Formación

Habla, Señor: Domingo XVI del Tiempo Ordinario (18 de julio de 2021)


Primera Lectura: Jeremías 23,1-6

La oración del pueblo judío se caracterizó por reconocer la voz esperanzadora de Dios en medio de las adversidades; el salmista reconoce que esta voz se alza sobre el ímpetu de las aguas y transforma todo el orden creacional (Sal. 28). Al finalizar su libro, Habacuc canta sobrecogido ante la presencia de Dios que hace oír su voz y le pide que siga actuando a lo largo de la historia y superficie de la tierra (Hab. 3,1ss). En esta misma línea hoy se manifiesta el profeta Jeremías, quién después de hacer conocer la desazón del Señor para con la infidelidad de los reyes, le promete un verdadero pastor que los va a conducir según su corazón.

La llamada comienza con una seria advertencia a aquellos que presumen de pastores, pero que en realidad no lo son, porque en vez de unir al rebaño y darle sustento y paz en los campos de la vida que el Señor les ha regalado, lo dispersa por herbazales agrestes. Les echa en cara su mal oficio para con su rebaño advirtiéndoles que, por esta actitud deplorable, Él les pedirá cuenta y volverá a reunir a sus ovejas que se habían dispersado, las volverá a su redil, serán fecundas y se multiplicarán al cuidado de nuevos pastores que las van a alimentar, dar seguridad y prosperidad.

La promesa va mucho más allá de darle nuevos y buenos pastores, sino que, les asegura que tendrán un pastor, que será un legítimo descendiente de David que los cuidará con prudencia e impondrá la justicia y el derecho, el pueblo vivirá verdaderamente en paz, a tal punto que, al gozar de su pastoreo, reconocerá en Él que el mismo Dios es su justicia.

Segunda Lectura: Efesios 2,13-18

Jesús es el retoño de David que el Señor les ha prometido a su pueblo, Él es quien, con su muerte en favor de la comunión y la paz universal, ha reunido a los pueblos que se hallaban distantes geográfica, afectiva, ideológica o religiosamente.

Él es la paz que unifica a los pueblos y derrumba todos los muros que impiden ver una nueva realidad, dividen a las personas, cultivan la indiferencia y las enemistades.

Él es quien por medio de su cruz ha reconciliado a los pueblos (y quiere reconciliar al nuestro), los unió en un sólo cuerpo y con un mismo corazón ha destruido las enemistades; vino a traer la Buena Noticia de la paz, para que todos los pueblos del mundo, gracias a Él y unidos en el mismo Espíritu, caminen con apertura y libertad al encuentro con el Padre.

Evangelio: Marcos 6,30-34

La experiencia misionera les llenó de alegría a los apóstoles que volvieron a Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado; el Señor les escuchó con atención y les invitó a “recargar las baterías” llevándoles a solas a un lugar solitario a descansar. Suben a una barca y cruzan hacia la otra orilla del lago, que por su escasa extensión (no más de 12 km), no era impedimento para que la multitud corriese por la orilla y llegaran al otro lado antes que ellos.

Al desembarcar el Señor se llenó de compasión al ver a un pueblo quebrantado, sin horizonte ni paz, como ovejas sin pastor y se puso a enseñarles el evangelio de la amistad y de la justicia, de la fraternidad y de la verdad, de la vida, el amor y la paz.

Hoy Jesús desembarca en nuestra orilla y nos ofrece lo mismo que otrora ofreciera a los judíos de su tiempo: aceptemos su Buena Nueva que es nuestra esperanza, luz, fortaleza, alimento, salud, justicia y paz.

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