a Jesús Sacramentado.

La custodia fue trasladada al interior del templo y tras un breve tiempo de adoración se llevó de nuevo al Santísimo Sagrario. Monseñor Domingo agradeció a todos por la participación, y a las autoridades de la ciudad por la colaboración en el orden y el buen desarrollo de la procesión e impartió la bendición a los presentes.

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