Formación

IX. Definición del año litúrgico


Una de las definiciones catequéticas más precisas, claras y profundas del Año litúrgico es la formulada por San Juan Pablo II cuando nos decía que “el Año litúrgico es una abreviación y una síntesis de la Historia de la Salvación, desde su comienzo hasta su cumplimiento definitivo. Jesucristo es el centro y el culmen de esta misma historia, da pleno significado a cada una de las partes del tiempo litúrgico y les confiere el orden debido”.

En otra oportunidad nos decía el santo polaco que “el Año litúrgico, con sus festividades periódicas, que vienen a recordarnos y hacernos vivir los principales fundamentos del pensar y del actuar cristiano, es un inestimable don de Dios, presente en nuestra historia. Las festividades litúrgicas sostienen, de este modo, nuestra fidelidad al mensaje evangélico, permitiéndonos al mismo tiempo hacer fructificar continuamente su infinita virtualidad"

De ello se deriva que la sacramentalidad y la naturaleza litúrgica integral de la Iglesia, puede ser formulada en los siguientes principios teológicos fundamentales:

  • El Año litúrgico como verificación progresiva del misterio permanente de Cristo en el tiempo, constituye y actualiza una miniatura sacramental de la Historia de la Salvación en su eficacia permanente.
  • El Año litúrgico, como proceso realizador de la comunión de los creyentes con Cristo, incorpora a la Iglesia entera, y en ella, a cada uno de los miembros al ritmo vital de la vida espiritual del propio Cristo Mediador y Cabeza entre el Padre y los hombres.
  • El Año litúrgico es por ello “la raíz y la fuente, el centro y el culmen” de toda la vida y actividad de la Iglesia... “de donde dimana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la misma eficacia aquella santificación de los hombres y aquella glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin” (SC)

En Resumen:

  1. El Año litúrgico es una síntesis de la Historia de la Salvación, en la que Jesucristo es el centro y el culmen, da pleno significado a cada parte del tiempo litúrgico y le confiere el orden debido.
  2. El Año litúrgico es un inestimable don de Dios, presente en nuestra historia.
  3. El Año litúrgico es la raíz y la fuente, el centro y el culmen de toda la vida y actividad de la Iglesia.

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