Formación

XII. La participación activa de los fieles en la celebración comunitaria


En las celebraciones litúrgicas ha de preferirse, siempre que sea posible, una celebración comunitaria con asistencia y participación activa de los fieles, a una celebración individual y casi privada. Esto vale, sobre todo, para la celebración de la Misa. En estos tiempos en que la Epidemia que vivimos ha hecho necesario reducir o suprimir la participación de fieles en las celebraciones litúrgicas, resulta importante resaltar el hecho de que, debido a la naturaleza pública y social de toda Misa, nunca es posible hablar de una Misa privada, independiente de los fieles que participen o incluso de que sea sin la participación de fieles.

En las celebraciones litúrgicas, por tanto, cada cual, ministro o fiel, al desempeñar su oficio, debe hacer todo y sólo aquello que le corresponde por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas. De este modo los acólitos, lectores, comentadores y cantores, desempeñan un auténtico ministerio litúrgico y por tanto están llamados a ejercer su oficio con la sincera piedad y orden que convienen a tan gran ministerio y que con razón les exige el Pueblo de Dios. Con ese fin es preciso que cada uno, a su manera, esté profundamente penetrado del espíritu de la Liturgia y sea instruido para cumplir su función debida y ordenadamente.

Para promover la participación activa de la Asamblea, es muy importante fomentar las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos y también las acciones o gestos y posturas corporales. Guárdese, además, a su debido tiempo, un silencio sagrado.

En resumen:

  1. En las celebraciones litúrgicas, siempre ha de preferirse, en cuanto sea posible, la celebración comunitaria con la asistencia y participación activa de los fieles.
  2. En las celebraciones litúrgicas, los ministros y los fieles deben desempeñar su oficio haciendo todo y sólo aquello que le corresponde.
  3. Para promover la participación activa de la Asamblea, es muy importante fomentar las aclamaciones, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos, los gestos y posturas corporales y el silencio sagrado.

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