Formación

VII. La Navidad, en el Misterio de Cristo


El pueblo cristiano, quizás desconociendo las razones teológicas profundas que unen a la Navidad con la Pascua y basándose únicamente en la identificación de la palabra “Pascua” con “fiesta grande”, ha llamado al día del nacimiento de Cristo Pascua de Navidad. Ha acertado plenamente con el título, porque en este día el corazón de todos los fieles celebra con renovada solemnidad, interior y externa, el comienzo de nuestra redención efectuada en el misterio de la Pascua. Cada año, la alegría de la Navidad brota de su fuente natural, que es la gloria de la resurrección del Señor y el don inefable del Espíritu Santo.

Los antiguos calendarios litúrgicos de la Iglesia de Roma repiten la espléndida rúbrica del 25 de diciembre: Nacimiento del Señor en la carne: Pascua. La liturgia sabe que el único misterio de Cristo, aunque celebrado a lo largo del año litúrgico aspecto por aspecto y episodio por episodio -Navidad es, por tanto, un momento del misterio-, permanece siempre uno e indivisible en cada celebración o fiesta. Por lo demás, todo domingo, fiesta o memoria litúrgica tiene como centro la celebración eucarística, sacrificio pascual de la Iglesia.

En Navidad, Cristo nace para morir y resucitar. El nacimiento del Señor es primicia, comienzo del misterio de nuestra salvación. Idéntico objeto tiene la celebración de la Epifanía, inicialmente al menos, en Oriente: celebrar la manifestación del Hijo de Dios en nuestra condición humana. Sólo más tarde, cuando esta fiesta es recibida por Occidente, se produce una cierta distinción entre una y otra fiesta.

En resumen:

  1. Cada año, la alegría de la Navidad brota de su fuente natural, que es la gloria de la resurrección del Señor y el don inefable del Espíritu Santo.
  2. La Navidad es un momento del único misterio de Cristo celebrado a lo largo del año litúrgico en sus diferentes solemnidades, fiestas y memorias.
  3. En Navidad, Cristo nace para morir y resucitar porque el nacimiento del Señor es primicia, comienzo del misterio de nuestra salvación.

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