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San José en Bahía Honda

por Tania Gómez Rodríguez

Fotógrafo José Antonio Márquez

Diócesis de Pinar del Río, Bahía Honda, 19 de agosto de 2021: En medio de las montañas de la costa norte de la diócesis de Pinar del Río, nace el poblado de Bahía Honda, correspondiente a la provincia civil de Artemisa. En este lugar se erigió la primera ermita en 1794 dedicada a San José. En 1822 el Obispo Espada la estableció como auxiliar de la parroquia de Las Pozas (Cacarajícara) y posteriormente el Obispo Fleix y Solans la constituiría Parroquia en 1860 luego de una reparación.

Como dato histórico encontramos en las páginas del libro “Pinar del Río, 300 años de compromiso evangelizador”, del P. Joaquín Gaiga, el hecho de que esta localidad fue uno de los territorios por donde el “Titán de Bronce” transitó a su paso por nuestra región: “A principios de enero de 1896 Maceo estaba en las inmediaciones de La Habana y, mientras Gómez se quedaba en esta zona para comprometer en escaramuzas a las fuerzas españolas y favorecer el avance de Maceo, éste marchó por el norte de nuestra provincia alcanzando uno detrás de otro los poblados de Guanajay, Mariel, Cabañas, San Diego de Núñez, Bahía Honda y las cercanías de La Palma”.

La comunidad ha sido pastoreada por grandes misioneros como el P. Saturnino Ibarguren s.j., de origen español, el P. Sú, procedente de China, los padres canadienses Roque y Hugo, indistintamente; éste último descansa en el cementerio de Bahía Honda, tras sufrir un trágico accidente en el año 2001. Actualmente esta comunidad es atendida pastoralmente por el P. Gianfranco Falconi, sacerdote italiano. Bahía Honda es de las parroquias de nuestra diócesis que no tiene un sacerdote fijo, pero cuenta con la presencia del Diácono Permanente Julián Roberto Márquez.

El 24 de enero de 1989, llegaron a esta zona las Hermanas Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús, quienes prestaron un valioso servicio hasta el 28 de diciembre de 2018, fecha en que tuvieron que cerrar la misión en Cuba. Sin embargo, su carisma se impregnó en la comunidad, donde se mantiene un grupo de Laicos Terciarios Carmelitas atendidos por la Hna. Blanca Aurora Valdés Abreu.

Pero la historia de esta parroquia está escrita principalmente por los fieles que la conforman. Ellos brindan un testimonio de servicio y entrega a Dios a través del compromiso eclesial y social. Entre sus miembros encontramos misioneros, catequistas, agentes de Pastoral de la Salud, jóvenes deseosos de contagiar al mundo con los valores del evangelio, hombres y mujeres que desde los distintos carismas, ponen su vida al servicio de la sociedad.

Ellos caminan así, sin grandes alardes, pero dejando huellas en la historia de la evangelización, como lo hizo también en su momento el grupo “Peregrinos del Amor”, integrado por jóvenes de la parroquia que animaban con su música el mundo juvenil.

Es una comunidad que sigue el ejemplo de su Patrono San José, el Santo del Silencio. Bajo su amparo le piden a Dios dar siempre un coherente testimonio de fe.

San José, ruega por ellos.

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