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La Arquidiócesis de La Habana celebra su Asamblea Diocesana Pre-sinodal

por Oficina de Comunicación de la COCC

Fotógrafo Reinaldo Guillermo Herrera Agüero

Arquidiócesis de La Habana, 15 de junio de 2022- El pasado 10 y 11 de junio, se realizó en la Casa Sacerdotal “San Juan María Vianney” de La Habana, la Asamblea Diocesana Pre-sinodal de la diócesis de la capital cubana. Un camino que inició el pasado 17 de octubre con la apertura de la fase diocesana de un proceso sinodal convocado por el Papa Francisco a toda la Iglesia Universal para interrogarse sobre la sinodalidad: un tema decisivo para la vida y misión de la Iglesia y que culminará en octubre de 2023 con la asamblea general del Sínodo de los Obispos en Roma.

A la Asamblea asistieron más de 100 personas de diversas comunidades de la Arquidiócesis de La Habana. Las palabras de bienvenida estuvieron a cargo del cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez en el que hacía un recorrido por todo lo vivido durante los 7 meses que transcurrió la fase diocesana en esta diócesis, junto a la bendición para continuar a peregrinar: “Han venido ustedes con el sustrato de las fichas de participación, comunión y misión, y con las maravillas de la historia vivida y contada en sus asambleas parroquiales. Bienvenidos ustedes, que anuncian el Evangelio de una u otra manera en la casa, en el trabajo, en el estudio, en sus casas. Bienvenidos ustedes que acompañan a quienes toman los sacramentos, que enseñan el catecismo, que practican las obras de misericordia corporales y espirituales. ¡Qué testimonio hay aquí presente por ustedes! También añadió: “Bienvenidos ustedes que quieren que sus iglesias tengan doce puertas, como las del Cielo. Bienvenidos ustedes, que no quien cerrarlas a ningún hijo de Dios. Bienvenidos con su testimonio, con sus ilusiones, historias y proyectos”.

 

Por otro lado, el padre José Félix Riera, referente diocesano del proceso sinodal para la diócesis, señaló que el camino sinodal emprendido quiere ser una vivencia festiva, un compartir, que no se cierra con esta Asamblea. Asimismo, la fase diocesana marcará las pautas del trabajo pastoral futuro inmediato. También enfatizó en algunos objetivos que debían acompañar los dos días de Asamblea: propiciar un espacio de oración, diálogo y celebración con espíritu sinodal; escuchar unos a otros y todos escuchar al Espíritu Santo. Por último, se refirió a la necesidad de soñar la Iglesia sinodal que queremos llegar a ser, partiendo de sus luces y sombras, invitándonos a establecer acciones concretas importantes y reales, dejándonos interpelar por el Espíritu Santo y siendo dóciles a Él.

Luego se continuó con una oración comunitaria que ayudase a iluminar el trabajo del primer día, reflexionado uno de los pasajes del libro de Ezequiel (37, 1-14). Este texto nos inspiraba a reconocernos en plenitud de vida para ofrecer a la diócesis. A dejar actuar al Señor sobre nuestros sepulcros, para como el profeta exclamar: Huesos secos, escuchen la Palabra del Señor. La mañana también contó con un recorrido fotográfico por las asambleas parroquiales, que da cuenta del ejercicio de crecimiento, participación y discernimiento que han vivido las distintas comunidades habaneras con anterioridad.

 

Al finalizar el primer momento de la mañana, se pasó a reflexionar sobre la síntesis del Documento de Trabajo de la Asamblea Sinodal Diocesana que arrojó los 7 meses de trabajo que realizó cada una de las comunidades habaneras que adhirieron al proceso sinodal. El mismo recoge a modo de introducción, una pequeña memoria del camino recorrido, una primera parte con la Iglesia que somos, con sus dolores y sus esperanzas, y una segunda parte con la Iglesia que soñamos a partir de las invitaciones del Espíritu Santo.

Ya hacia la tarde, se inició un trabajo por grupos, conformados en 12 equipos. Allí se vieron primeramente los dolores que aquejan a la Iglesia y las esperanzas que la animan a continuar. La acogida, el espíritu misionero, el rescate de las vocaciones, la responsabilidad en el accionar, la formación, el exilio y las carencias como realidades que tocan la vida eclesial, la creatividad para atraer a los otros, el clericalismo, los espacios para el compartir fraterno, la activación de las pastorales en la postpandemia, estos y otros temas forman parte del compartir de experiencias, que han ayudado al enriquecimiento mutuo.

En la noche se realizó un compartir fraterno como conclusión del primer día de trabajo. Se inició con el rezo del rosario por la Iglesia y por el país, así como por la conversión personal y comunitaria. Entre cantos marianos, oraciones, los signos de la luz y de la siembra de la semilla del Evangelio, se pidió en cada misterio por una atenta escucha y un corazón siempre dispuesto al servicio de los más vulnerables, a la manera de María. Finalmente, sor Tomasina Ramírez Liranzo regaló canciones y alabanzas, junto a dinámicas grupales llenas de alegría, que permitieron cargar las baterías para la jornada siguiente. El Sínodo también se fortalece con estos momentos de felicidad cristiana. Va creando entre los presentes lazos de hermandad; revitalizando la fe que se nutre, así como con la participación y el ánimo de los otros.

El segundo día transcurrió con la concreción de aquellas realidades que más nos laceran como comunidad, así como en las que nos animan y sostienen. Esto partiendo del reconocimiento previo que se hizo el primer día sobre los dolores y esperanzas de la Iglesia cubana. El Sínodo ha promovido en muchos el interés por soñar a partir de la realidad eclesial y social que tenemos. Aquí ha tomado espacio la Iglesia de puertas abiertas, que acompaña la vida, con deseo de potenciar el compromiso y la responsabilidad de sus fieles, que enfrenta los desafíos de la evangelización y anhela incidir en la sociedad desde los valores cristianos, que desea una preparación constante para, a la luz del Espíritu Santo, interpretar y renovar conforme a los signos de los tiempos. En los distintos grupos se puso en común la Iglesia que soñamos, reconociendo como fundamentales estas importantes invitaciones del Espíritu Santo: a ser una Iglesia en salida, misionera, profética y dialogante que acompañe la vida e incida en la sociedad; a potenciar una formación integral del laicado y agentes de pastoral para superar el clericalismo y caminar sinodalmente; a promover una pastoral de conjunto que cree espacios de discernimiento, diálogo y acompañamiento.

 

La Asamblea culminó con la Santa Misa en la Parroquia de Santa Catalina de Siena de la Casa Sacerdotal, en la que al finalizar la Eucaristía, se depositó a los pies de la madre de todos los cubanos, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, el documento que quedó como fruto de los días de trabajo. En él van los principales anhelos para los próximos años de camino eclesial, reconocidos por laicos, religiosos, diáconos y sacerdotes de muchas de las comunidades habaneras. Queda mucho camino sinodal por transitar aún, y esperamos que siga dando tan buenos frutos, para mayor gloria de Dios.  

 

 

 

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