Formación

Moniciones - VIII Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo C) - 27 de febrero de 2022


Monición de Entrada:

Queridos hermanos: En este octavo domingo del Tiempo Ordinario, en que nos encontramos como comunidad para dar culto a Dios, pongamos en la presencia de Jesús nuestra vida y nuestras palabras. Hoy, cuando estamos a punto de comenzar la Cuaresma, la liturgia nos invita a que, ante el error y el dolor del hermano, tengamos en cuenta nuestros propios pecados y miserias. Pidamos al Señor en esta Eucaristía poder evitar los gestos que dañan, el juicio constante y las palabras humillantes, para convertirnos en instrumentos de su bondad y su alegría.

Moniciones a las Lecturas:

Primera Lectura: (Eclesiástico 27, 5-8)

La lectura del Eclesiástico nos dice que nuestras palabras muestran quienes somos en realidad.

Salmo Responsorial: (del Salmo 91)

Segunda Lectura: (I Corintios 15, 54-58)

Dios nos ha dado la victoria por Cristo, por eso San Pablo nos llama a trabajar con fervor en su obra.

Evangelio: (Lucas 6, 39-45)

En el Evangelio de hoy, Jesús nos invita a revisar la propia vida, en vez de estar pendientes a la vida de los demás. ¡Escuchemos con atención!

Oración de los Fieles:

R/ Escúchanos, Señor.

  • Para que la Iglesia nunca deje de dar frutos de amor, de misericordia y de esperanza. Oremos.
  • Para que nuestros gobernantes sean fieles a su misión de servir y guiar al pueblo cubano por caminos de justicia, de libertad y de prosperidad. Oremos.
  • Para que los perseguidos, los encarcelados, los pobres, los ancianos y todos los que sufren, encuentren la fuerza en Cristo, salvador de los hombres. Oremos.
  • Para que el camino sinodal emprendido en nuestras comunidades produzca abundantes frutos de unidad, de escucha respetuosa y de encuentro con el Espíritu de la Verdad. Oremos.
  • Para que seamos capaces de respetar y valorar la familia como célula básica de la sociedad y al matrimonio como su fundamento natural. Oremos.
  • Para que el Señor, que habita en el corazón de cada uno de nosotros, guíe nuestras acciones y palabras. Oremos.

Comunión:

Pongamos en las manos del Señor, nuestros corazones, y dejemos que Él cure nuestra ceguera, nos ayude a evitar el juicio constante, y nos ayude a transitar por los caminos de la bondad.

Envío:

Hermanos. Volvamos a nuestra vida cotidiana con un corazón renovado que nos convierta en instrumentos de la paz y del amor de Dios, porque no podemos olvidar que nuestra boca habla de lo que está lleno el corazón. Que en nuestro entorno, sea la esperanza lo que nos anima e identifica.

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