Formación

Habla, Señor: IV Domingo de Pascua (8 de mayo de 2022)


En la faz civil, hoy celebramos el “Día de las Madres”; la antífona que nos introduce en la celebración eucarística no puede ser más oportuna: “La tierra está llena del amor del Señor y su palabra hizo los cielos”. A nuestras madres, imagen de la tierra fecunda, inundada del amor de Dios: ¡Felicidades!

Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 13,14.43-52

Los seguidores del Camino (Hch 9,2), no detienen su andar misionero y se abren paso en el mundo pagano; la persecución desatada con el martirio de Esteban, fue uno de los “arcos” que lanzó las “saetas” evangelizadoras en diferentes direcciones, hacia comunidades y situaciones. Esta iniciativa del Espíritu Santo es la que condujo a Pablo y a Bernabé hasta Antioquía de Pisidia (existía otra Antioquía, la de Oronte, que era la capital de Siria y es mencionada en Hch 11,19ss).

El paso evangelizador sigue las huellas que, desde antes trazaron los padres en la fe: comienza el sábado y en la sinagoga; día y lugar sagrado para los judíos. Lucas observa un detalle que es por demás elocuente: “tomaron asiento”, es decir, ocuparon el lugar de los que interpretan y enseñan la Palabra o fungen de jueces (Lc 4,20; Hch 6,15). Otra nota destacable es que quienes los acompañan son judíos que desde siempre abrazaron la fe y, los que, en un momento de su vida, se convirtieron a la fe judía; la relevancia de esta nota radica en qué, ambos grupos son personas piadosas.

Pasó una semana y la exhortación empezó a germinar en el pueblo, al punto que: “casi toda la ciudad de Antioquía se acercó para escuchar la palabra de Dios”. Semejante respuesta popular hizo que los judíos, que no eran piadosos, se llenaran de envida e intentaran contradecir a Pablo y Bernabé con palabras ofensivas; al encontrarse desprovisto de argumentos válidos y de la necesaria altura moral para afrontar respetuosamente una disidencia, apelan a las injurias. Esta actitud, lejos de amedrentar a los misioneros, lo acrece en su valor y los lleva a manifestar que, la Buena Nueva de la salvación en primer lugar estaba destinada a ellos, pero dado su rechazo, de allí en más será dirigida a los paganos, dando así cumplimiento a lo anunciado por el Profeta Isaías: “Yo te puse como luz de los paganos, para que lleves la salvación a los últimos rincones de la tierra” (Is 49,6).

La abierta declaración apostólica, llenó de alegría a los pueblos paganos que daban gloria a la palabra de Dios y abrazaban la fe. La Buena Nueva, seguía abriéndose paso por toda la región, al grado que, los judíos no piadosos, se valieron de “mujeres devotas de la alta sociedad y de los ciudadanos principales” para perseguirlos hasta expulsarlo de su territorio. Esta alusión a las “devotas” de la alta sociedad y a los importantes del pueblo, pone al descubierto que, lo que molestaba era el fuerte llamado a la conversión en los hábitos religioso y en la conducta socio-moral; la piedad debe ser el reflejo del amor de Dios y clara expresión de su misericordia para con los que sufren, y el ejercicio del poder, la incesante búsqueda del bien social por medio de la verdad, la libertad y la justicia.

Esta nueva persecución hizo que en Antioquía de Pisidia quedase una comunidad llena de alegría en el Espíritu Santo y la Buena Nueva siguiera su camino hacia Iconio. 

Segunda Lectura: Apocalipsis 7.9-14

Cuando leemos pasajes del Apocalipsis como éste, tenemos que darle la razón a los que dicen que este Libro, es uno de terror. Sí, pero de terror para los tiranos que, en su afán de mantenerse en el poder, someten de “mil” maneras, a personas y pueblos enteros; pero es el libro de consuelo y esperanza de los que sufren. La visión de Juan, su autor, presenta contemplando la gloria de Dios a las personas de todas la naciones, razas, pueblos y lenguas que han sufrido por amor.

Los que sufrieron por amor a la verdad y en favor de la paz, nunca más tendrán hambre ni sed, tampoco lo agobiará el sol, porque Jesús el Cordero, será su pastor que los conducirá a las fuentes de agua de la vida y Dios quien secará sus lágrimas.

Evangelio: Juan 10,27-30

Jesús al presentarse y presentar a sus ovejas a los judíos, les muestra el vínculo que los une, como también el modo de relacionarse.

  • Él les habla, o como dice Lope de Vega, con “sus silbos amorosos las despierta del profundo sueño” y ellas escuchan su voz.
  • Él las conoce –las ama– y ellas le siguen. Les habla por amor y ellas que escuchan su voz amorosa se convierten en sus discípulas.
  • Él les da vida eterna, por eso, ellas jamás van a morir; tampoco alguien podrá quitarla de sus manos.
  • Sus ovejas son un don del Padre y, como el Padre es superior a todos, tampoco a Él nadie podrá arrebatarlas de su mano.
  • Entre el Padre y el Hijo, no existe diferencia alguna: son UNO SÓLO.

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